jueves, 12 de abril de 2018

Corriendo en la Hoz del Jucar


Domingo 5 de Noviembre del 2017

Cuando pienso en las calles de Cuenca me viene a la mente su suelo empedrado y una permanente cuesta que va desde la zona baja de la ciudad atravesando todo el casco antiguo para acabar en el Barrio del Castillo en la zona más elevada. No me parece el entorno ideal para correr una media maratón a no ser que seas un aficionado al esfuerzo agónico. Está claro que la Organización de la carrera ha pensado lo mismo que yo, por eso ha diseñado un recorrido mucho más amigable, que transcurre por fuera de la ciudad pero por un entorno espectacular como es la Hoz del Júcar.

La carrera comienza en la parte más elevada del casco antiguo unos metros antes del Arco del Bezudo, uno de los pocos restos que quedan del castillo original y termina en la parte baja de ciudad fuera del casco antiguo junto al Parque de los Moralejos. Pero el resto de la carrera trascurre en su totalidad fuera de la ciudad por la Hoz del Júcar junto al río y entre las dos altas paredes que flanquean este “accidente natural” producido por la erosión de la roca durante  años. El entorno es un verdadero lujo, además la estación otoñal convierte el paisaje en un despliegue de distintas tonalidades de marrones y amarillos que todavía acentúa mucho más la sensación que tiene el corredor de estar corriendo por un paraje especial.

Nada más cruzar la línea de salida la carrera se interna de lleno en la hoz por el Camino de San Isidro. El primer tramo es en claro descenso para buscar el río Júcar que se ve muchos metros más abajo en el centro de la hoz. Una vez que llegamos a la altura del río tendremos que correr por sus dos riberas, iremos primero dirección Cuenca por el Camino del Júcar para cruzar el río antes de llegar a la ciudad por el Puente de los Descalzos y volver sobre nuestros pasos alejándonos de nuevo de Cuenca. Hasta volver a cruzar el río en esta ocasión por el Puente de Valdecabras y volver de nuevo por el mismo camino que habíamos recorrido kilómetros antes. En esta ocasión seguiremos por el Paseo del Júcar para cruzar el Parque de la Trinidad y meternos ya en las calles de la ciudad para llegar a la meta.

El recorrido en su mayoría es de carretera asfaltada pero el tramo del Camino del Júcar que se recorre en dos ocasiones es un camino de tierra, en algunos tramos estrecho y sinuoso como una senda de montaña que le da un encanto especial. Además en esta zona se corre pegado a la pared de roca que enmarca la hoz y resulta verdaderamente espectacular.

La Organización perfecta, gran bolsa del corredor con camiseta de manga larga y porta dorsales. La hora de salida a las 10:00 y el poder recoger el dorsal el mismo día de la salida facilita mucho al corredor perezoso como es mi caso. La llegada en el polideportivo permite una gran zona de recuperación y que no haya que desplazarse para llegar a las duchas lo que se agradece mucho después de la carrera.

mediamaratoncuenca.blogspot.com














Ayer diluviaba en Cuenca, tanto que después de empaparnos intentando “disfrutar” de las vistas desde el mirador del Ventano del Diablo, nos tuvimos que volver sin visitar la Ciudad Encantada y refugiarnos en los museos de la ciudad. Y continuó la lluvia durante toda la tarde, cubiertos bajo el paraguas fuimos de la Fundación Antonio Pérez, a la catedral y a continuación hasta el museo de arte abstracto, las famosas Casas Colgadas sin poder disfrutar del paseo por las calles conquenses.

Pero hoy domingo día de la carrera, increíblemente ha amanecido un día despejado y luminoso, un maravilloso día de otoño ideal para correr y disfrutar del paisaje otoñal de la Hoz del Júcar por donde transcurre esta media maratón. Con el cuerpo revuelto por los nervios previos a la carrera que me acompañan en mis últimas aventuras, me levanto con la duda de quedarme en la cama y olvidarme de correr. Pero puede más mi orgullo y sobretodo mi sentido del ridículo, no me puedo rajar antes de empezar a correr después de arrastrar hasta aquí a mi familia y a mi hermana.

Mi hermana se ofrece a llevarme en coche hasta la salida en el castillo, me viene estupendo para ahorrarme la subida a pie. Mi canija se apunta y nos plantamos los tres en la salida con tiempo de sobra para recoger sin agobios el dorsal y hacernos las fotos pre-carrera. Ya con el cuerpo más recuperado aprovecho para tomarme un café y un plátano de desayuno que me entona algo el cuerpo.


Me despido de mis acompañantes y me voy a calentar un poco. La salida es unos metros más arriba de donde hemos aparcado y me pongo a trotar pasada la meta esperando que sean las 10:00 y den la salida. Hay mucho ambiente de “corredores de clubes” como suele ocurrir en las carreras fuera de la capital, solo algunos versos sueltos como yo nos animamos a venir a estas carreras por nuestra cuenta y riesgo.


Se acerca la hora y me pongo tras el arco de salida casi de los últimos, no voy a forzar ni salir rápido y tampoco quiero molestar a nadie. Dan la salida y nos lanzamos cuesta abajo, los primeros 5 kilómetros son de descenso y hay que aprovecharlos. Me cruzo con mi hermana y mi enana que se han quedado par verme salir, mi canija aprovecha para hacerme una gran foto.


Giramos a la derecha y tomamos el Camino de San Isidro que transcurre por la parte alta de la hoz. Tenemos una vista espectacular sobre el lado contrario de la hoz con el Júcar a nuestros pies. La carretera transcurre por un pinar precioso y como es cuesta abajo cojo un ritmo relajado, disfrutando mucho de estos primeros kilómetros mientras bajamos lentamente hacia el río. El descenso termina y giramos para tomar el Camino del Júcar que transcurre pegado al río.

En los primeros metros es un camino ancho medio asfaltado, pero  en seguida se convierte en un camino de tierra estrecho. Los corredores nos tenemos que poner en fila de uno y es difícil adelantar, pero es un camino precioso, va encajonado entre el río a la derecha y los cortados de la hoz a la izquierda. En algunos tramos hasta vamos cubierto por las cornisas de roca que sobresalen de las paredes por encima del camino.

Voy disfrutando con la carrera aunque es un poco rompe piernas, unos metros de subida para bajar inmediatamente con giros bruscos a derecha e izquierda y un piso suelto que obliga a prestar mucha atención en donde se pisa. Voy tomando el ritmo a la carrera y cuando el camino lo permite voy adelantando a otros corredores. Me voy fijando en el recorrido para cuando volvamos a pasar por el dentro de un rato del kilómetro 16 al 18.


Se acaba el camino de tierra y entramos en una zona más civilizada, de hecho el Camino del Júcar por el que veníamos pasa a ser el Paseo del Júcar, y da paso de nuevo al asfalto. Ahora corremos bajo la ciudad, que nos vigila desde las alturas de la pared vertical de la hoz. Llega el momento de separarse de la carrera de los 10 km, los que vamos a hacer la media tenemos que cruzar el Júcar y volver a meternos en la hoz pero ahora por la ribera contraria. Me dan ganas de unirme a los de la distancia corta, pero en el último momento cuando dudo si acortar el recorrido un voluntario  de la Organización me grita que me vaya a la derecha, los de la media por aquí indicándome por donde debo seguir. Me veo obligado a cruzar el rio por el Puente de los Descalzos y volver sobre mis pasos.

Por esta ribera transcurre la carretera de salida de Cuenca en dirección a la Ciudad Encantada, no está cortada para la carrera y realmente corremos por el carril bici que ocupa su cuneta y que va pegado al río pero elevado de modo que disfrutamos de unas vistas perfectas sobre las aguas del río y de la orilla contraria por donde hace un rato estábamos corriendo.

El recorrido se empina un poco, no demasiado pero lo suficiente para que empiece a sentir las piernas cargadas y mis ánimos decaigan. Son cinco kilómetros de suave ascenso, en donde intento regular mi ritmo que hasta ahora había sido bastante alegre, empujado por el descenso y lo espectacular del camino. Sé que voy a sufrir en la última parte del recorrido e intento guardar fuerzas.


Es hora de dar la vuelta, nos desviamos de la carretera para pasar por debajo del puente, cruzar la carretera donde la policía corta el tráfico para darnos paso y tomar la desviación para pasar por encima de la carretera que traíamos y cruzar el río por el Puente de Valdecabras. Ya estamos de nuevo al otro lado del rio, el primer tramo es un kilómetro de carretera asfaltada pero enseguida volvemos a tomar el Camino del Júcar.

El camino que en el primer paso había sido una diversión se convierte en un pequeño calvario, los sube y baja que antes disfrutaba ahora se me enganchan a las piernas. Empiezo a encontrarme mal y tiro de un gel para recuperar fuerzas, lo llevo en la mano tomando pequeños tragos cada varios metros. Hacía mucho tiempo que una media maratón no me daba una pájara tan grande, realmente creo que desde la primera que corrí en Madrid y en la que pagué la novatada.

Tengo ganas de pararme e intentar recuperar fuerzas andando, pero sé que si lo hago luego me va a costar mucho arrancar. Aguanto y poco a poco el gel va haciendo efecto y recupero los ánimos, decidido que es el momento de sufrir y tirar hacia delante.

Por fin termina el camino del Jucar y comienza el paseo, y llego a la altura del puente donde antes cruzamos el río ya decidido a acabar corriendo como sea. Ahora a nuestra izquierda nos flanquea los característicos Rascacielos de Cuenca. Desde donde corremos los vemos en todo su esplendor, pues a su altura se añade la altura de la pared de la hoz donde están construidos, verdaderamente llama la atención correr bajo ellos.

Pasamos por un tramo de entarimado de madera colgado de la pared de roca literalmente sobre el río para termina el paseo y cruzar el Parque de la Trinidad donde se junta el río Huécar con el Júcar. Ya solo me quedan 2 kilómetros, y me doy ánimos auto convenciéndome de que esto está hecho. Pero a la salida del parque hay una escalera, intento subir los peldaños sin pararme pero voy justo de fuerzas y al quinto escalón pierdo el ritmo y acabo subiendo andando. Pero al terminar la escalera vuelvo a correr y es que no pienso parar hasta la meta.

Intento mantener el ritmo ya por las calles de Cuenca y voy corriendo mientras en las aceras la gente toma el aperitivo en las terrazas, la verdad es que muy poca gente anima y eso se nota. Ya queda menos, sufriendo pero corriendo voy avanzando, ya he pasado la marca del kilómetro 20. Miro el reloj no voy a poder bajar de la 1:50 pero me voy a quedar cerca y eso me anima a seguir. Giro a la derecha y ya veo la animación de los corredores que han llegado antes que yo, solo queda unos metros para tomar la calle de la meta.

Voy fijándome para ver a mi familia que tiene que estar esperándome, giro y los veo en frente. Ellos también me ven y empiezan a animarme, paro a saludarles, mi hijo me dice que voy muy bien, y mi enana me sonríe, cuando le digo si quiere entrar conmigo corriendo en la meta, me dice que no con cara de susto. No insisto y arranco para hacer los últimos metros. Cruzo la meta marcando un tiempo de 1:52 según mi reloj, estupenda marca para haber corrido los últimos 5 kilómetros reventado.

Tomo mi medalla y me meto en el polideportivo para tomar el agua que tanto necesito y la bolsa del corredor con una camiseta de manga larga muy maja. Salgo del polideportivo por el lado contrario y tengo que dar toda la vuelta para llegar a donde estaba mi familia, pero allí ya no están. He dejado el teléfono en el coche y no puedo llamarles, tiro hacia la meta pero no les veo, vuelvo sobre mis pasos y doy un par de vueltas pero no les encuentro. Esta vez tampoco nos vamos a encontrar en la meta, decido irme para el hotel pensando que me esperaran en la habitación como en Vitoria.

Pero cuando llego tampoco están, les llamo y me dicen que están todavía en la meta esperándome, que hasta han entrado en el polideportivo a buscarme y no me han encontrado y que estaban empezando a preocuparse. Les pido perdón y me prometo mentalmente que a partir de ahora correré con el teléfono para evitar estos líos.

Me ducho mientras les espero y cuando llegan dejamos el hotel para irnos a pasear por la Hoz del Júcar. Después de no poder haber ido ayer a la Ciudad Encantada mi enana estaba muy enfadada y se lo compensamos paseando por el río como si se tratara de una gran aventura. Y aunque yo ya lo he recorrido en tres ocasiones esta mañana, es la primera vez en que disfruto tranquilo del paseo.


Para despedirnos de Cuenca nos damos un homenaje en un restaurante en el Barrio del Castillo donde esta mañana fue la salida de la carrera. Y antes de tomar camino de regreso a Madrid no dejamos de pasar por el famoso Puente de San Pablo, hacernos las fotos de rigor sobre el río Huécar y bajo las Casas Colgadas para cumplir con todos los tópicos de una visita a Cuenca.


Carrera muy amigable tanto por el entorno de la hoz del Júcar, por su recorrido poco exigente y una limitada participación que facilita el correr cómodamente desde el primero al último kilómetro. Pero sobre todo destaca por el entorno único, las espectaculares vistas de las paredes de roca y el río y los tramos de recorrido por los caminos de tierra del Júcar que te hacen sentir como en una carrera de montaña.

Por ponerle algún pero, la falta de público y animación durante todo el recorrido excepto en la salida y la llegada desmerece la carrera y algunos tramos de escaleras en el recorrido que deberían intentarse eliminar.

miércoles, 21 de marzo de 2018

XXXVII Carrera de la Ciencia y 50 años a las espaldas


Domingo 22 de Octubre del 2017

La Carrera de la Ciencia es una de las grandes clásicas otoñales de Madrid y además suele coincidir en fechas próximas a mi cumpleaños. Por eso es una de esas carreras que siempre me gusta correr, aunque es cierto que en los últimos años me ha coincidido con otras carreras y no he podido participar, como el año pasado con la Media de Ávila. Pero en esta su treinta y sieteava edición me he vuelto a poner en la línea de salida.

Es la excusa perfecta para estrenar mis 50 años cumplidos ayer corriendo este 10 km de mis top ten madrileños, y repetir por segunda vez después de haber corrido en la edición del 2012. Es sorprendente lo rápido que pasa el tiempo, de aquella edición hace ya 5 años y en aquella ocasión coincidió con mis 45 primaveras, está claro que me voy haciendo mayor pero al menos sigo con la misma ilusión.













Como casi siempre que corro en Madrid me vuelve a acompañar mi cuñado. Paso andando a recogerle por su casa, es la ventaja de que la carrera sea cerca de casa. Llegamos con tiempo suficiente para recoger tranquilamente el dorsal, es de las pocas carreras de la capital en donde todavía no hay que ir a buscar el dorsal el día anterior a la feria del corredor. Hace una mañana fresquita y muy agradable para correr, aunque quizás sea un poco temprano para los dormilones como yo, pero es el impuesto a pagar por correr por las calles de Madrid.

Calentamos tranquilamente por la calle Serrano mientras esperamos que pase el tiempo para empezar a correr. No tengo un objetivo claro, me apunte a última hora a la carrera y me va a servir como preparación para la Media de Cuenca que es mi objetivo otoñal este año. He de reconocer que estoy muy corto de entrenamientos y que cada año me cuesta más preparar las carreras. Me hace ilusión cumplir con mi objetivo anual de tardar menos minutos que mi edad  en correr un 10.000, en este caso 50 minutos, pero eso significa correr rápido y debo reconocer que me da mucha pereza.

Dan la salida y salimos como locos, el primer tramo es cuesta abajo y anima a lanzarse, pero en seguida la calle se empina y vamos moderando la marcha por la calle Serrano. Aun así mi cuñado me lleva con el gancho, ha salido muy rápido y me cuesta mantener su ritmo estos primeros metros. En algún momento pienso en dejarle ir pero lo poco que me queda de orgullo me lo impide, me engancho a su ritmo y cada metro me voy encontrando más cómodo.


Terminamos Serrano y bajamos a coger la Castellana, vamos corriendo por el carril lateral y ya empieza a notarse que pica hacia arriba. Llegamos al kilómetro 5 en donde está el avituallamiento, como nos suele ocurrir muy a menudo en el follón de los cruces de corredores para hacerse con la codiciada botella de agua pierdo a mi cuñado.

Decido continuar solo y empiezo a adelantar a corredores que van cediendo después de los primeros kilómetros. Sin darme cuenta me encuentro corriendo a la par con otro corredor, ni siquiera tenemos que mirarnos para saber que vamos al mismo ritmo y decidir que podemos hacernos compañía. Corremos prácticamente en paralelo unas veces tira él y yo le sigo y a los pocos metros se cambian los papeles y el me acompaña mientras yo marco el ritmo.

Formando este equipo improvisado pasamos por delante del Estadio Santiago Bernabeu y llegamos a la altura de la Plaza de Cuzco, donde abandonamos la Castellana para correr por la avenida de Alberto Alcocer y su temida cuesta. Contaba desde el principio de la carrera con bajar algo el ritmo en esta zona para no desfondarme y acabar fresco, por eso freno un poco y bajo mi velocidad, es el momento de ponerme en modo ahorro.

Mi compañero mantiene el ritmo y se adelanta unos metros y cuando ya estoy dispuesto a dejarle ir, se gira y me grita “Vente conmigo”. Es sorprendente las relaciones que se crean en las carreras, somos dos desconocidos, no hemos intercambiado ni una sola palabra y solo nos acompañamos desde hace un par de kilómetros, pero hemos formado equipo y eso parece que no se rompe fácilmente. Acelero y recupero los metros perdidos, ya estamos otra vez juntos y así subimos la cuesta y llegaremos hasta la meta.

A partir de ese momento mantenemos un ritmo alegre a pesar de los toboganes de la calle Serrano. Noto el esfuerzo y la falta de entrenamientos pero ya no pienso soltar a mi compañero, hasta en ocasiones soy yo el que tira y le veo apretar los dientes. Gracias a su compañía veo la posibilidad de bajar de los 50 minutos y no pienso parar hasta la meta.

Llegamos a la plaza de los Delfines, lo que queda es cuesta abajo y volvemos a subir el ritmo ya no tenemos que reservar. Los últimos metros son muy rápidos, corremos en paralelo nadie tira de nadie sino corremos juntos y así entramos en meta. Es el momento de presentarnos, él se dirige a mí y me dice “Me llamo Marvin, enhorabuena” a lo que contesto “Y yo Alfonso, muchas gracias”, nos damos la mano e igual que nos juntamos durante la carrera nos separamos una vez terminada.

Ha sido una amistad efímera, no creo que volvamos a coincidir y aunque lo hiciéramos sé que no le reconocería, pero debo darle gran parte del mérito de mi marca de 49:30 y del equipo que hemos formado.

Muy satisfecho por haber bajado una vez más de mi edad por minuto espero la llegada de mi cuñado que tarda poco en llegar, con una marca estupenda también. Volvemos paseando a casa después de una gran mañana corriendo, felices de haber cumplido objetivos aunque en mi caso algo cansado por el esfuerzo realizado.

Está claro que la carrera de la ciencia hace honor a sus XXXVII ediciones, reúne siempre a un número de corredores incondicionales y el hecho de no tener que ir los días antes a recoger el dorsal hace que todo sea muy cómodo, es cierto que hay que madrugar algo más para evitar las colas. Me he alegrado de haberme apuntado en el último momento para celebrar mi 50 cumpleaños.

P.D. Mis hermanos me han regalado por mi cumpleaños el dorsal para el Maratón de Roma. Ya tengo objetivo para la primavera del 2018 y ya estoy otra vez metido en el lío de preparar mi novena maratón.

jueves, 8 de febrero de 2018

Fiesta de la Bicicleta


Aunque en los últimos años se ha intentado favorecer el uso de la bicicleta en nuestra capital, con los discutidos carriles preferentes de bici o los carriles completamente separados. La realidad es que Madrid sigue siendo una ciudad inhóspita para los usuarios de la bicicleta, sobre todo para el uso lúdico y con niños. Llegar hasta la Casa de Campo o el Retiro es en el mejor de los caso una “aventura arriesgada”.

Por eso el primer domingo de octubre todos los ciclistas aprovechamos la “Fiesta de la Bicicleta” para resarcirnos y tomar las calles de Madrid a nuestro antojo. Bueno realmente solo podemos tomar unos pocos kilómetros que se cierran al tráfico rodado pero es todo un gusto poder montar por el asfalto, temiendo solo ser arrollado por otro ciclista despistado.

En las últimas ediciones se ha cambiado el circuito circular que recorría gran parte de la zona centro de Madrid por cerrar los carriles centrales de la Castellana y el Paseo del Prado desde Atocha hasta Plaza de Castilla. Los mayores preferíamos en general el circuito antiguo pero es cierto que con niños es mejor la nueva versión. No hay cruces ni curvas peligrosas donde producirse montoneras, los riesgos, frenazos y despistes son mucho menores. Pero hay que tener cuidado de que los enanos no se aceleren cuando se toma Castellana de bajada desde Plaza de Castilla. Porque aunque los conductores lo nieguen, la Castellana es en cuesta y en algunos tramos con una pendiente respetable.


El circuito está cerrado para los ciclistas desde las 9:00 hasta las 14:00 y cada uno lo aprovecha como quiere y durante esas cinco horas dar todas las vueltas que tus piernas te permitan. La distancia total de la vuelta completa al circuito es aproximadamente unos 14 kilómetros.

Este año por fin mi enana va a participar con su propia bicicleta, este verano se ha soltado a montar y se ha convertido en toda una loca de la bici. Para entrenarnos los últimos fines de semana hemos recorrido el carril bici que el ayuntamiento ha instalado al lado de casa en la calle Santa Engracia. Completamente separado del tráfico es muy seguro y ella solo tiene que ir pendiente de parar en los semáforos que lo regulan y no llevarse por delante a los viandantes despistados que lo cruzan sin mirar.

Amanece una mañana perfecta para montar en bici y bajamos desde nuestra casa ya montando en nuestras bicis hasta la Castellana. Nos incorporamos al circuito a la altura de Nuevos Ministerios son las 10:00 y ya hay un montón de ciclistas en ambas direcciones pero se puede circular perfectamente. Tomamos dirección hacia la Plaza de Colon es mejor empezar cuesta abajo para entrar en calor.

Mi enana va feliz aunque muy atenta a no chocar con otros ciclistas y a parar en los semáforos cuando nos lo indican los voluntarios para dejar pasar a los viandantes que quieren cruzar la Castellana. La verdad es que es muy divertido y vamos bastante agiles, la mayoría son familias y no hay grandes aglomeraciones. Muchos chavales van con camisetas y globos de Movistar que patrocina la carrera, por supuesto mi enana quiere un globo para enganchar en su bici. Paramos en el avituallamiento de la Plaza de Colon para conseguirlo, no sin antes hacernos la foto de rigor en mitad de la plaza.


Ya no quedan camisetas para niños pero nos hacemos con dos camisetas de adulto y después de hacer un poco de cola con un globo para nuestra bici. Mi enana ya tiene todo la equipación oficial, con su camiseta que le cubre hasta las rodillas y el globo atado en su manillar y podemos seguir el recorrido.


Durante el recorrido hay varios puesto de animación con grupos musicales que van tocando música a nuestro paso. Son de lo más variopinto hay un grupo de gaiteros vestidos con los trajes regionales, grupos de jazz y rock & roll y por supuesto no puede faltar la tuna y sus típicas canciones de ronda. En algunos de ellos nos paramos para escucharlos y de paso descansar un poco.

En mi familia los chicos somos del Real Madrid pero las chicas son del Atlético de Madrid, además mi madre es una gran forofa merengona y mis cuñados unos indios convencidos. Por lo que para contentar a todos nos hacemos fotos en la Cibeles y en Neptuno y las enviamos cada una al grupo de whatssap correspondiente procurando no confundirme, así todos contentos.


Llegamos a Atocha y se nos acaba la bajada, tenemos que dar la vuelta y volver sobre nuestros pasos pero ahora cuesta arriba. La enana que bajaba muy feliz y hasta en algunos tramos la he tenido que avisar para que no se embalara, nota el esfuerzo y va más tranquila aunque no se queja en ningún momento. Paramos a media subida a recuperar fuerzas y tomar una chocolatina hay que reponerse para atacar la última subida hasta Plaza de Castilla.

Este tramo es el más empinado y le cuesta con su bici sin marchas pero aguanta como una campeona. Pasamos por el túnel bajo la Plaza de Castilla para aparecer al otro lado donde se acaba nuestro recorrido, es una pena que no llegue hasta las tres torres pero creo que ya hemos cortado demasiado la principal arteria de la capital.


Volvemos de nuevo sobre nuestros pasos atravesando el túnel. En un momento dado un ciclista despistado se cruza por delante de la enana muy cerca de su rueda, le aviso pero mi canija ya ha reaccionado y se separa lo suficiente para salvar el encontronazo aunque sea por los pelos. Ni siquiera se ha  asustado parece que para algo ha servido que le haya repetido tantas veces que vaya despacio y muy atenta al resto de ciclistas.

Aprovechamos la cuesta abajo para lanzarnos un poco más rápido. Recuerdo a mi hijo mayor bajando hace unos años por este mismo tramo a toda velocidad y sin manos, un verdadero descerebrado. Pero mi canija es mucho más prudente y disfruto de la bajada sin ir pensando que se vaya a dejar los dientes en el asfalto.


Ha sido suficiente para un día y después de un par de horas de bicicleta estamos de nuevo en donde habíamos comenzado. Es el momento de regresar a casa, ya fuera del circuito hay que tener mucho cuidado con los coches y además el tramo de la calle Ríos Rosas tiene demasiada pendiente para la enana. Avanzamos despacio y los coches nos van respetando, aunque a la enana le cuesta avanzar y se me queda retrasada, de hecho agradece cuando tenemos que para a mitad de subida por que se nos pone el semáforo en rojo. Confiesa que ya no podía más es la primera vez que se queja en toda la mañana y lo hace con una sonrisa en la cara.

Llegamos a casa sin ningún contratiempo y mi enana feliz corre a contarle a su madre su gran aventura, le enseña su camiseta, su globo, las fotos que nos hemos hecho. Está cansada pero feliz una mezcla que yo también conozco cuando termino alguna de mis carreras.

Una gran idea la Fiesta de la Bicicleta, aunque solo nos hemos animado mi enana y yo, ha sido una mañana estupenda. Sin duda el año que viene repetiremos.

martes, 26 de septiembre de 2017

De Maratón por la Ciudad Blanca

Vitoria es una ciudad con mucho encanto, con su pequeño casco medieval elevado sobre el resto de la ciudad y coronado por la catedral en obras desde hace más de 20 años. Una zona peatonal alrededor de la famosa Plaza de la Virgen Blanca y todo ello rodeado por una ciudad moderna y ecológica en donde se han cuidado especialmente las zonas verdes.
Pero para la desgracia del corredor el recorrido del maratón no hace honor a la ciudad. Excepto la salida por su proximidad al Museo de Arte Moderno - Atrium, la meta por la calle Eduardo Dato para acabar en la Plaza de España y los tramos que discurren por la Avenida Gasteiz y el que bordea el Parque de la Florida el resto del recorrido nos enseña una ciudad sin ningún interés y bastante triste.

La mayoría del recorrido transcurre por el extrarradio de la ciudad ya sea por los barrios residenciales de Ariznavarra y Zabalgana o por la zona de polígonos del barrio de Salburua. Muchos kilómetros corremos por la Calle Madrid o Maite Zuñiga que marcan el perímetro exterior de lo que se puede considerar la ciudad de Vitoria.

Todos comprendemos que es difícil buscar un recorrido de 42 kilómetros por el centro de la ciudad, pero al menos permitirnos correr por la Plaza de la Virgen Blanca o darle una vuelta completa a la ciudad antigua por las calles peatonales sería un mínimo. Correr por el casco viejo con tanta cuesta parece demasiado duro a no ser que nos permitieran subir en las escaleras mecánicas. A lo mejor un recorrido con varias vueltas a un circuito podría ser una buena solución para disfrutar más de la ciudad.

El circuito además de producir un poco de desánimo en el corredor tiene el inconveniente añadido de que lo alejamos del público que es prácticamente inexistente en la mayoría del recorrido. Es cierto que en la carrera de 10 km y Medio Maratón se suprimen muchos kilómetros fuera de la ciudad pero es que se supone que la prueba estrella es el maratón. Aunque los números de participantes en esta edición no digan lo mismo 905 inscritos en la prueba de Maratón, 1603 en la Media y 1050 en los 10K.

La Organización impecable, bien la recogida de dorsales, buenos avituallamientos y bolsa del corredor, correctamente marcado el recorrido con puntos de animación que siempre se agradecen y muy buena idea el entrenamiento matinal del sábado con Martin Fiz un lujazo. Pero como siempre suele ocurrir lo mejor los voluntarios siempre con una palabra amable aunque les toque situarse en las zonas más alejadas del recorrido.

Como curiosidad la prueba de patinadores que se realiza por la tarde en el mismo recorrido que el Maratón matutino (aunque este año han tenido que cambiarlo por problemas de seguridad). Solo comentar que son capaces de terminar el recorrido en una hora y 20 minutos menos que los corredores, a una velocidad media de 44 km/h.

www.maratonmartinfiz.com/
















Los corredores populares deberíamos aprender que hay carreras que no se deberían correr, pero las ganas siempre superan las malas sensaciones del cuerpo y la cabeza te hace ponerte en la línea de salida. Este ha sido mi caso en el maratón de Vitoria. Desde hace unos días no me encuentro muy bien del estómago, no es nada grave pero si lo suficiente para que el cuerpo no se sienta cómodo. La semana anterior a cualquier gran carrera siempre es rara, los nervios afectan al cuerpo, aunque llegada la hora de la verdad el cuerpo siempre me ha respondido mejor de lo que esperaba por eso no le he dado mayor importancia.

Aunque también ha habido otras señales durante los entrenamientos que no puedo desoír. Las últimas tiradas largas por encima de los 30 kilómetros no han ido bien, he acabado con dificultad y los últimos kilómetros se me han hecho eternos con una bajada de ritmo alarmante. No son buenas noticias sobre todo cuando el maratón son 42 y debería llegar fresco a los 30 si quiero tener garantías de llegar a meta. Además durante toda los meses de preparación los ritmos han sido lentos por encima de los 5:30 min/km y en muchas ocasiones más cerca de los 6:00 min/km.

Por todo eso el día antes de la carrera y ya en Vitoria con el dorsal recogido, me empiezan las dudas No me siento con ganas de sufrir durante las 4 horas y 15 minutos que se me presentan para mañana y  encuentro una salida honrosa. Aprovechando que el recorrido coinciden para las tres pruebas 10K, Media y Maratón y que además salen las tres al mismo tiempo, me planteo la posibilidad de correr únicamente la distancia intermedia y olvidar la osadía de la distancia reina. Parece una decisión de cobardes pero es que con la edad me he vuelto más “prudente”.


Mañana de carrera, me despierto temprano y sigo el ceremonial de las grandes ocasiones aunque en esta ocasión el buffet del hotel está abierto y puedo hacer un desayuno más completo. Ya en el comedor hay un gran ambiente de corredores ya uniformados para la ocasión. La temperatura es alta para ser Vitoria y la época del año en que estamos.

Decido que como salgo con tiempo voy a ir andando hasta la salida aunque este al otro lado de la ciudad. Pero Vitoria es pequeña y son un par de kilómetros andando perfectos para calentar y despejar las ideas. No sé dónde es exactamente la salida pero basta con seguir a los demás corredores que me guían pasando por la meta donde espero llegar en un rato.

Ya estoy en la salida cerca del ARTIUM, el museo de Arte Moderno, un edificio curioso. Caliento en la explanada que hay delante, en donde ya se han juntado un montón de corredores. Mis sensaciones no han mejorado mucho, pero mi cabeza empieza a darle vueltas a la peregrina idea de correr el maratón completo. He venido hasta aquí, he entrenado durante meses no puedo dejar pasar la oportunidad de volver a superar los 42 eternos kilómetros. Me auto convenzo de que puedo hacerlo, que estoy preparado.

Me coloca en la línea de salida con la decisión tomada de enfrentarme a las 4 horas largas de prueba que me esperan. Pero en esta ocasión voy a probar un nuevo método de carrera, nada de mirar el reloj, ritmos muy lentos y parar un poco en cada avituallamiento. Con esto espero poder superar la barrera de los 30 km con fuerzas suficientes para llegar a la meta corriendo.

Salida y haya vamos, al coincidir las tres distancias es difícil saber cuál es el ritmo bueno, cada uno corre según los kilómetros que le queden por delante. En la salida esta como todos los años Martin Fiz, oriundo de Vitoria y que da su nombre a esta prueba. Ya puedo decir que he corrido con un campeón del mundo de maratón aunque sea en la distancia, realmente solo corro junto a él cuándo nos cruzamos, él por el kilómetro 5 y yo todavía en el 3.

Esos primeros kilómetros no es que sean muy animados, corremos por las afueras de la ciudad y con muy poco público, aunque los animadores que la Organización han dispuesto cada 5 km intentan subirnos el ánimo. Al menos vemos de lejos el Huesa Arena, donde juega el TAU de baloncesto, un edificio guapísimo. Que me recuerda aquella remontada del Real Madrid en la temporada 2004-05 en los dos últimos minutos con el famoso tripe de Alberto Herreros para ganar la liga, que gustazo.

Volvemos hacia la ciudad, aunque el recorrido nunca entra en el casco viejo y se agradece por que las cuestas en esa zona son infernales, aunque al menos deberían hacerlo pasar por la plaza de la Virgen Blanca. Se quedan los corredores de los 10 km ya en la meta mientras los demás seguimos nuestra andadura. Ya hace bastante calor, he decido cargar con una botella de agua desde el primer avituallamiento para poder hidratarme cuando lo necesite. Las sensaciones no son malas pero no tengo que mirar el reloj para saber que el ritmo es lento muy lejos de los de otros maratones, pero el objetivo en esta ocasión es solo llegar.

Ahora cruzamos al otro lado de la ciudad y nos dirigimos hacia la zona más moderna por la Avenida Gasteiz en dirección a la Plaza de la Constitución. En esta avenida esta mi hotel y allí he quedado con mi familia para que me animen. Ya voy con la idea clara de continuar hasta el final por lo que la familia va a tener tiempo de irme a esperar a la meta.


A esta altura me junto con un grupo de tres chicas, Gema, Flavia y Beatriz, tres madrileñas como yo, pero a las que no conozco de nada, solo se sus nombre por que los lleva escritos bien claros en sus camisetas.

Cruzo delante del hotel por el lado contrario de la avenida y saludo a mi familia que está en el lugar acordado. Corro hasta el final de la avenida y doy la vuelta, ahora sí que me paro a saludarles tranquilamente. Les comento que voy a seguir hasta el final,  mi mujer pone cara de preocupación como era de esperar y mi hijo me comenta que ya lo sabía, que con lo cabezota que soy estaba claro que al final no iba a rendirme. Ya estamos en el kilómetro 13 y las sensaciones siguen siendo buenas, llegamos hasta el final de la avenida y ahora giramos a la derecha para volvernos a salir de la ciudad pero por el lado contrario.

Llego al kilómetro 15 en donde se separan los corredores de la Media, es mi última oportunidad de recortar la carrera, pero la decisión ya estaba tomada desde que salí esta mañana. Me despido de los que ya se dirigen hacia la meta y me adentro en una zona residencial, bastante aburrida, la animación es nula excepto algunos que animan desde los balcones, además es una zona muy revirada con bastante subidas y bajadas, es decir un infierno. Empiezo a darle demasiadas vueltas a la cabeza y para evitarlo me junto a un grupo de tres corredores que van de conversación. Aunque parezca mentira la compañía me dura poco pues mi ritmo de tortuga es superior al suyo y los voy dejando atrás.

Por fin salimos de esta zona y corremos de nuevo hacia el centro, me animo algo cuando cruzamos por la Parque de la Florida, donde anoche estuvimos viendo actuar a un grupo de Jazz y por fin hay algo de público que nos anima cuando pasamos. Pero dura poco y volvemos a salirnos de la ciudad camino del extrarradio al barrio de Mendizorrotza donde está el estadio del Alavés.

Llegamos a la calle Maite Zuñiga, una avenida ajardinada que tenemos que recorrer en ambos sentidos. En esta zona entablo conversación con otro corredor y ajustamos nuestros ritmos para correr juntos mientras charlamos. Es de San Sebastián, pero ha venido a estrenarse en el maratón en Vitoria, me extraña porque en su ciudad tienen el mejor maratón que he corrido hasta la fecha. Me comenta que el año pasado preparo Barcelona pero se lesiono las semanas previas y tuvo que desistir. Le cuento los 7 maratones que llevo a mis espaldas, confesándole que cada vez me cuesta más prepararlos y que este es el que estoy corrido más lento con diferencia. Es sorprendente como se entabla amistades pasajeras en los maratones, gente con la que sufres unos minutos y no volverás a ver en tu vida.

Me paro en el avituallamiento a rellenar mi botella que me acompaña desde los primeros kilómetros y mi compañero me espera. Al pasar el medio maratón me empiezo a dar cuenta que este no es mi ritmo y que lo voy a pagar más adelante. Soy honesto y le digo que voy a bajar el ritmo, que el continúe, nos despedimos y le deseo suerte y que disfrute de los kilómetros que quedan.

Mi compañero de los últimos kilómetros se aleja pero unos metros por delante veo al grupo de las tres madrileñas a las que se les han juntado dos acompañantes sin dorsal que supongo que actúan como liebres. Se me habían escapado cuando me pare a saludar a la familia y me ha costado más de 10 kilómetros recuperar la distancia. Me marco el objetivo de alcanzarlas para no correr solo y en un par de kilómetros me junto a ellas.

Empiezo a sentirme muy cansado y es que me estoy acercando a la barrera de los 30 kilómetros y el cuerpo empieza a flojear, las sensaciones son malas y mis pensamientos todos negativos, creo que me he chocado con el muro sin darme cuenta. En el avituallamiento de los 30 me paro un rato y abandono el grupillo al que me había juntado. Me cuesta arrancar y lo hago andando intentando recuperar sensaciones.

Me quedan más de 10 kilómetros y esto no son los 100 km de Ronda donde decidir andar  desde el kilómetro 60 y llegue a meta dentro del tiempo de corte. En esta ocasión estoy participando en un maratón, aquí hay que correr y a eso he venido. Arranco a trotar y me planteo pequeños objetivos, inicialmente correr un kilómetro sin pararme. No sin esfuerzo logro el objetivo ando unos metros y vuelvo a arrancar, ahora hacer un kilómetro y medio sin pararme. Con esta táctica voy avanzando y a pesar de la gran decepción por no poder mantenerme corriendo hasta el final de la carrera, ya sé que puedo terminar aunque sea en un tiempo de vergüenza.

En este tramo como era de esperar me adelantan más corredores de los que consigo pasar y alguno de los que supero es por problemas físicos. Me paro con uno que está echando hasta la primera papilla, le pregunto cómo va y si quiere agua, a pesar del malestar el chaval mantiene la calma y me contesta que va bien que continúe que el piensa llegar como pueda a la meta. Es impresionante esto del maratón como cada uno se adapta y supera los límites a su modo, que merito tienen todos los corredores del primero al último y hasta los que no cruzan la meta pero lo intentan.

Ya estoy en el kilómetro 40, es el último avituallamiento y aunque he llegado casi andando la gente me sigue animando, me dicen que voy bien que lo voy a conseguir, que lo importante es llegar. Yo les dedico mi mejor sonrisa y les doy las gracias, la verdad es que todos los ánimos me ayudan a continuar. Me paro y como algo de fruta intentando recuperar fuerzas, pero a estas alturas eso es imposible y al final me detengo más tiempo del que debería y me cuesta mucho volver a arrancar.

Ya somos pocos los corredores que seguimos en carrera por eso aprovecho que pasa una corredora para juntarme a ella y volver a correr. Ya en movimiento lo primero que nos encontramos es una cuesta importante, me quejo de que no estaba marcada en el perfil de la prueba se suponía que las cuestas eran del 35 al 40, pero que a partir de ahora era todo cuesta abajo hasta la meta. Tengo ganas de pararme y subir andando pero en ese momento es cuando mi acompañante me anima. Ella se estrena en la distancia de maratón pero es capaz de mantener la calma y me dice no me pare que siga corriendo que ya queda poco.

El orgullo me ayuda a buscar fuerzas para seguir corriendo y cambio la actitud. Vuelvo a pensar en positivo y decido que llegare hasta meta sin pararme, son “sólo” 2 kilómetros y sé que puedo hacerlo. Está claro que durante una carrera tan larga se pasa de la desesperación a la euforia, pasando por el sufrimiento y el disfrute.

La cuesta por fin acaba y ahora ya es llano se puede correr y no pienso nada más que en continuar. Sin querer voy dejando atrás a mi última compañera de la que me despido y ambos nos deseamos suerte para terminar. Ya volvemos a estar cerca del centro y por fin veo el giro para tomar la calle Eduardo Dato, ya solo me quedan los últimos 400 metros del maratón. Por fin ha llegado el momento de disfrutar, me deshago de la botella que me ha acompañado en mi odisea y disfruto del momento.

Voy atento a ver a mi familia, tienen que estar esperándome, pero no los encuentro, debo reconocer que en esta ocasión me llevo una gran desilusión era la ocasión perfecta para compartir con ellos la llegada, ya que prácticamente recorro los últimos metros solo por la calle y hasta mi enana podría animarse a correrlos conmigo, tendrá que ser en otra ocasión.

Cruzo la meta y termino mi octavo maratón. Es el momento de mirar el reloj que he olvidado conscientemente durante todo el recorrido, marca 4 horas y 30 minutos, un hora más que mi tiempo en la última maratón en Málaga. Es una marca mala, algunos dirían que eso no es correr un maratón y en parte debo darles la razón porque en esta ocasión no he corrido un maratón solo lo he terminado. Recibo la medalla que mola mucho y a pesar de todo estoy feliz de haber corrido y terminado el Maratón de Vitoria. Es una experiencia a recordar y contar pero sin decir la marca para evitar la mofa.


Busco a mi familia pero está claro que no están, se han debido aburrir de esperarme y se han ido al hotel. Les entiendo porque he tardo mucho más de lo que estaba previsto, seguro que han pensado que ya había terminado y no me habían visto. Me siento en la Plaza de España a descansar, donde ya están preparando los patinadores que van a participar en el maratón sobre ruedas.

Una vez recuperado me voy andando despacio hacia el hotel disfrutando de la mañana soleada y de la ciudad. Mis piernas me empiezan a responder y es que el esfuerzo acumulado ha sido más prolongado pero menos intenso que en otras ocasiones. Llego al hotel y allí está mi familia, empezaban a preocuparse por mi tardanza, se sorprenden de que haya tardado tanto. Estoy agotado y decido quedarme en la habitación descansando mientras ellos tres se van a comer algo.

Cuando vuelven ya estoy más recuperado y es el momento de disfrutar del logro conseguido paseando por el casco antiguo siguiendo la ruta de los murales, mi enana actúa de guía y pasamos una tarde estupenda.


Me levanto al día siguiente totalmente recuperado y sin ningún dolor, alguna ventaja tenía que tener el correr lento. La mañana la utilizamos para visitar la catedral, una visita muy recomendable porque como todavía está en obras incluye el paseo por los cimientos y el triforio que normalmente no son accesibles. Mi mujer se queda en la Plaza de la Virgen Blanca  en una terraza disfrutando del día, no se atreve a visitar una catedral en obras. Para terminar el fin de semana nos damos un buen homenaje en un restaurante que me habían recomendado y es que ya he recuperado mi estómago y vuelvo a tener hambre.

Está claro que deportivamente ha sido mi peor maratón con diferencia, pero no es algo que me quite el sueño. Hace ya mucho tiempo que corro por diversión y sin ningún afán por superar mis marcas. Es cierto que debería tomarme la preparación un poco más en serio sino quiero sufrir tanto y acabar en un tiempo razonable, pero creo que eso no va a ser posible y seguiré corriendo por ganas y corazón más que por fuerzas y piernas.

Vitoria – Gasteiz como destino de fin de semana muy recomendable tanto por sus monumentos y tradición, como por el ambiente de sus calles, pero sobre todo por su gastronomía. En cuanto a la carrera recomiendo apuntarse a la distancia de Medio Maratón, disfrutas igual de todo el ambiente y te ahorras el tedio de los kilómetros intermedios quedándote solo con los buenos. Hay en España circuitos más atrayentes para la distancia de maratón. 

P.D. Ha sido una buena cosecha primaveral de medallas y todas muy chulas. 

martes, 6 de junio de 2017

Madrid + Madrid

El mes de Abril en Madrid es el mes de las carreras de larga distancia de la capital. El primer domingo del mes el Medio Maratón y el último domingo del mes el Maratón.

Desde hace unos cuantos años participo en ambas carreras, aunque debo reconocer que el maratón únicamente lo he corrido en dos ediciones, y los últimos años me he conformado con el medio maratón que se realiza a la vez y que es una distancia más asequible. Así este año una vez más he corrido las dos medias maratones madrileñas en menos de un mes.

Cosas nuevas pocas, la misma diversión y las mismas ganas, aunque con unos cuantos años más lo que hace que la pasión de la primera vez haya desaparecido. Algunas cosas han cambiado como que ahora lo nervios me dejen dormir la noche anterior y que conozco perfectamente cada metro del recorrido. Pero lo que no ha cambiado desde la primera ocasión en que participe es lo mucho que disfruto con estas carreras, corriendo en mi ciudad y cerca de mi casa.


Algunos datos y curiosidades  a reseñar de esta edición del 2017 que deben quedar para recordar:
  • Este año los recorridos de ambas carreras se han mantenido iguales, por lo tanto ni han mejorado ni han empeorado. Desde hace varios años coinciden su salida en el Paseo del Prado y por supuesto en ambas se mantiene el final en la cuesta de Alfonso XII y calle Alcalá que tanto me gusta y que todos los años deja un reguero de corredores andando cuando las fuerzas desaparecen.
  • Se volvió al nombre original de la prueba después de que en la edición del 2016 se bautizara como “Half Maraton”, todo gracias a que yo lo reclame en la encuesta de carrera. Además Renault se ha convertido este año en el nuevo patrocinador principal para el Medio Maratón sustituyendo a Asics, esperemos que dure y su apoyo permita seguir disfrutando los próximos años de esta carrera.
  • Este año era la 40 edición del maratón madrileño, un número redondo que se celebró por todo lo alto. Las cosas han cambiado mucho desde la primera edición y en general para mejor, pero es cierto que los más veteranos se quejan de que se ha perdido el espíritu aventurero de las primeras ediciones y se ha masificado en exceso y es que es muy difícil contentar a todo el mundo.
Tampoco han cambiado tanto las cosas en 40 años
  • Todos los años engaño a algún nuevo incauto para que corra la media, pero en esta ocasión no había convencido a nadie hasta que unos días antes un compañero del trabajo me pregunta ingenuo de él si voy a acorrer la Media de Madrid. Eso fue su perdición y  aunque intento recular y se excusa en que no la ha preparado, le obligo a quedar en la salida para correrla juntos. Pero resulta más escurridizo de lo que esperaba y aunque cruzamos juntos la línea de salida en cuanto me despisto le he perdido entre la gente nada más empezar la subida por Alcalá, no me ha aguantado ni un kilómetro. Es una lástima aunque siempre me queda la compañía de mi cuñado que como yo se apunta a estas carreras todos los años.
Bajo Velázquez a ver si nos daba suerte
  • Este año por fin he conseguido que me bajaran a animar mis compis que viven en la Plaza del Perú, justo por donde pasa la carrera. En ediciones anteriores se habían comprometido, pero por efecto del sueño o el olvido nunca cumplieron su promesa. Por eso pensé que este año pasaría lo mismo, pero debe ser que se les acabaron las excusas y en esta ocasión allí estaban cuando pase. Es cierto que ya estaban retirándose pensando que yo ya había pasado, pero llegue a tiempo para que me animaran toda la familia, incluidos los dos enanos. Muchas gracias y espero que se convierta en una costumbre.
  • Que decir de mi familia que una vez más bajaron a la calle para apoyarme, aunque sea por que paso por debajo de casa y no tienen excusa eso no les quita mérito. Mención especial para mi enana que hasta preparo una pancarta personalizada para animarme.
La pancarta no es que fuera muy grande pero a mi me emociona igual
  • En el maratón corrí unos metros con uno de los trece corredores que han realizado las 40 ediciones del maratón madrileño y reconozco mi sana envidia por la gesta. Detalle bonito del corredor que iba acompañándole cargado con una pancarta que le señalaba indicando sus 40 ediciones en las piernas. De este modo el resto de corredores pudimos darle el merecido homenaje con nuestra sincera felicitación cuando pasábamos a su lado.
Un loco o un héroe, yo creo que ambas cosas 
  • En la media maratón de Madrid los últimos 3 kilómetros en cuesta se me hicieron pesados y eso que no había forzado demasiado en los anteriores, pero en cambio en la media del Rock & Roll fueron kilómetros de verdadero disfrute con mis piernas corriendo sin que mi cuerpo sufriera y animando al resto de los corredores que me acompañaban. Y en medio solo tres semanas de entrenamiento.
  • Como me ocurre todos los años mi cuñado me duro hasta la mitad del recorrido luego lo perdí y es que su táctica consiste en despistarme para que no le fuerce en los kilómetros finales. En la primera aprovecho el momento en que me pare a saludar a mis compis para darme esquinazo y en la segunda fue en el último avituallamiento donde le perdí, pone la excusa de que se atraganto con el plátano y tuvo que pararse para no ahogarse pero yo no me lo creo. En cualquier caso bajo de las 2 horas y eso tiene mucho mérito.
Carreras distintas pero ambos con la misma indumentaria, que poco originales somos
  • Nuevo récord de la prueba de Medio Maratón de Madrid en 1:01:54, una auténtica locura para este recorrido. No se superó el récord de participación del año pasado pero al menos el número de mujeres participantes sigue aumentando cada año, si es que no hay duda son más y mejores que nosotros.
  • En el maratón madrileño el periódico AS organizo por primera vez el “Reto 42 contra 1”, la idea era correr por relevos de 1 km para completar el maratón e intentar quedar a la par que los corredores que se disputaran la victoria. El único requisito era no ser profesional y correr los 1000 metros por debajo de los 3:04, lo que nos descartaba a la mayoría de los mortales. Sobre el papel parecería que el equipo de 42 corredores salía con ventaja sobre los corredores de la elite, pero se tuvieron que conformar con una segunda posición después de remontar en los últimos kilómetros gracias a los relevos de los corredores más avezados.
Viendo las caras del keniata y del relevista esta claro quien iba mas fresco

Y el año que viene seguro que volveré a correr en Abril por Madrid y estoy convencido de que volveré a disfrutar de que cada zancada por las calles madrileñas.