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martes, 24 de septiembre de 2013

De la Bahía de los Naranjos al Faro de Cullera

Faro de Cullera

Señal luminosa: 3 destello cada 20 segundos. Alcance: 13 millas marinas.

El faro de Cullera, está construido en el lugar conocido como la Punta del Faro, la única zona rocosa del litoral valenciano desde Sagunto hasta Denia. Es junto al de Canet d’En Berenguer, uno de los dos unicos ejemplares que quedan en la costa de la provincia de Valencia. Ubicado entre la carretera de la costa que une Valencia y Cullera y el mar tiene muy fácil acceso desde el paseo que lo bordea, aunque no es visitable.


El faro está formado por un edificio de planta circular, en cuyo centro se eleva la torre de fábrica de sillería encalada en blanco, sección troncocónica y de dieciséis metros de altura. Coronada por la linterna, está cubierta por una cúpula completamente transparente, dispone de dos balcones a lo largo de todo su perímetro con sus correspondientes barandillas situados a media altura.

Comienzo mi recorrido tomando el paseo marítimo en la zona de Santa Marta, aproximadamente en donde termina la playa de San Antonio y comienza la playa del Raco. Aunque evidentemente nos podemos incorporar al paseo desde  cualquier punto a lo largo de toda la bahía de Cullera. También llamada Bahía de los Naranjos por los huertos que antes cubrían todo el terreno entre la montaña y el mar y de los que sólo quedan algunos naranjos ornamentales entre las torres de edificios que cubren toda la bahía.

Los primeros metros se realizan corriendo por el paseo marítimo en dirección al Hotel Sicania, que se encuentra situado en el extremo norte de la bahía. Es uno de los edificios más antiguos de la bahía, construido durante los años 60 es un claro exponente de la construcción de la posguerra. Todavía mantiene mucho de su encanto, dispone de playa semiprivada y pocas habitaciones por lo que no se masifica ni siquiera en los meses de verano. En la serie Cuentame apareció como escenario de uno de los capítulos donde Mercedes viajaba a la costa para la venta de unos apartamentos.


El paseo marítimo tiene  un firme muy cómodo para correr, pero en ciertas épocas del año y a determinadas horas se convierte en una carrera de obstáculos en donde debemos ir esquivando a los paseantes. Además en ciertos tramos su anchura se reduce, sobre toda a la altura de la playa del Raco donde en el primer invierno después de ser construido el mar se comió  la mitad de paseo  y el ayuntamiento decidió no reconstruirlo. Las terrazas que colocan los restaurantes o heladerías y los puestos de venta ambulante, alrededor de los cuales se arremolinan los curiosos, son factores que reducen el paso puntualmente.

Por supuesto los problemas son mayores si corremos en el mes de Agosto y a última hora de la tarde cuando el sol calienta menos. Si hacemos el recorrido en invierno y a primera hora de la mañana dispondremos de todo el paseo para correr a nuestro antojo, es lo que tiene elegir bien el momento.


Para evitar este tramo en las horas punta podemos ir por la carretera que une el pueblo con el faro, aunque yo personalmente no lo recomiendo ya que en este tramo tiene un gran número de  entradas y salidas de la urbanizaciones que la hacen peligrosa y además los altos edificios nos quitan la vista del mar y lo que es peor la brisa marina. Otra posibilidad es correr por la playa, esta opción nos permitirá llegar hasta la zona del faro sin pisar el asfalto, pero recordaros a todos que corre por la arena no es tan agradable como en principio pudiera parecer y es mucho más cansado.

El paseo marítimo termina en el hotel Sicania, debemos rodear el edificio para tomar la carretera. En este tramo los torres de pisos desaparecen y se cambian por casas unifamiliares literalmente colgadas en la montaña. Corremos pegados a la playa por la acera estrecha de la carretera, siempre con mucho movimiento de gente pero con ningún cruce de coches, por lo que solo tendremos que ir pendientes de no chocar con otros viandantes.


En este tramo pasaremos primero por la playa de Cap Blanc. En esta playa estaba previsto un gran puerto deportivo que daría servicio a la urbanización de chales de lujo del mismo nombre que se ha construido en la montaña. De aquel sueño de grandeza que incluía hasta un teleférico para unir la parte alta de la montaña con el puerto deportivo, sólo queda esta playa y un montón de urbanizaciones de chales adosados a medio construir y deshabitadas, que han quedado como monumento a la burbuja inmobiliaria.


La playa cada año tiene menos anchura, sobretodo desde que quitaron el espigón de cierre del puerto y el mar ha ido recuperando lo que era suyo, aunque mantiene mucho movimiento de windsurfistas y vela ligera. Mientras corremos bordeándola pasaremos al lado de la Perla Negra, un chiringuito de copas, siempre muy animado sobre todo los fines de semana con música en directo. Cuando paso a su altura me dan ganas de sentarme y tomarme un buen copazo disfrutando de la música y las vistas, pero siempre continuo de frente sin perder de vista mi objetivo.

Prácticamente a continuación de esta playa sólo separada por los restos de del espigón está la playa de los Olivos. Es una playa urbana protegida del mar por la punta del faro, está muy cuidada y dispone de varios restaurantes y chiringuitos que le dan mucha vida. En este tramo nuestro camino tiene un repecho fuerte pero corto que castiga las piernas y que acaba frente a la casa del Maestro Rodrigo, de hecho este tramo de la carretera toma el nombre del músico valenciano.


Es el momento donde debemos tomar la primera decisión del recorrido, podemos continuar por la carretera que llevamos o desviarnos a la derecha por cualquiera de las calles para tomar el paseo marítimo de la playa.

Si continuamos recto pasaremos por en medio de los edificios de faro, una zona que en épocas más antiguas pertenecía al mar, de hecho dejamos a la derecha la isla de los Pensamientos ahora unida a la tierra y lo que es peor completamente urbanizada por varios edificios monstruosos de apartamentos.


Si tomamos el paseo, iremos rodeando la isla de los Pensamientos, hasta un mirador donde  dispondremos de una vista completa de la bahía de los Naranjos. Para continuar nuestra carrera debemos superar un tramo de escaleras y tomar la calle que rodea toda la isla. En este tramo corremos prácticamente encima del mar y podemos disfrutar de los acantilados de este lado de la isla siempre con mucha animación de pescadores. Al final de este tramo veremos por primera vez el faro de Cullera desde una perspectiva espectacular.


Ambos caminos terminan en la playa del Faro, pequeña y muy abierta al mar, en los días de invierno las olas golpean fuerte y rompen espectacularmente sobre las rocas y el paseo marítimo. Tomamos de nuevo la carretera y llegamos hasta la entrada a la Cueva del Dragut, recibe su nombre del pirata turco, lugarteniente del famosísimo Barbarroja.


La historia cuenta que Dragut ataco el pueblo de Cullera entrando por el río Jucar y rapto a varios de sus pobladores refugiándose con su barco en esta cueva, allí espero a que el señor del pueblo, bien protegido tras las murallas del castillo de Cullera, pagase un rescate en oro. Ante el clamor popular el señor tuvo que ceder y pagar para que el pirata  no matara a sus rehenes y abandonara las costas de Cullera.

Actualmente se ha transformado en un museo visitable. Curiosas son las maquetas de la antigua villa de Cullera donde se muestra todavía las murallas de la albacara que rodeaban el castillo y de la que solo quedan las torres restauradas en los últimos años, la isla de los pensamientos cuando todavía estaba separada por la lengua de mar y la albufera tras la montaña de Cullera abierta al mar antes de que fuera cubierta por el actual marjal de arroz.


Quizás lo más llamativo de la visita, si nos olvidamos de la sala de torturas de la inquisición, es la reproducción a escala real del bergantín de Dragut. A los marinos nos sorprende como eran capaces de navegar todo el mediterráneo en este tipo de “chalupas” con un francobordo tan bajo y ninguna protección excepto la techumbre de popa que protegía al timonel. Me  recuerda a las naves vikingas aunque  mucho más planas.

Hasta ahora nuestra carrera ha sido placida, por un recorrido muy plano y disfrutando de la vistas del mar. Pero en este momento nos encontraremos con el punto negro del recorrido. La carretera se estrecha y se empina de forma alarmante. Desaparece la acera y hasta el arcén y tenemos que correr por la calzada. Además dibuja tres curvas seguidas que reducen la visibilidad. Aunque resulta peligroso y debemos tener cuidado yo personalmente nunca he tenido ningún problema, la gente conoce el tramo y va con mucha precaución tanto los coches como corredores, ciclistas y caminantes. Existe la posibilidad de ir por las calles colindantes y evitar parte del trayecto pero no podremos evitar el último tramo de este punto negro.


Una vez superado este inconveniente, tomaremos el paseo de las Farolas, el tramo con diferencia más bonito del recorrido. Suficientemente ancho y con un firme en buen estado, es menos transitado por los paseantes, aunque siempre está muy concurrido de corredores.


Seguimos sin ver el faro aunque sabemos que el paseo nos lleva hasta su base, tras una curva y sin previo aviso nos toparemos de cara con él. El faro aunque no muy alto es una edificación curiosa que llama la atención y al estar separada de otros edificios luce en todo su esplendor. Esta operativo, por lo tanto si pasamos más tarde de la puesta del sol nos iluminara con su haz de luz.


Continuamos por el paseo en un suave descenso dejando atrás el faro y disfrutando de una vista privilegiada sobre la playa del Dosel. Esta se extiende hasta donde alcanza la vista, ya que desde este punto hasta Valencia no hay ninguna barrera excepto la salida de la Albufera. En un día despejado podemos ver al fondo la ciudad de Valencia y los barcos fondeados en la entrada de su puerto.

Un poco más adelante el paseo se amplia para forma un pequeño mirador presidido por una estatua de una ninfa marina observando el mar. Yo la llamo la sirenita aunque no tenga cola de pez. Lo típico es hacerse la foro abrazándola o los más osados sentados en su regazo.


El paseo acaba pero no nuestra carrera, seguimos por la carretera dirección Valencia y tomamos el carril bici que transcurre paralelo a ella. Ya perdemos de vista el mar y las playas pero disfrutamos de los huertos de naranjos y ese olor a azahar tan característico.  En su primer tramo transcurre separado de la carretera por una acequia que dispone de varios puentes por donde cruzarla si preferimos correr por la zona ajardinada que hay pegada a la carretera.

A partir de que crucemos la desviación hacia el Primer Collado, el carril queda encajonado entre la carretera y la acequia, no hay ningún problema para correr es ancho y poco transitado por lo que aunque nos crucemos con algún ciclista que tiene prioridad no tendremos problema en cederle el paso. Pero tiene un grave inconveniente y es que no se encuentra iluminado por lo que es necesario que corramos con luz solar.


El recorrido hasta ahora dispone de suficiente iluminación eléctrica como para poder correr cuando ya ha caído el sol y la temperatura en verano es más agradable. En este tramo debemos tener cuidado con los mosquitos y libélulas que pueblan la acequia, dependiendo de la dirección del viento podemos tragárnoslos al respirar, es recomendable las gafas de sol para evitar que se nos meta en los ojos.

A parte de estos pequeños inconvenientes la carrera es muy agradable, el recorrido es completamente plano y anima a acelerar el paso, generalmente corre algo de viento que alivia el calor y siempre nos cruzaremos con otros corredores. No nos olvidemos de saludarlos, la mayoría nos lo devolverán, aunque sea en valenciano,  no como en Madrid donde te miran con cara rara cuando les dices un “buenas tardes” o un “animo”. 

El carril bici y el recorrido finaliza en una rotonda, inconfundible por la escultura que preside su centro. Aquí acaba en general también mi recorrido, suelo dar la vuelta y volver por donde he venido. Aproximadamente son unos 5 km de recorrido de ida y otros tantos de vuelta.

Si queremos continuar haciendo kilómetros podemos seguir por la carretera por dónde veníamos, aunque es poco recomendable, no tiene prácticamente arcén y en cambio mucho tráfico. La mejor opción es desviarnos en la rotonda dirección Cullera y en seguida tomar a la derecha los caminos de los arrozales.


Toda esta zona es un gran marjal, que forma parte del parque natural de la Albufera. Las plantaciones de arroz forman una zona muy plana y podemos correr por los caminos que los dividen que son poco transitados por los coches. En la época veraniega el margal está inundado y el arroz ya crecido y verde forma un autentico mar verdoso, según avance la temporada amarilleara.

De vuelta por nuestro camino, desandamos el recorrido pero en este caso siempre iremos viendo el faro al fondo como punto de referencia. El paseo de las farolas en esta dirección es una cuesta empinada que exigirá un esfuerzo extra, pero siempre con la espectacular vista del faro y el mar al fondo, todo un lujo.

Un recorrido con bonitas vistas de la bahía de los naranjos, las playas y la zona rocosa del faro. Combina la carrera pegada al mar, ya sea sobre el asfalto de la carretera o por la arena de la playa, con el tramo interior siguiendo la acequia entre los huertos de naranjos y los arrozales.

Debemos tener en cuenta que es un recorrido muy transitado sobre todo en la época veraniega y a las últimas horas de la tarde, por lo que debemos compartirlo con los paseantes en el tramo del paseo marítimo y las bicicletas en el carril bici. Aunque con un poco de buena educación no tendremos ningún problema para disfrutar de una carrera estupenda.

domingo, 29 de julio de 2012

De Cala de Mijas al Faro de Calaburras

Me gustan los faros, por eso cuando tengo la oportunidad los utilizo como referencia en mis entrenamientos. Corro hacia ellos, los puedo divisar desde lejos, y según avanzo los pierdo de vista tras una curva o una montaña para volverlos a ver ahora más cerca, por fin llego hasta ellos y giro a su alrededor para volver al lugar de donde partí. 

Faro de Calaburras

Señal luminosa: 1 destello cada 20 segundos. Alcance: 18 millas marinas.

El faro de Calaburras se encuentra en las costas malagueñas, entre Fuengirola y La Cala de Mijas. Es el primer faro de tráfico aéro-marítimo construido en España, actualmente sigue operativo y se utiliza como marca para tomar la dirección en el acceso al Estrecho de Gibraltar.

Parece un faro pequeño y esbelto, pero en realidad es bastante alto, alcanza los 25 m de altura, además es el más importante de toda Málaga, lugar de residencia del farero que controla el funcionamiento del resto de los faros de la provincia.


Está rodeado por casas y sobre la autopista A-7, exactamente en el Km 205, por lo que es fácil que nos crucemos con él mientras viajamos en coche. Separado del mar por la carretera que en esa zona está casi montada sobre el mar, de hecho unos bloques cuadrados de hormigón en la orilla, sirven como rompeolas para protegerla de la fuerza de las olas.

Comparte montículo con una antigua torre de vigilancia y protección de las muchas que jalonan la costa de Málaga, como el faro recibe el nombre de la punta donde esta edificada, Torre de Calaburras. Esto nos demuestra una vez más que las distintas civilizaciones hemos ido asentándonos sobre las anteriores.


Construida en 1575, tiene planta troncocónica de 9 m de diámetro y una altura de 13,4 m. Hasta que dejó de estar operativa disponía de dos cañones y una dotación de tres personas,  para proteger la costa del ataque de los piratas, actualmente está abandonada y reconvertida en palomar natural.


Mi carrera comienza en el pueblo de La Cala de Mijas. Bajo corriendo desde casa y atravieso el pueblo hasta el Torreón, en realidad es una pequeña fortaleza construida en piedra y ladrillo, situada en el centro del pueblo. En sus buenas épocas disponía de varias piezas de artillería pesada y de un pequeño destacamento capaz de defender la playa.

En su base comienza el corto paseo marítimo que bordea la playa y que me conduce hasta el final del pueblo. Muere antes de llegar a la autopista y tenemos que desviarnos un poco hacia el pueblo para poder tomar el camino paralelo a la autopista A-7.


A partir de ese momento ya no hay pérdida, sólo hay que correr sin separarnos de la autopista hasta el faro, es un recorrido aproximadamente de 4 km.

Al principio el camino es un paso de peatones de escasamente un metro de ancho entre el quitamiedos de la carretera y una valla de madera que nos protege de caer por el terraplén que nos separa de las playas que quedan a nuestra derecha.

Un poco más adelante se convierte en una calle de servicio a las urbanizaciones que se han construido entre la autopista y el mar. Tenemos más espacio para correr, podemos optar por la calzada o la acera, en cualquier caso habrá que estar atento a los coches que entran y salen de la autopista.


En todo momento iremos viendo a lo lejos el faro y a nuestra derecha las playas de esta zona. Aunque a veces las casas nos tapan el mar, la mayoría del recorrido esta libre de edificaciones y podemos ir disfrutando de las vistas.

Estas playas son pequeñas calas de arena gruesa entre barreras rocosas, tienen poca afluencia de bañistas, ya que el acceso no es sencillo y cuando se levanta el viento, el mar golpea fuerte por lo que el baño es peligroso. Pero algunos arenales son más grandes con un acceso bien señalizado, aparcamiento y algo más protegidos, hay que destacar un par de ellos:

La playa del “Sheriff”, el viento en esta zona entra paralelo a la costa, lo que ha convertido esta playa en zona de los locos del windsurf y del kitesurf, con sus enormes cometas y velas multicolores. Podemos verles hacer acrobacias y deslizarse a toda velocidad aprovechando las tardes ventosas.


La playa “Naturista”, lo que antes se llamaba nudista pero que ahora resulta políticamente incorrecto. No tiene mucha afluencia, siempre pienso porque en estas playas la mayoría de los bañistas son hombres de mediana edad ya entrados en carnes. Seguro que en las costas de más glamour los parroquianos son distintos, tendré que visitar las de Ibiza o las islas griegas.


El camino en algunos tramos se vuelve agreste y la vegetación crece muy pegada al camino siendo la única protección para no caer al terraplén, en otros volveremos a circular por las aceras de las casas y urbanizaciones. Hay algunos miradores y zonas de descanso por si decidimos hacer una paradita.

Durante nuestra carrera podemos cruzarnos con los mercantes y ferris navegando por el mar, ya que en esta zona el tráfico marítimo es constante. Los que navegan más alejados de la costa van rumbo a África, generalmente a Ceuta, y los más pegados a costa van o vienen del Estrecho de Gibraltar.


Cuando llegamos a la altura del faro podemos continuar nuestro recorrido paralelo a la carretera camino de Fuengirola o cruzar la autopista hacia la Punta de Calaburras y acercarnos a la torre y el faro. Yo elijo en función de la distancia que quiera correr.

Si tomamos dirección a Calaburras, solo debemos seguir las indicaciones que hay en las calles de las urbanizaciones que rodean al faro. Hay de dos tipos las que nos marcan la dirección a seguir hacia la torre y las que nos indican que por ese camino no se llega al faro.

Es un poco laberinto pero siguiendo las indicaciones, podemos llegar hasta la base de la Torre de Calaburras. Está encerrada en el fondo de una calle de acceso a unos chalets, que le han comido el terreno a la antigua edificación. La cuesta final es muy pronunciada pero corta y la torre aunque deteriorada merece la visita.


En cambio al faro no se puede acceder, nos tendremos que contentar con verlo de lejos, pues está rodeado de casas particulares que no nos permiten acercarnos y por supuesto el camino de entrada tiene una verja bien cerrada.

Si decidimos seguir hacia Fuengirola podemos seguir haciendo kilómetros por el mismo camino paralelos a la autopista, hasta que decidamos que es suficiente, entonces solo tendremos que dar la vuelta y volver sobre nuestros pasos. Este tramo del camino es claramente en bajada, por lo tanto cuidadín que luego hay que volver cuesta arriba.

Aunque parezca mentira es un camino bastante concurrido ya que es la vía de acceso desde las urbanizaciones al pueblo. Y es fácil cruzarse con corredores, ciclista o gente que simplemente pasea solos o en pareja.


No es un recorrido exigente, es prácticamente llano y recto. Únicamente tener que subir y bajar de las aceras y esquivar los quitamiedos y las farolas en algunos tramos, además de compartir paso en las zonas estrechas, nos obliga a prestar atención, mientras tanto podemos disfrutar de la vista del mar.

Es cierto que el ruido y el humo no es lo que deseamos cuando nos ponemos a correr, y los coches y camiones que pasan a toda velocidad, no son la mejor compañía. Pero los que corremos diariamente por Madrid estamos acostumbrados y el correr tan pegados al mar sin ir por la playa no es algo habitual.

Hay que intentar aprovechar la primera hora de la mañana durante el verano para evitar el calor, ya que en todo el recorrido solo encontraremos la sombra de alguna tapia. Al atardecer también es una buena oportunidad, pero siempre con luz natural, cuando la noche cae el camino tiene tramos poco iluminados y los faros de los coches nos deslumbraran.

El viento es otro factor a tener en cuenta, en muchos tramos no existe protección y puede ser fuerte. En la mayoría de los días cuando corramos hacia el faro nos entrara por la espalda, pero durante la vuelta hacia La Cala será de cara y nos obliga a un esfuerzo adicional y a agarrar bien las gorras.

Existe la posibilidad de correr por la playa, pero no es muy cómodo ya que en esta zona la arena es muy gruesa y poco compacta por lo que nos hundiremos en cada zancada. La franja de arena mojada es muy estrecha y con mucha inclinación.


No podremos realizar el recorrido completo por la playa, ya que hay varios pasos en donde esta desparece y el mar golpea directamente contra las rocas, para continuar tendremos que pasar escalando o subiendo al camino de la autopista.

Si os animáis a hacer el recorrido atentos a las curiosidades de alguna de las casas, sobretodo a destacar la superestructura del buque que han plantado en uno de los jardines y las “maravillosas” esculturas de seudo bronce, a mí me encanta el carro con el guerrero griego tirado por dos caballos, pero la colección del toro, las garzas y la fuente del rey Neptuno con tridente que se despliega por el jardín de la casa pegada al faro es de un gusto exquisito.