jueves, 10 de octubre de 2013

De Maratón por el Río Ebro

El maratón de Zaragoza nace para promocionar la EXPO que se realizo en esta ciudad en el año 2008. Finalizado tan magno evento, la carrera estuvo a punto de ser abandonada como el resto de las infraestructuras que se habían creado, sólo se ha mantenido gracias al trabajo del Club de Atletismo Running.

Estamos hablando de un maratón familiar, la participación este año entorno a los 1100 corredores hace de esta prueba una carrera entre amigos. La Organización ha optado por invertir el poco dinero de que dispone en mejorar el servicio a los corredores, en lugar de aumentar los premios y atraer a los corredores de élite. Está política lo ha convertido en un maratón sin grandes marcas pero ideal para los corredores populares.

Un circuito de una sola vuelta hace que el recorrido sea algo dispar. En su primera parte se corre por dentro del Parque Grande, muy agradable pero con caminos estrechos. A continuación un tramo de transición hacia el centro histórico compartiendo trafico con los coches. Espectaculares kilómetros por el casco antiguo, Plaza del Pilar, Catedral de la Seo, Basílica del Pilar, calles de Alfonso y Coso, siempre con muchísima animación. Recorrido por ambas riberas del rio Ebro atravesando por casi todos los puentes que lo cruzan, zona de largas avenidas y algunos tramos de kilómetros basura. Para terminar en lo que fue el recinto de la EXPO, entorno modernista para un final bonito y animado.

El gran peligro de este maratón es la aparición del temido “Cierzo” aragonés. Los últimos kilómetros bordeando el río están desprotegidos y si entra el viento lo sufriremos, de hecho este año se ha adelantado a Septiembre para evitarlo, aunque esto significa que él que se anime tendrá que entrenar en verano con los calores.

http://www.zaragozamaraton.com/













Si os cuento que termine mi cuarto maratón, que lo hice en una marca dentro de los tiempos que me había propuesto, sólo cuatro minutos por debajo de mi mejor marca, que durante casi una tercera parte de la prueba corrí a buen ritmo por encima de mi mejor marca personal, que quede el 290 de los 900 que terminaron la carrera y 49 de mi categoría, todos pensareis que mi participación en el maratón de Zaragoza ha sido un éxito.

Pero si os reconozco que a partir del kilómetro 30 cargue con una pájara increíble, que aguante hasta el 36 corriendo pero que entonces tuve que pararme y andar durante unos cientos de metros para poder recuperarme y conseguir volver a arrancar y que al cruzar la meta no pude sonreír sino sólo aliviarme por poder parar de corre, no os quedara otro remedio que pensar que mi carrera en el maratón de Zaragoza fue un fiasco.

Cada uno que elija la versión que más le guste, yo estoy contento con mi carrera. Es cierto que no acabe tan orgulloso como en el maratón de San Sebastián, pero en este fui más valiente y capaz de cambiar los planes cuando me encontré vacio, capaz de buscar una alternativa, parar y recuperar para poder terminar el maratón dignamente y en un tiempo del que puedo estar orgulloso.

Personalmente me une una relación familiar con la ciudad de Zaragoza, mi abuela nació en esta ciudad y era una maña de pro. Se caso con mi abuelo en la Catedral de La Seo en plena Plaza del Pilar. A mi madre todavía le quedan familiares viviendo en esta ciudad, especialmente una de las famosas “Tías de Zaragoza” con las que sólo he coincidido en las bodas a las que nuestra madre siempre se empeñaba en invitar. Por este motivo consigo engañar una vez más a mi familia, a mi hermana y mis dos sobrinos y hasta a mi madre para que me acompañen.

Aprovecho para quedar con mi prima que por motivos laborales ha acabado viviendo en Zaragoza y casándose con un baturro. Tiene hijos de la edad de mi enana y coincidimos con ellos en la playa este verano. Por eso mi pequeña está encantada porque le he prometido que vamos a verlos. En cambio el mayor no hace más que refunfuñar, él se quería quedar en Madrid para salir con sus amigos y jugar a la Play.

Después de recoger el dorsal, sorprendentemente pequeño comparado con el tamaño normal de otras carreras, quedamos en la Plaza del Pilar y nos vamos de tapas por “El Tubo”, así es como llaman a un entramado de calles en el casco antiguo lleno de bares y mesones. Está animadísimo y disfrutamos tapeando, espectacular la tapa de champiñones a la plancha de “La Cueva de Aragón”.

Por la tarde, mi madre aprovecha para visitar a su tía mientras los demás nos vamos al Parque del Agua en las antiguas instalaciones de la EXPO, cerca de donde al día siguiente terminaré el maratón. La idea es que los niños estén tranquilos jugando mientras nosotros charlamos frente a unos cafés y unas copas y organizamos la logística del día siguiente. Cena en el apartamento, derrota de mi Madrid frente al Atlético en el Bernabéu después de 14 años y a intentar descansar para el maratón.


Cuando me despierto a la mañana siguiente para la carrera aun no ha amanecido, el maratón comienza a las 8:30 y conviene empezar a activar el cuerpo un par de horas antes. Es la primera vez que he conseguido descansar la noche anterior a un maratón, aunque por supuesto los nervios me han hecho despertarme un par de veces a media noche. Desayuno y ducha intentando no despertar a los demás inquilinos, sólo mi mujer abre el ojo desde la cama para desearme suerte.

Ya en la calle, aunque empieza a clarear, la temperatura aun es fresca. Pensaba ir andando hasta la salida pero me encuentro con una parada de taxis y decido que voy a ahorrar unos cuantos kilómetros a mis piernas. A bordo del taxi rumbo al Parque Grande, sólo me cruzo con algún corredor que va camino de la salida y los que vuelven de la juerga nocturna.

Llego al parque mucho antes de lo que había previsto, todavía no han puesto ni el arco de salida. Soy de los primeros, sólo hay gente de la Organización preparando la salida y algún corredor despistado como yo. Me siento en un banco mientras disfruto del amanecer, el día amanece nublado, pero a pesar de las previsiones que daban lluvias seguras, no parece que nos vayamos a mojar.

Poco a poco el parque se va llenando de corredores y a las 7:45 ya hay mucha animación. Decido que ya es hora de que me prepare, dejo mi mochila en el guardarropa, en está ocasión unos camiones del ejército de tierra, se la doy a un soldado y a estirar. Troto muy suave por el parque para ir calentando, pero me tengo que parar un par de veces con la sensación de tener alguna china en las zapatillas, es producto de los nervios pues no encuentro ninguna piedra.

El arco de salida ya está montando y hay gente colocándose tras él, ya se oye al speaker en todo el parque con sus indicaciones. Nos presenta a las liebres de la carrera, la Organización se vanagloria de que son todas mujeres, aunque no muy habladoras, pues cuando les pasan el micrófono para que nos animen, son demasiado escuetas en sus palabras.

Me coloco en la salida que está organizada por cajones, en función de nuestra marca personal tenemos dorsales de distintos colores. Mi tiempo en San Sebastián me permite disponer de un flamante dorsal azul, por encima de los vulgares dorsales negros, pero por detrás de los verdes y por supuesto de los rojos de la élite. No busco mi cajón, prefiero salir atrás además somos pocos corredores y la distancia es muy larga.

Dan la salida y en menos de un minuto ya estoy cruzando la línea sin grandes agobios. Voy viendo los globos de todas las liebres mientras avanzo en el pelotón de los populares. En los primeros metros ya adelanto al globo de las 4:00 y alcanzo al de las 3:45. Mi idea inicial era aguantar los primeros kilómetros tras esta liebre, pero me resulta muy incomodo correr por estos caminos tan estrechos en un grupo con tanta gente que se apelotona tras la liebre, decido mantener mi ritmo y adelantarlos.


Los primeros 14 kilómetros transcurren por dentro del Parque Grande, realizando dos vueltas a un circuito circular antes de abandonarlo para ir hacia el centro de la ciudad. Correr por dentro del parque por la zona arbolada siempre resulta muy agradable aunque el circuito no está cerrado y debemos compartirlo con los paseantes y las bicicletas. El recorrido de la maratón podemos considerarlo prácticamente llano, aunque en este primer tramo tenemos que superar algún repecho corto, pero las piernas van frescas y se sube sin dificultad.

Me sorprende las buenas sensaciones con las que he empezado a correr, en los últimos entrenamientos me había encontrado con dolores en los primeros kilómetros hasta entrar en calor, pero desde los primeros metros mis piernas están finas, seguramente la última semana de descanso o la adrenalina de la competición les ha sentado bien.

Sin darme cuenta he alcanzado a la liebre de las 3:30, ha perdido su globo unos kilómetros atrás y por eso no he visto que la tenía tan cerca. Es muy buena señal, me acoplo al grupo, este ritmo tendría que ser el adecuado. Pero en seguida compruebo que mi ritmo es algo más rápido, además el grupo es grande y como estoy acostumbrado a correr en solitario me resulta incomodo.


Aguanto unos kilómetros en el grupo, pero en una osada decisión decido mantener mi ritmo de carrera y adelantar a la liebre. Unos metros por delante veo un grupo más reducido de una docena de corredores y me acoplo a ellos. El grupo va liderado por los corredores del club “Trials Zaragoza”, a los que tengo que agradecer que tiraran de mí en estos primeros kilómetros. Dos corredores marcan el ritmo mientras un tercero controla los tiempos, avisándoles de que no se aceleren.

Es un grupo alegre, se va charlando y hasta contando algún chiste subidito de tono, se nota que vamos todavía frescos. Me voy olvidando del reloj y disfrutando de la carrera. Aunque es un grupo reducido me resulta complicado correr pegado a otros y debo ir pendiente de no molestar a nadie.

Abandonamos el parque y nos incorporamos a las calles rumbo al rio Ebro. No están cerradas totalmente al tráfico sino que han “vallado” con conos un carril para los corredores, resulta un poco incomodo pues nos vamos comiendo el humo de los coches que circulan a nuestro alrededor. Pero seguimos a buen ritmo, en algunos tramos cuesta abajo a demasiado ritmo, pero decido aguantar en el grupo, se supone que me será más cómodo que hacerlo en solitario.

Alcanzamos la media maratón en un sorprendente tiempo de 1:40. A mí me surgen las dudas de si podre aguantar este ritmo hasta la meta, pero a la vez me entra el gusanillo de poder bajar muchos minutos de las 3:30 al final de la maratón. Decido ser valiente y mantener el ritmo porque aunque voy por encima de los tiempos previstos las sensaciones son muy buenas.


Tomamos una carretera para acabar en el Paseo de Echegaray y Caballero, autores de la famosa zarzuela “Gigantes y Cabezudos” ambientada en Zaragoza. Transcurre paralelo al río y nos llevará hasta la Plaza del Pilar. En esta zona nos cruzamos con los primeros de la carrera que ya han abandonado el casco antiguo y corren en sentido contrario. Dentro del grupo se comenta que esta recta es de lo peor del recorrido, se hace muy larga y suele soplar el cierzo con fuerza, pero en esta ocasión parece que el viento no nos acompañara.

A mitad de esta larga avenida el grupo se disuelve, varios de los que marcaban el ritmo se han parado al servicio y los que quedamos estamos un poco descolocados. Aunque en seguida la avenida se acaba y llegamos al casco antiguo.

Es con diferencia la parte más bonita del recorrido. Hasta ahora hemos corrido prácticamente sin animación, pero en esta zona hay muchísima gente en los laterales. Rodeamos la Catedral de La Seo, cruzando por debajo del Arco del Dean, es una zona adoquinada, estrecha y sinuosa pero curiosa de correr. Empezamos a callejear y voy atento a encontrarme con mi grupo de apoyo, deberían estar cerca.

Por fin los veo apostados en la calle Alfonso y les hago gestos desde lejos, les cuesta reaccionar pero al final me ven y animan como locos. Es un instante pues les pierdo en seguida tras una esquina. El recorrido da una vuelta y cruza de nuevo por donde he pasado lo que me da una segunda oportunidad para verlos, en esta ocasión me paro a saludarlos, sobretodo a la enana que es a la que más ilusión le hace.

Allí está también mi madre animándome y gritándome que no me pare, como si tuviera alguna posibilidad de ganar la carrera. Me comentan entusiasmados que voy fenomenal, a lo que contesto que demasiado bien pues creo que lo voy a pagar más adelante. Arranco de nuevo a correr y conmigo mi hermana y mi ahijada, la primera desiste en seguida maldiciendo por no poder seguir mi ritmo ni cuando llevo más de medio maratón.

Entrada espectacular desde la calle Alfonso a la Plaza del Pilar, es uno de esos momentos mágicos de un maratón. Cruzo la plaza aun acompañado de mi sobrina a la que se han juntado mi hijo cargando en brazos con su hermana, estos dos dentro de poco se apuntan conmigo a las carreras y lo peor es que no podre seguirles. Me despido de ellos y cruzo el río por el Puente de Piedra, otro de los momentos para recordar del recorrido.


Ahora corro sólo, el grupo al que seguía ha aumentado su velocidad y he decidido no cambiar mi ritmo. A solas con mis pensamientos empiezo a darme cuenta de que ya no voy tan fino y los kilómetros empiezan a pesar. Mi cabeza me empieza a jugar una mala pasada, desaparecen los pensamientos positivos y en cambio cada vez se asienta más la idea de que me he equivocado con el ritmo y que no voy a ser capaz de aguantar.

Tampoco me acompaña en este tramo el recorrido, cuando cruzo sobre los puentes aparece aunque flojo el temido cierzo y el sol que hasta ahora estaba cubierto empieza a apretar. El camino de regreso por el paseo se me hace eterno y el tramo por la Ronda de la Hispanidad compartiendo carrera con los coches para cruzar a la otra ribera del río, acaba con mis pocos ánimos.

La puntilla llega al pasar el Km 30 y ver que nos desvían del cauce del Ebro con el único fin de hacer kilómetros en un bucle de ida y vuelta por un barrio sin ningún encanto. En ese momento descubro el famoso muro, el tío del mazo y creo que hasta el hombre del saco. Me siento sin fuerzas y es el momento en que empiezo a tirar de cabeza para seguir corriendo, intento olvidarme de lo que me queda y buscar pequeños objetivos que alcanzar.

Primer objetivo llegar al 32, entonces ya sólo me quedaría correr un 10.000, distancia que en otras condiciones me sería muy sencilla. Segundo objetivo llegar al 35, en donde esta el avituallamiento, a lo mejor el beber algo me devuelve las fuerzas que he perdido. Tercer objetivo llegar al 36, frente al Puente de Santiago donde se supone que deben estar mi equipo para animarme.


Algo más lento pero sin dejar de correr llego a la altura del puente, pero no veo a mi familia. Seguramente no les ha dado tiempo a llegar y casi lo agradezco, creo que prefiero pasar el mal momento solo y ahorrarme explicaciones. Desde hace un par de kilómetros he asumido que así no seré capaz de llegar a la meta, debo cambiar algo y lo único que se me ocurre es caminar un poco para intentar recuperar las fuerzas. Me rindo y pasado el puente paro y comienzo a andar.

Los recuerdos de este tramo del maratón se mezclan supongo que por efecto del cansancio. Recuerdo haber comenzado a caminar y comprobar con horror que no se me aliviaba el agotamiento. Recuerdo pasar por la noria de la ribera del río y ver a la gente en la cola esperando para subir pero no sé si iba andando o corriendo. Recuerdo darme cuenta de que todavía me queda uno de los dos geles con los que cargaba en el bolsillo del pantalón y tirar de él para recuperar fuerzas. Pero no tengo claro cuantos cientos de metros estuve andando, si me adelanto mucha gente, ni el tiempo transcurrido.

Pero sorprendentemente recuerdo cuando volví a correr, pocos metros antes de pasar la marca del km 37. A un trote muy lento pero ya corriendo cruzo el Puente de Almozara, primero por encima y luego por debajo para tomar el jardín pegado al río y volver a cruzarlo por la Pasarela del Voluntariado.


En este tramo ya he recuperado el ánimo y vuelvo a estar convencido de que voy a acabar. Hasta voy pasando a otros corredores que sufren más que yo, pero por detrás oigo los aplausos que significan que se me acerca el grupo de la liebre de las 3:30. Me adelanta pocos metros después de cruzar la pasarela, pero de aquel grupo numeroso que dejé en los primeros kilómetros sólo aguantan 6 o 7 corredores.

Ya solo queda el final, hay que aguantar y apretar los dientes, pero no resulta fácil. Delante mío a un corredor le da un tiro en una pierna y aunque le echan réflex, que todo lo cura, no puede ni mantenerse en pie. Otros muchos van andando, uno de ellos empujado por los ánimos de la gente arranca arrastrando los pies, cuando paso a su altura le animo pero ni siquiera es capaz de mirarme. Casi en el km 41 me cruzo con un corredor en el suelo con calambres en las piernas, su compañero intenta ayudarle mientras un policía avisa a la ambulancia. En este último tramo hay mucha gente que anima, grita tu nombre y aunque no tengo fuerzas para agradecérselo me da ánimos para aguantar.


Por fin dejo las calles y entro en la zona de la EXPO, corro entre los edificios modernistas. Este tramo es un poco caótico, no hay calzada ni acera de referencia y tampoco está señalizado, corremos por inercia siguiendo al que llevamos delante y que suponemos que sabrá dónde está la meta. Pasamos por delante de una terraza donde hay mucha gente disfrutando del sol y que nos anima.

Aunque estoy en el último kilómetro, tengo que andar durante unos metros para intentar relajar las piernas que tengo duras como piedras. Me cruzo con una pareja que me anima “No te pares ahora, que te queda muy poco” y reacciono volviendo a correr. Me animo diciéndome que tienen razón, que para lo que queda hay que terminar corriendo.

Ya veo el arco de meta, recompongo la figura para cruzar lo más digno posible entre la gente que anima a los lados, no veo a los míos, es mi sino tendré que correr otro maratón para que por fin me vean cruzar la meta. Al pasar la línea de meta pienso en levantar los brazos como los campeones, pero sólo quiero cruzarla para poder parar de correr. Un voluntario me ofrece la medalla pero le hago esperar unos segundos mientras me recupero y por fin ya la tengo al cuello.


He acabado agotado, las piernas me duelen horrores y aunque estiro no consigo que reaccionen. Las sensaciones son muy extrañas, hasta en un momento dado casi me pongo a llorar como un niño, no sé si por efecto de la tensión, el agotamiento o la alegría, aunque seguramente por una mezcla de todas ellas.

Poco a poco me voy recuperando, me hago con mi mochila y llamo a mi hijo. Todavía no han podido llegar a la meta, viene andando con su madre mientras mi hermana intenta aparcar el coche. Tras unos minutos de caos conseguimos reunirnos todos, me felicitan y me dan un montón de explicaciones de porque no estaban en el punto de encuentro ni han llegado a verme a la meta.

Después de un masaje en mis maltrechas piernas a cargo de una fisioterapeuta con unas manos “divinas” y una ducha reconfortante con el agua muy caliente me siento otra persona, hasta puedo andar y sonreír. Finalizo el fin de semana con una visita a la Pilarica para agradecerle haber acabado el maratón y prometiéndole que volveré.   

Nada más terminara la carrera dudaba si me había merecido la medalla de Zaragoza, pero pasados unos días lo tengo claro, me he ganado hasta el último gramo que pesa, es más me parece poca recompensa para el esfuerzo que realice para cruzar la meta.

Es cierto que debo entonar el mea culpa, no puede ser que volviera a cometer los errores de mi primera participación en esta distancia, y olvidar la regla básica de ir de menos a más, pero las circunstancias de la carrera y mis buenas sensaciones me engañaron. Olvide el reloj y los ritmos y cuando quise darme cuenta ya no tenía remedio. Tras cuatro maratones está claro que tengo mucho que aprender para dominar la distancia.

Pero los mejor de todo es que estoy rabioso por la equivocación y deseando enfrentarme de nuevo al maratón para corregir errores y recuperar sensaciones. Debo de estar ya muy mal de la cabeza cuando después del sufrimiento de los últimos kilómetros en lugar de desistir de mi insensata aventura estoy pensando y deseando volver a ponerme en la salida de mi siguiente maratón.

¡¡¡ Objetivo Sevilla y acabar sonriendo !!!

P.D. El mismo día en el maratón de Berlín un ser “humano“ llamado Wilson Kipsang ha establecido un nuevo record del mundo de la distancia en 2:03:23. Ahí es nada igualito que yo.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Corriendo de "ilegal"

El pasado domingo corrí por tercer año consecutivo la carrera “Madrid corre por Madrid”, pero en esta ocasión algo era distinto, por primera vez corría sin dorsal, estaba en él cada vez más concurrido grupo de los “ilegales”.

En mi descargo diré que no fue algo premeditado sino más bien producto del azar. Los que me aguantáis, recordareis que el año pasado critique la organización de esta carrera y en esta edición preferí no correrla para no volver a disgustarme. Pero la noche anterior coincide con mi cuñado y él si iba a correrla recordando su estreno como corredor popular en esta misma carrera hace un año.

No pude resistir la tentación de correr otra vez por la Gran Vía y con la excusa de acompañarle y que no corriera solo quede para que me recogiera a la mañana siguiente. Así fue como el destino quiso que me encontrara un año más en la salida de esta carrera, en plan “malote”, hasta me vestí con camiseta sin mangas y gafas de sol de espejo para completar el disfraz. Eso si, escondiéndome de la Organización para que no me echaran.


En cuanto llegue a la salida me di cuenta de que ni mucho menos era el único que iba de ilegal. La mayoría de ellos sin ninguno tipo de reparo, aunque algunos intentaban camuflarse con las camisetas de años anteriores o dorsales de otras carreras. En cualquier caso creo que la Organización ya cuenta con que un gran grupo correremos sin dorsal y lo asume como un mal menor, de hecho creo que ni se molestan en controlarlo.

El problema es, porque han crecido tanto el número de “ilegales”, no hablo de los que se enganchan a última hora como yo, sino que hay muchos que se niegan por sistema a pagar el dorsal de las carreras.

Además de la subida de los precios, las justificaciones habituales son la sensación de que nos hemos convertido en lo menos importante dentro del negocio en que se han transformado estas carreras y el número exagerado de carreras que se han “inventado” en los últimos años. A las clásicas que ya tienen varias ediciones, hay que sumar que muchas empresas han creado su propia carrera y bajo el paraguas de carrera solidarias han surgido un montón de pruebas. La última moda son las carreras nocturnas o las reivindicativas.

Esto no estaría mal si se siguiera cuidando la calidad, pero no es así. Cada vez se masifican mas, los recorridos se cuidan menos y se pretende justificar el precio con una camiseta, cada vez de peor calidad, que además lleva la publicidad de los patrocinadores.

Es cierto que nadie nos obliga a participar y que siempre puedes, y más en Madrid, encontrar carreras de verdad populares, organizadas por las asociaciones de vecinos o club de atletismo que mantienen el espíritu del deporte. Pero las zonas más atractivas de la ciudad se reservan sólo para algunas carreras, por lo que si queremos correr por las calles más emblemáticas deberemos pasar por el aro.

También los corredores deberíamos hacer un acto de reflexión sobre que es una carrera popular. Es cierto que la idea es que pueda participar cualquiera pero deberíamos ser mas respetuosos con los que corren a nuestro lado, si somos más lentos retrasémonos en la salida y dejemos paso a los que van más rápido. Es bueno correr con los amigos y hasta recomendable pero procuremos no formar una barrera que impida el paso. El concepto “globero” se extiende cada vez más en las carreras y eso no es bueno para nadie.

En cuanto a la carrera poco que añadir con respecto a la edición del año pasado. Recorrido precioso por todo el centro de Madrid, como tiene el apoyo incondicional de la Comunidad de Madrid se le permite correr por calles prohibidas a otras carreras, y la Organización con demasiados fallos para ser su cuarta edición.

Para mi la gran cantidad de corredores es al mismo tiempo lo peor y lo mejor de está carrera. Resulta espectacular bajar la calle Alcalá o subir Gran Vía cubierta de corredores, el ruido de miles de zapatillas golpeando a la vez el suelo de forma rítmica sorprende al que no está acostumbrado. Pero al mismo tiempo cualquier estrechamiento o giro brusco de la carrera implica un frenazo en el ritmo de carrera y en lugar de poder disfrutar del entorno debemos ir más pendientes de los corredores que nos rodean, es habitual él que se detiene a hacer una foto o él que se cruza para saludar a algún conocido.

En nuestro caso nos lo tomamos con mucha tranquilidad, para mi cuñado es el comienzo de la temporada y en mi caso uno de los últimos entrenamientos para mi objetivo del maratón zaragozano este domingo. Ritmo lento y tranquilo, solo me exprimo algo más cuando llega la cuesta arriba y compruebo que mis piernas responden correctamente.

Aunque la intención inicial era correr juntos, solo lo logramos al principio, luego la cantidad de gente lo complica y decidimos que cada uno a su ritmo y sálvese quien pueda. Al final una carrera “ilegal” sin sobresaltos, buenas sensaciones y a casa a descansar.

P.D. La foto de algunos de mis dorsales de los últimos años, demuestra que mi lado “malote” no es habitual y tengo que confesaros que mi mala conciencia no me permitió coger la botella de agua que me ofrecieron en el avituallamiento de mitad de recorrido ni en la llegada.

martes, 24 de septiembre de 2013

De la Bahía de los Naranjos al Faro de Cullera

Faro de Cullera

Señal luminosa: 3 destello cada 20 segundos. Alcance: 13 millas marinas.

El faro de Cullera, está construido en el lugar conocido como la Punta del Faro, la única zona rocosa del litoral valenciano desde Sagunto hasta Denia. Es junto al de Canet d’En Berenguer, uno de los dos unicos ejemplares que quedan en la costa de la provincia de Valencia. Ubicado entre la carretera de la costa que une Valencia y Cullera y el mar tiene muy fácil acceso desde el paseo que lo bordea, aunque no es visitable.


El faro está formado por un edificio de planta circular, en cuyo centro se eleva la torre de fábrica de sillería encalada en blanco, sección troncocónica y de dieciséis metros de altura. Coronada por la linterna, está cubierta por una cúpula completamente transparente, dispone de dos balcones a lo largo de todo su perímetro con sus correspondientes barandillas situados a media altura.

Comienzo mi recorrido tomando el paseo marítimo en la zona de Santa Marta, aproximadamente en donde termina la playa de San Antonio y comienza la playa del Raco. Aunque evidentemente nos podemos incorporar al paseo desde  cualquier punto a lo largo de toda la bahía de Cullera. También llamada Bahía de los Naranjos por los huertos que antes cubrían todo el terreno entre la montaña y el mar y de los que sólo quedan algunos naranjos ornamentales entre las torres de edificios que cubren toda la bahía.

Los primeros metros se realizan corriendo por el paseo marítimo en dirección al Hotel Sicania, que se encuentra situado en el extremo norte de la bahía. Es uno de los edificios más antiguos de la bahía, construido durante los años 60 es un claro exponente de la construcción de la posguerra. Todavía mantiene mucho de su encanto, dispone de playa semiprivada y pocas habitaciones por lo que no se masifica ni siquiera en los meses de verano. En la serie Cuentame apareció como escenario de uno de los capítulos donde Mercedes viajaba a la costa para la venta de unos apartamentos.


El paseo marítimo tiene  un firme muy cómodo para correr, pero en ciertas épocas del año y a determinadas horas se convierte en una carrera de obstáculos en donde debemos ir esquivando a los paseantes. Además en ciertos tramos su anchura se reduce, sobre toda a la altura de la playa del Raco donde en el primer invierno después de ser construido el mar se comió  la mitad de paseo  y el ayuntamiento decidió no reconstruirlo. Las terrazas que colocan los restaurantes o heladerías y los puestos de venta ambulante, alrededor de los cuales se arremolinan los curiosos, son factores que reducen el paso puntualmente.

Por supuesto los problemas son mayores si corremos en el mes de Agosto y a última hora de la tarde cuando el sol calienta menos. Si hacemos el recorrido en invierno y a primera hora de la mañana dispondremos de todo el paseo para correr a nuestro antojo, es lo que tiene elegir bien el momento.


Para evitar este tramo en las horas punta podemos ir por la carretera que une el pueblo con el faro, aunque yo personalmente no lo recomiendo ya que en este tramo tiene un gran número de  entradas y salidas de la urbanizaciones que la hacen peligrosa y además los altos edificios nos quitan la vista del mar y lo que es peor la brisa marina. Otra posibilidad es correr por la playa, esta opción nos permitirá llegar hasta la zona del faro sin pisar el asfalto, pero recordaros a todos que corre por la arena no es tan agradable como en principio pudiera parecer y es mucho más cansado.

El paseo marítimo termina en el hotel Sicania, debemos rodear el edificio para tomar la carretera. En este tramo los torres de pisos desaparecen y se cambian por casas unifamiliares literalmente colgadas en la montaña. Corremos pegados a la playa por la acera estrecha de la carretera, siempre con mucho movimiento de gente pero con ningún cruce de coches, por lo que solo tendremos que ir pendientes de no chocar con otros viandantes.


En este tramo pasaremos primero por la playa de Cap Blanc. En esta playa estaba previsto un gran puerto deportivo que daría servicio a la urbanización de chales de lujo del mismo nombre que se ha construido en la montaña. De aquel sueño de grandeza que incluía hasta un teleférico para unir la parte alta de la montaña con el puerto deportivo, sólo queda esta playa y un montón de urbanizaciones de chales adosados a medio construir y deshabitadas, que han quedado como monumento a la burbuja inmobiliaria.


La playa cada año tiene menos anchura, sobretodo desde que quitaron el espigón de cierre del puerto y el mar ha ido recuperando lo que era suyo, aunque mantiene mucho movimiento de windsurfistas y vela ligera. Mientras corremos bordeándola pasaremos al lado de la Perla Negra, un chiringuito de copas, siempre muy animado sobre todo los fines de semana con música en directo. Cuando paso a su altura me dan ganas de sentarme y tomarme un buen copazo disfrutando de la música y las vistas, pero siempre continuo de frente sin perder de vista mi objetivo.

Prácticamente a continuación de esta playa sólo separada por los restos de del espigón está la playa de los Olivos. Es una playa urbana protegida del mar por la punta del faro, está muy cuidada y dispone de varios restaurantes y chiringuitos que le dan mucha vida. En este tramo nuestro camino tiene un repecho fuerte pero corto que castiga las piernas y que acaba frente a la casa del Maestro Rodrigo, de hecho este tramo de la carretera toma el nombre del músico valenciano.


Es el momento donde debemos tomar la primera decisión del recorrido, podemos continuar por la carretera que llevamos o desviarnos a la derecha por cualquiera de las calles para tomar el paseo marítimo de la playa.

Si continuamos recto pasaremos por en medio de los edificios de faro, una zona que en épocas más antiguas pertenecía al mar, de hecho dejamos a la derecha la isla de los Pensamientos ahora unida a la tierra y lo que es peor completamente urbanizada por varios edificios monstruosos de apartamentos.


Si tomamos el paseo, iremos rodeando la isla de los Pensamientos, hasta un mirador donde  dispondremos de una vista completa de la bahía de los Naranjos. Para continuar nuestra carrera debemos superar un tramo de escaleras y tomar la calle que rodea toda la isla. En este tramo corremos prácticamente encima del mar y podemos disfrutar de los acantilados de este lado de la isla siempre con mucha animación de pescadores. Al final de este tramo veremos por primera vez el faro de Cullera desde una perspectiva espectacular.


Ambos caminos terminan en la playa del Faro, pequeña y muy abierta al mar, en los días de invierno las olas golpean fuerte y rompen espectacularmente sobre las rocas y el paseo marítimo. Tomamos de nuevo la carretera y llegamos hasta la entrada a la Cueva del Dragut, recibe su nombre del pirata turco, lugarteniente del famosísimo Barbarroja.


La historia cuenta que Dragut ataco el pueblo de Cullera entrando por el río Jucar y rapto a varios de sus pobladores refugiándose con su barco en esta cueva, allí espero a que el señor del pueblo, bien protegido tras las murallas del castillo de Cullera, pagase un rescate en oro. Ante el clamor popular el señor tuvo que ceder y pagar para que el pirata  no matara a sus rehenes y abandonara las costas de Cullera.

Actualmente se ha transformado en un museo visitable. Curiosas son las maquetas de la antigua villa de Cullera donde se muestra todavía las murallas de la albacara que rodeaban el castillo y de la que solo quedan las torres restauradas en los últimos años, la isla de los pensamientos cuando todavía estaba separada por la lengua de mar y la albufera tras la montaña de Cullera abierta al mar antes de que fuera cubierta por el actual marjal de arroz.


Quizás lo más llamativo de la visita, si nos olvidamos de la sala de torturas de la inquisición, es la reproducción a escala real del bergantín de Dragut. A los marinos nos sorprende como eran capaces de navegar todo el mediterráneo en este tipo de “chalupas” con un francobordo tan bajo y ninguna protección excepto la techumbre de popa que protegía al timonel. Me  recuerda a las naves vikingas aunque  mucho más planas.

Hasta ahora nuestra carrera ha sido placida, por un recorrido muy plano y disfrutando de la vistas del mar. Pero en este momento nos encontraremos con el punto negro del recorrido. La carretera se estrecha y se empina de forma alarmante. Desaparece la acera y hasta el arcén y tenemos que correr por la calzada. Además dibuja tres curvas seguidas que reducen la visibilidad. Aunque resulta peligroso y debemos tener cuidado yo personalmente nunca he tenido ningún problema, la gente conoce el tramo y va con mucha precaución tanto los coches como corredores, ciclistas y caminantes. Existe la posibilidad de ir por las calles colindantes y evitar parte del trayecto pero no podremos evitar el último tramo de este punto negro.


Una vez superado este inconveniente, tomaremos el paseo de las Farolas, el tramo con diferencia más bonito del recorrido. Suficientemente ancho y con un firme en buen estado, es menos transitado por los paseantes, aunque siempre está muy concurrido de corredores.


Seguimos sin ver el faro aunque sabemos que el paseo nos lleva hasta su base, tras una curva y sin previo aviso nos toparemos de cara con él. El faro aunque no muy alto es una edificación curiosa que llama la atención y al estar separada de otros edificios luce en todo su esplendor. Esta operativo, por lo tanto si pasamos más tarde de la puesta del sol nos iluminara con su haz de luz.


Continuamos por el paseo en un suave descenso dejando atrás el faro y disfrutando de una vista privilegiada sobre la playa del Dosel. Esta se extiende hasta donde alcanza la vista, ya que desde este punto hasta Valencia no hay ninguna barrera excepto la salida de la Albufera. En un día despejado podemos ver al fondo la ciudad de Valencia y los barcos fondeados en la entrada de su puerto.

Un poco más adelante el paseo se amplia para forma un pequeño mirador presidido por una estatua de una ninfa marina observando el mar. Yo la llamo la sirenita aunque no tenga cola de pez. Lo típico es hacerse la foro abrazándola o los más osados sentados en su regazo.


El paseo acaba pero no nuestra carrera, seguimos por la carretera dirección Valencia y tomamos el carril bici que transcurre paralelo a ella. Ya perdemos de vista el mar y las playas pero disfrutamos de los huertos de naranjos y ese olor a azahar tan característico.  En su primer tramo transcurre separado de la carretera por una acequia que dispone de varios puentes por donde cruzarla si preferimos correr por la zona ajardinada que hay pegada a la carretera.

A partir de que crucemos la desviación hacia el Primer Collado, el carril queda encajonado entre la carretera y la acequia, no hay ningún problema para correr es ancho y poco transitado por lo que aunque nos crucemos con algún ciclista que tiene prioridad no tendremos problema en cederle el paso. Pero tiene un grave inconveniente y es que no se encuentra iluminado por lo que es necesario que corramos con luz solar.


El recorrido hasta ahora dispone de suficiente iluminación eléctrica como para poder correr cuando ya ha caído el sol y la temperatura en verano es más agradable. En este tramo debemos tener cuidado con los mosquitos y libélulas que pueblan la acequia, dependiendo de la dirección del viento podemos tragárnoslos al respirar, es recomendable las gafas de sol para evitar que se nos meta en los ojos.

A parte de estos pequeños inconvenientes la carrera es muy agradable, el recorrido es completamente plano y anima a acelerar el paso, generalmente corre algo de viento que alivia el calor y siempre nos cruzaremos con otros corredores. No nos olvidemos de saludarlos, la mayoría nos lo devolverán, aunque sea en valenciano,  no como en Madrid donde te miran con cara rara cuando les dices un “buenas tardes” o un “animo”. 

El carril bici y el recorrido finaliza en una rotonda, inconfundible por la escultura que preside su centro. Aquí acaba en general también mi recorrido, suelo dar la vuelta y volver por donde he venido. Aproximadamente son unos 5 km de recorrido de ida y otros tantos de vuelta.

Si queremos continuar haciendo kilómetros podemos seguir por la carretera por dónde veníamos, aunque es poco recomendable, no tiene prácticamente arcén y en cambio mucho tráfico. La mejor opción es desviarnos en la rotonda dirección Cullera y en seguida tomar a la derecha los caminos de los arrozales.


Toda esta zona es un gran marjal, que forma parte del parque natural de la Albufera. Las plantaciones de arroz forman una zona muy plana y podemos correr por los caminos que los dividen que son poco transitados por los coches. En la época veraniega el margal está inundado y el arroz ya crecido y verde forma un autentico mar verdoso, según avance la temporada amarilleara.

De vuelta por nuestro camino, desandamos el recorrido pero en este caso siempre iremos viendo el faro al fondo como punto de referencia. El paseo de las farolas en esta dirección es una cuesta empinada que exigirá un esfuerzo extra, pero siempre con la espectacular vista del faro y el mar al fondo, todo un lujo.

Un recorrido con bonitas vistas de la bahía de los naranjos, las playas y la zona rocosa del faro. Combina la carrera pegada al mar, ya sea sobre el asfalto de la carretera o por la arena de la playa, con el tramo interior siguiendo la acequia entre los huertos de naranjos y los arrozales.

Debemos tener en cuenta que es un recorrido muy transitado sobre todo en la época veraniega y a las últimas horas de la tarde, por lo que debemos compartirlo con los paseantes en el tramo del paseo marítimo y las bicicletas en el carril bici. Aunque con un poco de buena educación no tendremos ningún problema para disfrutar de una carrera estupenda.

viernes, 28 de junio de 2013

Sólo 34 km de los 100 km

Esta prueba de 100 km es la más veterana que se realizar en la comunidad de Madrid. Desde el principio nació como una marcha no competitiva y sigue manteniendo la misma filosofía, de hecho sólo se publica una lista de los participantes que han finalizado el recorrido, ordenados por orden alfabético y sin referencia alguna al tiempo.

En lo que sí ha cambiado en estos años es en la aparición de nuevas modalidades en que se puede participar. Además de las clásicas de corredores y andarines que tienen hasta 24 horas para completar los 100 km, tenemos la posibilidad de realizar únicamente la primera etapa de 34 km, una prueba en bicicleta que transcurre por el mismo recorrido de los 100 km y que cada vez tiene más participantes y la opción de realizar el recorrido corriendo por relevos.

La carrera transcurre por el camino de Santiago madrileño y las vías pecuarias de nuestra comunidad. Se divide en varios tramos o etapas, la primera comienza en Colmenar Viejo para llega hasta Manzanares el Real y regresar al lugar de partida. Luego se continúa hasta Tres Cantos por el camino que transcurre pegado al muro de cierre del Monte del Pardo. Desde Tres Cantos la carrera hace una gran bucle de 32 km que vuelve al punto de partida después de pasara bordeando las urbanizaciones de Ciudalcampo y Fuente el Fresno y dejar lejos Alcobendas. El último de esfuerzo une Tres Cantos con Colmenar Viejo, pero en esta ocasión en línea recta.

Todo el recorrido está perfectamente marcado, con voluntarios en las desviaciones y avituallamientos abundantes de agua y algunos también sólidos. La Organización entrega junto al dorsal un rutómetro que además de instrucciones incluye un plano del recorrido, indicando las distancias y puntos de control, avituallamiento y descanso. Haciendo hincapié en los pasos más confusos, de modo que es difícil perderse. Cada corredor dispone de unas pegatinas con el número de su dorsal para que las entregue en cada punto de control. Una organización excelente fruto de tantos años de experiencia.













He recibido un correo de mi primo para que me anime a correr los 100 km en 24 h que Corricolari organiza por la zona norte de Madrid. Está claro que ha vuelto con las endorfinas disparadas después de correr el maratón de montaña del Soplado y le sobran fuerzas para atacar el reto de la larga distancia. En mi caso estoy todavía al comienzo de mi preparación para el Maratón de Zaragoza que es a finales de septiembre y muy lejos de poder correr una distancia tan larga con ciertas garantías de terminar.

Cuando comencé a correr un poco más en serio y participar en carrera populares, me parecía una locura correr 100 km, teniendo en cuenta que estamos hablando de “correr” durante más de 15 horas. Con el tiempo me he debido volver algo loco porque ahora es uno de mis objetivos para el año que viene. Ya he marcado en el calendario el mes de septiembre del 2014 para realizar los 100 km que separan Madrid de Segovia. Por eso decido apuntarme al primer tramo de 34 km. de la carrera, así podré probar como me desenvuelvo en las largas distancias. Corriendo y andando a partes iguales, y de paso acompaño a mi primo en su reto, algo que seguro agradecerá.

Me levanto el sábado con muchos ánimos, he decidido no cambiar mi rutina de entrenamientos y tomarme la carrera como una tirada larga a ritmos muy bajos. Al contrario que en otras ocasiones tomo un desayuno fuerte, hasta incluyo unos huevos revueltos con beicon. La carrera empieza a las 12:00 y si todo se nos da bien no pararemos a comer antes de las 16:00. El día se ha levantado nublado con previsión de lluvias y una temperatura baja, en nuestro caso ideal para correr por los caminos donde vamos a encontrar poca sombra.

La preparación de la noche anterior ha sido extraña, además de preparar  la ropa como en otras ocasiones he decido cargar con una mochila con algunas cosas. Un chubasquero y una camiseta de manga larga por si llueve o baja demasiado la temperatura, buff y guantes pesan poco y no estorban, un pequeño botiquín con lo indispensable para pequeños accidentes (tiritas, gel frío y vaselina), algo de fruta, frutos secos y queso todo troceado para comer en los avituallamientos y un bidón con isotónico. Estoy convencido de que no voy a utilizar casi nada de lo que llevo, ya que existen avituallamientos de sobra a lo largo del recorrido pero me siento más aventurero equipado con mi mochila.

Me voy en coche a Colmenar, dejando una vez más a mi familia tirada el fin de semana, creo que un día volveré y me encontraré mis cosas en la calle y una nota de despedida. Tengo que preguntar un par de veces para llegar al polideportivo en donde comienza la carrera, me mandan de un sitio a otro y es que el pueblo dispone de varias instalaciones deportivas municipales, todo un lujo para los tiempos que corren. Por fin llego y hay un ambientazo por lo que tengo que aparcar un poco lejos.

Mientras me estoy preparando me llama mi primo para decirme que ya está en la salida y que me espera. Cuando llego al polideportivo me cuesta un poco localizarle entre tanto jaleo. Le acompaña toda su familia, aunque después de un poco de conversación y hacernos la foto de rigor, nos desean suerte y nos abandona, todavía queda un buen rato para que la salida y la mañana no esta muy agradable para estar en la calle con los niños.


Nos vamos para la pista de atletismo donde será la salida. Nuestra intención es calentar un poco, pero mientras mi primo me pone al día de su odisea en los Soplados se nos pasa el tiempo y arranca la carrera. Salimos prácticamente de los últimos, detrás de los andarines que son mayoría, parece que no hay demasiados corredores. Primera vuelta a la pista andando antes de salir a la calle. Decidimos que nosotros hemos venido a correr y empezamos a trotar suave ahora que hemos dejado la pista y podemos adelantar a la gente.

Los primeros metros son por asfalto pero en seguida lo dejamos para tomar los caminos de tierra. Vamos por el tramo del Camino de Santiago que une Madrid con la capital gallega pasando por Segovia y Valladolid, las flechas amarillas así lo indican. Hemos hecho bien en calzarnos las zapas de montaña, el camino aunque bien trazado y ancho tiene mucha piedra y la suela reforzada nos defiende algo cuando pisamos. El día está fresco y al fondo sobre la sierra nos esperan unas nubes muy negras, algunas ya están descargando sobre las cimas más altas.


Vamos todavía muy frescos y vamos charlando sobre lo humano y lo divino mientras avanzan los kilómetros. En algún tramo de subida nos ponemos a caminar pero casi todo el recorrido vamos trotando. Seguimos “corriendo” hasta el primer avituallamiento en donde aprovechando que hay una buena cuesta nos tomamos el primer descanso, subimos andando y comiendo algo de la fruta que cargo en mi mochila.

Recibo una llamada de teléfono de mi madre, en una carrera normal ni hubiera cargado con el móvil, pero esto es otra cosa y me permito el lujo de contestar la llamada, eso sí paro de correr y me pongo a andar mientras hablo. Mi madre no sabe si colgar cuando le digo que estoy en una carrera, pero la tranquilizo y charlamos un rato. Se despide dándome ánimos para que acabe bien pero que por favor vaya tranquilo, como le pasa a mi mujer no puede entender la locura que me ha dado por correr a los 40 años.


El camino se va haciendo más montañero según nos vamos acercando a la sierra, se estrecha algo y esta menos pisado, la vegetación gana terreno. Tenemos que cruzar algún riachuelo y tramos un poco más trialeros, pero siempre muy llevaderos. Ya corremos juntos los mismos y nos vamos intercambiando nuestras posiciones según corramos o andemos.

Delante nuestro se produce una caída, un chaval se ha despistado y tropezado con algún obstáculo por que ha caído sin control tan largo como es. Le cuesta unos segundos reaccionar hasta que se incorpora, pero se ha dado un buen trompazo además de múltiples arañazos en rodillas y manos lo peor es que se ha abierto un corte en la barbilla que sangra abundantemente. Con nosotros han parado un par de corredores más, uno saca el botiquín para intentar ponerle algún punto mientras mi primo le da un pañuelo para que pare la hemorragia. Creo que la carrera ha acabado para él, tienen que ponerle puntos en ese corte, él lo sabe y tiene un buen cabreo, después de tanta preparación retirarse por una tontería como esta da mucha rabia. Dándole ánimos seguimos corriendo, ya está bien acompañado y poco más podemos hacer.

Segundo avituallamiento, no me ha dado tiempo ni a tirar del botellín de isotónico que llevo en la mochila. En este me encuentro con un entrenador del colegio de mi hijo que esta de voluntario. Ya hemos coincidido en otras ocasiones pero ahora podemos charlar un poco mientras bebo el agua. Me da ánimos y me espera a la vuelta ya que el punto es de ida y vuelta.

Ya nos vamos acercando a la sierra y la Maliciosa que hasta entonces estaba cubierta por nubes empieza a despejarse y nos deja una vista espectacular de la sierra. Parece que hemos tenido suerte y las nubes que nos amenazaban en la salida han girado a nuestro alrededor y ahora las tenemos a nuestra espalda sobre Madrid.

Abandonamos el camino que sigue dirección Becerril y Cercedilla y nos desviamos hacia Manzanares con la Pedriza al fondo. Esta formación rocosa es un de las señas de identidad de nuestra sierra y la verdad es que resulta espectacular. Identifico el Yelmo y por supuesto el pueblo a sus faldas y el castillo de Manzanares.

Comienza una pronunciada bajada hacia el embalse donde aprovechamos para estirar piernas. La bajada acaba en un zona recreativa donde esta el avituallamiento que en esta ocasión además de agua tiene plátanos. Está claro que en la primera parte de la carrera no es necesario cargar con vituallas ni agua. Nos desviamos del camino principal que rodea el embalse y tomamos una senda que transcurre pegada a una valla para volver dirección al camino que hemos abandonado haciendo un bucle.


En este tramo el viento nos entra de espalda y ya no refresca además se ha despejado y aprieta el sol, empezamos a sufrir el calor. Está claro que hemos tenido mucha suerte con el tiempo, esta zona no tiene ni una sombra y cuando aprieta el sol se sufre de verdad. Volvemos a retomar el camino de Santiago y empezamos a cruzarnos con gente que va andando y todavía va en dirección a Manzanares. Seguimos corriendo a ritmos bajos aunque las piernas empiezan a cargarse y es que ya superamos la media maratón.

Vuelven a desviarnos del camino para hacer otro bucle, cruzamos un río y un par de voluntarios nos animan, pero al darse cuenta de que mi dorsal es verde lo que indica que me quedo a los 34 km y no finalizo los 100, comentan que a mi ya no me queda nada que por eso se me ve tan fresco.

Tomamos la vía del tren, supongo que este tramo estará abandonado, aunque mantiene las vías intactas. Corremos por la zona de piedra suelta y tenemos que parar varias veces para vaciar las zapatillas de las chinas que se nos meten dentro. Ya vamos más cascadillos y la conversación no es tan fluida, pero mantenemos el trote ligero. Obligo a mi primo a que andemos en algún tramo, creo que vamos demasiado rápido para completar los 100 km, aunque en apariencia va más fresco que yo.


Abandonamos la vía para tomar una senda entre el monte que nos conduce de vuelta a Colmenar. Tiene alguna subidita en la que andamos mientras nos hacemos alguna foto, parecemos excursionistas. Yo ya me voy fijando en los dorsales de color verde para que no me adelanten, se que mi posición en la carrera no es importante pero no puedo evitar que me traicione mi espíritu competitivo.

Ya estamos de vuelta en el camino de tierra a la salida de Colmenar, la verdad es que las 3 horas y media se nos han pasado muy rápido, entretenidos con la conversación y disfrutando del paisaje. Entramos en la calles asfaltadas y la zona de rotondas, debemos tener cuidado con el tráfico pues no está cortado. Mi primo se para en cuanto la calle se empina y se va quedando atrás. Yo ya no quiero parar me quedan un par de kilómetros y puedo agotar mis fuerzas, ya se que llego.

En la entrada a la pista de atletismo me está esperando una compañera de trabajo que vive en Colmenar y a la que he avisado de mi hora de llegada para que me fuera a animar. Me paro con ella y su marido a agradecerles el apoyo, me ven muy fresco y eso me anima. Pero todavía no he terminado y arranco otra vez para completar la vuelta a la pista de atletismo y cruzar la meta.


La meta un poco triste, los corredores entramos de uno en uno separados por muchos metros, nos da tiempo a posar, levantar los brazos y demás tonterías, y por supuesto no hay público que nos anime. Sólo te esperan un par de voluntarios que te hacen la foto de rigor y te entregan un diploma personalizado con tu nombre y un pin de la carrera en plateado, el dorado está reservado para los que completan los 100, un buen detalle.

Mi compañera me hace una foto mostrando mi diploma que rápidamente publica en el grupo de guasap de la oficina para que todos me vean. Tengo verdadeo aspecto de campeón. Un rato de charleta en donde se sorprenden de que seamos tantos locos para estas carreras y me rencuentro con mi primo al que le ha dado tiempo a cambiarse y estirar y ya está reponiendo fuerzas.


Le acompaño tomando una ensalada de pasta que da la organización y que a mí me sabe a gloria, porque nada más cruzar la meta me ha entrado un hambre horrible. Nos hacemos unas fotos antes de que el arranque para continuar con su aventura, yo le despido deseándole lo mejor. Lo que hace la cabeza, yo venía mentalizado para corre 34 km y una vez finalizado me han abandonado las fuerzas y el ánimo, sería incapaz de volver a arrancar aunque se que estoy preparado para hacer muchos más kilómetros.

Ducha reconfortante y ropas de paisano, todo un lujo para volver a casa como si no hubiéramos corrido, aunque las piernas no opinan lo mismo.


Nuestra primera idea era ser sistemáticos en nuestra carrera, correr 50 minutos a un ritmo cercano a los 6 min/km y andar unos 10 minutos. Lo que me ha resultado más complicado es mantener el ritmo lento, mis piernas están acostumbradas a una cadencia mucho mayor y tengo que concentrarme para que no se disparen. Pero cuando las distancias empiezan a ser largas, debes pensar siempre que quedan muchos kilómetros y que no puedes gastar todas las fuerzas.

Aunque esta experiencia me ha demostrado que al final la carrera es la que manda y hemos corrido cuando podíamos y andado cuando el terreno se hacía exigente, sobre todo en las subidas. Así a veces es mi primo el que ha decidido que tocaba andar y otras veces he sido yo el que ha parado, intentando aprovechar cuando íbamos andando para comer algo, hacer alguna foto. Y por supuesto siempre nos obligábamos a parar en los avituallamientos y andar un rato mientras bebíamos.


He sacado dos conclusiones, la primera es que a este ritmo me costaría finalizar los 100 km y la segunda y más importante que en estas distancias manda la cabeza sobre el cuerpo. Pero tengo más de un año para prepararme y aprender a correr las largas distancias.

martes, 18 de junio de 2013

Dejandome llevar por la corriente de agua

Esta es una de las grandes clásicas de la capital y ha alcanzado su 34 edición. Aunque desde hace varios años la organización ya no depende del Canal de Isabel II, mantiene su salida y llegada, en sus dos depósitos de agua de Plaza de Castilla y el Parque de Santander, como auténticos símbolos de la carrera y su nombre de "carrera del agua".

En los últimos años el recorrido ha cambiado en cada edición, pero siempre manteniendo la larga bajada por la calle Bravo Murillo, desde Plaza de Castilla hasta Cuatro Caminos, este tramo es el gran referente de la carrera. El resto del recorrido para completar los 10 km varía cada edición aunque suele mantener un tramo de subida por la Castellana.

Lo más característico de la carrera es su altimetría claramente favorable, prácticamente en bajada la mayoría del recorrido, únicamente se puede hablar de esfuerzo cuando hay que subir el tramo de la Castellana, pero son sólo un par de kilómetros. Esto hace que la velocidad sea alta y podamos buscar buenas marcas con “poco esfuerzo”.

















He quedado con mi cuñado para ir juntos en metro hasta la Plaza de Castilla donde empieza la carrera. Ya desde que salgo de mi casa me cruzo con corredores que van trotando por la calle Bravo Murillo hacia la salida, son un par de kilómetros de calentamiento. En el metro los vagones van completos por los corredores, aunque ya son varias mis participaciones en las carreras populares madrileñas, sigue sorprendiéndome de donde salimos tantos corredores.

Voy descubriendo entre los pasajeros a muchos de los “clásicos de las carreras” que he ido conociendo en los últimos años. Sentados en frente viajan una pareja de novios, ella le mira resignada, en realidad sólo corre por la insistencia de su pareja en que le acompañe, y a él le sale la vena proteccionista y le repite una y otra vez que va a ir a su ritmo que lo importante es llegar. Al lado nuestro va un corredor que no puede negar que lo suyo es el triatlón sus piernas de ciclista le delatan y también unas zapatillas muy llamativas con cordones de cierre rápido. Escucho la conversación de un grupo de amigos corredores, siempre es una mezcla de pique entre ellos y excusas para cubrir un posible fracaso, la típica “llevo sin poder entrenar las últimas semanas” junto a la muy utilizada “arrastro una lesión”, pero siempre seguido de previsiones de paso por kilómetros que a mi me alucinan, hablan con normalidad de correr los primeros kilómetros por debajo de los 4 minutos para reservar y atacar en los últimos kilómetros y estar cerca de los 35 minutos en la meta. También nos acompaña algún corredor veterano que se sonríe al comprobar nuestro nerviosismo, ellos siempre parecen tranquilos están curtidos en mil batallas pero si te fijas un poco mas siempre descubres algún detalle que delata que intentan disimular el  gusanillo de la carrera.


En esta ocasión había conseguido reclutar un gran equipo entre los compañeros de la oficina. Pero al final sólo tres han llegado a la línea de salida mientras que los demás se han quedado en el camino. Poniendo como excusa celebraciones familiares, lesiones fantasmas o falta de entrenamiento para ocultar el miedo escénico.

Entre los valientes que se enfrentan a los 10 km, está la gacela soriana en su afán de reventar todas las marcas de la empresa, y dos novatillos a los que ya he engañado en ocasiones anteriores para cubrir la distancia, por lo que no se estrenan, pero a los que no he conseguido enganchar al friqui mundo de los runners.

Llegamos a donde hemos quedado con el resto del equipo, ya están allí dos de nuestros acompañantes y la mujer de uno de ellos, ella si que tiene merito se ha levantado un domingo para acompañarnos y animarnos en nuestra pequeña aventura. Sólo nos falta el isleño que llega tarde. Cuando ya le vamos a llamar aparece con toda la tranquilidad del mundo. Su cara delata que no ha descansado lo suficiente, insiste en que no salio anoche pero al final confiesa que la fiesta la celebro en casa.


Calentamos un poco y nos cruzamos con Chema Martínez y Vanesa Veiga, última ganadora del MAPOMA. Será la única vez en que podamos correr junto a ellos durante la carrera, una vez que den la salida ellos volaran sobre las calles madrileñas mientras nosotros nos arrastramos. Pero al menos podemos decir que competimos en la misma carrera, haciendo un símil futbolero es como si jugáramos en un partido de liga junto al gran Raúl González. 

La Organización ha marcado cajones de salida en función del número de dorsal y este se otorga según la marca personal. A mí no me cuadra pues tengo un número posterior a mi cuñado y sólo puede ser que me lleve engañando durante el último año o ha mentido con su marca. En cualquier caso nos colocamos en la parte trasera como en otras ocasiones, animo al soriano a que se adelante para salir mejor colocado, pero está sobrado de fuerzas y le da igual, dice que ya adelantara por las aceras a todas los lentos que tenemos por delante.

Salida y a correr, la gacela nos deja rápidamente y yo decido irme con mi cuñado buscando una marca por debajo de los 50 minutos. Abandono a los noveles, para que se acompañen mutuamente y corran tranquilos. Haciendo zigzag entre los corredores vamos avanzando rápidamente y en seguida alcanzamos a la liebre de los 55 min. Ya estamos más cerca de nuestra posición de carrera pero al girar para tomar Paseo de la Habana se produce el primer tapón. Es complicado adelantar sin estorbar al resto de los corredores y decido tomármelo con más calma. Bajo el ritmo, el primer kilómetro lo hemos corrido por debajo de los 5 minutos, pero sigo adelantando a mucha gente que va de “tranqui”.

Ya estoy caliente y para mi alegría no me duele el gemelo que me ha estado dando problemas en los últimos entrenamientos, como veis yo también pongo excusas por si la carrera no se me da bien. Intento correr junto a mi cuñado, pero con tanta gente es prácticamente imposible, aparece y desaparece entre los corredores. Llegamos a Pio XII y la zona de toboganes donde la carrera se aligera un poco, opto por correr a mi ritmo y que me siga si puede.

Llego al primer punto de animación en el recorrido, en la Plaza del Perú he quedado con unos compañeros de trabajo que viven sobre la misma plaza y han prometido bajar para animarnos. Por mucho que busco no los veo por ningún lado, está claro que se han quedado en la cama. El lunes cuando llegue al trabajo se van a enterar, les pienso poner una gran cruz negra para varios meses.


Tenemos que superar un pequeño repecho para tomar otra vez Paseo de la Habana, es una bajada muy favorable, nos permite subir el ritmo y la carrera se estira. He perdido definitivamente a mi cuñado y ya corro solo cuando llegamos a la altura del estadio Bernabeu. Mientras que la gente recorta por la acera en la curva de la Plaza de los Sagrados Corazones, yo prefiero mantener el recorrido completo.

A partir de ese momento comienza la parte más dura del recorrido, pero voy ligero y sin dolor, lo que me anima y cuando tomo la Castellana mantengo el buen ritmo que llevo. Antes de llegar a la Plaza de Castilla ya he alcanzado también al globo de los 50 min, ahora si que estoy en mi posición de carrera. Tomo la rotonda de la plaza y enfilo la parte más típica de la carrera la larga “bajada” por la calle Bravo Murillo. Ancha y con un suave desnivel anima a alargar la zancada y subir el ritmo, eso hago y empiezo a disfrutar de verdad de la carrera. Sin darme cuenta ya estoy en la plaza de Cuatro Caminos.

Mi segundo punto de animación está en la calle Santa Engracia. Mi familia debe estar preparada pues la carrera pasa justo por la puerta de mi casa. Ya desde lejos veo a mi mujer y a mi enana, me salgo del recorrido y cruzo de acera para saludarlas. La canija aplaude a todos los corredores que pasan, pero cuando me ve venir lo hace todavía más fuerte. El mayor no ha bajado porque esta con el pie roto, en realidad porque todavía esta en pijama, y es que la adolescencia es muy dura.
 


Con nuevos ánimos me reincorporo al pelotón de corredores. Paso el cartel del km 9, aprovecho el momento para mirar el reloj que he olvidado durante la mayoría de la carrera. Me sorprende pues marca 40 minutos largos, me anima la posibilidad de volver a bajar de la barrera de los 45 y acelero el paso para conseguirlo. Este último kilómetro lo conozco perfectamente pues lo recorro cuando comienzo y termino todos mis entrenamientos. Me descoloco un poco cuando nos meten por dentro del parque de Santander yo esperaba que lo rodearíamos por la calle, pero tomo el tatami y tiro de todo lo que me queda. Nos vuelven a sacar por la puerta de la esquina opuesta que normalmente esta cerrada en donde se ha formado un pasillo con la gente que anima.

Ultima recta final por la calle para cruzar el arco de meta en 44 minutos exactos. Me hace mucha ilusión haber terminado el último kilómetro en menos de 4 min. Ya puedo descansar mientras espero al resto que van llegando con cuentagotas.

Hemos salido todos juntos pero cada uno ha optado por correr a su ritmo. El soriano una maquina por debajo de los 40, casi con marca para entrar en la San Silvestre internacional. Mi cuñado enfadadísimo, se ha relajado en la segunda parte de la carrera y no ha bajado de su mejor marca. El isleño llega como una moto, el año pasado por estas fechas en su primer 10,000 sufrió mucho para bajar de la hora y hoy ha rebajado esa marca en varios minutos y llega a la meta sobrado, tanto que ya esta pensando en cuando vamos a correr por la montaña. Y su pareja entra un poco después pero claramente por debajo de la hora y en su caso con mucho merito pues tiene unas ampollas impresionantes en la planta de los pies.

Reunidos todos celebramos la estupenda mañana de carrera, esta claro que el recorrido es muy favorable y eso siempre ayuda. Foto de despedida para inmortalizar el momento y cada uno a su casita.


Domingo perfecto, buen recorrido, buenas sensaciones y sobretodo buena compañía. Si además a eso unimos que me he encontrado físicamente bien y mi tiempo final sin superar mi mejor marca personal ha sido bueno, no puedo hacer otra cosa que decir que la carrera ha sido un éxito.

Terminada puedo marcar una x más en mi reto de los Top Ten de los 10.000 madrileños y completar así cuatro de las diez clásicas. Próximo gran objetivo el Maratón de Zaragoza en el mes de septiembre, por delante se me presentan unos meses veraniegos de calor y muchos kilómetros. Creo que deberé amenizarlo con alguna nueva carrera, conociéndome seguro que se me ocurre alguna buena idea para no aburrirme.