Mostrando entradas con la etiqueta Tirando al monte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tirando al monte. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de mayo de 2015

Mis Dos Clásicas

No soy un corredor que este obsesionado con las marcas y no porque no me gustaría bajar de las 3 horas en un maratón o acabar una carrera de montaña entre los 20 primeros de mi categoría, sino por la sencilla razón de que soy lento y no tengo ni la dedicación ni el tiempo para mejorar mis ritmos.

Esto lo descubrí ya en mis primeras carreras populares por lo que decide cambiar velocidad por variedad. Por eso cada año me propongo nuevas carreras y retos, a veces carreras de mayor distancia o con desniveles superiores o en ciudades que no conozco, procurando no repetir carreras en las que ya he participado en años anteriores.

Pero todos los años al menos en dos ocasiones incumplo esta norma, he incluyo en mi calendario la Media de Madrid y el Trebol Trail de Becerril. Una de asfalto y otra de montaña, con distancias similares pero completamente diferentes en preparación y recorrido. La primera es la carrera de mi ciudad, la primera que corrí y la que veía pasar por debajo de mi casa cuando aún no era un corredor. La segunda la corro desde su primera edición y se ha convertido en mi pequeño reto ser uno de los corredores que la haya corrido en todas sus ediciones.

Este año 2015 no iba a ser menos y con una diferencia de dos semanas pase del asfalto al monte para correr mis dos clásicas de cada temporada.

Media Maratón de Madrid 2015
















Por quinta vez consecutiva me coloco en la salida de la Media de Madrid, de los siete magníficos que tomamos la salida el año pasado sólo repetimos tres y uno de ellos se ha renganchado ayer por la tarde y correrá con el dorsal de otro de los magníficos que se ha dado de baja por “lesión”.

Pero para esta edición tenemos dos nuevos corredores, jóvenes y deportistas de la especie conocida popularmente como “runner picados”. De hecho en la oficina se han hecho apuestas sobre las posiciones en que cruzaremos la meta los cuatro compañeros que participamos en la carrera. Conociendo a los nuevos sé que saldrán a muerte y no puedo relajarme, si no quiero una nueva humillación el lunes cuando vuelva al trabajo.

Después de varios años corriendo esta media a ritmos tranquilos, con la excusa de acompañar  a algún compañero, este año salgo dispuesto a correr, Mi objetivo bajar de la 1 y 45 minutos en mi preparación hacia el Maratón de Madrid.

Aunque hemos quedado todos para salir juntos los nuevos no aparecen, luego me enterare que llegaron mucho antes para poder situarse en los cajones delanteros de salida y ganar unos metros. Los tres magníficos nos colocamos en nuestro cajón de salida aunque luego descubriré que otros muchos corredores no lo han hecho, lo que hace que los primeros kilómetros sean caóticos y que durante todo el recorrido tenga que ir adelantando gente con un ritmo muy inferior al mío.

En cuanto dan la salida mi compi se queda atrás, después de Villalba no esta dispuesto a sufrir de nuevo, mientras que yo junto con mi primo, al que el año pasado no pude seguir, arrancamos cuesta arriba por la Calle de Alcala. La salida desde la Plaza de Cibeles es la novedad en el recorrido de este año y toda una declaración de intenciones, comenzando la carrera cuesta arriba queda clara la dureza de esta media.

Mi primo se pone a mi rueda pero en varios ocasiones le pierdo entre tanta gente. En lugar de correr avanzamos haciendo slalom entre los corredores, con continuos cambios de ritmo y dirección, imposible mantener un ritmo constante, pero es lo que tiene las carreras multitudinarias.

Ya estamos en Santa Engracia pasando por delante de los bomberos con mucha animación y llego a la altura de mi casa, en esta ocasión no ha bajado la familia me da un poco de bajón pero sigo adelante en mi objetivo. Mi primo se me rengancha después de que unos metros antes se hubiera descolgado, pero ya en Bravo Murillo nos separamos definitivamente, este año esta en peor forma que en la edición anterior, una lástima me hubiera gustado acabar la carrera juntos.

Llego a Plaza de Castilla y me lanzo en el tramo de bajada, a pesar de lo incomodo que me esta resultando la carrera voy en tiempos y las piernas van frescas. A la altura de la oficina me encuentro con un par de compañeros que han venido a animarnos, me paro a saludar y comentar si han pasado mis contrincantes, parece que soy el primero pero entre tanta gente han podido pasar escondidos para atacar al final.

A pesar de estar ya en el ecuador de la carrera, siguen formándose tapones cada vez que se estrecha el circuito o comienza una subida. Tanto cambio de ritmo empieza a afectarme en el ánimo y cada vez corro más incómodo. Me tomo un gel para intentar recuperarme pero me atraganto y no tengo agua hasta el próximo avituallamiento que esta a un par de kilómetros. Esta claro que no esta siendo mi mejor carrera.

Aunque voy a ritmo por debajo de los 1:45 solo he conseguido adelantar hasta ahora al globo de las 2:45 y de las 2:30. Me parece un error de la Organización que los globos de los tiempos de referencia salgan delante en lugar de en los cajones del tiempo que marcan. Desde mi cajón de 1:46 ni siquiera veía los globos, debieron salir como mínimo 15 minutos antes de que yo pudiera cruzar la salida.

Comienzo la vuelta al Retiro de mal humor, no estoy corriendo bien, pero intento olvidarme de los malos pensamientos y centrarme en acabar lo mejor posible. Antes de atacar la subida por Alfonso XII supero al globo de las 2:00, tampoco me sirve de mucha referencia.

A mitad de la subida me alcanza unos de los compis que se estrena en la distancia, viene fresco y con ganas de conversación, salió por delante mío pero le he debido adelantar en algún momento de la carrera sin verle. Me alegro de que este tan entero pero la verdad es que no tengo muchas ganas de hablar y tiramos hacia delante a buen ritmo. Todavía sigue habiendo mucha gente alrededor y no podemos correr juntos, se me adelanta unos metros, le recupero y le paso, me vuelvo a quedar bloqueado por otros corredores y me vuelve a adelantar.

Por fin entramos en el Retiro, ya sólo queda pasar los interminables arcos publicitarios para cruzar la meta. Mi compi la cruza un par de metros por delante mío pero más de 40 posiciones por delante, lo que da una idea del río de corredores que entramos a la vez. Le felicito por su carrerón, sabía que estaba bien preparado pero nunca pensé que controlara tanto la distancia, empezó lento y acabo pletórico. Yo empecé rápido y a tirones y acabe enfadado y a tirones, pero al menos un par de minutos por debajo de mi objetivo, aunque peor de lo que esperaba y con sensaciones raras.

Mi primo entra unos cuantos minutos por detrás mio y mi compi casi vuelve a bajar de las dos horas. En cuanto al cuarto en las apuestas, entro casi 5 minutos por delante de nosotros pero en tiempo real por detrás mio y es que se coló en el cajón de la elite y tuvo la calle despejada. En cualquier caso el lunes podre ir tranquilo a la oficina pues he conseguido que no me ganaran, pero creo que será el último año que pueda hacerlo, a no ser que los tiempos se corrijan por edad. Y es que los mas de 10 años que les llevo se notan mucho en las cuesta arriba.

La clasificación final de la apuesta quedo como sigue. Sorprende la diferencia entre las posiciones finales y reales y como los que salimos detrás adelantamos muchas posiciones mientras el compi que se coló en la salida fue perdiendo posiciones durante toda la carrera:

Pto
Pto Real
Categoria
Tiempo Oficial
Tiempo Real
3899
4712
Senior
1:46:13
1:44:16
6724
5294
Senior
1:56:07
1:45:39
6765
4149
Veterano B
1:56:14
1:42:41
12675
11482
Veterano A
2:14:30
2:00:56

Trebol Trail de Becerril 2015














Camino de Becerril vuelvo a preguntarme porque un año más corro esta carrera, no es el más bonito de los circuitos montañeros de la zona, ni siquiera es una carrera suave para ir relajado y subir la autoestima, ni tampoco un recorrido muy técnico que te obliguen a lucirte en las bajadas. Pero es una carrera con “encanto”, sobretodo en su organización,  además la corro desde la primera edición y como padrino de su nacimiento me veo algo obligado a acompañarla mientras crece.
 
Este año la intercalo en mi preparación para el MAPOMA, por lo que solo he pisado la tierra la última semana para domar mis nuevas zapas. Pero al contrario que en años anteriores llego casi en un pico de preparación y estoy convencido de que se me dará mejor que en las anteriores ediciones en las que sufrí mucho.


Me he citado con dos acompañantes, uno de ellos ya es un fijo tanto en el asfalto como en esta carrera de la que como yo ha corrido las dos ediciones anteriores, pero el otro se estrena en la carrera y en las pruebas de montaña y tampoco se puede decir que tenga una gran experiencia en asfalto, de hecho no ha pasado de correr un par de 10.000. Yo estaba convencido de que no se presentaría pero al final aparece dispuesto a darlo todo, le advierto una y otra vez que se lo tome con calma.

Ha amanecido una mañana rara, ni de primavera ni de invierno, fresca cuando sopla el viento pero calurosa cuando pega el sol. No me aclaro sobre que ropa ponerme y de hecho mientras hacemos tiempo esperando a que den la salidas me cambio tres veces de camiseta.

Por fin dan la salida y nos ponemos a correr. Desde los primeros metros cada una coge su ritmo, me despido y rápidamente me adelanto unos metros. El primer tramo de asfalto sirve para calentar pero enseguida entramos en el monte y en la primera subida. Todos los años se producen atascos en este tramo pero eso me viene bien para no acelerarme.

Un ratito corriendo y mucho andando, en fila india y sin poder adelantar prácticamente posiciones hemos terminado la primera subida y nos lanzamos a lo loco en la bajada. No es que sea un gran experto pero cada vez me desenvuelvo mejor en las bajadas y voy adelantando a los corredores que van con más precauciones.


Tras la bajada llega el único tramo “llano” de la carrera donde se puede correr alegre manteniendo un ritmo constante y es el momento de disfrutarlo. Pero reservo fuerzas para la subida de los Arrastraderos en donde todos los años he sufrido mucho. Las primeras rampas ya empiezan a calentar las piernas pero sé que lo peor está por llegar y aunque reservando procuro mantenerme corriendo y este año lo consigo.

Pero llega el pinar y los desniveles infernales, es el momento de andar y sufrir. Está claro que llego en mejor forma que en ediciones anteriores porque no me cuesta en exceso mantener un ritmo alegre de subida, hasta me permito el lujo de adelantar a algún corredor aunque tenga que salirme de la senda y hacer algunos metros de más. Antes de darme cuenta ya ha terminado y salgo del pinar con fuerzas suficientes para trotar un poco para llegar al edificio del telégrafo donde este año han puesto el avituallamiento.


Comienza la bajada y a mi rueda se junta una chica a la que cedo el paso, aunque ella prefiere seguir mi estela durante la bajada comentando que va muy cómoda con mi ritmo. Me hace ilusión hacerle de liebre y disfruto mucho de estos kilómetros de descenso mientras voy abriendo pista. Bajo rápido y constante, no sin algún susto con el terreno pero al menos es la primera edición donde no me pierdo en esta bajada.

Terminada la bajada ataco un primer repecho y tengo que andar, es donde aprovecho para conversar con mi acompañante, me comenta que ha corrido en el Genaro aunque en el recorrido corto y que es la primera vez que hace tantos kilómetros por montaña, le animo comentando que ya ha pasado lo peor sólo le queda una última subida. El Genaro es una de las carreras que tengo ganas de hacer pero este año ha coincidido con la Media de Madrid aunque está apuntada para el 2016.



La cuesta se empina y ella se va quedando atrás, me despido deseándole suerte y avanzo a mi ritmo. Este año han cambiado el recorrido por el anidado de no sé qué ave protegida y aumentado en un par de kilómetros, total más de 20 km de carrera. Este tramo es nuevo y nos lleva todavía más abajo, eso significa que la última subida será más larga por lo que aunque me encuentro muy bien de fuerzas decido reservar algo.

Llego al último avituallamiento donde aprovecho para parar un poco y tomar algo de fruta, me vuelvo a juntar con los corredores que he ido adelantado en los últimos kilómetros y a la hora de arrancar de nuevo se produce un poco de atasco en la primera senda estrecha, pero en seguida la carrera se estira y vuelvo a correr cómodo. Más bien a andar porque el camino es duro, no pasa por el corta fuegos de otros años pero a cambio han incluido algunos tramos en donde hay que agarrarse a los pinos para poder subir.

Una primera subida de un kilómetro, seguida de un falso llano que permite correr un poco y un par de kilómetros de subida imposible, nos lleva de nuevo a lo más alto del monte. Se me hace más llevadero que otros años pero no creo que sea por el cambio de recorrido sino porque yo estoy más fuerte.


Enganchamos con la última bajada que es la misma que otros años y aunque noto una enorme ampolla en la planta del pie que me está molestando, me lanzo rápido, tengo fuerzas y ganas de acabar. Adelanto y me adelantan, voy muy parejo con otros corredores y en cuanto ellos o yo dudamos en una pisada nos intercambiamos las posiciones. Ahora sí que estoy disfrutando de la carrera, este tramo es precioso y ya no me guardo nada.

Hasta la “piedra” que la Organización incluye cuando ya estamos en el tramo más suave de la bajada y que otros años se me atraganta, la subo a grandes saltos mientras otros corredores tienen que subir agarrándose. Lástima que ya casi a punto de superarla me topo con un  corredor parado y tengo que detenerme perdiendo el equilibrio y volviendo sobre mis pasos. Consigo rehacerme sin caerme y con un par de saltos bajo la piedra y cojo el último tramo de senda.

Como en las dos ediciones anteriores el último par de kilómetros de asfalto se me hacen larguísimos, además la ampolla se me ha abierto y me duele cuando apoyo. A pesar de todo mantengo un ritmo suficiente para que nadie me adelante y cruzar la meta con mi mejor tiempo de las tres ediciones.

Disfruto del estupendo avituallamiento de llegada mientras espero a mis compis. Tardan todavía un buen rato en llegar y el primero es el novel, con calambres y agotado pero exultante con su pequeña hazaña. Todavía pasaran unos minutos más hasta que llegue el otro y como me temía reventado y de un humor de perros como todos los años, bueno este año un poco más, me asegura que se retira de las carreras, por lo menos hasta después de verano, que no cuente con él para ninguna otra tontería de carrera.


Nos despedimos y me vuelvo a casa contento con mi carrera y seguro de que el año que viene volveré. Ahora toca pensar en recuperarme de la ampolla de mi pie lo antes posible para acabar los entrenamientos para el siguiente objetivo, mi segundo Maratón de Madrid.   

lunes, 26 de mayo de 2014

Sufrir subiendo y sufrir bajando

Segunda edición y segunda participación en esta carrera de montaña tan particular, capaz de sacarle todo el partido al modesto Alto del Telégrafo situado cerca de Becerril y ofrecernos un amplio repertorio de bajadas deslizantes o pedregosas, entre pinos o a campo descubierto, subidas técnicas, por sendas o caminos o simplemente intransitables por el desnivel y tramos de llaneo en donde poder “correr” si las fuerzas te acompañan.

Muy buen ambiente, organización exquisita, manteniendo y aumentando la filosofía solidaria de la carrera. Pero incluyendo mejoras como el control de carrera con un chip de muñeca y cuatro controles a lo largo del recorrido y eliminando algunos puntos negros del recorrido que el año pasado produjeron más de un embotellamiento.













Hacia muchas carreras que no sufría tanto corriendo, casi desde hace un año cuando corrí en Vigo. Llevaba una semana de líos tontos tanto en casa como en el trabajo y la universidad y además no me encontraba físicamente fino por lo que desde que me desperté tenía muy pocas ganas de calzarme las zapatillas. Si a esta semana “rara” añadimos que desde el Maratón sevillano mis entrenamientos han ido decayendo en número e intensidad y mi forma está muy lejos de ser la adecuada para excesos montañeros, se produjo una conjunción de malignos astros que solo podía dar como resultado poco disfrute y mucho sufrimiento.

Me sobrepongo al deseo de quedarme en casa y olvidarme de la carrera y paso a recoger a mi compi y juntos nos vamos para Becerril. Sin colas retiramos el dorsal, para lo que tenemos que entregar un kilo de comida solidario que tuve que comprar ayer a última hora en un VIPS porque se me había olvidado. Con el dorsal recogemos el chip pero cuando ya nos vamos me doy cuenta de que no se corresponde con mi número de dorsal y vuelvo para cambiarlo. Ahora terminada la carrera pienso que hice mal, estoy seguro que el corredor que hubiera portado mi chip por error lo habría hecho con mayor honra.

Calentamos poco y de forma cansina mientras disfrutamos del ambiente trail. A mi compi le sale el gen competidor y se pica con un corredor figurín, de los que lleva lo mejor en equipación y conduce el BMW último modelo. Se ha quedado con su cara y su dorsal con la oculta intención de darle el hachazo en los últimos kilómetros si se presenta la ocasión. En la última subida lo tuvo a tiro aunque la falta de fuerzas no le permitieron atacarle, pero se queda con la satisfacción de ver como arrastraba colgada del brazo su mochila último modelo con la que ya no podía cargar a la espalda.


Control de chips y ya estamos dentro del redil, cuenta atrás y arrancamos, como siempre de los últimos. Ya en los primeros metros de asfalto me despido de mi compi, quiero buscar una posición más adelantada para evitar aglomeraciones en la primera subida, recuerdo del año pasado que es la más asequible y en donde pretendo subir corriendo todo lo que pueda.

Con las fuerzas frescas pero sin buenas sensaciones hago la primera subida a buen ritmo, corriendo en el primer tramo de camino, pero como la mayoría andando en el último tramo de senda. Arranco fuerte la bajada pero empiezo a no encontrarme fino, las piernas empiezan a doler demasiado pronto y siento malestar en el estomago. En el avituallamiento decido no parar, solo cojo un poco de agua aunque prácticamente no bebo temiendo que me siente mal.

Aprovecho el tramo llano para intentar que las sensaciones mejoren pero no recupero lo suficiente antes de atacar la segunda subida. Mi cabeza empieza a jugarme malas pasadas y mis pensamientos se vuelven negativos.

“No recuerdo este tramo de subida del año pasado”

“Esta zona el año pasado la pase corriendo y hoy no puedo ni trotar”

“Y queda todavía el tramo de subida entre los pinos que el año pasado me reventó”

“A lo mejor este año lo han eliminado del recorrido”

Pero este año también está la subida por el Pinar de los Arrastraderos, aunque yo le cambiaría el nombre por Pinar de los Arrastrados a la vista de la procesión de corredores que vamos trepando por la senda casi sin marcar que atraviesa los pinos. Cada paso que doy me cuesta horrores, en alguna ocasión pienso en echarme a un lado para parar y descansar algo pero aguanto con mi escalada cansina mientras algún corredor más fresco me adelanta.


Salimos por fin del pinar, en este tramo hasta el Telégrafo el año pasado corrí persiguiendo a mis liebres pero en esta ocasión subo andando. Al fondo se oyen el sonido de los cencerros con los que algunos espectadores nos animan, yo bajo la cabeza y como buen manso me junto a la manada y sigo el sonido de los cencerros.

Superado el edificio del Telégrafo, por fin puedo vuelvo a trotar en una zona más llana que termina en el segundo avituallamiento. En esta ocasión si que paro para beber, comer e intentar recupérame. Arranco otra vez para comenzar la segunda bajada del recorrido y enseguida me doy cuenta de que hoy no va a ser mi día. Aunque con cuentagotas me van adelantado corredores durante la bajada, mi ritmo es cansino a pesar del desnivel favorable. Decido que hasta aquí he competido y a partir de ahora mi objetivo es llegar, busco un ritmo más relajado y procuro reservar fuerzas.


Como me ocurrió el año pasado en esta bajada pierdo las balizas que marcan el camino. Aunque en esta ocasión soy yo el que abre senda y me doy cuenta enseguida. Lo comento con el corredor que sigue mi rueda, él ni se había dado cuenta porque se fiaba que yo sabía por donde iba. Juntos tardamos muy poco en encontrar la senda marcada que estaban a unos metros a nuestra derecha en una zona más llevadera de la ladera.

Acabada la bajada y tras el segundo control de chips se nos presenta un primer tramo de subida, yo no lo recordaba del año pasado y se me atraganta. Casi todos subimos andando pero también en esto hay distintos ritmos y me siguen adelantado corredores a los que veo más frescos. Por fin llegamos a la parte de llaneo a mitad de ladera que tanto disfrute el año pasado, pero en esta ocasión sólo intento recuperar fuerzas tomando un gel a ver si me ayuda algo. Comienza la última subida con una rampa brutal, hay se quedan mis pocos ánimos y ya el tramo por el cortafuegos lo subo en postura suplicante deseando que se acabe. Aunque al final saco mi orgullo y el último tramo ya con mucho menos desnivel lo corro y me obligo a llegar hasta el avituallamiento.


Por fin llega la última bajada, la recuerdo del año pasado como peligrosa, pero este año todavía es peor. En las últimas semanas ha hecho calor y el terreno está seco, hay verdaderos toboganes de arena suelta y seca que deslizan. De acuerdo al manual del buen corredor de montaña deberíamos bajar deslizando en modo esquiador, pero para eso hay que tener buenas piernas y de eso no estoy sobrado. Al menos consigo mantenerme de pie y no poner el culo en tierra aunque algún susto me llevo.

Cuando ya los toboganes han finalizado y corremos en suave bajada por un bucólico prado verde, la organización nos sorprende incluyendo en el recorrido la única piedra que queda hasta llegar a Becerrril. A ella tenemos que subir trepando con las manos y bajar saltando como cabras.


Esta claro que la experiencia es un grado y a pesar de sufrir en la mayoría del recorrido he conseguido regular bien y todavía me quedan fuerzas para apretar los dientes en el último tramo de asfalto y mantener un ritmo alegre que me permite por fin adelantar a otros corredores. Cruzo la línea de meta 15 minutos más tarde que el año pasado, es cierto que el kilometraje ha aumentado algo y que hoy hacia mucho más calor que el año pasado, pero está claro que hoy no he tenido un buen día.

Espero a mi compi que llega con las mismas sensaciones que yo, ha sido un continuo sufrimiento y el año que viene no nos vuelven a engañar. Pero como nos ocurre siempre en cuanto las piernas dejan de doler y recuperamos el ritmo de nuestro corazón ya estamos pensando en la siguiente carrera y en que el próximo año volvemos por que la carrera es “preciosa”, esta claro que no estamos bien de la cabeza.

Me da la impresión de que he corrido un maratón, esa misma tarde y el día siguiente tengo un dolor de piernas increíble, está claro que no ha sido un gran día. Me quedo con malas sensaciones para el Cross de los 3 Refugios al que estoy apuntado para dentro de un par de semanas. Una carrera también de montaña que sobre el papel es más dura, subiendo a la Bola del Mundo y la Maliciosa para bajar a la Pedriza y volver a subir a la Bola del Mundo. 28 kilómetros con un desnivel acumulado de 3600 m. Prueba de fuego para mi ánimo y mis piernas.

jueves, 23 de mayo de 2013

Carreras de montaña otra forma de correr

Vamos a ser los primeros en estrenar esta carrera de 18 Km por el Monte del Telégrafo cercano a Becerril. El recorrido es sencillo tres subidas al monte con sus tres bajadas, saliendo y volviendo al polideportivo del pueblo. Cada trazado por una ladera distinta de la montaña para dibujar un trébol del que le viene su nombre. La subida tiene un desnivel menor de 500 m lo cual no es demasiado llamativo si nos fijamos en los picos cercanos, pero el acumulado total suma los 1000 m y es algo más significativo.

Cada subida nos depara una visión muy distinta de la sierra madrileña, la primera ascensión nos permite ver los grandes montes centrales con la Maliciosa en primer termino y el embalse de Navacerrada, la segunda nos muestra el valle del río Guadarrama y de fondo los montes del extremo sur con el Abantos como gran referencia y en la tercera y última la vertiente más norte de la sierra con la Pedriza a las faldas de la montaña, todo un espectáculo. Disfrutar de esta vista panorámica de toda la sierra madrileña es uno de los grandes alicientes de la carrera.


En esta ocasión ha sido mi compi de trabajo el que me ha liado para correr esta carrera de montaña, aunque es cierto que no he opuesto mucha resistencia, por eso paso a buscarle por su casa para ir juntos hasta Becerril. El quería acabar la temporada estrenándose en el monte, aunque creo que se ha excedido al elegir la carrera, tiene pinta de que va a ser francamente dura.

Cuando le recojo en Pozuelo el termómetro marca 8ºC y es que el tiempo ha cambiado y hemos vuelto al duro invierno. La previsión del tiempo daba para el fin de semana lluvias y hasta nieve en la sierra. Al final no ha sido para tanto aunque la Organización nos ha mandado un mensaje comunicando que es obligatorio el uso de corta vientos. Parece que la carrera puede ser “épica”.

Mientras nos acercamos a la sierra la temperatura en el termómetro va bajando, cuando llegamos a Becerril marca 2ºC. Si a esta temperatura le sumamos el viento, tenemos una sensación térmica bajo cero. Veo que la gente ha vuelto a vestirse con las mallas largas, gorros y guantes, yo vengo equipado con pantalones corto pero al menos he sido previsor y traigo la térmica.

Recogemos el dorsal y ya empezamos a ver que en esta carrera hay mucho nivel. No reconozco a ninguno de los típicos domingueros de otras carreras, me sospecho que los novatos vamos a ser nosotros. Decido cambiar mi objetivo, la idea inicial era bajar de las 2 horas, pero parece complicado, me conformare con no llegar el último.
 


Localizo a uno de mis primos que también está apuntado a la carrera. Es un corredor experimentado y muy aficionado a la montaña, por lo que me va a servir de referencia. Después de mucho tiempo voy a tener una rueda a la que seguir, a ver que tal se me da.

Mi primo viene acompañado de un amigo suyo también corredor. Van a aprovechar el recorrido para preparar otras carreras, mi primo el maratón de montaña de Los Soplados en Cantabria y su amigo el Trail de Peñalara, eso si me aclara que el recorrido corto sólo “60 KM”. No parecen ruedas fáciles de seguir, aunque me prometen que van a ir “tranqui”. Creo que su tranqui no va a ser mi tranqui, pero decido juntarme con ellos. Mi compi desde el principio ha desistido de intentarlo y correrá a su ritmo como hace siempre.

Ya estamos preparados y pasamos el control en el cajón de salida. El viento vuelve a apretar  y tumba el arco de salida, a pesar de ello la Organización ha quitado la obligación de vestir corta vientos. Yo me lo he dejado puesto, creo que lo voy a necesitar además es el último capricho que me he comprado y todavía no he podido estrenarlo en condiciones.
 


Arrancamos de los últimos, no tenemos prisa por atacar la primera subida al Monte del Telégrafo, que aunque comparado con los picos de la cercana sierra parece una tachuelita, creo que se me va a hacer larga. Primeros metros por asfalto saliendo del pueblo, me despido de mi compi que se va quedando atrás, está claro que se lo va a tomar con tranquilidad. Todavía las fuerzas están intactas y vamos conversando mientras abandonamos el asfalto para pisar tierra y empezar una subida suave.

Primer ascenso

Mientras nos vamos metiendo en el pinar de la ladera, el camino se hace más estrecho y abrupto y sobretodo la pendiente aumenta. Se acabo la conversación y pongo toda mi atención en seguir corriendo. En algunos metros tengo que caminar, pero la mayoría de la subida la hago corriendo sin dificultad. Llegamos al final de la subida y nos encontramos con la primera “sorpresa” del recorrido, el camino queda cortada por un verja metálica y sólo se puede saltar, escalando una gran roca. En fila y ayudándonos de las manos vamos cruzando de uno en uno.

Comienza la bajada, la pendiente nos obliga a bajar rápido. Aunque no hay camino marcado, la bajada no es demasiado técnica y puedo correr cómodo. Voy adelantando a mucha gente tanto subiendo como bajando y aunque con esfuerzo no pierdo la estela de mis acompañantes. La bajada es divertidísima, mezcla tramos de saltos y trialeras con zonas más abiertas entre pinos que permiten recuperar. Acaba el descenso y está el primer avituallamiento en una especie de alberca, nos reagrupamos y bebo algo de agua.

A partir de ese momento la carrera transcurre por la parte baja de la ladera del monte sin ganar altura. Es una senda bien marcada entre pinos próxima a la carretera, es estrecha y no nos permite correr en paralelo, por lo que vamos todos en fila india a un ritmo rápido y constante. Me voy recuperando del primer esfuerzo y tomando el pulso a la carrera. El corredor que va delante de mi me avisa que si quiero pasar se echa a un lado, voy cómodo pero no sobrado y prefiero aprovecharme de él y seguir el ritmo que me marca.
 

Segundo ascenso

Abandonamos el sendero y comenzamos la segunda subida. Hay montado un control donde van apuntando los dorsales, yo lo llevo cubierto por el cortavientos y cuando paso oigo cantar “Sin dorsal”. Tengo que retroceder para darle mi dorsal aunque creo que no lo apunta, espero que después de venir hasta aquí no aparezca como descalificado.

El primer tramo de esta segunda subida es en ligera pendiente por un prado, pero en seguida nos metemos de nuevo en el pinar y desaparece el sendero. Esto si que empieza a parecerse a lo que yo me esperaba de esta carrera. Subida en hilera, por supuesto andando, el camino ha pasado de ser una senda a convertirse en un largo tramo de escalera.

Ya no corro sólo con las piernas y empiezo a utilizar los brazos como ayuda. Para agarrarme a los pinos en los tramos más escarpados o para apretar sobre los muslos para darme algo de empuje adicional. Aun así se me hace muy dura la subida, de forma incontrolada voy resoplando para intentar coger algo más de aire. Cuando es al contrario y otro corredor me va resoplando yo me pongo muy nervioso, por eso estoy por pedir disculpas a la chica que va delante mio y que va aguantando mis bufidos, pero no tengo resuello para hablar.

Llevo a mi primo unos metros por delante y en la subida me va sacando algo de distancia, por detrás viene su amigo, me consuela pensar que a pesar de que no me noto fino aguanto a su ritmo. Por fin acaba la subida por la escalera cuando empezaba a plantearme que hago aquí sufriendo.

Volvemos a correr ya con menos pendiente rodeando la cima hasta alcanzar el edificio abandonado de la estación de telégrafo que da nombre al monte. Desde esta ladera tenemos unas vistas espectaculares del Escorial, el Valle de los Caídos y al fondo Madrid. Intento disfrutar de la panorámica pero no puedo despistarme del terreno sino quiero tropezar.

Llegamos al segundo avituallamiento mucho más completo que el primero, paro y aprovecho para tomar fruta algún fruto seco y agua. El trío nos volvemos a reagrupar y arrancamos la segunda bajada. Esta transcurre por una ladera despoblada de árboles, y con el suelo muy verde. Hay que tener cuidado porque hay zonas muy resbaladizas.

De repente los de delante se paran, nos hemos perdido, yo ya tengo bastante con seguir el ritmo del que va delante y no me he fijado en las marcas. Decidimos tirar en horizontal por la ladera buscando las balizas. Pocos metros a la derecha las localizamos y arrancamos otra vez la bajada trepidante, es un tramo muy rápido.

Consigo finalizar el descenso sin más percances, las zapas han respondido muy bien dándome el agarre que necesitaba en los tramos más mojados y complicados. Tomamos un sendero en horizontal por la ladera donde volvemos a correr de forma normal. Es espectacular la vista de La Pedriza desde está altura, por esto merece la pena la subida.

Sigo a mis compis que van a buen ritmo, tenemos que adelantar a varios grupos que van más lentos pero no quiero perder su rueda. Tener una buena referencia, me está obligando a exigirme, no se si me pasara factura al final.

Tercer ascenso

Comienza la última subida, que transcurre por un cortafuego. No hay forma de correr por el pedregal y subimos desde el principio andando, no sé si los superclase serán capaces de subirlo corriendo. Mientras subimos, unos ciclistas bajan en sentido contrario, no  parece buena idea porque tienen que frenar para evitar la fila de corredores.

La Organización por fin nos saca del corta fuegos para hacer el último tramo por el pinar, pero  el ascenso sigue siendo lento y trabajoso. Mis piernas empiezan a quejarse y voy perdiendo a mis compis, pero aguanto a mi ritmo sin que nadie me adelante. Acaba el tramo duro y veo como uno de los corredores que sube varios puesto por delante empiezan a correr, tiene un efecto domino y van arrancando uno a uno sucesivamente los corredores que me preceden. Llega mi turno y mi orgullo no me deja ser menos y arranco, aunque al principio las piernas se quejan, la verdad es que me siento más cómodo y subo a ritmo lento pero continuo. Algunos que van delante tienen que parar para volver a andar pero yo consigo llegar al último avituallamiento sin detenerme donde me esperan mis liebres.

Ahora si que me tomo mi tiempo para reponer fuerzas, plátano, chocolate y bebida, mientras comentamos lo larga que se ha hecho la última subida. Con los ánimos repuestos que no las piernas, arrancamos la bajada. Está es la más técnica de las tres, vamos en línea por un estrecho sendero con mucho desnivel y saltos sucesivos. Vamos esquivando pinos y tengo  claro que cualquier resbalón o duda me llevara a chocarme con alguno. Las fuerzas me van faltando y aunque bajo a muy buen ritmo, voy con muchas más precauciones que en las otras bajadas. En algunos tramos me veo obligado a frenar para no caerme y es cuando las piernas protestan de verdad.
 


Durante la bajada cruzamos un par de veces una carretera que sube la ladera haciendo eses. Nosotros como locos bajamos en línea recta directos a nuestro destino, nada de atajos. Delante mío algún corredor tiene dificultades para mantenerse en pie, y de hecho veo como bajan a un lesionado apoyado en un voluntario y otro corredor, no puede ni apoyar el pie. Cuando llego a la meta compruebo que no es el único damnificado y que la enfermería está completa, tengo suerte de haber llegado entero con mi poca experiencia en estas carreras.

Abandonamos el monte para tomar los caminos asfaltado que atraviesan las urbanizaciones y nos lleva al polideportivo del que salimos. El primer tramo es una larga rampa de subida y se hace dura, algunos corredores tienen que volver a andar, pero aunque se me hace muy larga no estoy dispuesto a pararme.

Este final de asfalto se me hace apestoso, estoy deseando llegar. Cruzamos la carretera principal, donde la policía detiene el tráfico para que pasemos y por fin la última recta. Al fondo veo un grupo de corredores y me marco el objetivo de adelantarlos antes de la meta. Mientras mantengo el ritmo, me pasa un corredor, lo que demuestra que siempre hay alguien más rápido que tú. Consigo adelantar en los últimos metros a mis predecesores, entre ellos a una chica, el speaker y el público fija toda su atención en ella pasando del resto de nosotros. De hecho en las fotos publicadas de la llegada ella tiene dos fotos y yo ninguna.

Termino en dos horas largas, a un par de minutos de mis compis que me han dejado atrás en la bajada. Para terminar un avituallamiento final de lujo, fruta variada, jamón y queso, bebida isotónica, agua, coca cola y hasta cervecitas. Todo lo necesario para reponer fuerzas, un diez para la Organización.

Mis liebres de la carrera se despiden mientras yo me quedo a esperar a que llegue mi compi de curre. Me citan para hacer un entrenamiento de montaña para después del puente, les digo que me avisen aunque creo que seré un lastre. Mi compi aparece por fin, machacado pero orgulloso de no ser el último, aunque ya no quedan muchos por llegar. Le recibo como si hubiera ganado aunque solo sea por compañerismo.

Terminada la carrera creo que he sufrido más de lo que he disfrutado, aunque tengo que reconocer que algunos tramos han sido espectaculares y muy divertidos, debo aceptar que tendré que entrenarme más en montaña para adaptarme a otra forma de correr si quiero ir más cómodo.

La única gran ventaja es que te olvidas del crono, no hay forma de mantener un ritmo de carrera continuo. Cuando subes el tiempo pasa lento y cansino y al lanzarnos en las bajadas la velocidad se dispara y todo es rápido, por lo tanto poco importa los minutos por kilómetro, los tiempos de paso o cualquier referencia del cronómetro.

Como nos ocurre a muchos corredores de asfalto, me queda la duda de si a esto se le puede llamar correr, las pendientes tan pronunciadas nos obligan a subir andando y bajar saltando. Cuando ascendemos vamos resoplando y en algunos tramos casi a cuatro patas, tirando de piernas, brazos, pulmones y cualquier cosa de la que podamos.  Pero cuando bajamos los pulmones no sufren pero vamos rezando para no caernos y rogando que se aparten los obstáculo de nuestro camino porque será difícil que podamos frenar.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Diversión por los montes de Hoyo de Manzanares

En los últimos años se ha producido un gran crecimiento de las carreras de montaña tanto en número de pruebas como en la participación. Este aumento tiene su origen en el impacto mediático de las grandes ultra trails de más de 100 km, pero sobretodo en la aparición de nuestro gran campeón Kilian Jornet que ha popularizado esta disciplina en nuestro país.

Muchos corredores populares de asfalto han querido probar en la montaña buscando nuevas sensaciones. Pero se han encontrado con que las carreras clásicas de montaña no son adecuadas para principiantes, por sus largas distancias y la dureza de sus desniveles. Como consecuencia han aparecido un nuevo tipo de pruebas en montaña, de menor kilometraje y técnicamente más asequibles.

La carrera de Hoyo de Manzanares podemos englobarla en este grupo. Pertenece al circuito RACES TRAIL RUNNING, de carreras de iniciación a la montaña que organizan Adidas y El Corte Ingles. Lo componen carreras cortas y de poca dificultad en distintos lugares de España. Es el segundo año que se realiza y se repiten las carreras madrileñas de Hoyo y el Escorial, la segoviana de la Pinilla y la alavesa de Vitoria-Gateiz con respecto a la edición anterior. Esto demuestra el gran éxito que han tenido estos recorridos.

En Hoyo de Manzanares se corre por un circuito poco exigente en desnivel, pero con un continuo sube y baja. Existen tramos trialeros de nivel medio y caminos de tierra realmente sencillos, esta mezcla la aproxima a un recorrido asfaltero en ritmos y permite al corredor recuperarse de los esfuerzos.

www.racestrailrunning.es














Esta es mi primera experiencia en una carrera de montaña, hasta ahora sólo me he acercado corriendo al monte en solitario y en entrenamientos más bien cortos y suaves. Por eso para estrenarme he elegido este recorrido bastante relajado, sin grandes desniveles y con muchos tramos de camino.

El día amanece esplendido, parece que por fin ha llegado la primavera después de un invierno con muchas nieves. Podemos desempolvar la camiseta de manga corta y las gafas de sol. Llego a Hoyo con tiempo para evitar prisas, aunque el primer aparcamiento previsto por la Organización ya está completo, pero no tengo problemas para aparcar en una calle cercana. El arco de salida está montado en la plaza del ayuntamiento y aunque cuando llego falta una hora para que comience ya hay un ambientazo.


Mientras caliento me doy cuenta de que los corredores que nos hemos dado cita en la carrera nos agrupamos en dos tribus muy distintas. Unos no podemos disimular que somos corredores de asfalto, la equipación nos delata, camiseta de tirantes, calcetín corto y algunos hasta calzan zapatillas sin taqueado. A los más montañeros se les identifica perfectamente, la mayoría visten medias de compresión, zapatillas modelo bota de montaña y el buff en la cabeza es indispensable. Los más genuinos con camisetas de camuflaje.

Pero no sólo la ropa nos diferencia, la gente se equipa con nuevos accesorios poco habituales en las carreras de asfalto. Cargan con riñoneras porta bidones y hasta los más exagerados con mochilas de hidratación. Algunos radicales se arman de bastones.

Me pongo de los últimos en la salida, no tengo prisa y quiero ir tranquilo sobretodo al principio. Me llama la atención que el speaker nos recuerde que permitamos el paso a los más rápidos en las zonas estrechas, me vienen a la mente los grupetos que se forman en el asfalto y que nos obligan a variar nuestro ritmo.


Salida y a correr, somos unos 1000 corredores y para estas carreras por monte resultan demasiados. Los primeros kilómetros de asfalto y camino de tierra son anchos y permiten correr cómodo, pero la cosa se complica cuando empezamos a correr por las trialeras. Los tapones son continuos y casi hay que pedir turno para bajar. Hasta la mitad de carrera el recorrido no se despejara de gente y tendremos que correr en fila india en los tramos más estrechos.

A partir de que abandonamos los caminos y nos vamos metiendo en el campo, el recorrido se convierte en algo más montañero, aunque es posible correr en prácticamente todos los tramos. Me lo paso como un enano, sobretodo bajando por las trialeras más estrechas, con continuos cambio de dirección y pequeños saltos y en las subidas aguanto muy bien el ritmo y sólo tengo que andar al final de un tramo, más porque la gente se para delante mío que por que la pendiente pueda conmigo.

Aunque últimamente no ha llovido, los riachuelos bajan con agua y en el primer tramo de la carrera tenemos que cruzar un par de ellos. Aparece el barro y las zapatillas con tacos se agradecen. Podemos decir que es la parte más “autentica” de la carrera, empezamos a parecer corredores de montaña con las zapatillas y la ropa embarradas.  

Avituallamiento a mitad de recorrido y siguiendo las recomendaciones de los expertos en Internet, me lo tomo con calma y me paro para poder beber con tranquilidad el isotónico que nos dan en vasos y no acabar bañado en líquido.


A partir de ese momento queda la última “gran subida”, un primer tramo ancho sin problemas donde adelanto a mucha gente que sube andando y el último tramo entre rocas y estrecho, aunque también lo subo corriendo, bueno más bien saltando. Pero como todo lo que sube tiene que bajar, nos lanzamos en un descenso rápido entre grandes rocas. No me libro de algún tropezón y el susto correspondiente, pero consigo no dar con mis huesos en el suelo.

Fin de la bajad y dejamos la zona de monte rocoso para correr ahora por un prado. La velocidad aumenta, aunque debemos tener cuidado por que el suelo esta húmedo y con barro y produce algún resbalón, sobretodo si pisamos las cacas de vaca que son habituales en esta zona.

Dejamos el prado para tomar un sendero entre arbustos que nos conduce de vuelta al pueblo. Los que van delante avisan de las ramas y hay que utilizar las manos para pararlas sino queremos llevarnos un buen latigazo. Y para fin de fiesta tenemos que saltar una valla de piedra para tomar las calles del pueblo, una policía municipal nos avisa que tengamos cuidado, que las rocas están húmedas y resbalan. De uno en uno saltamos sin apuros y a bajar por las calles del pueblo hasta la plaza.

Cruzo la meta con la sensación de que la carrera se me ha quedado corta, quiero más camino y rocas, pero será otro día.


Atasco para recoger el avituallamiento y la bolsa del corredor, formamos un tapón que casi impide que la gente cruce la meta. Fallo de previsión de la Organización que nos achucha para que nos demos prisa en avanzar, como si el problema de que no haya suficientes voluntarios sea nuestra.

Carrera perfecta para los asfalteros que queremos iniciarnos en el monte. Pocos kilómetros con tramos muy trialeros y divertidos pero sin grandes exigencias técnicas, ni pendientes insalvables. Muy buen ambiente y bastante gente animando en el recorrido para ser una carrera por el monte.