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viernes, 31 de enero de 2020

XII La Nocturna de Toledo - Carrera Imperial


Sábado 19 de Octubre del 2019

La Nocturna toledana es una de esas pocas carreras que puedes recomendar a todos los corredores independientemente de su nivel o motivación con la seguridad de que van a disfrutar mientras corren, aunque quizás no sea la mejor para aquellos que quieran correr rápido o buscar una marca.

La carrera ofrece dos distancias, una larga de 8 km que resulta algo “extraña” ya que estamos más acostumbrados a los típicos 10K y una corta de 5 km más asequible para cualquier corredor. Comparten recorrido y meta pero la salida de la larga es desde el Puente de Azarquiel al otro lado del rio y la corta se incorpora en el interior de la Plaza de Toros. Las salidas se desfasan 15 minutos lo que quiere decir que debes correr rápido los tres primeros kilómetros si quieres evitar las aglomeraciones que se producen a la salida de la plaza de toros o dejarte llevar para cruzar la plaza cuando ya se hayan incorporado los corredores de la carrera corta, ante todo se debe evitar coincidir por que el atasco es tal que te obligara a pararte.

Mucho cuidado porque el recorrido es duro, nos tendremos que enfrentar a cuestas empinadas, curvas constantes y un suelo adoquinado. Además en algunos tramos del centro  las calles se estrechan y hay que tener cuidado de no tropezar con otros corredores.

Pero lo que hace realmente especial a esta carrera es el recorrido, se sale desde el Tajo para recorrer los primeros kilómetros por fuera de la ciudad imperial completando prácticamente una vuelta completa alrededor del casco antiguo, para luego entrar en el y recorrer sus calles y plazas, rodeando la Catedral y acabando frente al Alcázar Toledano.

El recorrido exterior bordea parte de la muralla dejando a su paso la Puerta de Alcántara, la Puerta del Sol y la Puerta de Bisagra y llevarnos hasta el interior de la Plaza de Toros para correr por su albero. El rio se cruza en tres ocasiones nada más comenzar por el moderno Puente de Azarquiel desde donde disfrutaremos de las mejores vistas posibles de la ciudad, por el Puente de la Cava para volver a los pocos metros por el maravilloso Puente de San Martin y disfrutar de uno de esos momentos mágicos de la carrera.

Pero lo mejor del recorrido comienza cuando atravesamos la Puerta del Cambrón para entrar en la ciudad y dejarnos envolver por el encanto y la magia de una ciudad como Toledo. Tras cada esquina nos espera una sorpresa, una experiencia distinta, algo especial y como corredor solo hay que intentar disfrutarlo si el físico y las piernas te lo permiten. Y todo ello además envuelto en la magia que da correr por la noche, con las calles y edificios iluminados y esa sensación de clandestinidad que da la oscuridad.

La carrera dispone de todos los servicios que se puedan esperar de una prueba de este tipo, bolsa del corredor, camiseta conmemorativa, medalla, avituallamiento, ropero y duchas en la meta. A destacar la posibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera lo que agradecemos los que venimos de fuera de la ciudad y la existencia de aparcamientos gratuitos cercanos a la salida. Además la carrera te obsequia con la pulsera de Toledo que permite visitar gratuitamente algunos de los monumentos de la ciudad durante todo el fin de semana y así pasar el día visitando Toledo.













Hay carreras que recordaras siempre por su recorrido, porque corres por parajes especiales y bellísimos, porque pasas por monumentos o edificios emblemáticos que estudiabas en los libros del colegio o simplemente porque las calles por donde avanzas tienen un sabor especial.

Otras carreras las tendrás en tu memoria por el ambiente antes, durante o después de correr. Por toda esa gente que te anima a lo largo del recorrido y que aunque no te conoce está deseando que consigas tus objetivos. Porque la animación en cada esquina es brutal o en la meta te reciben como si hubieras ganado y eso te hace olvidarte de tu sufrimiento.

Y algunas no las puedes olvidar por el día en que las corriste, porque coincidió con el aniversario de un día especial en tu vida como tu cumpleaños, la fecha de tu boda o el día de tu Patrón o te recuerda a alguien especial que te abandono en esa fecha hace pocos o muchos años pero que siempre está presente.

También están aquellas que no puedes olvidar por las circunstancias a las que te tuviste que enfrentar y que hicieron de esos kilómetros algo épico. Esa carrera con un viento huracanado que no te permitía avanzar, aquella lluvia torrencial a mitad de recorrido que te dejo helado y empapado hasta los hueso o aquella tórrida mañana en donde corriste buscando siempre la sombra y algo de agua como un perdido en el desierto.

Tengo la suerte de que en la mayoría de las carreras en que he participado al menos se ha dado algunas de las circunstancias anteriores que hacen que las recuerde con cariño. Pero en  la Nocturna de Toledo por primera vez se juntaron todas en una sola carrera para hacer de esos kilómetros algo inolvidable.

Un recorrido espectacular desde la salida hasta la meta, con rincones y callejas que te dejan huella y acrecentado por el horario nocturno. Un público entregado que animaba al paso de los corredores en cada esquina y plaza a pesar de la incomodidad de las circunstancias. Su cercanía con la fecha de mi 52 cumpleaños y a mi edad siempre hay que celebrarlo. Pero sobre todo por la lluvia torrencial que descargo sobre los corredores en cuanto se dio la salida a la carrera y que produjo auténticos ríos en las calles toledanas en los que chapoteábamos mientras corríamos.

Casi siempre que corro fuera de Madrid procuro ir con la familia, en esta ocasión aprovechando la proximidad de Toledo y que la carrera es nocturna la idea era ir a pasar el día para disfrutar de la ciudad imperial, comer tranquilamente y luego me esperarían en las calles del casco antiguo para verme pasar. Pero la previsión de lluvias durante todo el día cambio los planes y decidí ir directamente a correr y dejar para el año que viene la excursión toledana.


Por lo que tras comer con la familia y después de descansar algo, me voy solo a Toledo aunque mi enana insista en acompañarme. Al llegar a la ciudad me dirijo directamente a retirar el dorsal, por la previsión de lluvia han trasladado la feria al  Centro de Recepción de Turistas Toletum, una más de esas obras millonarias que podemos encontrarnos por toda España y que han quedado en desuso por las disputas políticas.

Como yo muchos otros corredores están recogiendo el dorsal, hay mucha animación en el parking exterior pero dentro de la feria muy poco ambiente. Resulta algo triste y solo anima a coger nuestro dorsal y salir corriendo, aunque la ventaja es que no hay que esperar.

Siguiente parada el parking de Azarquiel al otro lado del Tajo pegado a la salida de la carrera para abandonar el coche. Pero aunque todavía faltan un par de horas para comenzar la carrera el acceso al puente ya está cortado por la policía y es que por el puente transcurren los primeros metros de la carrera. Nos desvían al  parking del Safont situado antes de cruzar el rio, hay un buen follón en la entrada pero con un poco de paciencia consigo aparcar el coche.

Ahora sí que estoy preparado, pero todavía es pronto para ir a la salida por lo que dudo entre quedarme en el coche pues hace fresco o aprovechar el tiempo para dar un paseo y disfrutar de Toledo. La tarde anima a pasear y abandono el refugio del coche, pero me quedo con el chubasquero puesto por si llueve. Hasta ahora el cielo nos ha respetado y no está lloviendo, todos los corredores estamos rogando para que aguante un par de horas más hasta que termine la carrera.

Cruzo tranquilamente el Puente de Azarquiel disfrutando de las vistas impresionantes del Alcázar y el casco antiguo de Toledo. El puente esta tomado ya por los corredores y sus acompañantes y en el arco de salida hay mucho ambiente. Me alejo caminando por la ribera del rio hasta el Puente de Alcántara que junto al Puente de San Martin eran antiguamente los dos únicos pasos sobre el Tajo. Este puente conecta el Castillo de San Servando con la ciudad a través de la Puerta de Alcántara. Cruzo la puerta para entrar en la ciudad que me recibe con una calle empinada y empedrada característica común a todo el casco toledano. Para el corredor es una mala combinación pero tiene un encanto especial como descubriré durante la carrera.


Va anocheciendo y la ciudad se ilumina, regreso al otro lado del rio para comprobar que ya luce esplendido el Alcázar, que es el punto de meta de la carrera. Viéndolo tan arriba desde el rio podemos hacernos una idea clara del esfuerzo que va a significar terminar la carrera.
Vuelvo al puente de Azarquiel y caliento un poco antes de la carrera, la noche no es fría pero en cuanto se ha ido el sol la temperatura ha bajado un par de grados. Se acerca la hora y me quito el chubasquero que me protegía para atármelo a la cintura, en cuanto empiece a correr estoy seguro que me va a sobrar todo. Nos vamos colocando tras el arco de salida situada solo en uno de los lados de los dos sentidos del puente, aunque en cuanto lo crucemos podemos ocupar ambas direcciones para cruzar el rio.

No tengo ninguna previsión de marca, es una distancia poco habitual y lo que quiero es disfrutar del recorrido por lo que me coloco bastante atrás. Tras darse la salida aun tardo un rato en cruzar el arco, no es que seamos demasiados corredores pero creo que todos hemos optado por tomárnoslo con calma y guardar fuerzas para los últimos kilómetros que son muy exigentes.

Ha sido darse la salida y empezar a llover parecía que el cielo estaba esperando también el pistoletazo de salida para descargar. Todavía llueve flojo y se soporta bien, pero no da la impresión de que vaya a parar, al contrario parece que va a más.

Cruzamos el rio con muchísima gente animando a ambos lados y al llegar a la rotonda giramos a la izquierda para tomar la ronda paralela al río que nos lleva hasta el Puente de Alcántara. Pero unos metros antes de llegar a su altura nos desviamos a la derecha para comenzar la primera cuesta importante que nos lleva hacia Toledo. Corremos en paralelo a la muralla subiendo hasta la Puerta del Sol que dejamos mientras continuamos subiendo y subiendo.


El primer paso marcado en el recorrido es la Plaza de Toros, se atraviesa corriendo por el interior del coso, lo que tiene cierta gracia. Además es el punto de partida de la carrera corta de 5K y cuando llego acaban de dar la salida unos minutos antes, por lo que se ha formado un gran embotellamiento para salir por la puerta de chiqueros. Tengo que parar de correr y andando salimos como los toros camino del matadero, se me corta el buen ritmo que traía y además con la lluvia que empieza a caer de forma importante me quedo algo frio.

Por fin conseguimos salir de la Plaza de Toros de vuelta hacia la ciudad, intento adelantar a los corredores más lentos pero es muy difícil porque las calles son estrechas, en más de una ocasión se produce algún encontronazo. Sé que no debería pero cierro a algún corredor cortándole la trayectoria para adelantarle, pero es que se corre en grandes grupos que ocupan toda la calle y bloquean el paso, es un poco caótico.

Por fin salimos a la Calle Duque de Lerma y se vuelve a correr con cierta tranquilidad, llegamos a la altura de la Puerta de la Bisagra una de las más emblemáticas de la ciudad. En este punto hay muchísimo publico animando, ya es de noche cerrada y la iluminación hace de este paso algo realmente emocionante del que procuro disfrutar todo lo que puedo.
Ahora bajamos por la Avenida de la Cava de vuelta al Tajo, perdiendo toda la altura que habíamos ganado. Son unos kilómetros muy cómodos para recuperar fuerzas pero con cuidado de no resbalar pues la lluvia empieza a mojarlo todo, incluido a los corredores que ya vamos empapados y chorreando agua. A la carrera se han incorporado un montón de chavales jóvenes que corren con sus padres o con sus clubs de atletismo, es algo que no es normal en las carreras populares y es muy de agradecer.

Cruzamos el rio por el moderno puente de la Cava y bordeamos por la ribera para volver a entrar a la ciudad a través del Puente de San Martin, es otro de los pasos marcados en el recorrido y de los más bonitos de toda la carrera aunque el camino se estrecha y hay que reducir el ritmo para evitar problemas. Toca subir de nuevo, paradójicamente en esta ocasión por la Bajada de San Martin, y entrar en el casco de la ciudad por la Puerta del Cambrón quizás la más la antigua de todas.

Ya está diluviando y las calles parecen ríos, además como subimos vamos contra corriente, no hay forma de evitar el chapoteo y decido que me da igual, corro por medio de la corriente mojándome zapatillas y calcetines. Empezamos a correr por callejuelas estrechas, en algunas no hay ni aceras y se corre encerrado entre las paredes de las casas que la flanquean. El recorrido se hace mucho más revirado, es una continuación de curvas y repechos bastante exigentes, pero muy divertido.


Y es cuando la adrenalina se me dispara y empiezo a subir el ritmo adelantando a corredores mientras les animo gritando “vamos campeones”, “ya queda poco”, “venga que el final de la cuesta esta hay cerca”. Ya me había ocurrido en otras carreras pero esta vez no me corto, total nadie me conoce. Las reacciones de mis compañeros de carrera varían desde la cara que me ponen algunos de este tio es un cretino a las sonrisa de complicidad y las gracias de otros que agradecen los ánimos. No faltan los que se animan a subir su ritmo y venirse conmigo y hasta algún picado acelera para dejarme atrás y marcar territorio.
Y así de animado y disfrutando totalmente de la carrera, empapado y chapoteando en las calles encharcadas recorro el centro histórico de Toledo. Atravesamos plazas y callejuelas disfrutando del encanto especial de Toledo, se abre una plaza para enseguida desviarnos por una calle estrecha que nos vuelve a encerrar entre altas paredes.

Llegamos hasta la Plaza del Ayuntamiento para disfrutar de la fachada principal de la Catedral y la del Ayuntamiento, en esta zona la gente aguanta animando a nuestro paso protegidos de la lluvia como pueden bajo los alerones de los edificios o las terrazas de los bares. Son los últimos kilómetros de la carrera, bordeamos la fachada sur de la Catedral para llegar a la Plaza Mayor, volver a desviarnos para llegar hasta la Plaza de las Cuatro Calles y tomar la Calle del Comercio que es la última del recorrido.

Ya me han bajado algo las endorfinas y he dejado de animar aunque estoy crecido y a pesar de que las piernas se empiezan a quejar no bajo el ritmo, que en cualquier caso no es asfixiante y me permite disfrutar del momento. Entro en la Plaza de Zocodover y al fondo el arco de llegada, lo cruzo con una sensación de haber terminado una carrera realmente especial y es que por momentos como este sigo corriendo.

Por seguridad se ha adelantado la meta unos metros y nos hemos ahorrado la última subida por la Cuesta de Carlos V que hacemos ya andando y recuperando fuerzas. Las lluvia es intensa y todos los corredores buscamos donde protegernos después de coger nuestra medalla y nuestro avituallamiento. Me cobijo bajo el paso cubierto de una calle para ponerme el chubasquero, tengo la ropa empapada pero algo me protegerá.

Ahora me toca llegar hasta el coche, bajo la lluvia y de noche no resulta sencillo y me desvió por donde no debía. Pero llego al Tajo y por fin me oriento, ya solo tengo que seguir la ribera del río para volver al Puente de Alcántara y de Azarquiel donde he dejado el coche. Todavía tardo un rato y me voy quedando frio, cuando llego al coche estoy congelado, este fin de fiesta no me lo esperaba. Estoy empapado y tengo que cambiarme toda la ropa, hasta los calcetines que están chorreando, gracias que traía un pantalón largo y otras zapatillas secas.

Pongo camino a Madrid bajo una lluvia torrencial, no veo nada en la carretera y tengo que ir con mucho cuidado, pero no tengo ninguna prisa. Llego a casa donde me espera despierta mi mujer para comprobar que llego de una pieza. Una ducha caliente y una buena cena me reaniman antes de meterme en la cama, aunque tardo un buen rato en dormirme pues sigo con el subidón de la carrera.

Que gran noche de carrera, de esas que recordare durante mucho tiempo. Ya estoy preparado para repetir el año que viene, pero espero ahorrarme la lluvia, será menos épico pero creo que disfrutare aún más del recorrido.

viernes, 30 de agosto de 2019

VIII Medio Maratón Santander - La joya del Cantábrico


Domingo 5 de Mayo del 2019

Da la impresión que esta Media Maratón de Santander es una carrera que sigue buscando su identidad a pesar de ser su octava edición. En los últimos años ha cambiado de fechas prácticamente cada edición empezó en Marzo, para retrasarse a Abril a la edición siguiente, dar un salto al mes de Septiembre el año pasado y programarla en el mes de Mayo en esta última edición. Por lo que no sabemos muy bien en que época se correrá el año que viene.

En cuanto a las distancias también ha variado siempre aumentando el número de opciones posibles. Las primeras ediciones solo existía la distancia media maratón, pero en los últimos años ya se incluyó la distancia 10 km para atraer a más corredores y en esta edición ya se han superado y se puede correr también una distancia más corta de 5 km. Evidentemente el aumentar la oferta anima a un mayor número de corredores que a lo mejor comienza en esto de las carreras populares o simplemente quieren correr la carrera de su ciudad. El peligro siempre es que juntar corredores con distintos ritmos y objetivos puede generar roces, aunque siendo la participación reducida y el circuito lo suficientemente ancho en esta edición no ha habido conflicto alguno.

Al menos en todas las ediciones ha repetido la parte más significativa de su recorrido, evitando las cuestas de la ciudad y transcurriendo cerca del mar que es uno de los grandes atractivos de Santander, una ciudad siempre volcada hacia el mar. El Paseo de Pereda flanqueada por sus emblemáticos edificios  y su paseo marítimo, es uno de los grandes alicientes de la carrera, se prolonga por un lado hasta el Ayuntamiento y la Catedral y por el opuesto hasta el Puerto Deportivo y la Playa de los Peligros, formando una larga recta completamente plana.

La subida por la Avenida de la Reina Victoria y su fuerte pendiente es otro de los pasos que se repiten todos los años. Nos lleva hasta a la zona más noble de la ciudad y la entrada a la Península de la Magdalena, lástima que no se corra por su interior lo cual sería un verdadero espectáculo para los corredores. Y por último el tramo de la Playa del Sardinero es otro de los clásicos, se recorre toda la playa hasta el estadio de futbol en una zona de muchos toboganes y bastante exigente.

La carrera consta de varias vueltas y en cada edición además de estos tres tramos fijos se amplía el recorrido para completar los kilómetros de la media maratón. Este año se ha optado por recorrer el tramo del Paseo de Pereda en sentido ida y vuelta en tres ocasiones, con una distancia de cinco kilómetros de modo que en cada vuelta se cubre una de las distancias ofertadas por la Organización e iban finalizando corredores. La última vuelta es la que se prolonga por la subida a la Magdalena hasta la playa, esta zona es muy espectacular pero en esta edición solo reservada para los valientes que se apuntaron a la distancia reina.

En cuanto a la Organización sin fallos pero siempre se espera algo más de las carreras que tienen lugar en grandes ciudades como es este caso. Muy poca animación en las calles y una bolsa de corredor “básica”, ni siquiera una medalla conmemorativa, completan la lista de cosas mejorables de la carrera.

Si encuentra su identidad y mejora en los aspectos que rodean la carrera, manteniendo el recorrido siempre por calles muy emblemáticas podría convertirse en una de esas carreras que cualquier corredor quiere y debe correr.
















Amanece un domingo nublado y con una temperatura fresca, según mi mujer con frío aunque ella tiene el termostato roto desde hace unos años, pero con un invitado sorpresa que me acompañara toda la carrera el viento. Para los corredores el viento es quizás el peor enemigo, yo creo que mas por un tema mental, porque igual que pasa con las cuestas, el viento en unos tramos te dará de frente y sufrirás pero en otros vendrá de espalda y te empujara. Pero si es cierto que la sensación de no avanzar cuando el viento te da de cara y el mayor esfuerzo que realmente necesitas para cada zancada es muy desagradable y hace que te vengas un poco abajo.


No tenemos que madrugar demasiado por que la carrera empieza a las 10 y ya recogí ayer por la tarde el dorsal en la carpa cercana al Centro Botín, por lo que desayunamos todos juntos tranquilamente en la cafetería del hotel y ya con todo preparado nos vamos andando hacia la salida. En esta ocasión solo me acompañan mis dos mujeres, mi hijo mayor se ha quedado en Madrid porque tenía exámenes. Mis mujeres se acomodan en la Plaza Asunción a la altura de la catedral por donde pasare corriendo en cuatro ocasiones, así me podrán ver y animar. Pero la carrera es larga y se aseguran de que haya un bar cercano para tomar algo durante la espera y de hecho una vez que me ven pasar la última vez darán buena cuenta de un segundo desayuno.


Las calles ya están cortadas para la carrera y aprovecho para calentar un poco con otros corredores por la calle Calvo Sotelo. En esta ocasión tengo un objetivo claro, bajar de la hora y cuarenta y cinco minutos. En todas las medias anteriores salía sin una marca en la cabeza pero en esta ocasión quiero exigirme un poco más, aunque evidentemente es una marca asequible en la forma en que estoy.

Se acerca la hora de la salida y me despido de mis acompañantes para dirigirme al arco de salida. Al ser tres distancias somos un buen grupo de corredores pero muchos menos de los que esperaba para una ciudad de la importancia de Santander, dan la salida y todos a correr. El circuito al que tenemos que dar las dos primeras vueltas transcurre por avenidas muy anchas, excepto la zona del puerto en donde se estrecha un poco sobre todo porque comparte espacio con el paseo marítimo y el carril bici. Por eso me sorprende que en los primeros metros se formen atascos y sea difícil correr, tengo que esquivar a varios grupos de corredores antes de poder coger un ritmo cómodo.


Poca gente animando y un ambiente un poco tristón ya que el día nublado y gris tampoco acompaña, por lo que prefiero concentrarme solo en la carrera y olvidarme del entorno para intentar avanzar a un ritmo alegre. Cuando llegamos a la zona más abierta que transcurre próxima al mar empezamos a notar la presencia del viento, muy fuerte y de cara hace que tengamos que apretar los dientes. Yo intento coger el rebufo de otros corredores para que me quiten el viento y así ir protegido y gastar menos fuerzas.

Terminamos los dos primeros kilómetros y giramos para volver sobre nuestros pasos, ahora el viento nos da de espaldas y parece que haya desaparecido. El ruido que antes nos atormentaba ahora se convierte en silencio y a pesar del fresco tenemos una sensación de calor extraña, la verdad es que el cambio es radical.

No quiero mirar el reloj e intento guiarme por los globos de las liebres como en otra ocasiones, pero es un poco lioso ya que hay globos de la carrera de 10KM y de la Media y no sé muy bien de cual fiarme. En cualquier caso las sensaciones son buenas y sé que llevo un buen ritmo. Ahora aprovecho para disfrutar del entorno y la fila de edificios santanderinos que miran al mar quizás no sea los más bonitos de la ciudad y de hecho las plazas que se esconde tras ellos son más emblemáticas y concurridas, pero son una buena compañía. Los jardines de Pereda y la cercanía del mar completan un entorno muy bueno para correr.

Ya estamos llegando al arco de salida/meta y lo cruzamos para seguir por la calle Calvo Sotelo hasta el Ayuntamiento. Al pasar a la altura de mis animadoras les grito desde el otro lado de la calle y consigo que me vean, les aviso que se preparen que ahora vuelvo y paso por su lado y es que mi hija se ha comprometido a hacerme una buena foto cada vez que pase. La carrera se ha estirado mucho y ya corremos holgadamente, mientras yo avanzo hacia el centro de la ciudad ya hay muchos corredores que vuelven en sentido contrario. Doy la vuelta a la altura de la Plaza de Ayuntamiento y recorro la calle ahora en sentido contrario. Al llegar a la altura de mis acompañantes poso para la foto y me paro un poco a saludarlas. Mi mujer dice que tiene frio pero aguanta como una valiente solo por animarme y yo se lo agradezco.


Ya terminamos la primera vuelta y algunos corredores finalizan su participación después de recorrer 5 kilómetros. Unos metros delante está el primer avituallamiento, dejo pasar las primeras mesas que están mas colapsadas, pero me doy cuenta tarde que son las primeras y últimas. Acostumbrado en Madrid a largas filas de mesas a ambos lados para atender a tantísimos corredores, aquí me he pasado el avituallamiento y no he cogido botella. Pero como yo un montón de corredores mas se han visto sorprendidos, por suerte en esta ocasión funciona la solidaridad y los corredores que han cogido botella comparten con el resto y hay agua suficiente para todos.

Ataco la segunda vuelta conociendo el recorrido y sabiendo que me tengo que enfrentar al viento de cara, la perspectiva me desanima y se me hace algo más largo pero paso bien el tramo duro y la vuelta se me hace mucho mas llevadera. Me da la impresión de que hay algo más de público animando, a lo mejor es que en Santander son menos madrugadores que en otras ciudades.

Paso por tercera ocasión por la línea de meta y a la altura de mis chicas que aguantan todavía sentaditas esperando a que pase. Ya de vuelta me preparo para la foto de mi enana pero resulta que se ha quedado sin pilas la máquina de fotos, vaya fiasco. Es la última vez que voy a pasar, se despiden y van directas al bar cercano, la verdad es que han cumplido con creces.

Cruzo por cuarta vez el arco de meta, la próxima vez que lo haga será para acabar la carrera y eso me anima, en esta ocasión sí que se quedan gran parte de los corredores y el grupo de los valientes que continuaremos hasta la media maratón es pequeño. Desde hace unos kilómetros corro con uno de esos locos que se calzan con chanclas para correr en estilo minimalista, hasta algunos de ellos lo hacen descalzos, siempre me llama la atención quizás en alguna ocasión debería probarlo. Además lleva muy buen ritmo y nos vamos relevando en la carrera.

Comienza la última vuelta del recorrido y estoy atento en el avituallamiento para coger mi botella.  Esta vez llegaremos hasta la Playa del Sardinero, la verdad es que apetece cambiar un poco el recorrido que resulta algo monótono aunque eso implique subir y bajar por las empinadas calles santanderinas. Pero antes de eso tengo que recorrer la avenida y el tramo final con el viento en contra. Según ha pasado la mañana la fuerza del viento ha subido y ya somos tan pocos corredores que es imposible aprovecharse de los rebufos, por lo que me toca enfrentarme en solitario a la fuerza del viento.

Procuro ir reservando fuerzas, me quedan bastantes kilómetros y un par de repechos importantes, al menos se que no me van a doblar los primeros de la carrera que aunque difícil era una posibilidad real y humillante. Miro por primera vez el reloj y compruebo que se me está dando muy bien la carrera, mi propósito de bajar de los 45 minutos se me queda corto y ya pienso en bajar de los 40 que sería un subidón pero para eso esperare a ver como llego a los últimos kilómetros.

Nos desviamos por la Avenida de la Reina Victoria y el terreno se empina, es el momento de bajar un poco el ritmo y sufrir en la subida, al menos los edificios nos protegen del viento. Voy superando la cuesta sin gran esfuerzo y dejo unos metros atrás a mi compañero de las chanclas lo que es buena señal. A la izquierda quedan los chalets de lujo de los grandes ricos santanderinos sobre todo el del señor Botin y su fundación y a la derecha la zona ajardinada y las vistas sobre el mar y las playas, un recorrido espectacular.


Llegamos al final de la cuesta a la altura del acceso a la Península de la Magdalena que dejamos a un lado, como ya he comentado es una pena que la carrera no transcurra por dentro del recinto pero supongo que problemas logísticos lo impiden. Continuamos hacia las playas del Sardinero, es una zona de sube y baja y requiere un esfuerzo adicional, sobretodo ahora que las fuerzas empiezan a faltar. Pero el entorno en esta zona es precioso y distrae un poco la cabeza del esfuerzo, me encuentro con fuerzas y mantengo un buen ritmo sobre todo en los tramos mas favorables de bajada desde la Magdalena.

Nos desviamos al comienzo de la segunda playa del sardinero para acercarnos hacia el estadio del mismo nombre donde juega el Racing de Santander, en casi todas las medias maratones el estadio del equipo de futbol local es paso obligado y en esta ocasión no iba a ser menos. Este medio kilómetro de ida para girar y volver por la misma calle se hace bastante aburrido además de que personalmente no contaba con ello por lo que se me atraganta. Pero en este momento de la carrera ya corro por inercia y el muro del kilómetro 18 que para mí es el punto de no retorno está cerca. Por experiencia sé que si supero esta distancia sin sufrir en exceso terminare la media con una buena marca, por eso aguanto y de vuelta a la Avenida Castañeda que va bordeando la playa procuro aguantar el ritmo.

Ahora solo me queda un par de toboganes y la última subida de vuelta por la Avenida de la Reina Victoria para volver a la Península de la Magdalena. A partir de ese punto es todo cuesta abajo o llano hasta la meta y es donde pienso dejarlo todo. En medio esta un avituallamiento que me viene muy bien pues aprovecho para tomar un gel e hidratarme, aunque no hace calor. El viento nos sigue golpeando pero la protección de los edificios y los giros de las calles hace que no sea tan fuerte como el que hemos sufrido en el tramo del Puerto.

Pasamos frente al Gran Hotel Sardinero uno de los más emblemáticos, antiguos y sobre todo caros de Santander. Un lujo que al menos en esta ocasión no ha estado a mi alcance aunque a mi mujer le hubiera encantado y es que lo de ser rico debe molar mucho. Esto lo pienso mas tarde porque en el momento de la carrera solo observo su monumental fachada mientras me concentro en no perder el ritmo y sufrir lo menos posible.

Ya somos muy pocos los que continuamos en carrera y voy desde hace unos kilómetros con los mismo compañeros de carrera. La cuesta se me hace mas corta de lo que esperaba y sin demasiado esfuerzo ya estoy en lo más elevado, es cierto que algún corredor me ha adelantado en la subida pero a otros les he pasado yo. Es el momento de mirar el reloj, alcanzo el kilómetro 19 ya en la bajada, mi reloj marca 1:30, eso significa que existe la posibilidad de bajar de la barrera de los 40 minutos.

Decido que hay que intentarlo y me lanzo en la bajada, a mi lado unos de mis compañeros se anima a acompañarme. Nos animamos comentamos que de aquí al final es todo cuesta abajo aunque los dos sabemos que no es verdad, el autoengaño siempre funciona.

Acaba la bajada y volvemos a coger la Calle Castelar, las piernas se resienten ya es una zona plana y cuesta mantener el alto ritmo que traíamos, pero no queda mas remedio que intentarlo. Rodeamos por última vez la plaza de Matías Montero y su bandera de España, ya solo queda menos de un kilómetro hasta la meta, miro el reloj y va a estar muy ajustado. Intento acelerar pero las piernas ya no me responden, mi compi se adelanta unos metros y el chaval de las chanclas que ha ido los últimos kilómetros tras nosotros también me pasa, pero ahora eso ya no me importa solo intento aumentar el ritmo sin mucho éxito.

La recta se me hace eterna, veo el arco de meta al fondo pero no se acerca tan rápido como me gustaría, vuelvo a mirar el reloj, solo tengo un margen de 30 segundos, 20, 15, 10 creo que no lo voy a conseguir pero sigo apretando, 5 segundos y ya sé que no bajare de los 40 minutos. Una lástima cruzo la meta 15 segundos por encima de la 1:40, pero en el fondo si lo pienso mejor es una magnifica marca, sobre todo teniendo en cuenta mis objetivos cuando comencé hace ya seis meses mi aventura de las medias maratones.


Me sorprende que en la meta hay muy poco ambiente, casi hay más gente de la Organización que espectadores. Me pierdo un poco porque no se hacia dónde me toca ir ahora y no hay nadie indicándolo, al final sigo a otros corredores que van hacia la carpa donde ayer recogí el dorsal que es donde está el avituallamiento de meta. Somos pocos en la carpa y no hay prácticamente colas lo cual es de agradecer aunque también un poco triste para una carrera que debería tener mucho más participación.

Recojo a mis mujeres en la cafetería donde se han refugiado y vamos de nuevo andando hasta el hotel para ducharme. Recuperado ya del esfuerzo nos vamos en coche hasta la Playa del Sardinero, donde tenemos previsto dar un paseo y comer antes de volver a Madrid. Pero el vendaval no nos deja pasear a gusto por la playa y decidimos refugiarnos en una marisquería cercana donde damos cuenta de un poco de marisco y un buen lenguado para celebrar el final de nuestro viaje.

Esta carrera santanderina ha sustituido en mi calendario a la Media Maratón de Pamplona, pero es que ha sido el final del periplo que hemos realizado por la costa de Asturias y Cantabria aprovechando los cinco días festivos que este año nos ha regalado el Puente de Mayo.

Comenzamos en Gijón y avanzamos pegados al mar para ir visitando los pueblos de Tazones, Lastre, Ribadesella y Llanes para acabar en Santander. Es cierto que nos saltamos muchos pueblos que bien merecían una parada sobretodo en Cantabria pero es que hubiéramos necesitamos un mes para verlo todo.


Evidentemente no nos olvidamos de alguna visita cultural a lo largo del camino como el Acuario gijonés, la Universidad Laboral y el Jardín Botánico del Atlántico cerca de Gijón, el Museo Jurásico de Asturias o la Cueva de Tito Bustillo y la Ermita de la Virgen de Guía en Ribadesella, la Península de la Magdalena en Santander y por supuesto las paradas para disfrutar de la naturaleza salvaje del norte en la Playa del Guadamía, los Bufones de Prai o la Playa de Oyambre.


Pero sobretodo de lo que más disfrutamos fue de los manjares de estas regiones. No perdonamos una buena comida o cena allí donde nos llevó el viaje y de todas las mesas nos levantamos satisfechos y saciados. Dimos cuenta de una buena fabada y un rico cachopo, pero el pescado y el marisco fueron los reyes en nuestra mesa, desde el pixin, al cabracho o el lenguado, pasando por las gambas, las navajas o las anchoas. Y todo acompañado de buenos vinos y estupenda sidra. Todo un placer para los que nos gusta comer además de correr y hagamos lo primero mucho mejor que lo segundo.

martes, 30 de abril de 2019

La carrera Monumental de Madrid


Domingo 24 de Marzo del 2019

La MetLife Madrid Activa es una carrera singular y por lo tanto diferente al resto de las que se realizan en la capital, por eso resulta atrayente para los corredores populares.

Singular por la distancia, sus quince kilómetros es una longitud poco habitual y estupenda para dar el salto a las largas distancias sin enfrentarse directamente al miedo escénico que produce la media maratón. A esto hay que añadir que prácticamente todo el recorrido es cuesta abajo y excepto dos cortas subidas el resto es muy favorable para el corredor.

Singular por su recorrido y no es que discurra por lugares distintos de otras carreras es que discurre por todos ellos y eso la convierte en la carrera madrileña más monumental. Recorre la ciudad de norte a sur por el paseo de la Castellana, Recoletos y del Prado, pasando por sus plazas más emblemáticas, la Plaza de Colon, Cibeles, Neptuno o Atocha. Por supuesto rodea la Puerta de Alcalá emblema indiscutible de la villa y atraviesa la Puerta del Sol, centro de la ciudad pasando frente a la Real Casa de Correos, su reloj, el kilómetro 0 y la estatua del oso y el madroño.

Singular porque corre frente a nuestras instituciones parlamentarias, el Congreso de los Diputados en la Carrera de San Jerónimo y el Senado en la Calle Bailen. Visita los museos más importantes de la capital, el museo del Prado, el Reina Sofía, el Thyssen-Bornemisza y por supuesto el Museo del Bernabéu, el tercero más visitado de la capital. Nos permite disfrutar de las dos estaciones de tren más antiguas de Madrid y también de las más bonitas, la estación de Príncipe Pio y la Estación de Atocha.

Singular por que cruza la Plaza de Oriente donde se agrupan la mayor cantidad de grandes monumentos por metro cuadrado del centro de la capital. Podemos disfrutar en el mismo vistazo de la Catedral de la Almudena, el Palacio Real y el Teatro Real. La visita turística también nos acerca a las zonas verdes más antiguas y con mayor historia de Madrid, el Parque del Retiro, El Campo del Moro, el Parque del Oeste y nos deja a las puertas de la Casa de Campo. Y porque acaba en el Manzanares, que a pesar de su poca entidad como río es muy reconocido por atravesar la capital española.

No se puede pedir más lugares emblemáticos a una carrera madrileña, tendríamos que correr varias carreras de 10 km o el Maratón de Madrid y sus durísimos 42 kilómetros para poderlos visitar todos corriendo. Cualquier lista que hiciéramos con los imprescindibles a visitar en Madrid prácticamente estaría incluida en este recorrido.

En cuanto a la Organización sin errores, lo cual para una carrera multitudinaria en Madrid y con el inconveniente añadido de que la salida y la meta no están cerca es más que suficiente. Los avituallamientos cada 5 km aunque solo líquidos, un guardarropas eficaz aunque mejorable y una bolsa del corredor discreta. A destacar que dispone de autobuses en la meta que acercan al corredor de nuevo a la salida lo cual es una gran idea.













Al que alguna vez me ha preguntado mi opinión siempre le he contestado lo mismo, para correr un 10 km solo hace falta querer para correr una Media Maratón además de querer hay que prepararse. Por eso a mi ahijado una vez que ha terminado la Carrera de los Bomberos con buenas sensaciones le falta superar la barrera de la hora corriendo en su preparación para el Medio Maratón de Madrid. Una tirada de al menos 15 kilómetros es un “mínimo” indispensable para enfrentarse a la media con seguridad y unas ciertas garantías de terminar.

Le propongo que hagamos una Tapia, un clásico de la capital con algo más de 16 kilómetros que consiste en dar la vuelta a la Casa de Campo pegada a la tapia que la rodea. Pero no le veo muy dispuesto y no creo que sea capaz de hacer el solo una tirada tan larga. Hasta ahora todos los que se han estrenado conmigo en la media han pasado por esta prueba en donde hemos comprobado que estaban preparados. Mi sobrino no puede ser una excepción a pesar de que sea joven y deportista, si se lesiona o le da un jamacuco en la carrera tendré que oír a mi hermano mayor toda la vida recordándomelo.

Entonces me acuerdo de la carrera MetLife, son 15 kilómetros justo un par de semanas antes de la media. La tenía en mi agenda como pendiente especialmente por su espectacular recorrido por la capital, puede ser la oportunidad perfecta para tacharla de mis pendientes y comprobar si mi ahijado está preparado para los 21 kilómetros. No me resulta demasiado difícil convencerle, sobre todo porque le aseguro que es todo bajada y la inscripción corre de mi cuenta.

Así me planto en la Plaza de Castilla en una mañana de domingo con un tiempo prácticamente veraniego, esperando a mi ahijado para ponerme una vez más en la línea de salida de una carrera popular. Hago recuento y van a ser cuatro carreras en menos de seis semanas, creo que voy a superar mi record de carreras encadenadas, y no puedo evitar una cierta satisfacción personal.

Llega mi ahijado en esta ocasión mucho más tranquilo que hace dos semanas, ya sabe lo que es ponerse un dorsal y se le ve confiado. Nos dirigimos a las furgonetas del guardarropa para dejar las mochilas y nos encontramos con una buena cola y eso que todavía no somos muchos corredores. Es sorprendente pero la gente coloca la etiqueta de identificación en el último momento justo antes de entregarla a los voluntarios por lo que la operación se eterniza. Por fin llega un voluntario más espabilado y nos va recogiendo las bolsas a los que ya la tenemos marcada sin que tengamos que esperar la cola que cada vez se hace más larga.

Aunque no nos habíamos puesto de acuerdo los dos hemos coincidido en ponernos camiseta amarilla y pantalón negro, por lo que parecemos un auténtico equipo de corredores.


En esta ocasión nos da tiempo a calentar un poco y damos unas carreras por la Castellana hasta el túnel que pasa por debajo de la Plaza de Castilla y que está cortado al tráfico. Poco a poco nos vamos juntando mas corredores y ya hay ambiente de carrera. A mi sobrino en esta ocasión son los mocos los que le salen en el último momento y no tenemos pañuelo y es que siempre hay algún imprevisto.

En cualquier caso se le pasan todos los males cuando es la hora de comenzar y nos colocamos tras la salida. Dan la salida y comienza la carrera, hasta el kilómetro 5 transcurre por el carril central del Paseo de la Castellana y cuesta abajo. Es el mismo recorrido con el que terminamos hace dos semanas y nos lo conocemos, pero procuramos controlar el ritmo porque en esta ocasión nos queda toda la carrera por delante.

Vamos disfrutando del recorrido que desde el primer metro es un lujo, el Estadio Santiago Bernabéu, Nuevos Ministerios, la Plaza de Emilio Castelar y la Plaza de Colon cada una con sus características estatuas. Para acabar cogiendo el Paseo de Recoletos hasta la Plaza de Cibeles y su diosa tirada por los dos leones. Sin darnos prácticamente cuenta ya hemos recorrido una tercera parte de la carrera y seguimos bastante frescos.

Es el momento de la primera de las dos únicas cuestas de todo el recorrido, giramos a la izquierda para tomar la Calle Alcalá en dirección a la Puerta de Alcalá. Es una de las subidas clásicas, con la puerta como referencia al fondo, de hecho es la salida de la Media Maratón de Madrid por lo que nos sirve para que mi ahijado la conozca. Rodeamos la Puerta disfrutando de pasar corriendo tan cerca y nos metemos en el túnel subterráneo, como en otras ocasiones es el momento de hacer ruido para que las paredes nos devuelvan el eco y generen ese estruendo tan característico de cientos de corredores pasando por un espacio confinado.

Ahora nos toca rodear el Parque del Retiro, los primeros metros por la calle O´Donell siguen siendo subida pero en cuanto giramos y tomamos la Avenida de Menendez Pelayo volvemos a bajar. Han sido casi un kilómetro y medio de subida, mi acompañante ha aguantado a muy buen ritmo por lo que hemos adelantado a muchos otros corredores mas conservadores que nosotros y ahora podemos correr sin tanta aglomeración.

Corremos por lo que será el final del medio maratón, por lo que hemos enganchado el principio y el final de la carrera en este tramo. Comento con mi ahijado que cuando corramos por aqui dentro de dos semanas ya estaremos seguros de acabar la media maratón y será el momento de disfrutar o de sufrir dependiendo de cómo estemos de fuerzas. La cuesta abajo termina en la Estación de Atocha en donde tomamos el Paseo del Prado para correr por delante del Jardín Botánico y el Museo del Prado. Este tramo es una subida muy suave pero las piernas se han acostumbrado a la bajada durante los últimos tres kilómetros y se resienten un poco del cambio, pero en seguida cogemos de nuevo nuestro ritmo.

Llegamos hasta la Plaza de Neptuno y al dios tirado por sus dos caballos, es el momento de girar a la izquierda y atacar la segunda cuesta del día por la Carrera de San Jerónimo hasta la Puerta del Sol. Los primeros metros por delante del Congreso de los Diputados son exigentes y hay que bajar el ritmo. Además la calle se estrecha y los corredores nos volvemos a juntar formando un pequeño tapón, tenemos que ir más atentos y me separo un poco de mi acompañante aunque no me pierde la estela en ningún momento.

Entramos en la Puerta del Sol, con mucha público animando lo que siempre es un aliciente. Ya estamos en el kilómetro 10 y mi acompañante supera su record de distancia corriendo, siguiente objetivo sobrepasar la hora de carrera sin parar. Pero ahora es el momento de disfrutar del momento de cruzar por debajo del reloj y el kilómetro cero, unos metros emblemáticos para cualquier madrileño.


Salimos de la plaza por la Calle Mayor y llegamos hasta la Plaza de la Villa, que recibe su nombre porque está el antiguo edificio del ayuntamiento. Cuando se lo comento a mi ahijado me sorprende que no tenía ni idea y es que a veces me olvido de que nos separan treinta años y el ya nació asumiendo como normales algunos de los cambios que yo viví en primera persona.

Llegamos al tramo más bonito de todo el recorrido, el paso por la Catedral de la Almudena, la Plaza de Oriente y el Palacio Real. Para mí unos de los entornos más monumentales y emblemáticos del centro de la ciudad. Mires donde mires encuentras edificios singulares llenos de historias que contar. Y como no puede ser de otro modo una de las zonas con mayor aglomeración de turistas de Madrid, las manadas de turistas sobre todo japoneses se desplazan en grandes grupos por la plaza siguiendo a su guía, es el precio que la ciudad tiene que pagar.

La carrera atraviesa de lado a lado la plaza por lo que interrumpimos el paso de los turistas, lo que provoca siempre cruces peligrosos. Algún frenazo y choque, en la mayoría de los casos sin importancia, y una mezcla de sonrisas e improperios por parte de los corredores según su estado físico a estas alturas de la carrera. Nosotros vamos con fuerzas y sonreímos sobre todo  cuando un grupo de japoneses se ponen a aplaudir justo a nuestro paso aleccionados por su guía que está claro tiene mucha guasa.

Desde aquí hasta la meta ya todo es cuesta abajo y muy favorable, por lo que nos olvidamos de reservar fuerzas y es hora de subir un poco el ritmo. Corremos ahora por la calle Bailen a la izquierda los jardines de Sabatini y abajo el rio Manzanares y a la derecha el Senado y la Plaza de España. Mi compañero aguanta bien el ritmo aunque desde hace unos kilómetros ya no habla y eso es síntoma de que tampoco va muy sobrado de fuerzas. Pero hemos superado la barrera psicológica de la hora corriendo y es un hito más en su breve carrera de corredor popular, de aquí al final solo tiene que aguantar.

A pesar de estar ya en el kilómetro 12 seguimos corriendo muy en grupo y es que en Madrid las carreras siempre son muy multitudinarias, en este caso 3500 corredores, y es difícil sentirse solo en todo el recorrido. Llegamos hasta el Parque del Oeste, el Templo de Debod queda a nuestro lado aunque no lo veamos, el parque es uno de mis lugares habituales de entrenamiento y con unas vistas espectaculares sobre la Casa de Campo. Lo rodeamos por la calle de Pintor Rosales y giramos a la izquierda para atravesar el parque y pasar por delante de la Rosaleda uno de los muchos secretos ocultos de la capital, un lugar encantador todo el año pero sobretodo en el mes de mayo cuando es el concurso de rosas y lo puedes disfrutar en todo su esplendor.

Aprovechando la cuesta abajo me he lanzado como loco, mi ahijado pierde unos metros pero me sigue mientras adelantamos a mucha gente. Llegamos a la Cuesta de San Vicente, tiene una buena pendiente y la he sufrido en subida en otras carreras pero en esta ocasión es favorable y ya estoy lanzado. A nuestra derecha la Estación de Príncipe Pio, la antigua estación del norte que es como aparece en el Monopoly, y llegamos a la Plaza de San Vicente para tomar el paseo peatonal que nos lleva al Madrid Rio y la Puerta del Rey que es donde acaba la carrera. Hay que tener cuidado porque vamos todos muy rápidos buscando la meta y el paso es estrecho y con algún banco de piedra peligroso. Voy esquivando corredores sin prestar atención a si mi acompañante me sigue.

Cruzamos el Manzanares por el Puente de Rey y mi ahijado se pone a mi altura pero en esta ocasión no le pienso dejar ganar como me ocurrió en la Carrera de los Bomberos, por lo que no bajo el ritmo hasta cruzar la meta por delante suyo. Una marca de oficial de 1:18:26, a un ritmo de 5:13 el kilómetro, una muy buena carrera y una prueba perfecta de cara a la Media Maratón.


Nos vamos a la orilla del Manzanares a estirar e hidratarnos, en la meta también nos han dado una medalla para conmemorar sus cinco primeros años de existencia, que siempre hace mucha ilusión. Mi sobrino está encantado, ha aguantado muy bien y ya ha superado un paso más en su preparación, aunque sigue con dudas de cara a la media maratón y hace bien porque los seis últimos kilómetros de la media son los más duros. Pero eso queda para dentro de dos semanas, ahora es el momento de hacernos una foto con el Palacio Real al fondo, yo la mando a la familia vía Watshap mi sobrino publica su logro en Instagram, claramente el salto generacional también se nota en estos detalles.

Ya con nuestras mochilas y recuperados del esfuerzo nos acercamos hasta la estación para que yo tome el metro hasta mi casa, mientras mi ahijado se monta en una moto eléctrica de alquiler compartido de las muchas que han invadido la capital. En la forma de movernos por la misma ciudad se nota también los casi 30 años que separan nuestras generaciones.

Mientras escribo esta crónica y narro el recorrido a mi memoria viene una y otra vez el clásico juego del Monopoly, ambientado en las calles madrileñas y al que tantas horas he dedicado de niño y luego de adulto jugando con mis hijos. Mi relación con este juego siempre ha sido de amor y odio, me ha entretenido en interminables partidas pero siempre he sido incapaz de finalizarlas. Conseguir que el resto de mis contrincantes se arruinen me resulta una labor imposible y cuando parece que lo voy a conseguir siempre caigo en una de esas calles carísimas y vuelven a equilibrarse las finanzas.

Y esta carrera transcurre por cuatro de aquellas malditas cinco calles más caras del juego, dos de las tres de color verde, Gran Vía, Alcalá y Puerta del Sol y las dos de color azul oscuro y de mayor precio del tablero, Paseo de la Castellana y la más valorada el Paseo del Prado.

Aunque reconozco que mi debilidad era conseguir las cuatro estaciones ferroviarias, Goya, Delicias, Mediodía y Norte. Y dos de ellas también se incluyen en el recorrido de esta carrera, aunque ahora son más conocidas por su nueva denominación, la estación de Atocha antigua estación del Mediodía y la Estación de Príncipe Pío antigua Estación del Norte.