jueves, 26 de febrero de 2015

De Madrid a Segovia, mi primera Ultra

La Madrid-Segovia con sólo cinco ediciones ya se ha convertido en unas de las carreras de ultrafondo más populares de la península. Su gran éxito se basa en un recorrido atrayente, una organización cuidada y familiar y no menos importante un precio muy asequible.

La carrera transcurre por lo que queda del Camino de Santiago y las cañadas reales en las provincias de Madrid y Segovia. No se puede considerar un recorrido realmente de montaña, aunque la mayoría transcurra por caminos de tierra y siempre en suave ascenso hasta cruzar la Sierra de Guadarrama por el Alto de la Fuenfría. Viendo el perfil de la carrera me planteo si no sería mejor hacerlo en sentido contrario, más kilómetros de bajada y menos de subida. Pero aun así se puede considerar un recorrido “asequible” para los populares sino fuera porque son 100 km y muchas horas en movimiento.

El recorrido espectacular, sobre todo a partir de Colmenar cuando ya se abandona el radio de acción de la capital y nos adentramos en la Sierra de Guadarrama. Pasar por los pueblos de la sierra madrileña con su particular encanto y correr por los valles de la Barranca y la Fuenfría, son garantía de éxito para cualquier carrera, pero la guinda del pastel es la meta a los pies del Acueducto de Segovia, esa foto cruzando la meta con la piedras romanas como fondo es algo para enmarcar.
















00:00 / 0 Km Plaza de Castilla – Madrid

8:30  de la mañana y por fin se da la salida, cruzo el arco, enciendo mis dos relojes y empiezo a correr. Atrás quedan todos los nervios, dudas y meses de entrenamiento, por delante me esperan los últimos 100 km de esta locura que ha sido participar en mi primera ultra. A partir de este momento ya sólo queda intentar disfrutar de la carrera y confiar en que las fuerzas y los ánimos me aguanten hasta Segovia. Desde la salida empiezo a correr, sé que es imposible que llegue así hasta Segovia pero al menos mi primera intención es correr todo lo que pueda.

En la salida me he encontrado con un par de padres del colegio de mis hijos y salimos juntos, aunque mi idea es hacer la carrera solo, es algo que quiero disfrutar o sufrir a mi manera sin tener que adaptar mi ritmo a otros corredores, está claro que soy un corredor solitario.


Los primeros metros son caóticos, aunque es el único tramo de todo el recorrido cortado exclusivamente para los participantes, coincidimos corredores y andarines y tengo que ir esquivando gente como en cualquier carrera de menor distancia, pero transcurrido el primer kilómetro ya se puede correr cómodo. Estos primeros kilómetros tienen poco encanto ya que transcurren por las calles de Madrid y Fuencarral hasta llegar a Montecarmelo donde abandonamos el asfalto y cogemos por fin los caminos de tierra.

En este tramo corremos paralelos al monte del Pardo cercanos a las vías del tren y todavía corremos prácticamente en grupo. En algún tramo el camino se empina y la gente empieza a andar, yo me resisto y aguanto trotando en las subidas, puede ser que lo page después pero estoy fresco y con ganas de correr.


Mantengo un ritmo controlado pocos segundos por encima de los 6 minutos el kilómetro pues queda mucha carrera, casi sin darme cuenta estoy en el primer avituallamiento en Tres Cantos, se me ha hecho cortísimo y es una buena señal. Llego solo mis acompañantes se han ido desperdigando y se han quedando atrás. Hay que cruzar la carretera por un paso elevado para llegar al avituallamiento y al control de paso y es la primera vez que ando desde que comencé y ya estoy en el kilómetro 15.

1:40 / 16 Km Tres Cantos

Primer sello en mi impoluta tarjeta, y aunque a lo largo de la carrera tendré que sellar en 10 ocasiones más, ninguna será como la primera vez. Espero a mis compis pero tardan en aparecer y decido continuar, justo cuando arranco llegan, uno de ellos viene con problemas físicos, está claro que va a ser imposible que llegue a Segovia, pero quiere seguir y abandonar más adelante, los demás han decidido acompañarle, me despido de ellos deseándoles suerte.

Corremos unos kilómetros en paralelo a la carretera pero en seguida nos desviamos otra vez a los caminos de tierra que nos alejan de las carreteras, el grupo ya va muy estirado pero siempre corres con gente alrededor. Procuro disfrutar de la carrera y olvidarme de tiempos, kilómetros y lo que me queda todavía, en algunos tramos lo logro y disfruto del recorrido.


Nos acercamos a Colmenar y a la subida por el cementerio, es empinada y prefiero regular los esfuerzos, por lo que toca parar y andar, va a ser el primer tramo largo que hago andando aunque sé que no va a ser el último. En esta zona por primera vez desde la salida hay algunos espectadores que nos animan mientras pasamos, supongo que esperan a conocidos pero yo se lo agradezco igual. Superada la cuesta y ya en las calles de Colmenar arranco de nuevo a correr, estoy todavía fresco y quiero aprovecharlo.

3:02 / 27 Km Colmenar Viejo

Llego hasta el polideportivo corriendo es el momento de descansar algo, aprovecho para cambiarme de zapatillas dejo las de asfalto y me calzo unas más de montaña pero con muchos kilómetros que son como un guante, también me cambio la camiseta, como algo y bebo mucho.

En esta parada se supone que debería esperarme una compañera de trabajo que vive cerca, pero no la encuentro, le mando un mensaje y en seguida me contesta que está en la puerta esperándome que no esperaba que pasara tan pronto. Salgo y nos encontramos, foto de rigor y tengo que repetirla varias veces que voy muy bien a pesar de llevar ya 20 km en las piernas antes de que me deje continuar.


Me despido y arranco a correr otra vez, me cuesta encontrar el camino por las calles de Colmenar, los corredores vamos ya muy separados, hay mucha gente paseando que por supuesto no participan en la carrea y cruces con calles en donde poder equivocarse. En un par de ocasiones pienso que me he perdido pero la presencia de algún corredor al fondo, la marca en una farola o la gente que al pasar me aplaude y me indica la dirección, impiden que haga más kilómetros de los necesarios.

Por fin abandono la ciudad y retomo los caminos de tierra, esta zona me es conocida de los 34 km que hice el año pasado de la carrera de 100 km que transcurre también por estos caminos. Aunque en esta ocasión lo estoy haciendo en sentido contrario, voy por donde volví en aquella ocasión. Es una zona preciosa con sendas estrechas entre monte de encinas y jaras hasta llegar al avituallamiento situado debajo del puente medieval.

3:30 / 34 km Puente Medieval

A la sombra del puente relleno los bidones de agua y como algo, pero no me detengo demasiado voy bien y con ganas de seguir, por ahora son todo buenas sensaciones, no siento ningún cansancio y voy ligero.

Nada más abandonar el puente hay que subir una buena cuesta y aprovecho para andar tranquilamente y mandar algún mensaje a la familia. Pero en cuanto la supero arranco otra vez a correr y hasta llegar a Manzanares no volveré a parar.

Ni en el mejor de mis sueños podía imaginar que a estas alturas de la carrera pudiera correr con tanta soltura. Además las vistas de Madrid y las cuatro torres por este tramo son espectaculares y la bajada hacia Manzanares con el pueblo y su castillo en primer plano y la Pedriza al fondo es para disfrutar, da gusto correr por esta zona del recorrido.

Cruzo el rio por le puente y decido andar un rato en la subida que me lleva hasta Manzanares, es el momento de recuperar piernas y fuerzas, a partir de ahora empieza la verdadera subida a la sierra.  Mucha animación en el último tramo antes del avituallamiento, bromeo con un voluntario que me anima y es que estoy sobrado.


5:20 / 42 Km Manzanares el Real

Es el kilómetro 42 del recorrido, a partir de ahora me meto en un terreno desconocido, nunca he corrido tantos kilómetros seguidos en una tirada y aunque parezca de locos siento más ilusión que miedo, debo estar perdiendo la cabeza.

La organización hasta ahora perfecta, correcta señalización y los avituallamientos buenos y abundantes. Aunque haya algún corredor que siempre tenga que dar la nota encarándose a los voluntarios que le comenta que deje algo para los demás, está claro que algo estamos haciendo mal cuando hasta en estas cosas fallamos en la educación y las formas.

Arranco andando tranquilamente mientras un voluntario me para el tráfico para que cruce la calle, me siento el rey del mundo. Abandono ya corriendo Manzanares por una zona de chalets, más tarde me enterare que pase por la puerta de la casa de un compi de la oficina y no me pare a saludarle.

Avanzo corriendo paralelo a la carretera y ando algo despistado no sé muy bien hacia donde me dirijo hasta que aparezco en la entrada al parque de la Pedriza, me hace ilusión por que los caminos de la Pedriza y la Hoya de San Blas ha sido mis zonas de entrenamiento durante este verano.

A partir de ese momento la carrera transcurre por caminos estrechos y mucho más exigentes, aunque procuro seguir corriendo ya tengo que ir alternando tramos andando, sobre todo en las subidas. Según nos vamos acercamos a Mataelpino el camino se empina de verdad, en esta zona me junto con un corredor/andarín y en su compañía voy haciendo camino mientras charlamos de nada importante.

Pero la compañía me hace seguir a un ritmo vivo aunque sea andando, el chaval me confiesa que piensa andar más que correr pero en algún momento me cuesta seguirle el ritmo andando. Y paso a paso llegamos juntos a la plaza de Mataelpino


6:28 / 49 Km Mataelpino

El mejor avituallamiento con diferencia de todo el recorrido, montado en la plaza del pueblo tiene una gran animación, es la primera vez que me siento un rato desde que empezó la carrera. Hay mucha gente en las terrazas disfrutando del buen tiempo y creo que riéndose de nuestra locura, me dan ganas de juntarme a ellos y dejar de correr pero todavía no es el momento.

Mi compañero arranca antes que yo, le dejo ir no tengo prisa prefiero comer y descansar algo más. Venzo por fin la pereza y arranco por las calles del pueblo cuesta arriba, la subida la hago andando pero en cuanto puedo comienzo a correr y en un corre/andar avanzo kilómetros por uno de los tramos más técnicos del recorrido, una senda estrecha con piso suelto en donde agradezco el taqueado de las zapatillas de montaña y donde disfruto como un enano.

Supero a mi compi y le animo mientras le cito en el siguiente avituallamiento, aunque ya no volveremos a coincidir en la carrera, espero que llegara a Segovia. El recorrido va bordeando la falda de la sierra sin ganar altura, cruzo riachuelos y los muros que separan los prados. En este tramo recibo la llamada de un amigo que se ha acercado a animarme, nos citamos en el avituallamiento de la Barranca.

La senda que llevábamos termina en la pista forestal que une el pueblo de Navacerrada con el Hospital de la Barranca. Este tramo en cuesta en condiciones normales es muy corrible y de hecho en mis entrenamientos lo he trotado de día y de noche, pero no es el momento de excesos y prefiero subir andando. Me alcanza un andarín al que había adelantado unos metros antes y que se burló de mí comentando que como tenía todavía ganas de correr y aprovecho para seguir su rueda. Está claro que andar no es lo mío, debo subir muy lento ya que por delante la gente se me aleja mientras los que vienen por detrás me adelantan.

Mi amigo me vuelve a llamar al móvil, que donde ando, coño pues subiendo la cuesta que se creerá que voy sobrado de fuerzas. Por fin termina la cuesta y veo a mi colega esperándome, se ha torcido el tobillo al bajarse del coche y cree que se ha hecho un esguince, al menos él no tiene que seguir corriendo hasta Segovia.

7:55 / 58 Km La Barranca

Un rato de conversación mientras recupero fuerzas y a correr. Sobre el papel este tramo hasta Cercedilla es en bajada y aprovecho para correr, primero por la carretera y luego por un camino de montaña muy bonito, pero me encuentro con un tramo en cuesta arriba importante que me obliga a andar de nuevo.


Alcanzo a un corredor con la camiseta del Atlético y me sale la vena madridista, acelero para dejarle atrás mientras le aviso que le adelanta un madridista, se rehace y me recuerda su última victoria en el derbi, yo se la devuelvo mentándole la victoria de la décima. Al final nos despedimos como amigos y citándonos para el final de temporada.

Ahora sí que empieza la cuesta abajo por en medio de un pinar y arranco a correr, es el tramo donde iré más rápido de todo el recorrido y es que tengo ganas de llegar a Cercedilla, allí me esperan dos de mis sobrinos y una comida “reparadora”.

En la bajada me cruzo con un corredor al que los calambres le impiden casi andar y va cojeando, me paro para ofrecerle mi ayuda, a pesar de los problemas va con buen ánimo y me empuja a que siga que a él le esperan un poco más abajo para retirarse. Se me pasa por la cabeza que también me puede ocurrir a mí, pero en seguida lo olvido, voy sobrado de ánimos que ya no tanto de fuerza y estoy convencido de que voy a llegar a Segovia.

El último tramo para entrar en el pueblo de Cercedilla lo hago volando por debajo de los cinco minutos y medio el kilómetro, voy lanzado hacia Segovia. Unos metros antes del polideportivo ya veo a mis sobrinos con su padre, he tardado en llegar algo más de lo esperado pero me reciben como un héroe.

8:48 / 64 Km Cercedilla

Juntos nos vamos al polideportivo, me acompañan mientras como algo de pasta, me proponen ducharme y descansar en su casa y aunque es muy tentador me temo que si paro no podría volver a arrancar. Cambio la riñonera por la mochila, cojo los bastones, ropa de abrigo y el frontal, me despido de ellos y salgo del polideportivo trotando y dispuesto a atacar la gran subida del recorrido, el Alto de la Fuenfría.


Voy cruzando el pueblo y recuerdo las calles por donde en navidades corrí la Carrera de Cercedilla, pero estoy a punto de perderme en un cruce, por suerte un corredor me avisa y me junto a él para tomar la buena dirección. Llegamos a la carretera que nos subirá al puerto y que se empina desde el primer metro lo que nos obliga a subir andando.

Es un corredor experimentado y me comenta que los primeros kilómetros son los peores, que al final hay un tramo que llanea antes de llegar al puerto y hasta se puede correr. Poco a poco me doy cuenta de que va más fuerte que yo y que no debo seguirle, por lo que le dejo ir y me pongo a mi ritmo.

Es el momento de sacar los bastones que he cogido en Cercedilla e intentar mantener un buen ritmo de subida. Alcanzo a dos corredores que van de conversación y juntos vamos haciendo la subida por una senda de tierra paralela a la carretera asfaltada.

La conversación deriva de nuestras pequeñas hazañas como corredores a como la familia aguanta nuestras locuras y lo difícil que es compaginar nuestra afición con las exigencias familiares. Llegamos a la conclusión de que la única solución es conseguir que nuestra pareja también se aficione a correr, en mi caso imposible pero lo intentare con mis hijos.

Aprovecho un momento en que la conversación decae y me adelanto unos metros, prefiero ir sólo y marcarme mi propio ritmo. Voy subiendo ahora por la Carretera de la Republica, ancha y de tierra en medio de un pinar espectacular. La subida es completamente desconocida para mí y disfruto de ella todavía con luz. Este tramo está muy concurrido y me voy cruzando con paseantes y ciclistas que ya vuelven de bajada hacia Cercedilla, mientras que yo sigo subiendo.

A partir del avituallamiento intermedio la subida se me empieza a hacer pesada y es que ya son 70 kilómetros de carrera. Soy incapaz de coger un ritmo cómodo y constante, me van adelanto más corredores de los que consigo superar, claro indicio de que mis andares no son muy buenos.

Llego a la zona de falso llano de la subida, el Mirador Vicente Aleixandre, aprovecho para hacer una foto y decido que es el momento de correr un poco en esta zona más favorable. Me pueden más las ganas que el físico y únicamente puede combinar un poco de trote con metros andando. En cuanto la carretera empieza a empinarse de nuevo, retomo los bastones y mi caminar cansino. A pesar de todo este tramo es precioso, el camino va bordeando la ladera y la vista es espectacular sobre el Valle de la Fuenfría. Por fin al fondo empiezo a ver el final del puerto lo que me anima a mantener mi ritmo.


12:08 / 79 Km Alto de la Fuenfría

Subida superada, consigo mi objetivo con las últimas luces del día y bastante recuperado física y mentalmente después de pasar algún tramo de subida con la moral por los suelos. Es el momento de pararse en el avituallamiento y recuperar fuerzas, mientras el grupo de corredores se reagrupa después de haberse estirado mucho en la subida.

Mando el último mensaje a la familia para tenerles informados, hasta Segovia lo llevare apagado el móvil porque se está quedando sin batería y prefiero reservarlo por si tengo algún problema.

Se supone que de aquí en adelante es todo bajada pero correr de noche con el frontal me da un poco de respeto, no estoy muy acostumbrado y temo tropezar por lo que decido ser conservador. Me poco el cortavientos, pues en cuanto se ha ido el sol refresca, el frontal y la luz roja en la parte trasera de la mochila. Cometo mi primer error me doy cuenta de que no he encendido la luz trasera con la mochila ya puesta, me da pereza quitármela y pido ayuda a otro corredor. No sin dificultades consigue encenderla, pues con la oscuridad no encuentra el botón de encendido que por cierto está bastante camuflado.

Por fin perfectamente iluminado, me lanzo a la bajada. Al principio muy lento pero en cuanto voy cogiendo confianza dejo que la zancada se alargue y la carrera se hace más fluida. El grupo baja ahora más compacto y comparto los primeros kilómetros con otros corredores, pero poco a poco nos vamos volviendo a separar y la única referencia que tengo de ellos es sus luces rojas que me marca la dirección.

En este tramo de carrera sólo voy pendiente del suelo, la vista fija en el área que ilumina el frontal, el camino se reduce a un área de poco menos de 4 o 5 metros delante mío donde tengo que dar las siguientes zancadas, únicamente cuando levanto un poco la cabeza la luz ilumina a lo lejos y veo entre sombras el camino que me precede. La iluminación artificial es engañosa y me cuesta unos minutos acostumbrarme e identificar el tamaño real de los obstáculos que me encuentro en mi camino.

Es una forma muy distinta y especial de correr, el mundo alrededor se reduce a unos pocos metros y la sensación de estar solo es real, en algún momento tengo hasta un poco de miedo pero la presencia de otras luces rojas al fondo me tranquiliza y me recuerda que no soy el único loco que corre en dirección a Segovia. El inconveniente es que sería incapaz de reconocer el recorrido si lo hiciera de día.

Voy bajando con un ritmo “alegre” hasta que empiezo a notar dolor en el empeine de mi pie derecho. Es un dolor desconocido, pero tampoco antes había corrido 80 km sin parar. Es el momento de tomarse la carrera con calma y aunque es bajada alterno tramos trotando con tramos andando. El dolor no va ni a mas ni a menos, lo cual me tranquiliza no me va a impedir llegar a Segovia, eso sí lo hare un poco más tarde de lo previsto.

13:45 / 88 Km Corral de la Desesperada

Llego al avituallamiento con el dolor controlado, aprovecho para tomar un caldo calentito, algo de comida y echarme un poco de Reflex en el empeine pero el dolor no desaparece. Nos volvemos a juntar un puñado de corredores entorno a la mesa de las viandas. Casi todos con muchos ánimos aunque alguno llega con frío y pide algo de ropa, los voluntarios sólo le pueden ofrecer una manta con la que correrá hasta Segovia, lo sé porque le vi llegar envuelto en ella.

Paro poco, no necesito comer y prefiero no quedarme demasiado frio. Cada vez ando más y corro menos aunque el recorrido sea en bajada y ayude. Por fin el camino sale del pinar y ya empiezo a ver las luces de Segovia al fondo lo que me hace recuperar ánimos y fuerzas.

En este tramo me pasa un corredor con un frontal que ilumina como si llevara en la cabeza un foco de cine, el tío baja a un ritmo loco, sobretodo para los kilómetros que llevamos en las piernas, una vez más me doy cuenta que soy un aficionado a esto de las carreras.

En el último tramo de bajada se abandona el camino y es campo a través marcado con cintas reflectantes, resulta complicado para los que estamos poco acostumbrados a correr a oscuras.  Decido no arriesgar lo más mínimo y bajo andando con muchas precauciones y ayudándome de los bastones.

Me cruzo con un par de perros sueltos y paso un mal rato, aunque por suerte no me prestan demasiada atención y con un grupo de la Organización que suben buscando las llaves de un corredor y comprobando que no hay ningún corredor en problemas, un buen detalle por su parte. Cruzo la carretera A-11 que lleva a Riofrío y llego al último avituallamiento.

14:40 / 94 Km Riofrio

Es casi el final de la aventura y ni siquiera me sellan la tarjeta, ya no tengo ganas de comer sólo quiero llegar, pero me obligo a tomar unos frutos secos y beber una bebida isotónica.

En ese momento oigo una voz familiar que me llama por mi nombre, que alegrón es mi hermana que ha venido a animarme con una amiga. Han subido por el camino a buscarme pero han desistido y llevan un buen rato esperándome, estaban empezando a ponerse nerviosas.

Se sorprende de encontrarme tan fresco después de 98 km, pero le confieso que es todo postureo, en realidad voy bajo de ánimo y el dolor en mi pie es constante. Desde hace varios kilómetros he decidido que llegaré caminando hasta Segovia y descartar mi objetivo de cruzar antes de medianoche el acueducto. Aun así sigo ilusionado con llegar a Segovia, conseguir cruzar la meta es todo un logro para mi primera ultra.

Vuelvo a ponerme en camino y mi hermana me acompaña un rato caminando, intenta darme conversación pero solo consigue monosílabos por mi parte, estoy concentrado en mantener el ritmo y los pocos ánimos que me quedan.

En ese momento nos alcanza un corredor que viene corriendo, me da mucha envidia. Para mi sorpresa es uno de los padres del cole con los que coincide en la salida y se para a saludarme. Me comenta que al ir más lento los primeros kilómetros, donde se quedó atrás para acompañar al lesionado, todavía tiene fuerzas y baja corriendo desde la Fuenfría.

Me propone que me una a él para llegar juntos, mi hermana me anima ella se queda más tranquila si voy acompañado. Mi cabeza salta del sí al no varias veces, antes de ser capaz de vencer la pereza de mis maltrechas piernas y obligarlas a ponerse a trotar, pero ante mi propia sorpresa ya estoy corriendo otra vez.

A partir de ese momento es una nueva carrera de 6 kilómetros hasta cruzar el acueducto. Aunque el pie no deja de doler es soportable y a un ritmo “digno” avanzamos, a nuestro paso se nos van uniendo corredores a los que alcanzamos, llegamos a formar un grupo de cinco, para ser luego tres y volver a quedarnos en dos cuando el último se adelanta dejándonos descolgados.

Personalmente es un tramo de sufrimiento y disfrute a partes iguales. Una lucha entre caminar un rato o continuar corriendo unos metros más, en donde siempre gana el mantener la carrera, creo que por orgullo de no rendirme frente a mi compañero, pensando siempre que sea él quien pida una tregua.

Mi orgullo y sobre todo el sentirme corredor de nuevo es lo que me lleva corriendo directo a Segovia. En la memoria me recuerdo corriendo por una carretera sin asfaltar por donde no pasan coches, cruzando la circunvalación de Segovia por un túnel subterráneo,  pasando por delante de un cuartel donde un soldado hace guardia y nos anima al pasar, rodeando una plaza para atacar una calle empinada que se me hace interminable, siguiendo las indicaciones de un voluntario que a estas horas aguanta y nos jalea, para acabar por fin entrando en la calle peatonal que nos lleva directos a la meta.

15:23 / 101 Km Acueducto - Segovia


Ya está, ya llegamos, son los metros finales, la gente que toma copas en la calle nos anima mientras pasamos y un reducido grupo nos hace un pasillo antes de cruzar el arco de meta. Mi compañero encuentra a su familia y se queda unos metros atrás mientras yo me adelanto buscando a mi hermana y sobretodo el final de la carrera.

La sensación de cruzar la meta después de 15 horas y 23 minutos es una mezcla entre euforia y satisfacción personal, es el final de muchos meses de trabajo coronado con un final feliz y el reto personal de terminar antes de la medianoche.

Mi compañero entra unos metros detrás con su hija, nos felicitamos mutuamente y le agradezco que me haya hecho correr los últimos kilómetros, si no fuera por nuestro encuentro fortuito hubiera llegado a Segovia caminando y no como un corredor y sobretodo con una sensación de fracaso. Gracias Jorge, espero que en alguna otra ocasión pueda devolverte el favor.

Transcurren unos pocos minutos hasta que aparece mi hermana, sorprendida de verme ya en la meta y tan feliz como si ella hubiera corrido conmigo. Es el momento de las fotos, los mensajes a la familia para darles la noticia de que he llegado vivo, también el momento de parar de correr, tengo la extraña sensación de quedarme vacío, ya no tengo que continuar, aparecen los dolores y las malas sensaciones, de hecho me tengo que tumbar un rato para no marearme, supongo que es el efecto de acabar con la tensión de todo el día.


Despido a mi hermana y su amiga que van a cenar algo mientras yo me dirijo al polideportivo para ducharme. El trayecto bajo el acueducto camino del polideportivo, es una cuesta importante que junto al frio de la noche es el final de fiesta que me deja completamente agotado. Pero no hay nada que una buena ducha y el efecto balsámico de la medalla colgada al cuello no pueda arreglar y salgo “recuperado” y feliz en busca de mi hermana para que me lleve a Madrid.

El camino de regreso a Madrid se hace mucho más corto y relajado. Llego a casa con toda mi familia durmiendo, sólo mi mujer abre un ojo para comprobar que sigo vivo, me da un beso y se da la vuelta para seguir durmiendo. Metido por fin en la cama me cuesta aun un rato coger el sueño y finalizar un día muy largo.

Transcurridos ya muchos meses desde que acabe los 100km Madrid Segovia, sólo puedo recordar buenos momentos, aunque resulte sorprendente no hubo ningún momento en que me arrepintiera, ni siquiera en que el cansancio o los dolores me hicieran pensar en retirarme o dudar de que era capaz de llegar.

Me quedo con muchos buenos recuerdos para guardar, la salida en Madrid con los nervios acumulados de las últimas semanas, la marea de gente corriendo a mí alrededor en los primeros kilómetros de asfalto, la bajada hacia Manzanares con la Pedriza al fondo, el magnífico avituallamiento en Mataelpino y la extraña sensación de sentarme después de 48 km, los tramos de senda y trialeras desde Manzanares a Cercedilla, mis amigos animándome en Colmenar y la Barranca o mis sobrinos en Cercedilla, las conversaciones compartidas con corredores anónimos a los que seguramente sería incapaz de reconocer hoy por la calle, la “sufrida” subida al Alto de la Fuenfría mientras el sol se ponía sobre los pinares, las nuevas sensaciones de correr de noche por el monte, los metros de caminata compartidos con mi hermana, los últimos seis kilómetros corriendo otra vez como si fueran los primeros y la espectacular sensación al cruzar por fin la meta.

El único problema de no haber sufrido en exceso es que ya estoy deseando volver a sentir de nuevo esas sensaciones y eso significa volver a preparar y correr un ultra, quizás el 2016 y los 101 km de Ronda sea una buena ocasión para volver a “disfrutar” de correr.

lunes, 26 de enero de 2015

¡Adiós 2014! y yo sigo corriendo

Parece que mi aventura de correr 100 km desde Madrid a Segovia en septiembre me dejó sin fuerzas, pues desde entonces no he vuelto a escribir nada sobre mis carreras. Pero eso no quiere decir que haya dejado de hacer kilómetros ni que no me haya colocado en la salida de varias carreras populares este otoño, aunque no haya dejado prueba escrita de las mismas.

Finalizado este año 2014 me propongo pagar esta deuda con todos los que me seguís en mi pequeña aventura corredora, todos se reduce a mi mujer y mi madre, pues ya hasta mi hijo se ha cansado de escuchar mis historias. Por lo tanto a continuación escribo el pequeño relato de mis últimas carreras del año para disfrute de mi pareja de incondicionales.

XXVII Cross de Cuerda Larga – Sierra de Guadarrama – 19 de Octubre


Una de las cinco carreras que componen la Copa de Hierro que se organiza en la sierra madrileña y una de las más antiguas. Transcurre por uno de los recorridos más conocidos y bonitos de nuestra sierra que une el Puerto de Morcuera con el Puerto de Navacerrada, por la cuerda de la sierra. Mientras corremos por la cuerda vamos dejando a un lado Madrid y al otro Segovia, con unas vistas espectaculares sobre la Pedriza con la capital al fondo si miramos a un costado y el pico de Peñalara si miramos en sentido opuesto. Todo un lujo.

En esta ocasión sólo he podido engañar a un acompañante y juntos nos presentamos en la meta instalada en el Puerto de Navacerrada antes de que amanezca para recoger los dorsales y subir al autobús que nos llevara hasta la salida en el puerto de Morcuera. Cuando llegamos todavía es de noche pero ya hay movimiento de corredores, resulta de lo más fantasmagórico.


La carrera comienza con una subida terrorífica al Najarra, este primer calentón ya coloca a cada uno en su sitio y nos deja preparaditos para lo que nos espera. A partir de ese momento la carrera será un sufrimiento para mi compi, los calambres y las duras subidas lo dejaran vacío. Aguanta los primeros kilómetros pero en plena subida a Cabeza de Hierro se queda bloqueado, procuro animarle y decido quedarme a su ritmo para acompañarle.

Mi buen estado de forma después de los 100 km y este ritmo suave, hace que no tenga que forzar y por primera vez en una carrera de montaña puedo disfrutar de los pasos estrechos y las duras subidas y bajadas. Pero sobretodo disfruto con los tramos de canchales saltando de roca en roca imitando a las cabras. Comparado con mi experiencia antes de verano en el Cross de los 3 Refugios en donde él que se bloqueó fui yo subiendo al Puerto de Navacerrada esta carrera resulta un lujo y como consecuencia me he enamorado de ella.


La mañana acompaña y el tiempo es espléndido y despejado lo que permite disfrutar del recorrido y las vistas. En el Puerto de Navacerrada me encuentro con uno de mis hermanos, mi cuñado no corredor y unos amigos que han subido de excursión a la Maliciosa, me adelanto para charlar con ellos mientras mi compi se recupera en el último avituallamiento. Como me ocurre siempre no pueden entender que me divierte de correr por la montaña, cuando ellos como buenos domingueros van tranquilamente, con su caldito, sus vituallas, incluida botella de vino y copas de cristal para brindar cuando alcancen la cima de la Maliciosa. Ni me molesto en intentar explicárselo pero no me cambio por ellos.

Recupero a mi acompañante y comenzamos la bajada hacia la meta, este año no es por la pista de esquí sino por el camino hormigonado y después por la Cuerda de las Cabrillas, este cambio en el recorrido clásico hace que el kilometraje aumenta un par de kilómetros superando el recorrido final los 20 km. Ya queda poco y mi compi va a llegar seguro, por lo que le abandono a su ritmo citándole en la meta. Me lanzo a una bajada rapidísima disfrutando a grandes zancadas por una senda cómoda y poco técnica, el único problema es el tráfico de gente andando, corriendo y en bicicleta, esto parece la Gran Vía en hora punta y es que Guadarrama siempre ha sido la sierra de salón de la capital.

Cruzo la meta con un tiempo y una posición más que discreta pero feliz. Una carrera perfecta aunque no opine lo mismo mi compi que llega unos minutos más tarde con un calentón importante.

XV Carrera Grutear - Alcalá de Henares –2 de Noviembre














Una de los 10.000 que componen el TOP 10 que me he propuesto correr alguna vez, además he descubierto una carrera perfecta que creo se va a convertir en una fija de mi calendario. Recorrido de dos vueltas por el centro de la ciudad de Alcalá, completamente llano lo que permite correr rápido pero con continuas curvas y recurvas y piso adoquinado en algunos tramos que hacen que tengas que estar atento y anima el recorrido. Además con una participación reducida pero de mucho nivel, casi todos gente de clubs de atletismo que corren rápido y hacen que la carrera transcurra sin tapones y cada uno al ritmo que elija desde el primer metro.

Me presento el domingo junto con mi hijo y mi cuñado, es mi primera carrera con mi enano desde la San Silvestre del año pasado y me hace especial ilusión, creo que al adolescente le da un poco igual pero le agradezco que se anime a correr un domingo con el pesado de su padre. Nos acompaña además una mañana espectacular de sol y una temperatura muy agradable. Recogida de dorsal en la Plaza de Cervantes donde será la salida y llegada con un ambientazo y como hemos llegado con tiempo aprovechamos para tomar un café antes de calentar poco y mal, viendo como entran los de la carrera de 5 km.


Dan la salida y mis acompañantes salen como balas mientras yo pierdo tiempo intentando arrancar el maldito GPS que todavía no ha encontrado los satélites. Cuando por fin consigo arrancar el reloj me lanzo como un loco en busca de mi pareja de acompañantes. Me cuesta casi más de 500 m y un buen calentón pasar a mi cuñado y alcanzar al enano que corre desaforado como si no hubiera mañana. Me pongo a su altura y consigo que frene algo, la carrera es larga y tiene que regular, pero mantenemos muy buen ritmo y todo está a favor para hacer una buena marca. Mientras tanto mi cuñado ha desistido de seguirnos y se coloca a su ritmo.

Superada la primera vuelta el enano empieza por fin a dar síntomas de cansancio y paso a ser yo el que marque el ritmo. En algún tramo se queda atrás y tengo que esperar para que me alcance, pero basta con picarle un poco, para que como buen adolescente entre al trapo y acelere otra vez para que su padre no le gane en la meta.

En la meta una estupenda marca de 47 minutos nos deja más que satisfechos y felices.

II Carrera un juguete una ilusión – Pozuelo de Alarcón -  16 Noviembre















Carrera de nueva invención, de hecho es su segunda edición, a la que nos apuntamos por discurrir muy cerca de las casas de varios de mis acompañantes habituales de las carreras. El circuito durillo, con mucha cuesta y repecho y poca muy poca animación. Pero la mañana soleada y la compañía ayudan a sobrellevar la dureza de los kilómetros.

Mucho modelito running en la salida, la mayoría corredores perfectamente uniformados con mallas, cortavientos y zapatillas haciendo juego, todo de marca e impecable. Esto de correr se ha convertido en una verdadera moda y las carreras populares el escaparate donde la gente se muestra.

Por segunda vez en un mes mi hijo vuelve a acompañarme, aunque después de Alcalá en esta ocasión viene con menos “ánimos”. Para la carrera nos hemos juntado un buen grupo de amigos y aunque nos cuesta reunirnos al final estamos todos y nos ponemos en la línea de salida, cuenta atrás y a correr.


Desde el primer momento el grupo se disuelve, cada uno corre a su ritmo, hay demasiada gente para correr cómodo. Me quedo el último con la intención de cerrar el grupo mientras los demás se adelantan y así hago los primeros kilómetros pero me aburro y tiro hacia delante. Alcanzo a mi hijo antes de atacar la primera gran rampa del recorrido, nos juntamos y hacemos a ritmo vivo la subida. Adelantamos y dejamos clavados a mis cuñados que todavía van por delante a mitad de cuesta. Luego en meta pondrán las típicas excusas de falta de entrenamiento, que si los Lopez somos pesos pluma y por eso corremos más rápido, pero les hemos dado una pasada en toda regla.

A partir de ese momento la carrera transcurre por un recorrido de chalets adosados y casas bajas de pisos bastante monótonos y animación nula, por lo que  procuro concentrarme en correr y me voy fijando en los demás corredores para entretenerme. Me sorprende un corredor que se para a andar y luego arranca a toda velocidad para adelantarnos como un tiro, lo hace varias veces antes de llegar a la última larga cuesta en donde por fin le dejamos atrás, rara forma de correr a lo mejor es una nueva técnica desarrollada por un nuevo guru del running moderno.

Estamos avisados de que los últimos kilómetros son en constante subida y llegamos con suficientes fuerzas. Pasamos por delante de casa de mi cuñado donde esperan mis sobrinos para animarnos, chocamos manos y nos informan de que no vamos los primeros, ya lo suponíamos pero todavía nos queda tiempo para atacar a los primeros.

Termina la subida, mi hijo ha flojeado algo pero aguanta bien el esfuerzo. Le propongo acelerar el ritmo en el último kilómetro aprovechando que es bajada para llegar en una marca por debajo de los 50 minutos. Se le ve vago pero el orgullo le puede y me sigue para no quedar por detrás de su anciano padre. Último kilómetro rapidísimo y es que tampoco hemos ido a tope, la carrera no acompañaba para mejorar nuestra marca de Alcalá, pero terminamos en un respetable tiempo por debajo de los 49 minutos.

XXXIV Trofeo Akiles – Casa de Campo –14 Diciembre


















Un recorrido por dentro de la Casa de Campo, que parte del lago para subir al Cerro de Garabitas punto más alto del parque y volver al lago para rodearlo antes de cruzar la meta, siempre por carreteras asfaltadas. Autentica clásica madrileña con poco apoyo de las marcas pero gran respaldo de los corredores. En mi caso es una carrera que ya conozco de ediciones anteriores y que siempre que puedo repito y recomiendo.

En esta edición amanece una mañana de perros con una lluvia continua, parece que después de un otoño especialmente cálido por fin llega el invierno. Pero eso no me va a impedir disfrutar bajo la lluvia de un recorrido por dentro de la Casa de Campo que me encanta y me levanto de la cama venciendo la pereza. Como suele ocurrir cada vez que llueve, de los siete que estábamos inicialmente apuntados solo aparecemos los tres tenores.

Mi intención en esta ocasión es correr junto a mi compi para que no pueda relajarse. Una vez que se da la salida mi cuñado arranca fuerte y yo voy marcando un ritmo alegre a mi compi en la subida a Garabitas. Sufre pero aguanta hasta la última rampa donde nos encontramos con su hermano que sube andando y ve el cielo abierto. Como va a dejar a su hermano en tan malas condiciones tiene que bajar el ritmo y acompañarle. Admito mi derrota una vez más y le abandono con su ritmo cansino, lanzándome en una bajada rápida en busca de mi cuñado.


En este tramo de la carrera es donde siempre se disfruta más, en este caso al terreno muy favorable en bajada se junta el poco desgaste que he tenido en la subida. Puedo acelerar el ritmo y correr muy “rápido” a pesar de la lluvia continua que nos va empapando y que hace que el suelo este resbaladizo.

Finalizada la bajada de Garabitas alcanzo a mi cuñado y juntos tomamos el camino que bordea el lago de la casa de campo y la larga Avenida de los Plátanos. Este tramo se nos hace muy pesado, es una leve subida que no termina nunca, por fin giramos a izquierdas y sólo queda una bajada de casi un kilómetro hasta la meta, en donde recuperamos algo de tiempo, pero no conseguimos romper la barrera de los 50 minutos.

Cruzada la meta retrocedo el camino buscando a mi compi que llega sobrado acompañando a su hermano, me uno a ellos y hacemos el último kilómetro juntos. A falta de  200 metros para la meta se permite el lujo de esprintar para entrar unos metros por delante de su hermano. Y es que correr a un ritmo por debajo del tuyo habitual se nota, te permite ciertos lujos y hasta la carrera parece más bonita.

Terminada la carrera a casa deprisa porque empapados nos estamos quedando helados. Pero me alegro de haber vencido la pereza inicial y a pesar de las condiciones adversas ha sido una mañana de carrera para recordar y una buena ocasión para humillar a los gallinas que se quedaron bajo las sabanas protegidos de la lluvia, excusándose en lesiones ficticias y problemas de agenda o trabajo.

XI Carrera de Navidad – Cercedilla – 21 Diciembre
















Repito esta carrera de montaña tan atípica, tanto por el recorrido por anchas sendas como sobre todo por la gran cantidad de participantes. Es una auténtica fiesta en donde hay que olvidarse de las prisas y disfrutar del ambientazo, sólo hay que tener cuidado en algunos tramos de bajada “arriesgados”. El perfil del recorrido sencillo en subida la primera mitad del recorrido para bajar lo subido en la segunda parte, no es demasiado exigente y permite correr a ritmo vivo.

Por segunda vez en el último mes repetimos los tres de siempre en la salida de la carrera. Pero en esta ocasión excepto en los primeros kilómetros donde iremos juntos, cada uno va a correr a su ritmo y hacer la carrera como quiere o mejor como “puede”.


Durante el otoño he ido perdiendo mi forma y no he corrido prácticamente por montaña por lo que mi objetivo en la carrera se reduce a llegar a meta dignamente y si puede ser sin haber andado demasiado. Al menos el primer objetivo lo cumplo y cruzo la meta en perfecto estado, aunque no pueda cumplir el segundo, el exceso de gente en algunos tramos y sobretodo una rampa traicionera a mitad de subida me obligan a andar un metros.

Por lo demás mañana espectacular de sol para correr por la montaña y disfrute total en algunos tramos, aunque en las bajadas debo tener cuidado para no caer. Varios accidentados en el camino nos recuerda que debemos tener cuidado y que no merece la pena dejarse los dientes o un tobillo para ganar unos segundo y quedar el puesto 198 en lugar del 200.

Para mi cuñado ha sido su bautizo en una carrera de montaña y además de defenderse estupendamente creo que ha disfrutado por lo que ya me he hecho con un nuevo acompañante para mis locuras montañeras. En cuanto a mi compi ha vuelto a correr a su ritmo confortable sin forzar, pero sigue siendo un fijo en las carreras, de hecho ya estamos apuntados a dos medias para el año que viene y quizás el 2016 sea el año en que nos pongamos juntos en la salida del Maratón de Madrid.

XXVI San Silvestre Puente Sarda – Sabiñánigo – 31 de Diciembre


El fin de año en mi caso es para pasarlo en Jaca esquiando con la familia y desde el año pasado para correr la noche del 31 en Sabiñánigo. Y así es como término este año 2014, con toda la familia corriendo disfrazada y sin prisa, y dar la bienvenida al 2015. Esta San Silvestre es pequeña en número de participantes y distancia y sobretodo muy de barrio, pero tantas ediciones demuestran que las cosas bien hechas se mantienen. Hay carreras para los pequeños y para los mayores cinco vueltas a una manzana de 800 m para completar 4 km de auténtica fiesta. Muchos corredores disfrazados y algún profesional que viene a correr.

Aunque a última hora mi hermana mayor, su hija y mi hijo se tiene que dar de baja por problemas en el esquí, el grupo de canijos disfrazados es digno de mención. Disponemos de una granja completa con una oveja, una vaca y un búho, una pirata y un hada madrina completan el grupo. Los mayores al final no nos hemos animado a disfrazarnos, pero al menos nos ponemos un gorrito rojo de Papa Noel para no desentonar.


Este año llegamos con la hora pegada y sin poder recoger los dorsales los enanos se ponen en la línea de salida justo antes de que comience la carrera. Los tres mayores salen como locos pero a los dos pequeños les hacemos comenzar tranquilos, después de la experiencia del año pasado el objetivo este año es completar la vuelta a la manzana sin pararse.

Mi canija va feliz y no para de darme conversación mientras corremos juntos, sólo se calla cuando se queda sin aire en las cuestas, pero en cuanto se recupera vuelve a hablar y es que no puede estar ni un segundo callada, me sorprende que después de todo el día esquiando todavía le queden fuerzas. Ya en los últimos metros intentamos alcanzar a su primo que va un poco por delante corriendo con mi hermana. Y al grito de “A por la oveja” aceleramos un poco la marcha, pero el enano no se deja adelantar fácilmente y cruza la meta por delante de nosotros, el año que viene entrenaremos para poder ganarle. La mayor alegría para los canijos es que este año hay medallas para todos los participantes.

A continuación le toca correr a mi sobrino mayor, ya son tres vueltas a la manzana y tiene competidores duros, pero sale dispuesto a dar batalla. La primera vuelta corren en grupo, pero ya en la segunda se destacan cuatro corredores en donde está mi sobrino. En la última vuelta ya se han destacados un chico y una chica que son campeones de Aragón, pero mi sobrino aguanta en una meritoria tercera plaza con su perseguidor a varios metros. Es un orgullo para la familia que alguno pueda subir al pódium, pero los últimos metros se le hacen muy largos y su perseguidor le adelanta dejándole clavado, al final cuarta posición y medalla de chocolate.


En la carrera de mayores mi cuñado y yo nos lo tomamos con calma ya conocemos el recorrido del año pasado y tiene un par de rampas que hay que vigilar si no quieres llegar desfondado. Pero cuando al comienzo de la segunda vuelta nos pasan los primeros de la carrera está claro que nos lo hemos tomado con demasiada calma, hasta nos pasa un corredor disfrazado de vikingo. Humillados por ser doblados tan pronto nos lo tomamos un poco más serio pero eso no impide que los primeros nos vuelvan a doblar en la cuarta vuelta.

A pesar de la doble humillación disfruto mucho de estos pocos kilómetros de carrera animado por los enanos y rodeado de gente que despida el año disfrazado. A destacar el grupo formado por Santa Claus con su trineo, dos renas y varios paquetes andantes, aunque descarrile en una curva y las renas continúen dejando al pobre gordito corriendo con el trineo al hombro.  Y también nos acompaña una Caperucita Roja, aunque no está muy dispuesta a correr a pesar de que el lobo feroz la persiga y nada más darse la salida se retira a los pocos metros dejando al lobo compuesto y sin novia.

Terminada las carreras de vuelta a casa para celebrar el fin de año por todo lo alto con una cena de postín. Este año la mayoría de la familia aguanta hasta las campanadas y entramos con buen pie en el año nuevo.

Espero que mis “seguidoras” hayan disfrutado de mis andanzas de corredor y que me sigan apoyando en mis pequeñas y grandes locuras y es que ya tengo muchos planes para el año que comienza.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Correr 100 km da para mucho

El pasado sábado 20 de septiembre particié en mi primera carrera de larga distancia, un recorrido de poco más de 100 km entre Madrid y Segovia.

De la experiencia he sacado muchas sensaciones y aprendido alguna cosa nueva. Pero ya antes de ponerme a correr descubrí que 100 km dan para mucho, dan para mucho antes, durante y después de la carrera.


Dan para que meses antes ya tengas que esprintar para poder hacerte con uno de los 1200 dorsales que se ponen a la venta y que se acaban en menos de 24 horas. Una auténtica locura, casi como las peleas en la puerta del Corte Ingles el primer día de las rebajas de enero.

Una vez superada esta prueba es cuando te planteas como narices se entrena para correr 100 km seguidos. Te sumerges en el maravilloso mundo de internet buscando un plan que sea compatible con tu trabajo, tu familia, tus otras aficiones, las vacaciones y descubres que es imposible llegar a todo sin dejar de dormir y comer. Entonces es cuando decides que correrás lo que puedas y cuando puedas, lo cual nunca te parecerá suficiente.

Intentas encajar con calzador las tiradas largas que según tu plan ideal deben durar 6, 7 y hasta 8 horas. Madrugas en plenas vacaciones o el fin de semana y aun así cuando vuelves pasado el mediodía te encuentras a la familia esperándote y enfadada. Y quien es el valiente que se atreve a decirles que llegas reventado y que no tienes ganas de hacer nada.

También da para descubrir con horror que en el colmo de tu locura, empiezas a pensar que es normal salir a correr durante 3 horas seguidas.

Dan para que adquieras la infinidad de nuevos accesorios que se consideran “esenciales” para este tipo de carreras. Mochila de hidratación o riñonera con botellines para llevar el líquido. Unos bastones con la idea de convertirte en animal cuadrúpedo cuando tus piernas estén agotadas e intentar utilizar tus brazos para arrastrarte hasta la meta. Multitud de geles, barritas, bebidas isotónicas y todo tipo de inventos modernos que intentan sustituir al clásico bocadillo de chorizo y el botijo con agua.

Da para  varios meses en donde preparar los 100 km se convierte en tu pequeña obsesión en la que intentas involucrar a todo el que conoces sin darte cuenta que ellos solo ven en tu aventura una locura sin ningún sentido.

Y por fin llega el día de la carrera y los 100 km vuelven a dar para mucho, en mi caso para más de 15 horas. En ese tiempo pasas de la euforia al abatimiento, de pensar que no puedes más y lo mejor es abandonar a no tener ninguna duda de que lo vas a conseguir y acelerar en las bajadas.

Dan para correr y para andar, para ir rápido y lento, para pararte y volver a arrancar, para hablar con otros corredores, oír música o hundirte en tus pensamientos. Para adelantar y ser superado por multitud de corredores, que en este caso si entienden porque quieres correr 100 km.

En mi caso también dio para tener pendientes y preocupados a toda mi familia y amigos. Por una vez comprendí la utilidad del WhatsAap, que me permitió tenerles informado de que seguía vivo y animado, de mandarles fotos en donde ponía mi mejor sonrisa para intentar que se preocuparan lo menos posible. Pero sobretodo me sirvió para recibir el apoyo y los ánimos de todos ellos que me llevaron en volandas hasta Segovia.

Como resumen de todos los mensajes recibidos reproduzco algunos que representan tanto sus ánimos como su incredulidad por lo que estaba haciendo.

Gigante que tú puedes

Pero bueno…. hasta que hora vas a estar corriendo?

Descansa un poco hijo que son 100 km

Enhorabuena, no se para que lo haces pero… estoy a favor sea por lo que sea

También dan para que muchos amigos se acerquen al recorrido para darte en persona sus ánimos. Después de meses hablándoles de tu reto casi consigues que lo asuman como propio y se sientan parte de tu aventura, Algunos se acercan para comprobar que es cierto que estas corriendo esta locura, otros solo para darte ánimos o porque pasas cerca de su casa y los más osados se atreven a correr contigo unos kilómetros. Pero a todos se lo agradeces por igual.

Pero para lo que verdaderamente dan 100 km corriendo es para conocer nuevos caminos, paisajes y pueblos y a mucha gente, gente con la que en la mayoría de los casos no volverás a coincidir y con los que compartes algunos kilómetros, intercambias pocas palabras pero muchas sensaciones. Y aunque parece imposible siempre encuentras a alguna persona conocida de la que no sospechabas que estuviera tan loco como tú para apuntarse a este tipo de carreras y que sólo por ese hecho pasa de ser conocido a amigo.

Y por supuesto correr una carrera de ultra distancia da para mucho una vez terminada. Da para hablar de ella durante días, meses y seguro que hasta años, es algo que podrás contar a tus nietos y ellos por una vez te prestaran atención, siempre con la duda de si el abuelo ha  perdido la cabeza. Para convencerlos siempre estará la medalla que demuestra tu logro y tu locura a partes iguales.


También para recibir un montón de felicitaciones y alabanzas de amigos, familiares y todo aquel al que se lo cuentas. Y nadie negara que a todos nos gusta ser héroes por un día, aunque en el fondo nos demos cuenta de que en realidad nos toman por locos.

Da también para muchos dolores y algunos casos para largas lesiones, que solemos exhibir orgullosos como las heridas de una batalla que hemos conseguido ganar. Alguien me comento alguna vez que correr un maratón implicaba una semana menos de vida para la persona que lo corría, haciendo cuentas los 100 km  nos salen a 2 semanas y media menos de nuestra existencia pero personalmente las doy por buenas, creo que me sobran si no hago lo que me gusta.

Pero sobre todo para muchos recuerdos y experiencias que de otro modo no hubiéramos adquirido nunca. Muy lejos de mi intención insinuar que todo el mundo debe vivir una experiencia como esta, pero si estoy seguro que él que lo hace lo recordara toda la vida, son de esas cosas que dejan huella y de las que uno se siente orgulloso.

Como veis 100 km también da para escribir mucho, por lo que tendréis que esperar para que os cuente como fueron mis primeros 100 km corriendo.

miércoles, 11 de junio de 2014

Mejor Marca Personal


Este año me he apuntado a la Carrera del Agua para correr, pero para correr rápido, para intentar volver a bajar de los 45 minutos en un 10 km, para comprobar si mis piernas siguen siendo veloces, para ser otra vez un corredor en lugar de un trotador, para ir al límite durante una carrera, para no poder excusarme una vez más en que iba haciendo de liebre a algún amigo.

Para simplemente correr todo lo rápido que dieran mis piernas

Y con esa intención me plante en la salida de la carrera en la Plaza de Castilla, me coloque tan delante como pude y cuando dieron la salida salí a correr sin reservas. Aprovechando las bajadas para acelerar, las zonas llanas para recuperar y sufriendo en las subidas para que no bajara el ritmo. Sin mirar el reloj, solo corriendo hasta donde me daban las piernas y el corazón, olvidando los tiempos y únicamente concentrado en avanzar todo lo rápido que podía.

Y la cosa salió bien no solo baje de los 45 minutos sino que hice mi Mejor Marca Personal.

Excepto en el primer kilómetro donde la cantidad de corredores hacía imposible correr, en el resto de los diez fui capaz de correr siempre por debajo de los 4:30 y los dos últimos por debajo de los 4:00. No puedo decir que fuera sobrado o que no sufriera pero si puedo decir que en ningún momento de la carrera me sentí desfallecer y nunca paso por mi cabeza abandonar el intento y dejarme llevar. Como dirían los expertos siempre “domine” la carrera.   

Como en los últimos años volví a superar a mi edad y corrí los 10 kilómetros en menos minutos que los años que tengo. Es cierto que cada año que cumplo resulta más fácil, tengo un minuto más para acabar, aunque también soy un año más viejo, pero mola como reto tonto.

Por poner algún pero comentar que la carrera se me hizo muy corta. Comparada con las últimas carreras de más de 2 horas, en esta ocasión estos 45 minutos fueron un visto y no visto. Cuando quise darme cuenta ya había cruzado la meta y como además terminaba al lado de mi casa me dio tiempo a desayunar con la familia. Como dice uno de mis compis de carreras, para rentabilizar el precio de la inscripción no se puede correr demasiado deprisa sino el minuto de carrera sale muy caro, está claro que yo hice una mala inversión.

Ya se que comparada con la de los atletas profesionales mi marca resulta ridícula y que ni  siquiera me encuentro dentro del grupo de los corredores populares más rápidos. Se que si no eres capaz de correr por debajo de los 40 minutos en un 10.000 no eres nadie en este mundillo. Se que no debería darle tanto bombo a mi marca, porque siempre hay alguien que ha corrido más rápido y te saca los colores. Pero yo sólo tenia ganas de demostrarme que todavía puedo correr "rápido".