viernes, 28 de junio de 2013

Sólo 34 km de los 100 km

Esta prueba de 100 km es la más veterana que se realizar en la comunidad de Madrid. Desde el principio nació como una marcha no competitiva y sigue manteniendo la misma filosofía, de hecho sólo se publica una lista de los participantes que han finalizado el recorrido, ordenados por orden alfabético y sin referencia alguna al tiempo.

En lo que sí ha cambiado en estos años es en la aparición de nuevas modalidades en que se puede participar. Además de las clásicas de corredores y andarines que tienen hasta 24 horas para completar los 100 km, tenemos la posibilidad de realizar únicamente la primera etapa de 34 km, una prueba en bicicleta que transcurre por el mismo recorrido de los 100 km y que cada vez tiene más participantes y la opción de realizar el recorrido corriendo por relevos.

La carrera transcurre por el camino de Santiago madrileño y las vías pecuarias de nuestra comunidad. Se divide en varios tramos o etapas, la primera comienza en Colmenar Viejo para llega hasta Manzanares el Real y regresar al lugar de partida. Luego se continúa hasta Tres Cantos por el camino que transcurre pegado al muro de cierre del Monte del Pardo. Desde Tres Cantos la carrera hace una gran bucle de 32 km que vuelve al punto de partida después de pasara bordeando las urbanizaciones de Ciudalcampo y Fuente el Fresno y dejar lejos Alcobendas. El último de esfuerzo une Tres Cantos con Colmenar Viejo, pero en esta ocasión en línea recta.

Todo el recorrido está perfectamente marcado, con voluntarios en las desviaciones y avituallamientos abundantes de agua y algunos también sólidos. La Organización entrega junto al dorsal un rutómetro que además de instrucciones incluye un plano del recorrido, indicando las distancias y puntos de control, avituallamiento y descanso. Haciendo hincapié en los pasos más confusos, de modo que es difícil perderse. Cada corredor dispone de unas pegatinas con el número de su dorsal para que las entregue en cada punto de control. Una organización excelente fruto de tantos años de experiencia.













He recibido un correo de mi primo para que me anime a correr los 100 km en 24 h que Corricolari organiza por la zona norte de Madrid. Está claro que ha vuelto con las endorfinas disparadas después de correr el maratón de montaña del Soplado y le sobran fuerzas para atacar el reto de la larga distancia. En mi caso estoy todavía al comienzo de mi preparación para el Maratón de Zaragoza que es a finales de septiembre y muy lejos de poder correr una distancia tan larga con ciertas garantías de terminar.

Cuando comencé a correr un poco más en serio y participar en carrera populares, me parecía una locura correr 100 km, teniendo en cuenta que estamos hablando de “correr” durante más de 15 horas. Con el tiempo me he debido volver algo loco porque ahora es uno de mis objetivos para el año que viene. Ya he marcado en el calendario el mes de septiembre del 2014 para realizar los 100 km que separan Madrid de Segovia. Por eso decido apuntarme al primer tramo de 34 km. de la carrera, así podré probar como me desenvuelvo en las largas distancias. Corriendo y andando a partes iguales, y de paso acompaño a mi primo en su reto, algo que seguro agradecerá.

Me levanto el sábado con muchos ánimos, he decidido no cambiar mi rutina de entrenamientos y tomarme la carrera como una tirada larga a ritmos muy bajos. Al contrario que en otras ocasiones tomo un desayuno fuerte, hasta incluyo unos huevos revueltos con beicon. La carrera empieza a las 12:00 y si todo se nos da bien no pararemos a comer antes de las 16:00. El día se ha levantado nublado con previsión de lluvias y una temperatura baja, en nuestro caso ideal para correr por los caminos donde vamos a encontrar poca sombra.

La preparación de la noche anterior ha sido extraña, además de preparar  la ropa como en otras ocasiones he decido cargar con una mochila con algunas cosas. Un chubasquero y una camiseta de manga larga por si llueve o baja demasiado la temperatura, buff y guantes pesan poco y no estorban, un pequeño botiquín con lo indispensable para pequeños accidentes (tiritas, gel frío y vaselina), algo de fruta, frutos secos y queso todo troceado para comer en los avituallamientos y un bidón con isotónico. Estoy convencido de que no voy a utilizar casi nada de lo que llevo, ya que existen avituallamientos de sobra a lo largo del recorrido pero me siento más aventurero equipado con mi mochila.

Me voy en coche a Colmenar, dejando una vez más a mi familia tirada el fin de semana, creo que un día volveré y me encontraré mis cosas en la calle y una nota de despedida. Tengo que preguntar un par de veces para llegar al polideportivo en donde comienza la carrera, me mandan de un sitio a otro y es que el pueblo dispone de varias instalaciones deportivas municipales, todo un lujo para los tiempos que corren. Por fin llego y hay un ambientazo por lo que tengo que aparcar un poco lejos.

Mientras me estoy preparando me llama mi primo para decirme que ya está en la salida y que me espera. Cuando llego al polideportivo me cuesta un poco localizarle entre tanto jaleo. Le acompaña toda su familia, aunque después de un poco de conversación y hacernos la foto de rigor, nos desean suerte y nos abandona, todavía queda un buen rato para que la salida y la mañana no esta muy agradable para estar en la calle con los niños.


Nos vamos para la pista de atletismo donde será la salida. Nuestra intención es calentar un poco, pero mientras mi primo me pone al día de su odisea en los Soplados se nos pasa el tiempo y arranca la carrera. Salimos prácticamente de los últimos, detrás de los andarines que son mayoría, parece que no hay demasiados corredores. Primera vuelta a la pista andando antes de salir a la calle. Decidimos que nosotros hemos venido a correr y empezamos a trotar suave ahora que hemos dejado la pista y podemos adelantar a la gente.

Los primeros metros son por asfalto pero en seguida lo dejamos para tomar los caminos de tierra. Vamos por el tramo del Camino de Santiago que une Madrid con la capital gallega pasando por Segovia y Valladolid, las flechas amarillas así lo indican. Hemos hecho bien en calzarnos las zapas de montaña, el camino aunque bien trazado y ancho tiene mucha piedra y la suela reforzada nos defiende algo cuando pisamos. El día está fresco y al fondo sobre la sierra nos esperan unas nubes muy negras, algunas ya están descargando sobre las cimas más altas.


Vamos todavía muy frescos y vamos charlando sobre lo humano y lo divino mientras avanzan los kilómetros. En algún tramo de subida nos ponemos a caminar pero casi todo el recorrido vamos trotando. Seguimos “corriendo” hasta el primer avituallamiento en donde aprovechando que hay una buena cuesta nos tomamos el primer descanso, subimos andando y comiendo algo de la fruta que cargo en mi mochila.

Recibo una llamada de teléfono de mi madre, en una carrera normal ni hubiera cargado con el móvil, pero esto es otra cosa y me permito el lujo de contestar la llamada, eso sí paro de correr y me pongo a andar mientras hablo. Mi madre no sabe si colgar cuando le digo que estoy en una carrera, pero la tranquilizo y charlamos un rato. Se despide dándome ánimos para que acabe bien pero que por favor vaya tranquilo, como le pasa a mi mujer no puede entender la locura que me ha dado por correr a los 40 años.


El camino se va haciendo más montañero según nos vamos acercando a la sierra, se estrecha algo y esta menos pisado, la vegetación gana terreno. Tenemos que cruzar algún riachuelo y tramos un poco más trialeros, pero siempre muy llevaderos. Ya corremos juntos los mismos y nos vamos intercambiando nuestras posiciones según corramos o andemos.

Delante nuestro se produce una caída, un chaval se ha despistado y tropezado con algún obstáculo por que ha caído sin control tan largo como es. Le cuesta unos segundos reaccionar hasta que se incorpora, pero se ha dado un buen trompazo además de múltiples arañazos en rodillas y manos lo peor es que se ha abierto un corte en la barbilla que sangra abundantemente. Con nosotros han parado un par de corredores más, uno saca el botiquín para intentar ponerle algún punto mientras mi primo le da un pañuelo para que pare la hemorragia. Creo que la carrera ha acabado para él, tienen que ponerle puntos en ese corte, él lo sabe y tiene un buen cabreo, después de tanta preparación retirarse por una tontería como esta da mucha rabia. Dándole ánimos seguimos corriendo, ya está bien acompañado y poco más podemos hacer.

Segundo avituallamiento, no me ha dado tiempo ni a tirar del botellín de isotónico que llevo en la mochila. En este me encuentro con un entrenador del colegio de mi hijo que esta de voluntario. Ya hemos coincidido en otras ocasiones pero ahora podemos charlar un poco mientras bebo el agua. Me da ánimos y me espera a la vuelta ya que el punto es de ida y vuelta.

Ya nos vamos acercando a la sierra y la Maliciosa que hasta entonces estaba cubierta por nubes empieza a despejarse y nos deja una vista espectacular de la sierra. Parece que hemos tenido suerte y las nubes que nos amenazaban en la salida han girado a nuestro alrededor y ahora las tenemos a nuestra espalda sobre Madrid.

Abandonamos el camino que sigue dirección Becerril y Cercedilla y nos desviamos hacia Manzanares con la Pedriza al fondo. Esta formación rocosa es un de las señas de identidad de nuestra sierra y la verdad es que resulta espectacular. Identifico el Yelmo y por supuesto el pueblo a sus faldas y el castillo de Manzanares.

Comienza una pronunciada bajada hacia el embalse donde aprovechamos para estirar piernas. La bajada acaba en un zona recreativa donde esta el avituallamiento que en esta ocasión además de agua tiene plátanos. Está claro que en la primera parte de la carrera no es necesario cargar con vituallas ni agua. Nos desviamos del camino principal que rodea el embalse y tomamos una senda que transcurre pegada a una valla para volver dirección al camino que hemos abandonado haciendo un bucle.


En este tramo el viento nos entra de espalda y ya no refresca además se ha despejado y aprieta el sol, empezamos a sufrir el calor. Está claro que hemos tenido mucha suerte con el tiempo, esta zona no tiene ni una sombra y cuando aprieta el sol se sufre de verdad. Volvemos a retomar el camino de Santiago y empezamos a cruzarnos con gente que va andando y todavía va en dirección a Manzanares. Seguimos corriendo a ritmos bajos aunque las piernas empiezan a cargarse y es que ya superamos la media maratón.

Vuelven a desviarnos del camino para hacer otro bucle, cruzamos un río y un par de voluntarios nos animan, pero al darse cuenta de que mi dorsal es verde lo que indica que me quedo a los 34 km y no finalizo los 100, comentan que a mi ya no me queda nada que por eso se me ve tan fresco.

Tomamos la vía del tren, supongo que este tramo estará abandonado, aunque mantiene las vías intactas. Corremos por la zona de piedra suelta y tenemos que parar varias veces para vaciar las zapatillas de las chinas que se nos meten dentro. Ya vamos más cascadillos y la conversación no es tan fluida, pero mantenemos el trote ligero. Obligo a mi primo a que andemos en algún tramo, creo que vamos demasiado rápido para completar los 100 km, aunque en apariencia va más fresco que yo.


Abandonamos la vía para tomar una senda entre el monte que nos conduce de vuelta a Colmenar. Tiene alguna subidita en la que andamos mientras nos hacemos alguna foto, parecemos excursionistas. Yo ya me voy fijando en los dorsales de color verde para que no me adelanten, se que mi posición en la carrera no es importante pero no puedo evitar que me traicione mi espíritu competitivo.

Ya estamos de vuelta en el camino de tierra a la salida de Colmenar, la verdad es que las 3 horas y media se nos han pasado muy rápido, entretenidos con la conversación y disfrutando del paisaje. Entramos en la calles asfaltadas y la zona de rotondas, debemos tener cuidado con el tráfico pues no está cortado. Mi primo se para en cuanto la calle se empina y se va quedando atrás. Yo ya no quiero parar me quedan un par de kilómetros y puedo agotar mis fuerzas, ya se que llego.

En la entrada a la pista de atletismo me está esperando una compañera de trabajo que vive en Colmenar y a la que he avisado de mi hora de llegada para que me fuera a animar. Me paro con ella y su marido a agradecerles el apoyo, me ven muy fresco y eso me anima. Pero todavía no he terminado y arranco otra vez para completar la vuelta a la pista de atletismo y cruzar la meta.


La meta un poco triste, los corredores entramos de uno en uno separados por muchos metros, nos da tiempo a posar, levantar los brazos y demás tonterías, y por supuesto no hay público que nos anime. Sólo te esperan un par de voluntarios que te hacen la foto de rigor y te entregan un diploma personalizado con tu nombre y un pin de la carrera en plateado, el dorado está reservado para los que completan los 100, un buen detalle.

Mi compañera me hace una foto mostrando mi diploma que rápidamente publica en el grupo de guasap de la oficina para que todos me vean. Tengo verdadeo aspecto de campeón. Un rato de charleta en donde se sorprenden de que seamos tantos locos para estas carreras y me rencuentro con mi primo al que le ha dado tiempo a cambiarse y estirar y ya está reponiendo fuerzas.


Le acompaño tomando una ensalada de pasta que da la organización y que a mí me sabe a gloria, porque nada más cruzar la meta me ha entrado un hambre horrible. Nos hacemos unas fotos antes de que el arranque para continuar con su aventura, yo le despido deseándole lo mejor. Lo que hace la cabeza, yo venía mentalizado para corre 34 km y una vez finalizado me han abandonado las fuerzas y el ánimo, sería incapaz de volver a arrancar aunque se que estoy preparado para hacer muchos más kilómetros.

Ducha reconfortante y ropas de paisano, todo un lujo para volver a casa como si no hubiéramos corrido, aunque las piernas no opinan lo mismo.


Nuestra primera idea era ser sistemáticos en nuestra carrera, correr 50 minutos a un ritmo cercano a los 6 min/km y andar unos 10 minutos. Lo que me ha resultado más complicado es mantener el ritmo lento, mis piernas están acostumbradas a una cadencia mucho mayor y tengo que concentrarme para que no se disparen. Pero cuando las distancias empiezan a ser largas, debes pensar siempre que quedan muchos kilómetros y que no puedes gastar todas las fuerzas.

Aunque esta experiencia me ha demostrado que al final la carrera es la que manda y hemos corrido cuando podíamos y andado cuando el terreno se hacía exigente, sobre todo en las subidas. Así a veces es mi primo el que ha decidido que tocaba andar y otras veces he sido yo el que ha parado, intentando aprovechar cuando íbamos andando para comer algo, hacer alguna foto. Y por supuesto siempre nos obligábamos a parar en los avituallamientos y andar un rato mientras bebíamos.


He sacado dos conclusiones, la primera es que a este ritmo me costaría finalizar los 100 km y la segunda y más importante que en estas distancias manda la cabeza sobre el cuerpo. Pero tengo más de un año para prepararme y aprender a correr las largas distancias.

martes, 18 de junio de 2013

Dejandome llevar por la corriente de agua

Esta es una de las grandes clásicas de la capital y ha alcanzado su 34 edición. Aunque desde hace varios años la organización ya no depende del Canal de Isabel II, mantiene su salida y llegada, en sus dos depósitos de agua de Plaza de Castilla y el Parque de Santander, como auténticos símbolos de la carrera y su nombre de "carrera del agua".

En los últimos años el recorrido ha cambiado en cada edición, pero siempre manteniendo la larga bajada por la calle Bravo Murillo, desde Plaza de Castilla hasta Cuatro Caminos, este tramo es el gran referente de la carrera. El resto del recorrido para completar los 10 km varía cada edición aunque suele mantener un tramo de subida por la Castellana.

Lo más característico de la carrera es su altimetría claramente favorable, prácticamente en bajada la mayoría del recorrido, únicamente se puede hablar de esfuerzo cuando hay que subir el tramo de la Castellana, pero son sólo un par de kilómetros. Esto hace que la velocidad sea alta y podamos buscar buenas marcas con “poco esfuerzo”.

















He quedado con mi cuñado para ir juntos en metro hasta la Plaza de Castilla donde empieza la carrera. Ya desde que salgo de mi casa me cruzo con corredores que van trotando por la calle Bravo Murillo hacia la salida, son un par de kilómetros de calentamiento. En el metro los vagones van completos por los corredores, aunque ya son varias mis participaciones en las carreras populares madrileñas, sigue sorprendiéndome de donde salimos tantos corredores.

Voy descubriendo entre los pasajeros a muchos de los “clásicos de las carreras” que he ido conociendo en los últimos años. Sentados en frente viajan una pareja de novios, ella le mira resignada, en realidad sólo corre por la insistencia de su pareja en que le acompañe, y a él le sale la vena proteccionista y le repite una y otra vez que va a ir a su ritmo que lo importante es llegar. Al lado nuestro va un corredor que no puede negar que lo suyo es el triatlón sus piernas de ciclista le delatan y también unas zapatillas muy llamativas con cordones de cierre rápido. Escucho la conversación de un grupo de amigos corredores, siempre es una mezcla de pique entre ellos y excusas para cubrir un posible fracaso, la típica “llevo sin poder entrenar las últimas semanas” junto a la muy utilizada “arrastro una lesión”, pero siempre seguido de previsiones de paso por kilómetros que a mi me alucinan, hablan con normalidad de correr los primeros kilómetros por debajo de los 4 minutos para reservar y atacar en los últimos kilómetros y estar cerca de los 35 minutos en la meta. También nos acompaña algún corredor veterano que se sonríe al comprobar nuestro nerviosismo, ellos siempre parecen tranquilos están curtidos en mil batallas pero si te fijas un poco mas siempre descubres algún detalle que delata que intentan disimular el  gusanillo de la carrera.


En esta ocasión había conseguido reclutar un gran equipo entre los compañeros de la oficina. Pero al final sólo tres han llegado a la línea de salida mientras que los demás se han quedado en el camino. Poniendo como excusa celebraciones familiares, lesiones fantasmas o falta de entrenamiento para ocultar el miedo escénico.

Entre los valientes que se enfrentan a los 10 km, está la gacela soriana en su afán de reventar todas las marcas de la empresa, y dos novatillos a los que ya he engañado en ocasiones anteriores para cubrir la distancia, por lo que no se estrenan, pero a los que no he conseguido enganchar al friqui mundo de los runners.

Llegamos a donde hemos quedado con el resto del equipo, ya están allí dos de nuestros acompañantes y la mujer de uno de ellos, ella si que tiene merito se ha levantado un domingo para acompañarnos y animarnos en nuestra pequeña aventura. Sólo nos falta el isleño que llega tarde. Cuando ya le vamos a llamar aparece con toda la tranquilidad del mundo. Su cara delata que no ha descansado lo suficiente, insiste en que no salio anoche pero al final confiesa que la fiesta la celebro en casa.


Calentamos un poco y nos cruzamos con Chema Martínez y Vanesa Veiga, última ganadora del MAPOMA. Será la única vez en que podamos correr junto a ellos durante la carrera, una vez que den la salida ellos volaran sobre las calles madrileñas mientras nosotros nos arrastramos. Pero al menos podemos decir que competimos en la misma carrera, haciendo un símil futbolero es como si jugáramos en un partido de liga junto al gran Raúl González. 

La Organización ha marcado cajones de salida en función del número de dorsal y este se otorga según la marca personal. A mí no me cuadra pues tengo un número posterior a mi cuñado y sólo puede ser que me lleve engañando durante el último año o ha mentido con su marca. En cualquier caso nos colocamos en la parte trasera como en otras ocasiones, animo al soriano a que se adelante para salir mejor colocado, pero está sobrado de fuerzas y le da igual, dice que ya adelantara por las aceras a todas los lentos que tenemos por delante.

Salida y a correr, la gacela nos deja rápidamente y yo decido irme con mi cuñado buscando una marca por debajo de los 50 minutos. Abandono a los noveles, para que se acompañen mutuamente y corran tranquilos. Haciendo zigzag entre los corredores vamos avanzando rápidamente y en seguida alcanzamos a la liebre de los 55 min. Ya estamos más cerca de nuestra posición de carrera pero al girar para tomar Paseo de la Habana se produce el primer tapón. Es complicado adelantar sin estorbar al resto de los corredores y decido tomármelo con más calma. Bajo el ritmo, el primer kilómetro lo hemos corrido por debajo de los 5 minutos, pero sigo adelantando a mucha gente que va de “tranqui”.

Ya estoy caliente y para mi alegría no me duele el gemelo que me ha estado dando problemas en los últimos entrenamientos, como veis yo también pongo excusas por si la carrera no se me da bien. Intento correr junto a mi cuñado, pero con tanta gente es prácticamente imposible, aparece y desaparece entre los corredores. Llegamos a Pio XII y la zona de toboganes donde la carrera se aligera un poco, opto por correr a mi ritmo y que me siga si puede.

Llego al primer punto de animación en el recorrido, en la Plaza del Perú he quedado con unos compañeros de trabajo que viven sobre la misma plaza y han prometido bajar para animarnos. Por mucho que busco no los veo por ningún lado, está claro que se han quedado en la cama. El lunes cuando llegue al trabajo se van a enterar, les pienso poner una gran cruz negra para varios meses.


Tenemos que superar un pequeño repecho para tomar otra vez Paseo de la Habana, es una bajada muy favorable, nos permite subir el ritmo y la carrera se estira. He perdido definitivamente a mi cuñado y ya corro solo cuando llegamos a la altura del estadio Bernabeu. Mientras que la gente recorta por la acera en la curva de la Plaza de los Sagrados Corazones, yo prefiero mantener el recorrido completo.

A partir de ese momento comienza la parte más dura del recorrido, pero voy ligero y sin dolor, lo que me anima y cuando tomo la Castellana mantengo el buen ritmo que llevo. Antes de llegar a la Plaza de Castilla ya he alcanzado también al globo de los 50 min, ahora si que estoy en mi posición de carrera. Tomo la rotonda de la plaza y enfilo la parte más típica de la carrera la larga “bajada” por la calle Bravo Murillo. Ancha y con un suave desnivel anima a alargar la zancada y subir el ritmo, eso hago y empiezo a disfrutar de verdad de la carrera. Sin darme cuenta ya estoy en la plaza de Cuatro Caminos.

Mi segundo punto de animación está en la calle Santa Engracia. Mi familia debe estar preparada pues la carrera pasa justo por la puerta de mi casa. Ya desde lejos veo a mi mujer y a mi enana, me salgo del recorrido y cruzo de acera para saludarlas. La canija aplaude a todos los corredores que pasan, pero cuando me ve venir lo hace todavía más fuerte. El mayor no ha bajado porque esta con el pie roto, en realidad porque todavía esta en pijama, y es que la adolescencia es muy dura.
 


Con nuevos ánimos me reincorporo al pelotón de corredores. Paso el cartel del km 9, aprovecho el momento para mirar el reloj que he olvidado durante la mayoría de la carrera. Me sorprende pues marca 40 minutos largos, me anima la posibilidad de volver a bajar de la barrera de los 45 y acelero el paso para conseguirlo. Este último kilómetro lo conozco perfectamente pues lo recorro cuando comienzo y termino todos mis entrenamientos. Me descoloco un poco cuando nos meten por dentro del parque de Santander yo esperaba que lo rodearíamos por la calle, pero tomo el tatami y tiro de todo lo que me queda. Nos vuelven a sacar por la puerta de la esquina opuesta que normalmente esta cerrada en donde se ha formado un pasillo con la gente que anima.

Ultima recta final por la calle para cruzar el arco de meta en 44 minutos exactos. Me hace mucha ilusión haber terminado el último kilómetro en menos de 4 min. Ya puedo descansar mientras espero al resto que van llegando con cuentagotas.

Hemos salido todos juntos pero cada uno ha optado por correr a su ritmo. El soriano una maquina por debajo de los 40, casi con marca para entrar en la San Silvestre internacional. Mi cuñado enfadadísimo, se ha relajado en la segunda parte de la carrera y no ha bajado de su mejor marca. El isleño llega como una moto, el año pasado por estas fechas en su primer 10,000 sufrió mucho para bajar de la hora y hoy ha rebajado esa marca en varios minutos y llega a la meta sobrado, tanto que ya esta pensando en cuando vamos a correr por la montaña. Y su pareja entra un poco después pero claramente por debajo de la hora y en su caso con mucho merito pues tiene unas ampollas impresionantes en la planta de los pies.

Reunidos todos celebramos la estupenda mañana de carrera, esta claro que el recorrido es muy favorable y eso siempre ayuda. Foto de despedida para inmortalizar el momento y cada uno a su casita.


Domingo perfecto, buen recorrido, buenas sensaciones y sobretodo buena compañía. Si además a eso unimos que me he encontrado físicamente bien y mi tiempo final sin superar mi mejor marca personal ha sido bueno, no puedo hacer otra cosa que decir que la carrera ha sido un éxito.

Terminada puedo marcar una x más en mi reto de los Top Ten de los 10.000 madrileños y completar así cuatro de las diez clásicas. Próximo gran objetivo el Maratón de Zaragoza en el mes de septiembre, por delante se me presentan unos meses veraniegos de calor y muchos kilómetros. Creo que deberé amenizarlo con alguna nueva carrera, conociéndome seguro que se me ocurre alguna buena idea para no aburrirme.

jueves, 23 de mayo de 2013

Carreras de montaña otra forma de correr

Vamos a ser los primeros en estrenar esta carrera de 18 Km por el Monte del Telégrafo cercano a Becerril. El recorrido es sencillo tres subidas al monte con sus tres bajadas, saliendo y volviendo al polideportivo del pueblo. Cada trazado por una ladera distinta de la montaña para dibujar un trébol del que le viene su nombre. La subida tiene un desnivel menor de 500 m lo cual no es demasiado llamativo si nos fijamos en los picos cercanos, pero el acumulado total suma los 1000 m y es algo más significativo.

Cada subida nos depara una visión muy distinta de la sierra madrileña, la primera ascensión nos permite ver los grandes montes centrales con la Maliciosa en primer termino y el embalse de Navacerrada, la segunda nos muestra el valle del río Guadarrama y de fondo los montes del extremo sur con el Abantos como gran referencia y en la tercera y última la vertiente más norte de la sierra con la Pedriza a las faldas de la montaña, todo un espectáculo. Disfrutar de esta vista panorámica de toda la sierra madrileña es uno de los grandes alicientes de la carrera.


En esta ocasión ha sido mi compi de trabajo el que me ha liado para correr esta carrera de montaña, aunque es cierto que no he opuesto mucha resistencia, por eso paso a buscarle por su casa para ir juntos hasta Becerril. El quería acabar la temporada estrenándose en el monte, aunque creo que se ha excedido al elegir la carrera, tiene pinta de que va a ser francamente dura.

Cuando le recojo en Pozuelo el termómetro marca 8ºC y es que el tiempo ha cambiado y hemos vuelto al duro invierno. La previsión del tiempo daba para el fin de semana lluvias y hasta nieve en la sierra. Al final no ha sido para tanto aunque la Organización nos ha mandado un mensaje comunicando que es obligatorio el uso de corta vientos. Parece que la carrera puede ser “épica”.

Mientras nos acercamos a la sierra la temperatura en el termómetro va bajando, cuando llegamos a Becerril marca 2ºC. Si a esta temperatura le sumamos el viento, tenemos una sensación térmica bajo cero. Veo que la gente ha vuelto a vestirse con las mallas largas, gorros y guantes, yo vengo equipado con pantalones corto pero al menos he sido previsor y traigo la térmica.

Recogemos el dorsal y ya empezamos a ver que en esta carrera hay mucho nivel. No reconozco a ninguno de los típicos domingueros de otras carreras, me sospecho que los novatos vamos a ser nosotros. Decido cambiar mi objetivo, la idea inicial era bajar de las 2 horas, pero parece complicado, me conformare con no llegar el último.
 


Localizo a uno de mis primos que también está apuntado a la carrera. Es un corredor experimentado y muy aficionado a la montaña, por lo que me va a servir de referencia. Después de mucho tiempo voy a tener una rueda a la que seguir, a ver que tal se me da.

Mi primo viene acompañado de un amigo suyo también corredor. Van a aprovechar el recorrido para preparar otras carreras, mi primo el maratón de montaña de Los Soplados en Cantabria y su amigo el Trail de Peñalara, eso si me aclara que el recorrido corto sólo “60 KM”. No parecen ruedas fáciles de seguir, aunque me prometen que van a ir “tranqui”. Creo que su tranqui no va a ser mi tranqui, pero decido juntarme con ellos. Mi compi desde el principio ha desistido de intentarlo y correrá a su ritmo como hace siempre.

Ya estamos preparados y pasamos el control en el cajón de salida. El viento vuelve a apretar  y tumba el arco de salida, a pesar de ello la Organización ha quitado la obligación de vestir corta vientos. Yo me lo he dejado puesto, creo que lo voy a necesitar además es el último capricho que me he comprado y todavía no he podido estrenarlo en condiciones.
 


Arrancamos de los últimos, no tenemos prisa por atacar la primera subida al Monte del Telégrafo, que aunque comparado con los picos de la cercana sierra parece una tachuelita, creo que se me va a hacer larga. Primeros metros por asfalto saliendo del pueblo, me despido de mi compi que se va quedando atrás, está claro que se lo va a tomar con tranquilidad. Todavía las fuerzas están intactas y vamos conversando mientras abandonamos el asfalto para pisar tierra y empezar una subida suave.

Primer ascenso

Mientras nos vamos metiendo en el pinar de la ladera, el camino se hace más estrecho y abrupto y sobretodo la pendiente aumenta. Se acabo la conversación y pongo toda mi atención en seguir corriendo. En algunos metros tengo que caminar, pero la mayoría de la subida la hago corriendo sin dificultad. Llegamos al final de la subida y nos encontramos con la primera “sorpresa” del recorrido, el camino queda cortada por un verja metálica y sólo se puede saltar, escalando una gran roca. En fila y ayudándonos de las manos vamos cruzando de uno en uno.

Comienza la bajada, la pendiente nos obliga a bajar rápido. Aunque no hay camino marcado, la bajada no es demasiado técnica y puedo correr cómodo. Voy adelantando a mucha gente tanto subiendo como bajando y aunque con esfuerzo no pierdo la estela de mis acompañantes. La bajada es divertidísima, mezcla tramos de saltos y trialeras con zonas más abiertas entre pinos que permiten recuperar. Acaba el descenso y está el primer avituallamiento en una especie de alberca, nos reagrupamos y bebo algo de agua.

A partir de ese momento la carrera transcurre por la parte baja de la ladera del monte sin ganar altura. Es una senda bien marcada entre pinos próxima a la carretera, es estrecha y no nos permite correr en paralelo, por lo que vamos todos en fila india a un ritmo rápido y constante. Me voy recuperando del primer esfuerzo y tomando el pulso a la carrera. El corredor que va delante de mi me avisa que si quiero pasar se echa a un lado, voy cómodo pero no sobrado y prefiero aprovecharme de él y seguir el ritmo que me marca.
 

Segundo ascenso

Abandonamos el sendero y comenzamos la segunda subida. Hay montado un control donde van apuntando los dorsales, yo lo llevo cubierto por el cortavientos y cuando paso oigo cantar “Sin dorsal”. Tengo que retroceder para darle mi dorsal aunque creo que no lo apunta, espero que después de venir hasta aquí no aparezca como descalificado.

El primer tramo de esta segunda subida es en ligera pendiente por un prado, pero en seguida nos metemos de nuevo en el pinar y desaparece el sendero. Esto si que empieza a parecerse a lo que yo me esperaba de esta carrera. Subida en hilera, por supuesto andando, el camino ha pasado de ser una senda a convertirse en un largo tramo de escalera.

Ya no corro sólo con las piernas y empiezo a utilizar los brazos como ayuda. Para agarrarme a los pinos en los tramos más escarpados o para apretar sobre los muslos para darme algo de empuje adicional. Aun así se me hace muy dura la subida, de forma incontrolada voy resoplando para intentar coger algo más de aire. Cuando es al contrario y otro corredor me va resoplando yo me pongo muy nervioso, por eso estoy por pedir disculpas a la chica que va delante mio y que va aguantando mis bufidos, pero no tengo resuello para hablar.

Llevo a mi primo unos metros por delante y en la subida me va sacando algo de distancia, por detrás viene su amigo, me consuela pensar que a pesar de que no me noto fino aguanto a su ritmo. Por fin acaba la subida por la escalera cuando empezaba a plantearme que hago aquí sufriendo.

Volvemos a correr ya con menos pendiente rodeando la cima hasta alcanzar el edificio abandonado de la estación de telégrafo que da nombre al monte. Desde esta ladera tenemos unas vistas espectaculares del Escorial, el Valle de los Caídos y al fondo Madrid. Intento disfrutar de la panorámica pero no puedo despistarme del terreno sino quiero tropezar.

Llegamos al segundo avituallamiento mucho más completo que el primero, paro y aprovecho para tomar fruta algún fruto seco y agua. El trío nos volvemos a reagrupar y arrancamos la segunda bajada. Esta transcurre por una ladera despoblada de árboles, y con el suelo muy verde. Hay que tener cuidado porque hay zonas muy resbaladizas.

De repente los de delante se paran, nos hemos perdido, yo ya tengo bastante con seguir el ritmo del que va delante y no me he fijado en las marcas. Decidimos tirar en horizontal por la ladera buscando las balizas. Pocos metros a la derecha las localizamos y arrancamos otra vez la bajada trepidante, es un tramo muy rápido.

Consigo finalizar el descenso sin más percances, las zapas han respondido muy bien dándome el agarre que necesitaba en los tramos más mojados y complicados. Tomamos un sendero en horizontal por la ladera donde volvemos a correr de forma normal. Es espectacular la vista de La Pedriza desde está altura, por esto merece la pena la subida.

Sigo a mis compis que van a buen ritmo, tenemos que adelantar a varios grupos que van más lentos pero no quiero perder su rueda. Tener una buena referencia, me está obligando a exigirme, no se si me pasara factura al final.

Tercer ascenso

Comienza la última subida, que transcurre por un cortafuego. No hay forma de correr por el pedregal y subimos desde el principio andando, no sé si los superclase serán capaces de subirlo corriendo. Mientras subimos, unos ciclistas bajan en sentido contrario, no  parece buena idea porque tienen que frenar para evitar la fila de corredores.

La Organización por fin nos saca del corta fuegos para hacer el último tramo por el pinar, pero  el ascenso sigue siendo lento y trabajoso. Mis piernas empiezan a quejarse y voy perdiendo a mis compis, pero aguanto a mi ritmo sin que nadie me adelante. Acaba el tramo duro y veo como uno de los corredores que sube varios puesto por delante empiezan a correr, tiene un efecto domino y van arrancando uno a uno sucesivamente los corredores que me preceden. Llega mi turno y mi orgullo no me deja ser menos y arranco, aunque al principio las piernas se quejan, la verdad es que me siento más cómodo y subo a ritmo lento pero continuo. Algunos que van delante tienen que parar para volver a andar pero yo consigo llegar al último avituallamiento sin detenerme donde me esperan mis liebres.

Ahora si que me tomo mi tiempo para reponer fuerzas, plátano, chocolate y bebida, mientras comentamos lo larga que se ha hecho la última subida. Con los ánimos repuestos que no las piernas, arrancamos la bajada. Está es la más técnica de las tres, vamos en línea por un estrecho sendero con mucho desnivel y saltos sucesivos. Vamos esquivando pinos y tengo  claro que cualquier resbalón o duda me llevara a chocarme con alguno. Las fuerzas me van faltando y aunque bajo a muy buen ritmo, voy con muchas más precauciones que en las otras bajadas. En algunos tramos me veo obligado a frenar para no caerme y es cuando las piernas protestan de verdad.
 


Durante la bajada cruzamos un par de veces una carretera que sube la ladera haciendo eses. Nosotros como locos bajamos en línea recta directos a nuestro destino, nada de atajos. Delante mío algún corredor tiene dificultades para mantenerse en pie, y de hecho veo como bajan a un lesionado apoyado en un voluntario y otro corredor, no puede ni apoyar el pie. Cuando llego a la meta compruebo que no es el único damnificado y que la enfermería está completa, tengo suerte de haber llegado entero con mi poca experiencia en estas carreras.

Abandonamos el monte para tomar los caminos asfaltado que atraviesan las urbanizaciones y nos lleva al polideportivo del que salimos. El primer tramo es una larga rampa de subida y se hace dura, algunos corredores tienen que volver a andar, pero aunque se me hace muy larga no estoy dispuesto a pararme.

Este final de asfalto se me hace apestoso, estoy deseando llegar. Cruzamos la carretera principal, donde la policía detiene el tráfico para que pasemos y por fin la última recta. Al fondo veo un grupo de corredores y me marco el objetivo de adelantarlos antes de la meta. Mientras mantengo el ritmo, me pasa un corredor, lo que demuestra que siempre hay alguien más rápido que tú. Consigo adelantar en los últimos metros a mis predecesores, entre ellos a una chica, el speaker y el público fija toda su atención en ella pasando del resto de nosotros. De hecho en las fotos publicadas de la llegada ella tiene dos fotos y yo ninguna.

Termino en dos horas largas, a un par de minutos de mis compis que me han dejado atrás en la bajada. Para terminar un avituallamiento final de lujo, fruta variada, jamón y queso, bebida isotónica, agua, coca cola y hasta cervecitas. Todo lo necesario para reponer fuerzas, un diez para la Organización.

Mis liebres de la carrera se despiden mientras yo me quedo a esperar a que llegue mi compi de curre. Me citan para hacer un entrenamiento de montaña para después del puente, les digo que me avisen aunque creo que seré un lastre. Mi compi aparece por fin, machacado pero orgulloso de no ser el último, aunque ya no quedan muchos por llegar. Le recibo como si hubiera ganado aunque solo sea por compañerismo.

Terminada la carrera creo que he sufrido más de lo que he disfrutado, aunque tengo que reconocer que algunos tramos han sido espectaculares y muy divertidos, debo aceptar que tendré que entrenarme más en montaña para adaptarme a otra forma de correr si quiero ir más cómodo.

La única gran ventaja es que te olvidas del crono, no hay forma de mantener un ritmo de carrera continuo. Cuando subes el tiempo pasa lento y cansino y al lanzarnos en las bajadas la velocidad se dispara y todo es rápido, por lo tanto poco importa los minutos por kilómetro, los tiempos de paso o cualquier referencia del cronómetro.

Como nos ocurre a muchos corredores de asfalto, me queda la duda de si a esto se le puede llamar correr, las pendientes tan pronunciadas nos obligan a subir andando y bajar saltando. Cuando ascendemos vamos resoplando y en algunos tramos casi a cuatro patas, tirando de piernas, brazos, pulmones y cualquier cosa de la que podamos.  Pero cuando bajamos los pulmones no sufren pero vamos rezando para no caernos y rogando que se aparten los obstáculo de nuestro camino porque será difícil que podamos frenar.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Diversión por los montes de Hoyo de Manzanares

En los últimos años se ha producido un gran crecimiento de las carreras de montaña tanto en número de pruebas como en la participación. Este aumento tiene su origen en el impacto mediático de las grandes ultra trails de más de 100 km, pero sobretodo en la aparición de nuestro gran campeón Kilian Jornet que ha popularizado esta disciplina en nuestro país.

Muchos corredores populares de asfalto han querido probar en la montaña buscando nuevas sensaciones. Pero se han encontrado con que las carreras clásicas de montaña no son adecuadas para principiantes, por sus largas distancias y la dureza de sus desniveles. Como consecuencia han aparecido un nuevo tipo de pruebas en montaña, de menor kilometraje y técnicamente más asequibles.

La carrera de Hoyo de Manzanares podemos englobarla en este grupo. Pertenece al circuito RACES TRAIL RUNNING, de carreras de iniciación a la montaña que organizan Adidas y El Corte Ingles. Lo componen carreras cortas y de poca dificultad en distintos lugares de España. Es el segundo año que se realiza y se repiten las carreras madrileñas de Hoyo y el Escorial, la segoviana de la Pinilla y la alavesa de Vitoria-Gateiz con respecto a la edición anterior. Esto demuestra el gran éxito que han tenido estos recorridos.

En Hoyo de Manzanares se corre por un circuito poco exigente en desnivel, pero con un continuo sube y baja. Existen tramos trialeros de nivel medio y caminos de tierra realmente sencillos, esta mezcla la aproxima a un recorrido asfaltero en ritmos y permite al corredor recuperarse de los esfuerzos.

www.racestrailrunning.es














Esta es mi primera experiencia en una carrera de montaña, hasta ahora sólo me he acercado corriendo al monte en solitario y en entrenamientos más bien cortos y suaves. Por eso para estrenarme he elegido este recorrido bastante relajado, sin grandes desniveles y con muchos tramos de camino.

El día amanece esplendido, parece que por fin ha llegado la primavera después de un invierno con muchas nieves. Podemos desempolvar la camiseta de manga corta y las gafas de sol. Llego a Hoyo con tiempo para evitar prisas, aunque el primer aparcamiento previsto por la Organización ya está completo, pero no tengo problemas para aparcar en una calle cercana. El arco de salida está montado en la plaza del ayuntamiento y aunque cuando llego falta una hora para que comience ya hay un ambientazo.


Mientras caliento me doy cuenta de que los corredores que nos hemos dado cita en la carrera nos agrupamos en dos tribus muy distintas. Unos no podemos disimular que somos corredores de asfalto, la equipación nos delata, camiseta de tirantes, calcetín corto y algunos hasta calzan zapatillas sin taqueado. A los más montañeros se les identifica perfectamente, la mayoría visten medias de compresión, zapatillas modelo bota de montaña y el buff en la cabeza es indispensable. Los más genuinos con camisetas de camuflaje.

Pero no sólo la ropa nos diferencia, la gente se equipa con nuevos accesorios poco habituales en las carreras de asfalto. Cargan con riñoneras porta bidones y hasta los más exagerados con mochilas de hidratación. Algunos radicales se arman de bastones.

Me pongo de los últimos en la salida, no tengo prisa y quiero ir tranquilo sobretodo al principio. Me llama la atención que el speaker nos recuerde que permitamos el paso a los más rápidos en las zonas estrechas, me vienen a la mente los grupetos que se forman en el asfalto y que nos obligan a variar nuestro ritmo.


Salida y a correr, somos unos 1000 corredores y para estas carreras por monte resultan demasiados. Los primeros kilómetros de asfalto y camino de tierra son anchos y permiten correr cómodo, pero la cosa se complica cuando empezamos a correr por las trialeras. Los tapones son continuos y casi hay que pedir turno para bajar. Hasta la mitad de carrera el recorrido no se despejara de gente y tendremos que correr en fila india en los tramos más estrechos.

A partir de que abandonamos los caminos y nos vamos metiendo en el campo, el recorrido se convierte en algo más montañero, aunque es posible correr en prácticamente todos los tramos. Me lo paso como un enano, sobretodo bajando por las trialeras más estrechas, con continuos cambio de dirección y pequeños saltos y en las subidas aguanto muy bien el ritmo y sólo tengo que andar al final de un tramo, más porque la gente se para delante mío que por que la pendiente pueda conmigo.

Aunque últimamente no ha llovido, los riachuelos bajan con agua y en el primer tramo de la carrera tenemos que cruzar un par de ellos. Aparece el barro y las zapatillas con tacos se agradecen. Podemos decir que es la parte más “autentica” de la carrera, empezamos a parecer corredores de montaña con las zapatillas y la ropa embarradas.  

Avituallamiento a mitad de recorrido y siguiendo las recomendaciones de los expertos en Internet, me lo tomo con calma y me paro para poder beber con tranquilidad el isotónico que nos dan en vasos y no acabar bañado en líquido.


A partir de ese momento queda la última “gran subida”, un primer tramo ancho sin problemas donde adelanto a mucha gente que sube andando y el último tramo entre rocas y estrecho, aunque también lo subo corriendo, bueno más bien saltando. Pero como todo lo que sube tiene que bajar, nos lanzamos en un descenso rápido entre grandes rocas. No me libro de algún tropezón y el susto correspondiente, pero consigo no dar con mis huesos en el suelo.

Fin de la bajad y dejamos la zona de monte rocoso para correr ahora por un prado. La velocidad aumenta, aunque debemos tener cuidado por que el suelo esta húmedo y con barro y produce algún resbalón, sobretodo si pisamos las cacas de vaca que son habituales en esta zona.

Dejamos el prado para tomar un sendero entre arbustos que nos conduce de vuelta al pueblo. Los que van delante avisan de las ramas y hay que utilizar las manos para pararlas sino queremos llevarnos un buen latigazo. Y para fin de fiesta tenemos que saltar una valla de piedra para tomar las calles del pueblo, una policía municipal nos avisa que tengamos cuidado, que las rocas están húmedas y resbalan. De uno en uno saltamos sin apuros y a bajar por las calles del pueblo hasta la plaza.

Cruzo la meta con la sensación de que la carrera se me ha quedado corta, quiero más camino y rocas, pero será otro día.


Atasco para recoger el avituallamiento y la bolsa del corredor, formamos un tapón que casi impide que la gente cruce la meta. Fallo de previsión de la Organización que nos achucha para que nos demos prisa en avanzar, como si el problema de que no haya suficientes voluntarios sea nuestra.

Carrera perfecta para los asfalteros que queremos iniciarnos en el monte. Pocos kilómetros con tramos muy trialeros y divertidos pero sin grandes exigencias técnicas, ni pendientes insalvables. Muy buen ambiente y bastante gente animando en el recorrido para ser una carrera por el monte.

domingo, 28 de abril de 2013

Todos corriendo en la Media de Madrid

La Media Maratón de Madrid es sin duda la reina de su distancia entre las carreras que se realizan en Madrid. Pero además junto a la San Silvestre Vallecana y el MAPOMA forman el triunvirato de las tres distancias, que todo corredor popular madrileño debe correr alguna vez en su vida.
A nivel nacional ocupa también un puesto de honor por ser la de mayor participación, juntar 10.000 corredores en una distancia tan exigente es todo un éxito. Cada año su proyección internacional es mayor y ya en la carrera popular empezamos a encontrarnos con muchos corredores de otros países, parece una gran torre de Babel.
El recorrido muy “castizo”, siendo Madrid una ciudad con mucha cuesta el circuito no las evita y resulta exigente. Salida del Retiro en ligera cuesta y primeros 3 km mitad subida y mitad bajada. Dejamos la calle Serrano para cruzar Castellana y comenzar una constante subida de 6 km por las calles Almagro, Santa Engracia y Bravo Murillo, para llegar a la Plaza de Castilla y lanzarnos en bajada hasta el km 10.
A partir de ese momento un tramo de toboganes, continuos subes y bajas exigentes que acaban con una dura subida por la calle Diego de León para dejarnos ya muy tocaditos en el km 15. Ya “sólo” nos queda dar la vuelta al Parque del Retiro para volver a entrar por la Puerta de Madrid. Una larga y pronunciada bajada nos prepara para 2 km finales muy exigentes, la cuesta de Alfonso XII hasta la Puerta de Alcalá se agarra a las piernas, pero el último tramo por la calle de Alcalá acaba con las pocas fuerzas que te quedan y hace que la recta de llegada dentro del Retiro se nos haga interminable.
www.mediomaratonmadrid.es









En mi caso sólo puedo decir que la MMM es “MI CARRERA”. Fue donde me estrene como corredor, es la carrera de mi ciudad, la distancia que más me gusta y atraviesa mi barrio casi por delante de mi casa. Mi historia con esta carrera comenzó hace tres años, poco si se compara con sus 13 ediciones como media maratón y las 12 anteriores en la distancia de 20 km.
En la edición del 2011, donde me estrenaba, conseguí terminar en un tiempo más que aceptable pero sufriendo muchísimo en los últimos 5 km. No puedo decir que disfrutara, sobretodo cuando a falta de 3 km mi compañero de carrera, al que había dejado en los primeros kilómetros de carrera, me pasara como un rayo saludándome animosamente y yo sólo fuera capaz de hacer un gesto con la mano mientras intentaba mantener mi ritmo cansino.
La edición del 2012 fue otra cosa. Ya tenía mucha más experiencia, estaba en plena preparación para el Maratón de Madrid y disfrute mucho de la carrera realizando un tiempo estupendo. Lo mejor es que cruce la meta sonriente y satisfecho.
En esta edición del 2013, mis objetivos son otros. Mi temporada de asfalto está terminando hasta verano que comience a preparar el maratón otoñal y quiero acompañar a mis dos compis en su estreno en esta  carrera.

He quedado con ellos y llego un poco tarde, mi compi de curre se pone nervioso y me llama al móvil, parece que tienen ganas de empezar. Se había buscado una nueva pareja de baile para librarse de correr conmigo, pero le ha dejado tirado, parece ser que se ha dejado las zapatillas de correr en casa de la novia y llegara más tarde, apunto la justificación para incluirla entre las mejores diez excusas para no correr. Por lo tanto los tres mosqueteros cabalgaran de nuevo sobre los 21 km.



Nos colocamos en la salida, ya colapsada desde muchos minutos antes de darse la salida. Entre los nervios y los últimos preparativos nos vamos apretando como sardinas en lata. Salida y a “andar”, porque con tanta gente nos cuesta casi 5 minutos cruzar la línea de salida, aunque eso si sin empujones ni prisas porque todavía quedan muchos kilómetros por delante.
Arrancamos por fin y hacemos los primeros metros acompañados de una de las varias brigadas de paracaidistas que corren todos los años en la carrera. Esta es de las más serias, y corren en perfecta formación, entonando cánticos entre marciales y picantes que nos sacan a todos una sonrisa. La verdad es que se agradecen los ánimos sobretodo cuando la carrera se hace más dura.
Nos cuesta un par de kilómetros alcanzar y adelantar al globo de las 2 horas, esta deberá ser nuestra posición hasta la meta. Cruzamos por encima de la Castellana sobre el puente de Eduardo Dato, el trote acompasado de los cientos de corredores que cruzamos a la vez, hace que notemos que la estructura vibra bajo nuestros pies. Mi cuñado que es Ingeniero de Caminos me tranquiliza asegurando que el diseño aguanta esto y mucho más, pero yo no me quedo tranquilo hasta que abandonamos el puente y pisamos tierra firme. Sé por experiencia que los ingenieros suelen errar en sus cálculos.
Afrontamos los kilómetros de subida, a mi es la parte de la carrera que más me gusta, tiene bastante público que anima y me vengo arriba haciendo que mis compis tengan que subir algo el ritmo. Corremos a una media de 5:30 el km, yo disfrutando de la carrera pero creo que ellos van sufriendo algo más. Llegamos a uno de los puntos clásicos del recorrido que todos recordamos de esta carrera, el paso a la altura del parque de bomberos de Santa Engracia. Todos los años los bomberos sacan los camiones y nos animan con las sirenas y en algunas ediciones hasta nos remojan con las mangueras si hace calor.

Estamos en mi barrio y mi equipo de animación no tiene excusa para no estar en su sitio. A la altura de Ríos Rosas buscamos a mi hermana y sus hijos para que animen a su padre, pero no aparecen les ponemos falta “grave”. Pero metros más adelante encontramos a mi prima corredora con la que no contábamos, nos paramos a saludar y a convencerla de que el año que viene tiene que animarse si las lesiones se lo permiten.
Mi familia está en su sitio, el primer año fallaron pero desde entonces siempre me esperan en el mismo sitio. Me paro a dar un beso a mi enana, que este año no llora al verme pasar. Me anima para que gane y le traiga un premio, bendita inocencia para ella siempre gano, no sabe que la camiseta y la medalla nos la dan a todos sólo por terminar la carrera.
Pasamos Cuatro Caminos y la cuesta nos da un respiro. Vamos a buen ritmo y ahora estamos más cerca del globo de la 1:55 y empezamos a dejar atrás al de las 2:00 todo un éxito. Ya vemos de lejos las torres KIO que indican la proximidad de la Plaza de Castilla y el final de la cuesta, sólo queda un último esfuerzo y a comenzar la bajada.
Los acompañantes me aguantan bien, aunque mi compi de curre empieza a quejarse de dolores en una pierna, mal asunto pues todavía no hemos pasado el ecuador de la carrera. Le animo para que relaje aprovechando la cuesta abajo, pero parece que en las bajadas le duele más que en las subidas.
Cruzamos por el control de los 10 km, que marca el final de la bajada. Mi compi no mejora y yo me quedo con el mientras mi cuñado toma unos metros de distancia, el globo de las 2:00 se nos esta echando encima. La zona de toboganes complica algo más la situación, debo tomar una decisión y le abandono animándole que se agarre a la liebre. Arranco y en pocos metros alcanzo a mi cuñado, se que nuestro ritmo podría ser mejor pero es preferible conservar.
En la exigente cuesta de Diego León le pierdo de vista, no puede estar muy lejos pero aunque bajo el ritmo no veo aparecer su gorra blanca. En pocos kilómetros he perdido a mis dos acompañantes, decido que tengo que parar y esperarle. Me echo al un lado y por fin le veo aparecer con cara de despistado.

Esta es la zona con más público, se forma un pasillo estrecho por donde pasamos los corredores, es una sensación estupenda sentirse tan arropado. Empezamos la vuelta por el exterior del Retiro, es un descenso pronunciado y la velocidad aumenta, aunque los veteranos de la carrera sabemos que todavía queda el último repecho.
Terminamos la bajada con muy buen ritmo, pero veo que a mi cuñado le cambia la cara. No se lo puede creer le ha dado flato en el peor momento, justo antes del último esfuerzo. Le prohíbo hablar y que se concentre exclusivamente en la respiración, se supone que es el método para que se pase, pero los que lo hemos sufrido alguna vez sabemos que no funciona y el flato siempre viene por sorpresa y también nos abandona de repente.
Con esta situación atacamos la subida por Alfonso XII, primer tramo brutal, pero luego se relaja y podemos respirar. Aunque mi cuñado pierde fuelle y tenemos que bajar el ritmo. Igual que vino se fue y recuperamos ritmo al pasar a la altura de la Puerta de Alcalá. Ya sólo queda el último esfuerzo y vamos sobrados para bajar de las dos horas.
Viéndole perfectamente recuperado, decido abandonarle en la Puerta de Madrid para desandar el camino en busca de mi otro compi. Espero encontrarle muy atrás pero sorprendentemente viene pocos metros después del globo de las 2 horas, subiendo ya la cuesta de la calle Alcalá. Con mala cara pero aun corriendo, ha sufrido durante más de 10 km para llegar hasta este último tramo.
Me pongo a su altura y me adapto a su ritmo para animarle en sus últimos kilómetros. Nos pasa la brigada paracaidista con la que salimos, mantiene su formación y todavía siguen con los cánticos, hasta son capaces de gritar un “Viva España” muy patriótico vitoreado por parte de los corredores.
Entramos en el Retiro y ya avanzamos por la “eterna” recta de meta. Es el momento de disfrutar. Mi compi tiene aun tiempo de echar un saludo a su familia que le anima desde un lado de la avenida, antes de alzar los brazos al cruzar la meta. A mi me entra la risa, la imagen es perfecta para el video de llegada aunque resulte un poco grotesca entre tanta gente.

Le felicito de verdad mientras se intenta recupera del esfuerzo. Llega con las piernas duras y con cierta sensación de mareo, pero en cuanto recupera un poco y bebe líquido la cara le cambia y me recuerda a mí hace dos años cuando cruce por primera la meta de la MMM.
Recuperamos a mi cuñado que esta pletórico por haber bajado de la fatídica barrera de las 2 horas. Aunque él y yo sabemos que ese no es su límite. Con nuestras medallas y para que quede para la posteridad nos hacemos la foto de rigor. Los tres mosqueteros han vuelto a triunfar, creo que para otoño deberemos buscar nuevos retos.
En el descontrol conseguimos localizar a la chica de mi compi. Antes de felicitarle ya le prohíbe volver a correr, esperemos que se le pase pronto pues ya nos hemos apuntado a correr por el monte a finales de mes. Me despido y junto con mi cuñado nos vamos para casa, feliz por haber disfrutado un año más de estos 21 kilómetros y ya pensando en volver el año que viene.

Creo que después de está crónica no puedo negar que le tengo un gran cariño a esta carrera. Quizás no transcurra por las calles más emblemáticas de la capital, quizás tantos corredores hagan difícil correr rápido, quizás tenga demasiadas cuestas, pero para mí es una carrera especial y distinta.
Por si todavía no os animáis a venir el año próximo a disfrutarla, con otros miles de corredores que nos juntamos todos los años para correr por Madrid, os dejo algún motivo más:
  • La Organización ha diseñado un circuito muy atractivo e inteligente. Transcurre siempre por calles anchas capaces de absorber tanta cantidad de corredores. Sólo en los primeros kilómetros tendremos verdaderas dificultades para correr.
  • El ambiente espectacular. Antes de la carrera con esa salida multitudinaria, durante ella con la gente animando y la marea de corredores que ocupan varios kilómetros de las calles madrileñas y después tomando al asalto el Parque del Retiro.
  • Todo lo que rodea a la carrera. La presentación de la carrera, cada año más trabajada, este año con un divertido monólogo. Os dejo la conexión en Youtube para que os riáis un rato. Una esplendida feria del corredor, con mucha animación y con la presencia de las grandes marcas.
  • Las liebres de tiempos, no muy habituales en carreras de esta distancia, muchas y buenas. Con sus globos naranjas se ven desde lejos y sirven de referencia, tanto para los corredores que se estrenan y que se “agarran” a ellos para que les marque el ritmo, como para los más experimentados que se motivan adelantándolas. 
Por poner algún pero, este año al final de la carrera en lugar de la fruta de años anteriores nos han dado una bolsita de pistachos. No pido la maravillosa sandía, porque todavía no es temporada, pero un simple plátano sería suficiente.