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martes, 26 de septiembre de 2017

De Maratón por la Ciudad Blanca

Vitoria es una ciudad con mucho encanto, con su pequeño casco medieval elevado sobre el resto de la ciudad y coronado por la catedral en obras desde hace más de 20 años. Una zona peatonal alrededor de la famosa Plaza de la Virgen Blanca y todo ello rodeado por una ciudad moderna y ecológica en donde se han cuidado especialmente las zonas verdes.
Pero para la desgracia del corredor el recorrido del maratón no hace honor a la ciudad. Excepto la salida por su proximidad al Museo de Arte Moderno - Atrium, la meta por la calle Eduardo Dato para acabar en la Plaza de España y los tramos que discurren por la Avenida Gasteiz y el que bordea el Parque de la Florida el resto del recorrido nos enseña una ciudad sin ningún interés y bastante triste.

La mayoría del recorrido transcurre por el extrarradio de la ciudad ya sea por los barrios residenciales de Ariznavarra y Zabalgana o por la zona de polígonos del barrio de Salburua. Muchos kilómetros corremos por la Calle Madrid o Maite Zuñiga que marcan el perímetro exterior de lo que se puede considerar la ciudad de Vitoria.

Todos comprendemos que es difícil buscar un recorrido de 42 kilómetros por el centro de la ciudad, pero al menos permitirnos correr por la Plaza de la Virgen Blanca o darle una vuelta completa a la ciudad antigua por las calles peatonales sería un mínimo. Correr por el casco viejo con tanta cuesta parece demasiado duro a no ser que nos permitieran subir en las escaleras mecánicas. A lo mejor un recorrido con varias vueltas a un circuito podría ser una buena solución para disfrutar más de la ciudad.

El circuito además de producir un poco de desánimo en el corredor tiene el inconveniente añadido de que lo alejamos del público que es prácticamente inexistente en la mayoría del recorrido. Es cierto que en la carrera de 10 km y Medio Maratón se suprimen muchos kilómetros fuera de la ciudad pero es que se supone que la prueba estrella es el maratón. Aunque los números de participantes en esta edición no digan lo mismo 905 inscritos en la prueba de Maratón, 1603 en la Media y 1050 en los 10K.

La Organización impecable, bien la recogida de dorsales, buenos avituallamientos y bolsa del corredor, correctamente marcado el recorrido con puntos de animación que siempre se agradecen y muy buena idea el entrenamiento matinal del sábado con Martin Fiz un lujazo. Pero como siempre suele ocurrir lo mejor los voluntarios siempre con una palabra amable aunque les toque situarse en las zonas más alejadas del recorrido.

Como curiosidad la prueba de patinadores que se realiza por la tarde en el mismo recorrido que el Maratón matutino (aunque este año han tenido que cambiarlo por problemas de seguridad). Solo comentar que son capaces de terminar el recorrido en una hora y 20 minutos menos que los corredores, a una velocidad media de 44 km/h.

www.maratonmartinfiz.com/
















Los corredores populares deberíamos aprender que hay carreras que no se deberían correr, pero las ganas siempre superan las malas sensaciones del cuerpo y la cabeza te hace ponerte en la línea de salida. Este ha sido mi caso en el maratón de Vitoria. Desde hace unos días no me encuentro muy bien del estómago, no es nada grave pero si lo suficiente para que el cuerpo no se sienta cómodo. La semana anterior a cualquier gran carrera siempre es rara, los nervios afectan al cuerpo, aunque llegada la hora de la verdad el cuerpo siempre me ha respondido mejor de lo que esperaba por eso no le he dado mayor importancia.

Aunque también ha habido otras señales durante los entrenamientos que no puedo desoír. Las últimas tiradas largas por encima de los 30 kilómetros no han ido bien, he acabado con dificultad y los últimos kilómetros se me han hecho eternos con una bajada de ritmo alarmante. No son buenas noticias sobre todo cuando el maratón son 42 y debería llegar fresco a los 30 si quiero tener garantías de llegar a meta. Además durante toda los meses de preparación los ritmos han sido lentos por encima de los 5:30 min/km y en muchas ocasiones más cerca de los 6:00 min/km.

Por todo eso el día antes de la carrera y ya en Vitoria con el dorsal recogido, me empiezan las dudas No me siento con ganas de sufrir durante las 4 horas y 15 minutos que se me presentan para mañana y  encuentro una salida honrosa. Aprovechando que el recorrido coinciden para las tres pruebas 10K, Media y Maratón y que además salen las tres al mismo tiempo, me planteo la posibilidad de correr únicamente la distancia intermedia y olvidar la osadía de la distancia reina. Parece una decisión de cobardes pero es que con la edad me he vuelto más “prudente”.


Mañana de carrera, me despierto temprano y sigo el ceremonial de las grandes ocasiones aunque en esta ocasión el buffet del hotel está abierto y puedo hacer un desayuno más completo. Ya en el comedor hay un gran ambiente de corredores ya uniformados para la ocasión. La temperatura es alta para ser Vitoria y la época del año en que estamos.

Decido que como salgo con tiempo voy a ir andando hasta la salida aunque este al otro lado de la ciudad. Pero Vitoria es pequeña y son un par de kilómetros andando perfectos para calentar y despejar las ideas. No sé dónde es exactamente la salida pero basta con seguir a los demás corredores que me guían pasando por la meta donde espero llegar en un rato.

Ya estoy en la salida cerca del ARTIUM, el museo de Arte Moderno, un edificio curioso. Caliento en la explanada que hay delante, en donde ya se han juntado un montón de corredores. Mis sensaciones no han mejorado mucho, pero mi cabeza empieza a darle vueltas a la peregrina idea de correr el maratón completo. He venido hasta aquí, he entrenado durante meses no puedo dejar pasar la oportunidad de volver a superar los 42 eternos kilómetros. Me auto convenzo de que puedo hacerlo, que estoy preparado.

Me coloca en la línea de salida con la decisión tomada de enfrentarme a las 4 horas largas de prueba que me esperan. Pero en esta ocasión voy a probar un nuevo método de carrera, nada de mirar el reloj, ritmos muy lentos y parar un poco en cada avituallamiento. Con esto espero poder superar la barrera de los 30 km con fuerzas suficientes para llegar a la meta corriendo.

Salida y haya vamos, al coincidir las tres distancias es difícil saber cuál es el ritmo bueno, cada uno corre según los kilómetros que le queden por delante. En la salida esta como todos los años Martin Fiz, oriundo de Vitoria y que da su nombre a esta prueba. Ya puedo decir que he corrido con un campeón del mundo de maratón aunque sea en la distancia, realmente solo corro junto a él cuándo nos cruzamos, él por el kilómetro 5 y yo todavía en el 3.

Esos primeros kilómetros no es que sean muy animados, corremos por las afueras de la ciudad y con muy poco público, aunque los animadores que la Organización han dispuesto cada 5 km intentan subirnos el ánimo. Al menos vemos de lejos el Huesa Arena, donde juega el TAU de baloncesto, un edificio guapísimo. Que me recuerda aquella remontada del Real Madrid en la temporada 2004-05 en los dos últimos minutos con el famoso tripe de Alberto Herreros para ganar la liga, que gustazo.

Volvemos hacia la ciudad, aunque el recorrido nunca entra en el casco viejo y se agradece por que las cuestas en esa zona son infernales, aunque al menos deberían hacerlo pasar por la plaza de la Virgen Blanca. Se quedan los corredores de los 10 km ya en la meta mientras los demás seguimos nuestra andadura. Ya hace bastante calor, he decido cargar con una botella de agua desde el primer avituallamiento para poder hidratarme cuando lo necesite. Las sensaciones no son malas pero no tengo que mirar el reloj para saber que el ritmo es lento muy lejos de los de otros maratones, pero el objetivo en esta ocasión es solo llegar.

Ahora cruzamos al otro lado de la ciudad y nos dirigimos hacia la zona más moderna por la Avenida Gasteiz en dirección a la Plaza de la Constitución. En esta avenida esta mi hotel y allí he quedado con mi familia para que me animen. Ya voy con la idea clara de continuar hasta el final por lo que la familia va a tener tiempo de irme a esperar a la meta.


A esta altura me junto con un grupo de tres chicas, Gema, Flavia y Beatriz, tres madrileñas como yo, pero a las que no conozco de nada, solo se sus nombre por que los lleva escritos bien claros en sus camisetas.

Cruzo delante del hotel por el lado contrario de la avenida y saludo a mi familia que está en el lugar acordado. Corro hasta el final de la avenida y doy la vuelta, ahora sí que me paro a saludarles tranquilamente. Les comento que voy a seguir hasta el final,  mi mujer pone cara de preocupación como era de esperar y mi hijo me comenta que ya lo sabía, que con lo cabezota que soy estaba claro que al final no iba a rendirme. Ya estamos en el kilómetro 13 y las sensaciones siguen siendo buenas, llegamos hasta el final de la avenida y ahora giramos a la derecha para volvernos a salir de la ciudad pero por el lado contrario.

Llego al kilómetro 15 en donde se separan los corredores de la Media, es mi última oportunidad de recortar la carrera, pero la decisión ya estaba tomada desde que salí esta mañana. Me despido de los que ya se dirigen hacia la meta y me adentro en una zona residencial, bastante aburrida, la animación es nula excepto algunos que animan desde los balcones, además es una zona muy revirada con bastante subidas y bajadas, es decir un infierno. Empiezo a darle demasiadas vueltas a la cabeza y para evitarlo me junto a un grupo de tres corredores que van de conversación. Aunque parezca mentira la compañía me dura poco pues mi ritmo de tortuga es superior al suyo y los voy dejando atrás.

Por fin salimos de esta zona y corremos de nuevo hacia el centro, me animo algo cuando cruzamos por la Parque de la Florida, donde anoche estuvimos viendo actuar a un grupo de Jazz y por fin hay algo de público que nos anima cuando pasamos. Pero dura poco y volvemos a salirnos de la ciudad camino del extrarradio al barrio de Mendizorrotza donde está el estadio del Alavés.

Llegamos a la calle Maite Zuñiga, una avenida ajardinada que tenemos que recorrer en ambos sentidos. En esta zona entablo conversación con otro corredor y ajustamos nuestros ritmos para correr juntos mientras charlamos. Es de San Sebastián, pero ha venido a estrenarse en el maratón en Vitoria, me extraña porque en su ciudad tienen el mejor maratón que he corrido hasta la fecha. Me comenta que el año pasado preparo Barcelona pero se lesiono las semanas previas y tuvo que desistir. Le cuento los 7 maratones que llevo a mis espaldas, confesándole que cada vez me cuesta más prepararlos y que este es el que estoy corrido más lento con diferencia. Es sorprendente como se entabla amistades pasajeras en los maratones, gente con la que sufres unos minutos y no volverás a ver en tu vida.

Me paro en el avituallamiento a rellenar mi botella que me acompaña desde los primeros kilómetros y mi compañero me espera. Al pasar el medio maratón me empiezo a dar cuenta que este no es mi ritmo y que lo voy a pagar más adelante. Soy honesto y le digo que voy a bajar el ritmo, que el continúe, nos despedimos y le deseo suerte y que disfrute de los kilómetros que quedan.

Mi compañero de los últimos kilómetros se aleja pero unos metros por delante veo al grupo de las tres madrileñas a las que se les han juntado dos acompañantes sin dorsal que supongo que actúan como liebres. Se me habían escapado cuando me pare a saludar a la familia y me ha costado más de 10 kilómetros recuperar la distancia. Me marco el objetivo de alcanzarlas para no correr solo y en un par de kilómetros me junto a ellas.

Empiezo a sentirme muy cansado y es que me estoy acercando a la barrera de los 30 kilómetros y el cuerpo empieza a flojear, las sensaciones son malas y mis pensamientos todos negativos, creo que me he chocado con el muro sin darme cuenta. En el avituallamiento de los 30 me paro un rato y abandono el grupillo al que me había juntado. Me cuesta arrancar y lo hago andando intentando recuperar sensaciones.

Me quedan más de 10 kilómetros y esto no son los 100 km de Ronda donde decidir andar  desde el kilómetro 60 y llegue a meta dentro del tiempo de corte. En esta ocasión estoy participando en un maratón, aquí hay que correr y a eso he venido. Arranco a trotar y me planteo pequeños objetivos, inicialmente correr un kilómetro sin pararme. No sin esfuerzo logro el objetivo ando unos metros y vuelvo a arrancar, ahora hacer un kilómetro y medio sin pararme. Con esta táctica voy avanzando y a pesar de la gran decepción por no poder mantenerme corriendo hasta el final de la carrera, ya sé que puedo terminar aunque sea en un tiempo de vergüenza.

En este tramo como era de esperar me adelantan más corredores de los que consigo pasar y alguno de los que supero es por problemas físicos. Me paro con uno que está echando hasta la primera papilla, le pregunto cómo va y si quiere agua, a pesar del malestar el chaval mantiene la calma y me contesta que va bien que continúe que el piensa llegar como pueda a la meta. Es impresionante esto del maratón como cada uno se adapta y supera los límites a su modo, que merito tienen todos los corredores del primero al último y hasta los que no cruzan la meta pero lo intentan.

Ya estoy en el kilómetro 40, es el último avituallamiento y aunque he llegado casi andando la gente me sigue animando, me dicen que voy bien que lo voy a conseguir, que lo importante es llegar. Yo les dedico mi mejor sonrisa y les doy las gracias, la verdad es que todos los ánimos me ayudan a continuar. Me paro y como algo de fruta intentando recuperar fuerzas, pero a estas alturas eso es imposible y al final me detengo más tiempo del que debería y me cuesta mucho volver a arrancar.

Ya somos pocos los corredores que seguimos en carrera por eso aprovecho que pasa una corredora para juntarme a ella y volver a correr. Ya en movimiento lo primero que nos encontramos es una cuesta importante, me quejo de que no estaba marcada en el perfil de la prueba se suponía que las cuestas eran del 35 al 40, pero que a partir de ahora era todo cuesta abajo hasta la meta. Tengo ganas de pararme y subir andando pero en ese momento es cuando mi acompañante me anima. Ella se estrena en la distancia de maratón pero es capaz de mantener la calma y me dice no me pare que siga corriendo que ya queda poco.

El orgullo me ayuda a buscar fuerzas para seguir corriendo y cambio la actitud. Vuelvo a pensar en positivo y decido que llegare hasta meta sin pararme, son “sólo” 2 kilómetros y sé que puedo hacerlo. Está claro que durante una carrera tan larga se pasa de la desesperación a la euforia, pasando por el sufrimiento y el disfrute.

La cuesta por fin acaba y ahora ya es llano se puede correr y no pienso nada más que en continuar. Sin querer voy dejando atrás a mi última compañera de la que me despido y ambos nos deseamos suerte para terminar. Ya volvemos a estar cerca del centro y por fin veo el giro para tomar la calle Eduardo Dato, ya solo me quedan los últimos 400 metros del maratón. Por fin ha llegado el momento de disfrutar, me deshago de la botella que me ha acompañado en mi odisea y disfruto del momento.

Voy atento a ver a mi familia, tienen que estar esperándome, pero no los encuentro, debo reconocer que en esta ocasión me llevo una gran desilusión era la ocasión perfecta para compartir con ellos la llegada, ya que prácticamente recorro los últimos metros solo por la calle y hasta mi enana podría animarse a correrlos conmigo, tendrá que ser en otra ocasión.

Cruzo la meta y termino mi octavo maratón. Es el momento de mirar el reloj que he olvidado conscientemente durante todo el recorrido, marca 4 horas y 30 minutos, un hora más que mi tiempo en la última maratón en Málaga. Es una marca mala, algunos dirían que eso no es correr un maratón y en parte debo darles la razón porque en esta ocasión no he corrido un maratón solo lo he terminado. Recibo la medalla que mola mucho y a pesar de todo estoy feliz de haber corrido y terminado el Maratón de Vitoria. Es una experiencia a recordar y contar pero sin decir la marca para evitar la mofa.


Busco a mi familia pero está claro que no están, se han debido aburrir de esperarme y se han ido al hotel. Les entiendo porque he tardo mucho más de lo que estaba previsto, seguro que han pensado que ya había terminado y no me habían visto. Me siento en la Plaza de España a descansar, donde ya están preparando los patinadores que van a participar en el maratón sobre ruedas.

Una vez recuperado me voy andando despacio hacia el hotel disfrutando de la mañana soleada y de la ciudad. Mis piernas me empiezan a responder y es que el esfuerzo acumulado ha sido más prolongado pero menos intenso que en otras ocasiones. Llego al hotel y allí está mi familia, empezaban a preocuparse por mi tardanza, se sorprenden de que haya tardado tanto. Estoy agotado y decido quedarme en la habitación descansando mientras ellos tres se van a comer algo.

Cuando vuelven ya estoy más recuperado y es el momento de disfrutar del logro conseguido paseando por el casco antiguo siguiendo la ruta de los murales, mi enana actúa de guía y pasamos una tarde estupenda.


Me levanto al día siguiente totalmente recuperado y sin ningún dolor, alguna ventaja tenía que tener el correr lento. La mañana la utilizamos para visitar la catedral, una visita muy recomendable porque como todavía está en obras incluye el paseo por los cimientos y el triforio que normalmente no son accesibles. Mi mujer se queda en la Plaza de la Virgen Blanca  en una terraza disfrutando del día, no se atreve a visitar una catedral en obras. Para terminar el fin de semana nos damos un buen homenaje en un restaurante que me habían recomendado y es que ya he recuperado mi estómago y vuelvo a tener hambre.

Está claro que deportivamente ha sido mi peor maratón con diferencia, pero no es algo que me quite el sueño. Hace ya mucho tiempo que corro por diversión y sin ningún afán por superar mis marcas. Es cierto que debería tomarme la preparación un poco más en serio sino quiero sufrir tanto y acabar en un tiempo razonable, pero creo que eso no va a ser posible y seguiré corriendo por ganas y corazón más que por fuerzas y piernas.

Vitoria – Gasteiz como destino de fin de semana muy recomendable tanto por sus monumentos y tradición, como por el ambiente de sus calles, pero sobre todo por su gastronomía. En cuanto a la carrera recomiendo apuntarse a la distancia de Medio Maratón, disfrutas igual de todo el ambiente y te ahorras el tedio de los kilómetros intermedios quedándote solo con los buenos. Hay en España circuitos más atrayentes para la distancia de maratón. 

P.D. Ha sido una buena cosecha primaveral de medallas y todas muy chulas. 

viernes, 12 de febrero de 2016

De Maratón por la Costa del Sol

Sexta edición de un maratón que aun siendo joven tiene todo lo necesario para considerarse dentro de los grandes de nuestra península. Correr por un ciudad como Málaga es un lujo y hacerlo en pleno invierno a una temperatura primaveral y luciendo un sol que nos acompaña sin calentarnos es doble lujo.

La fecha en diciembre permite además comenzar los entrenamientos una vez finalizados los calores del verano y aprovechar el tiempo más agradable de los meses de otoño para correr. Los maratones en octubre como Valencia o San Sebastián nos obligan a adelantar el comienzo de nuestra preparación a los últimos meses de verano.

Desde que nació ha tenido que competir en fechas con el maratón de Castellón, también un maratón con solo seis ediciones pero que los últimos años viene empujando fuerte, de hecho este año coincidían en el mismo domingo. Las últimas noticias es que la fecha en Castellón se traslada a partir del 2017 al mes de Febrero, por lo que queda Málaga como el “Maratón de Diciembre”.

El recorrido en su mayoría paralelo a la costa es plano y trascurre por grandes avenidas lo que lo hace perfecto para correr rápido y sobretodo cómodo. Es un circuito de ida y vuelta de un extremo a otro de la ciudad y que pasa dos veces en el km 8 y 21 por el mismo tramo del Paseo del Parque que es además salida y meta de la carrera, lo que convierte esta zona en la más animada del recorrido y la ideal para que nuestros acompañantes nos vean pasar varias veces sin tener que moverse. Pero excepto este tramo el resto del recorrido carece de animación y muchos kilómetros son compartidos con el tráfico. Aunque deja la guinda del recorrido para el final atravesando el casco antiguo y monumental de la ciudad lo que hace que el último esfuerzo sea más llevadero.

La Organización perfecta, sin problemas para recoger los dorsales, bien marcados los puntos kilométricos con frases motivadoras escritas en todos ellos, avituallamientos abundantes incluyendo fruta en muchos de ellos y liebres marcando el ritmo aunque sea con algo de trampa ya que se relevan a mitad de recorrido por lo que comienzas con una y termina con otra.

http://www.maratonmalaga.com/














La vida es rara muy rara. Aunque siempre queremos buscarle un motivo a todo lo que nos ocurre e intentamos controlar los acontecimientos, la vida constantemente nos descoloca sorprendiéndonos con hechos que se salen de lo esperado. Así a veces aquello que hemos planificado durante mucho tiempo y a lo que hemos dedicado todo nuestro esfuerzo se tuerce sin saber porque convirtiéndose en un desastre cuando no en nuestra peor pesadilla. En cambio en otras ocasiones acontecimientos a los que nos subimos en el último momento en una mezcla de estupidez y osadía cuando ya habíamos renunciado a ellos y a los que no hemos dedicado ni el tiempo ni el esfuerzo merecido, se convierten en pequeños éxitos que recordar.

Esto último fue lo que me ha ocurrido a mí con el Maratón de Málaga.

Por una vez parecía que todo cuadraba lo había planificado antes de verano con tiempo suficiente para prepararlo, elegido entre otros por coincidir con el puente de diciembre lo que me permitía viajar con la familia y pasar cuatro días de vacaciones disfrutando del mar y el buen tiempo mientras cumplía con una de mis grandes aficiones.

Pero un otoño muy triste en mi familia y lleno de preocupaciones me impide disfrutar de su preparación como me hubiera gustado. Una enfermedad inesperada se ceba en un pilar de nuestra familia y me muestra una vez más cuales son las cosa importantes de la vida, las que verdaderamente te la cambian. Y está claro que el Maratón no es uno de esos acontecimientos que actúan como un tsunami, cambiando el panorama a su paso.

A pesar de ello continúo con la preparación durante todo el otoño pero sin la ilusión de otras veces y más como una via de escape a la tristeza que habita en mi familia. Pero mi cabeza y sobre todo mis preocupaciones están en otro sitio, los entrenamientos se anulan o en el mejor de los casos se retrasan, los kilómetros no cuadran y ni el cuerpo ni la cabeza responden como en otras ocasiones. Como consecuencia empiezo a tener molestias en la planta del pie izquierdo, la temida fascitis, cuando corro no me molesta pero al levantarme por las mañanas o cuando llevo un rato sentado, el apoyar el pie es todo un sufrimiento.


Un mes antes de la fecha del maratón estoy a punto de renunciar a correr, no encuentro la motivación y me da la impresión que estoy gastando mis fuerzas en donde no debería. Pero mi mujer me apoya y decido que iré a Málaga, aunque sobre el plan inicial solo se mantiene que correré mi séptimo maratón, la familia se queda en Madrid y viajare solo el día antes, correré el domingo y volveré la misma tarde.

Un par de semanas antes de la fecha del maratón, se produce el peor de los desenlaces. Son días de dolor y todo pasa a un segundo plano. Me replanteo el maratón, pero decido que lo correré, será mi pequeño homenaje a ella que nunca entendió porque corría y aun así se alegraba siempre de mis hazañas.

Y así viajo a Málaga sin la preparación adecuada y con la cabeza en otro sitio, pero la vida una vez más me sorprende y me regala uno de esos momentos para recordar. Son 32 horas en una ciudad que me enamora y un maratón del que disfruto de principio a fin y en donde consigo una de mis mejores marcas cuando ya había desistido de mejorar mis tiempos.

Todo comienza con mi llegada el sábado al mediodía a Málaga en el AVE, me voy directamente a recoger el dorsal y en la misma feria del corredor me apunto a comer en la Pasta Party. El día es espléndido y disfruto de mi “maravilloso” plato de pasta sentado en la terraza al solecito, nadie se atrevería a decir que estamos en pleno invierno. Decido ir caminando hasta el hotel que está en pleno centro, son 2 o 3 kilómetros de caminata por el paseo marítimo disfrutando del mar y la playa. Tras tomar posesión de mi habitación, que tiene unas maravillosas vistas a la catedral, me animo a recorrer el casco antiguo descubriendo una ciudad preciosa y muy animada. Ya está anocheciendo pero decido subir al Castillo de Gibralafaro para disfrutar desde su mirador de unas vistas espectaculares sobre toda la ciudad y termino mi recorrido por el Muelle 1, disfrutando de los buques allí amarrados y de la zona más moderna de la ciudad.


Vuelvo al hotel feliz por haber descubierto una ciudad como Málaga pero con un dolor intenso en la planta del pie izquierdo y una pequeña ampolla en el derecho, lo ideal para afrontar mañana el maratón.

Descanso un poco y salgo a cenar, pero de paso me acerco a disfrutar de las luces navideñas en la calle Larios, todo un espectáculo de luz y gentío. Después de un rato de paseo me acomodo en la barra de una marisquería pegada al hotel que me habían recomendado los primos de Jaén y en donde disfruto de un picoteo estupendo, aunque poco recomendable para un pre-maratón, pero es que no he podido resistirme.


Al menos soy prudente y me acuesto pronto dejando todo preparado para la mañana siguiente aunque preocupado por mis dolores y el agotamiento acumulado. Pero cuando amanezco las sensaciones no pueden ser mejores, después de una buena ducha y un desayuno de cereales, batido de chocolate y plátano que he traído desde Madrid, los dolores son un mal recuerdo y me encuentro dispuesto para correr mi séptimo maratón.

Me dirijo andando a la salida y es que la elección de hotel ha sido perfecta, en cinco minutos ya estoy calentando en el parque pegado a la salida. El ambientazo de corredores y público hace el resto y me coloco en mi cajón a tope de ánimos y al contrario que en otras ocasiones sin nervios. Por las pantallas gigantes retransmiten la cuenta atrás y arrancamos, todavía tardamos un par de minutos en cruzar el arco de salida, pero la calle es muy ancha y el número de corredores el adecuado para que en seguida pueda correr cómodo y coja rápidamente mi ritmo.


Los primeros 5 km transcurren por la Avenida de Andalucía y corremos hacia el interior de la ciudad. Cruzamos por encima del río y nos desviamos para pasar por un subterráneo que nos lleva en dirección a la playa. Llegamos al mar, primer avituallamiento y un poco de caos, no hay suficientes voluntarios y tengo que pararme para poder coger una botella de agua y un trozo de plátano.

Las condiciones para correr son inmejorables, una temperatura perfecta, el cielo nublado que nos protege del sol y unas calles anchas, rectas y llanas. No puedo buscar ninguna excusa, solo mi limitado físico me impide correr más rápido.


Toca enfrentar los siguientes 20 km que transcurren paralelos al mar en dirección a la Playa de la Malageta pasando de nuevo por la salida. Corremos hasta que se nos acaba la ciudad para volver después sobre nuestros pasos y cruzar de nuevo la salida en esta ocasión con medio maratón ya en nuestras piernas. En este tramo todavía estoy fresco y controlando el ritmo,  me cruzo con los que van por delante y que ya vuelven, lo que me permite disfrutar con envidia de la facilidad para correr de los que van en cabeza. También me sirve de subidón cuando soy yo el que ya está de vuelta y me cruzo con los corredores que vienen detrás mío y pienso en lo que les queda a los pobres. Mientras nos cruzamos los corredores nos vamos animando, especialmente al farolillo rojo que tiene tanto merito como los primeros.

Paso el medio maratón sin mirar el reloj y con el físico intacto, animado sabiendo que llevo un buen ritmo. En esta zona es donde se acumula más público, hasta ahora solo algún espectador despistado animaba de vez en cuando a nuestro paso, aunque a partir del medio maratón todavía será peor y prácticamente corremos solos, hasta que volvamos al centro de la ciudad.


Seguimos corriendo paralelos al mar pero ahora en dirección contraria por la M-22 Autovía de entrada al puerto de Málaga, que es una avenida más de la ciudad, hasta salirnos de la ciudad por el lado contrario. Esta es la zona más aburrida del recorrido, poca animación y ya la masa de corredores se ha estirado y se corre bastante solo. Adelanto a varios corredores que van perdiendo el ánimo pero yo me mantengo bien, sin que hayan aparecidos dolores no previstos, solo tengo las molestias inevitables después de recorrer más de 20 kilómetros.

Por fin acaba la autovía y tomamos en dirección al Polideportivo Matin Carpena, pero antes hacemos varios bucles por las calles de alrededor, incluido el paso por dentro de la pista de atletismo. Al fin superamos la barrera de los 30 km con la animación de una banda de música y los aplausos de unos cuantos voluntarios en el punto de avituallamiento. La carrera abandona el extrarradio para dirigirse de nuevo en dirección al centro de la ciudad.
Llega el momento de correr con la cabeza, empieza a verse gente con problemas, pero mis piernas funcionan a la perfección y devoran kilómetros, además parece que el dolor del pie me está respetando. Pero sobre todo ya estoy en el km 35 en dirección al estadio de la Rosaleda que indica el principio del fin.

En esta ocasión ni he chocado con el muro ni he disfrutado del estado de trance como en Madrid, han sido kilómetros corridos con la cabeza siendo consciente de cada zancada, pendiente de mantener el ritmo sin acelerarme, alimentándome e hidratándome continuamente y teniendo claro lo que llevo en las piernas y lo que me queda.

Llego al estadio y lo rodeo para pasar la marca del km 38, era el punto de no retorno marcado en mi cabeza, tenía claro que si llegaba hasta aquí sin dolor iba a llegar a la meta. Además estoy lo suficientemente fresco como para saber que llegare corriendo hasta el final. El subidón es brutal sobre todo porque desde hace unos rato mi ritmo de carrera ha ido aumentando mientras recojo cadáveres a mi paso.


Todavía me quedan kilómetros para disfrutar en la parte más bonita del recorrido, pasamos por el Teatro Romano, la Catedral y la calle Larios, para volver al Paseo del Parque del que habíamos salido hace más de tres horas.

Estos últimos kilómetros los corro por debajo de los 5 min/km en un alarde de fuerzas, animado por el recorrido y la gente que aplaude aunque solo sea para que pases pronto y pueda seguir con su paseo dominical. De hecho hay que tener cuidado porque en esta zona el recorrido aunque vallado se respeta poco y más de uno tiene que evitar un choque con los turistas que se fotografían poco atentos al paso de los corredores.

Ya veo el arco de meta al fondo pero tengo que reconocer que la recta de llegada se me hace eterna y decido bajar el ritmo y disfrutar de los últimos metros. Por primera vez en una carrera alzo los brazos en la llegada como signo de triunfo y dedicatoria. Paro el crono en 3 horas y 35 minutos algo impensable hace unas semanas e incluso esta mañana, es la gran sorpresa que me deparaba esta carrera.


Mensaje a la familia y amigos para compartir la alegría y recibir las felicitaciones que junto a una ducha reparadora hacen que me recupere rápidamente. Es el momento de disfrutar de la ciudad con la satisfacción de haber hecho las cosas bien. Me acerco hasta el Museo Picasso y la Catedral dos visitas obligadas y muy recomendables y disfruto del paseo por el centro en esta ocasión de día y sin correr. Para terminar me acerco hasta la playa y en uno de los muchos chiringuitos disfruto de un espeto de sardinas, una de mis debilidades confesables.


Ya no me queda más que tomar el AVE de vuelta a Madrid y llegar a casa para volver a la dura realidad. Pero al menos de este maratón me llevo dos grandes alegrías, el descubrimiento de una maravillosa ciudad y el recuerdo de una gran maratón, pero también dos disgustos uno no haber venido con la familia para que ellos lo hubieran disfrutado también y una lesión en el pie que creo que arrastrare un tiempo y me obligara a parar.


Este maratón esta dedicado a Mercedes.

Desde que nos conocimos hace ya más de 20 años hemos coincidido en muy pocas cosas. Nuestras formas completamente distintas de entender y disfrutar de la vida, unido a dos caracteres fuertes y esa mala manía de no callarnos nunca ni cuando debimos hacerlo, han sido los culpables.

Pero en dos cosas siempre hemos coincidido, la primera en la pasión que ambos sentimos por tu hija y la segunda en lo mucho que yo te he querido y tú me has querido a mí. Eso nos ha unido para siempre y por eso no me cuesta reconocer que ya te echo de menos.

lunes, 24 de agosto de 2015

De Maratón por la Puerta del Sol

El Maratón de Madrid es el más veterano de nuestro país, este año hace su 38 edición. Hasta hace unos cuantos años era conocido como MAPOMA, ahora se ha rebautizado como ROCK & ROLL y pertenece al circuito de maratones internacionales.

En los últimos años las carreras tradicionales organizadas por clubs de atletismo han pasado a ser gestionadas por empresas. Lo que ha garantizado su continuidad pero en muchos casos sin mantener el nivel de la organización, ni la atención al corredor y por supuesto perdiendo la cercanía a la ciudad. Estas son las grandes quejas que se le hacen al maratón madrileño desde hace unos años, esto le ha hecho perder posiciones con respecto a otros maratones nacionales en la preferencia de los corredores.

Pero aun con todos los inconvenientes y quejas que seguramente son ciertas, es un maratón con mayúsculas. El recorrido transcurre por las principales vías de la ciudad, incluyendo el centro de Madrid, el paso por la Gran Vía, la Puerta del Sol o el Palacio Real son momentos mágicos. En los últimos años se han reducido los kilómetros por la Casa de Campo tan denostados por los corredores por la falta de animación pero que a mí personalmente me encantan.

Pero sobretodo es un circuito exigente, lejos de los recorridos de moda muy planos, por lo que si el objetivo es hacer marca mejor elegir otra ciudad para intentarlo. Los primeros kilómetros por la Castellana son duros pero sobre todo el final en continua subida desde el kilómetro 33 hasta prácticamente el final acabara con nuestras fuerzas si nos equivocamos en el ritmo. El último año se ha eliminado el final rompepiernas por la Calle de Alfonso XII y Alcalá con el fin de suavizar el recorrido, en mi opinión es un error, el que viene a Madrid va buscando la épica de los recorridos exigentes y ese final era el lazo a un maratón duro pero precioso.

La meta en el Parque del Retiro quizás no tenga la espectacularidad ni la comodidad para público y corredores de otros finales, pero la gran carrera madrileña no puede tener otro final. El Retiro es el lugar emblemático de los corredores madrileños, lugar de entrenamiento y final y comienzo de muchas de las carreras que se realizan en la capital.

No puedo negar que es el maratón de mi ciudad y le tengo un cariño especial. Reconozco que no es el mejor organizado ni con los mejores servicios, admito que  aunque con mucho público y animación tampoco destaca por ello y por supuesto no es el circuito más rápido, pero cualquier corredor debe venir a correrlo para comprender porque a algunos una vez que lo hemos probado sólo podemos repetir.

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Me paso el sábado mirando el cielo y viendo cómo se va nublando poco a poco, amenazando con descargar mucha agua. Mañana es el día del maratón y han dado previsión de lluvia durante la mañana, si ya es difícil terminar un maratón, hacerlo bajo la lluvia puede ser aún más complicado. Por supuesto eso no va a impedir que me ponga en la línea de salida, pero a nadie le apetece pasarse 4 horas corriendo bajo la lluvia. Los más radicales seguro que piensan que hará de la carrera algo épico para contar y recordar, pero a los simples mortales sólo nos parece un obstáculo más en los 42 km que tenemos que recorrer.

Amanece y aunque muy nublado parece que no llueve por ahora. Me voy hasta la salida y aparco el coche lejos del Retiro para poder salir después de que termine el maratón. Surgen las primeras dudas, que indumentaria me pongo, la previsión de lluvia ha cambiado mis planes. Descarto correr con chubasquero, en algún entrenamiento lo he hecho pero sudo demasiado y acabo más mojado por dentro que por fuera. Mi opinión con la lluvia es que cuanto menos ropa mejor, total te vas a mojar igual, por lo que tengo claro la camiseta de manga corta y el pantalón suelto y corto y por supuesto mi gorra talismán. Pero en previsión de que la humedad me pueda dejar frío, me pongo una camiseta interior de tirantes y unos manguitos que pueda quitarme a mitad de carrera.

Con las primeras dudas resueltas, me encamino a la salida y toca resolver las segundas dudas de la carrera, en que cajón debo ponerme. Está claro que mis entrenamientos no dan para intentar bajar de las 3 horas y media y que mi intención es ir tranquilo y no intentar marca. Pero después de tanto esfuerzo no quiero dejarme llevar y acabar por encima de las 4 horas. Pues como siempre ni para ti ni para mí, me pongo en el cajón de las 3 horas y 45 minutos.

Ya dentro del cajón empiezan los nervios previos a la salida, es ya mi sexto maratón y además por primera vez repito recorrido, es el de mi ciudad y muchos de los kilómetros los he recorrido en infinidad de carreras. Pero nada de esto impide que me ataquen las terceras y más importantes dudas. Seré capaz de terminar, sufriré mucho, chocare con el muro, pero estas dudas no puedo resolverlas hasta que cruce la línea de meta.

Arranca la carrera y poco a poco vamos avanzando hasta que por fin comenzamos a trotar y cruzar el arco de salida a la altura de la Plaza de Cibeles, ya no hay dudas ni nada que pensar sólo concentrarse en poner un pie detrás de otro e intentar no equivocarse en el ritmo para disfrutar de la carrera.

En los primeros metros además de evitar la marea de corredores, tenemos que tener cuidado con no tropezar con los restos que los corredores que nos han precedido han arrojado al suelo. A los habituales plásticos y bolsas de basura se unen hoy chubasqueros, camisetas y hasta un par de chanclas que un corredor que corre descalzo ha abandonado antes de cruzar la salida.


Los primeros kilómetros transcurren por la Castellana y son ya clásicos, pero nunca hay que olvidar que son en suave subida y se hacen duros. Me valen para ir entrando en carrera y comenzar a disfrutar de la cantidad de gente que anima, del ambientazo de corredores y sobretodo de mis fuerzas y ánimos aun intactos. A la altura del Estadio Bernabeu empieza a caer algo de lluvia y casi lo agradezco, son unas gotas que no me calan pero me mantiene fresco.

Nos vamos alejando de la ciudad con el objetivo de llegar a Las Cuatro Torres que siempre tenemos como referencia al fondo, antes de llegar a su altura damos la vuelta para volver hacia el centro de la ciudad. La subida se convierte en bajada por Bravo Murillo, mantengo un ritmo controlado aunque todo anima a correr rápido. Me acuerdo de la carrera del agua que transcurre por el mismo trazado y en donde bajaba desaforado en busca de mi mejor marca.

Ya llegamos a los primeros 10 kilómetros y han pasado sin enterarme. En el avituallamiento cojo una bebida isotónica, de la que bebo un poco pero guardo el resto para dársela a mi enana que tiene que estar en Cuatro Caminos esperándome para animarme. En el paso por la plaza se forma un pasillo de gente que anima pero no veo a mi familia, por fin los localizo en segunda fila. Tengo que abrirme paso entre el público para saludarlos, como siempre mi hijo mayor peleándose con su madre, en esta ocasión ni siquiera sabe porque. Al menos mi enana me da ánimos y un beso, a cambio le doy la botella de isotónico como premio y se queda encantada. Arranco de nuevo hacia la Castellana, en esta bajada debería estar mi madre pero no la veo en ninguno de los dos lados de la calle. Ella me asegura que bajo a animarme, supongo que lo haría una vez que yo ya había pasado, no quiero dudar de su palabra.

Intento retomar el ritmo de carrera que he perdido, pero todavía me cuesta unos kilómetros volver a concentrarme en la carrera. Y llegamos al km 14 donde nos separamos de los corredores de la Media. El año pasado yo animaba a los que seguían mientras me dirigía al Retiro, en esta ocasión soy yo el que recibe los ánimos. Resulta emocionante estar en el grupo de los maratonianos.

Los siguientes kilómetros son por el mismo recorrido que la Media de Madrid, los conozco bien y sé que son duros por eso me lo tomo con calma hasta girar por la calle Abascal para tomar Bravo Murillo y bajar lo que hemos subido. Varios kilómetros de bajada hacen el camino más llevadero ya directo al centro de Madrid y la zona más emblemática de todo el recorrido.

No puedo negar que me emociono con la cantidad de gente que nos anima en la entrada a la calle Preciados y sobre todo al cruzar por la Puerta del Sol, forman un pasillo por donde pasamos los corredores. Recorrer la calle Mayor y cruzar por delante del Palacio Real es otro lujo del que disfruto mientras corro.

Pero lo bueno se acaba y volvemos a la soledad del corredor popular, nada nos distrae y muy poca gente nos sigue animando. Solo algunos familiares y amigos de otros corredores a los que robamos los ánimos para hacerlos propios. En algunos tramos casi parece que molestamos y la gente cruza la calle sin ningún cuidado quejándose de que le hayan cortado la calle un domingo por la mañana.

Paso el medio maratón unos cuantos minutos por debajo de las 2 horas, bien de tiempo y fuerzas. Tomamos la bajada por el parque del Oeste, zona habitual de muchos de mis entrenamientos, cuando empieza a llover más fuerte y la poca animación que teníamos desaparece, sólo una banda de música ameniza un poco nuestra carrera. Este tramo hasta Príncipe Pio se me hace eterno, no es buena señal pues me quedan muchos kilómetros.

En la entrada a la Casa de Campo empieza a diluviar, y no da la impresión de que vaya a parar en el resto de la carrera. Este tramo es muy odiado por la mayoría de los corredores pero a mí personalmente me encanta y recupero parte de los ánimos que había perdido. Hasta disfruto de la cuesta final que nos saca fuera de la Casa de Campo donde la gente se queda clavado y yo subo animado por la cantidad de gente que se reúne en este punto de la carrera.

Bajamos hacia el río Manzanares y hacemos un par de kilómetros por una de sus riveras para cruzarlo por el Puente de San Isidro y volver en sentido contrario por la rivera opuesta. En la calle ya se han formado grandes charcos, en ocasiones es inútil intentar rodearlos y los cruzo chapoteando. Tampoco importa mucho a estas alturas ya estoy empapado de pies a cabeza, debo llevar un par de kilos más de peso, el pantalón empapado se me cae y tengo que apretarme el cordón de la cintura.

Llegamos a la altura del Parque del Moro, es el kilómetro 34 que marca el peligro de chocar con el muro, además de aquí al final es una subida suave pero continúa. Me encuentro muy fuerte, en los últimos kilómetros he ido subiendo el ritmo de carrera y mis ánimos están intactos que no mis fuerzas. Los siguientes cuatro kilómetros hasta la Plaza de Atocha los corro en un especie de trance que los expertos llaman flow (1). Empapado completamente mis piernas marcan sin problemas un ritmo alegre, mientras que mi cuerpo no sufre y mi cabeza disfruta de las buenas sensaciones. Todo reforzado al ir adelantando a muchos corredores a los que les fallan las fuerzas, está claro que en ocasiones no existe el muro.

(1)   El flow es un estado psicológico definido como: "Un estado de conciencia en el que uno llega a estar totalmente absorbido por lo que está haciendo, hasta alcanzar la exclusión de todo pensamiento o emoción. Es una experiencia armoniosa donde mente y cuerpo trabajan juntos sin esfuerzo, dejándole a la persona la sensación de que algo especial ha ocurrido”. Cuando el corredor experimenta este estado se encuentra completamente absorbida por una actividad durante la cual pierde la noción del tiempo y experimenta una enorme satisfacción. Pero el flow no es una sensación exclusiva de los corredores de maratón. Otros muchos atletas, al igual que los artistas y los científicos, también la viven.

En este estado de euforia llego de nuevo a la Plaza de Cibeles, 38 kilómetros y 3 horas y 25 minutos después de haber salido, tanto correr para volver al mismo sitio. Esta parte final del recorrido la han cambiado con respecto a la edición que corrí hace dos años. Mi euforia baja un poco y empiezo a sentir las piernas muy cargadas, es el momento en que tiro de cabeza. Bajo un poco el ritmo sobre todo cuando giramos para tomar la calle Goya y empieza la última subida de dos kilómetros. Aprieto los dientes y no aflojo, queda muy poco para acabar este épico maratón bajo la lluvia y quiero acabarlo agotado y corriendo como un loco.

Por fin dejo de subir y comienzo la bajada que me llevara hasta la puerta del Retiro, ya no tiene sentido guardar fuerzas, es el momento de correr con el corazón y dar todo lo que me queda. Sorpresa el último kilómetro es el único de todo el maratón del que bajo de los 5 minutos, una vez más se demuestra que la cabeza manda sobre el cuerpo.


En los últimos metros dentro del Retiro bajo el ritmo, no quiero que acabe la carrera ahora que sé que una vez más lo he logrado, es el broche a mucho entrenamiento y a una carrera en la que he disfrutado muchísimo. Bajo una lluvia torrencial y completamente empapado cruzo el arco de llegada sintiendo una vez más que he conseguido algo especial.

Es el momento de parar de correr y notar todo el cansancio acumulado, tengo que parar unos segundos antes de poder empezar a andar hasta donde me entregan el medallón y mucho líquido, no me he dado cuenta pero he bebido muy poco en los últimos kilómetros y ahora noto que estoy seco. Me envuelvo en un plástico que me da un voluntario en un vano intento de protegerme de la lluvia que ahora cae de forma torrencial.


Entre la masa de gente y los charcos me dirijo hacia el coche, cuando me encuentro con mi hermana. Estaba en la meta pero no me ha visto cruzarla y yo tampoco la he visto a ella, es una lástima tendrá que esperar a que vuelva a correr otro maratón. Nos dirigimos a su coche que está más cerca, pero nos perdemos un par de veces antes de encontrar la salida del parque. Yo ya estoy congelado y empiezo a temblar, ahora me doy cuenta de que tengo toda la ropa como si me hubiera bañado con ella puesta, incluidos los manguitos que al final no me he quitado en toda la carrera.

Por fin llegamos al coche y me puedo quitar al menos la camiseta, me pongo una sudadera de mi hermana que aunque me esta pequeña esta seca y eso es suficiente. Cuando me siento en el coche me da algún calambre pero me da igual estoy de subidón y creo que me durara varias horas y hasta varios días.

Después de tener que dar un par de vueltas de más, porque las calles están cortadas consigo que me deje en mi coche, por fin puedo quitarme el resto de la ropa empapada y ponerme seco. Aunque en previsión había dejado el coche lejos del recorrido, salir de la calle donde he aparcado me cuesta una bronca con un municipal que dirige el tráfico y que deja pasar a un coche en dirección prohibida por la calle por la que pretendo salir. Al final me disculpo con él, tenía razón y yo he perdido un poco los papeles debe ser el cansancio.

Por fin en casa, mi familia me felicita y se preocupan por mí pero me da la impresión que un poco menos en cada nuevo maratón que termino. Creo que se están acostumbrando a mis locuras y lo toman como algo habitual. Pero a mi cada año me cuesta un poco más, sobre todo los entrenamientos, por eso yo valoro siempre el último maratón como el mejor que he corrido.

Aunque parezca una osadía, solo puedo comentar que he disfrutado de los 42 kilómetros bajo la lluvia. Creo que mi cambio de actitud al ponerme en la salida buscando sólo disfrutar del recorrido y finalizar sin sufrir en exceso, olvidándome de marcas y tiempos es una buena decisión cuando está claro que no estoy dispuesto a sacrificarme en los entrenamientos.



Para el recuerdo queda un maratón épico bajo la lluvia, cuando sea viejo contare aquella edición del 2015 en donde además de correr, chapoteamos en el agua que se acumulaba en las calles. Donde los más valientes nos enfrentamos a las condiciones adversa y llegamos a cruzar la línea de meta. En plan héroe espartano al grito de “AU, AU, AU”, y es que como mola esto del maratón.