martes, 26 de marzo de 2013

A toda costa por las Rías Baixas

Correr en Galicia siempre es un placer, el paisaje, su gente pero sobre todo el poder disfrutar de su estupenda gastronomía antes y después de la carrera. Además en esta media maratón en línea que transcurre desde Vigo hasta Bayona, seguro que disfrutaremos durante la carrera.

Su recorrido es espectacular, la mayoría de los kilómetros transcurren pegados al mar y disfrutando de las Islas Cíes como fondo de pantalla de nuestra carrera. El comienzo en la Playa de Samil ya nos prepara para disfrutar del entorno y su final en el paseo marítimo de Bayona y su magnífico Parador es el broche perfecto.

Desde que nació ha ido aumentado en participación y ahora en su 13 edición se ha convertido en una carrera muy popular en toda España y también en Portugal. Está acompañada de mucha animación durante toda el recorrido pero sobre todo en la salida y en los últimos kilómetros de llegada, desde Playa América hasta la meta.   

Cuidado con la altimetría, todos esperamos una carrera bastante llana por ir pegada al mar pero la realidad es que hasta el kilómetro 6 es una subida dura y continua y luego nos encontraremos con varios repechos, que sin duda nos romperán el ritmo.

www.vig-bay.com















Después de un sábado en donde había caído toda el agua del mundo en Vigo, amanece el domingo de la carrera con un día sin una nube y un sol esplendido. Parece que todas las meigas gallegas se han puesto de acuerdo para ofrecernos el día perfecto para correr. Incluso el poco viento que hace es norte y por tanto nos empujara hacia la meta en Bayona.

Las condiciones son las óptimas, pero no mis sensaciones. La carrera era la excusa para ver a unos amigos que viven en Vigo y por supuesto lo hemos celebrado y me he excedido en la comida y también en la cena, cosa por otra parte disculpable en Galicia. Pero además la barriga llena me ha hecho dormir mal, a tirones y no he descansado nada.

En cualquier caso me levanto animado por el tiempo y bajo al buffet del hotel donde aun sin ganas me obligo a tomar algo para poder aguantar la carrera. Abandono a mi familia ya organizada para atacar el buffet, sobre todo a mi hijo que parece que no le hayamos dado de comer nunca y se devora como si fuera su último desayuno. Han prometido que me irán a animar a mitad de recorrido como en otras ocasiones.

Voy andando hasta la parada de taxi próxima, donde he quedado con un compañero vigués que va a hacerme de cicerone en esta carrera. Tomamos un taxi y nos dirigimos a la playa de Samil donde comienza la carrera. La mitad de las calles de Vigo están cortadas y tenemos que rectificar el camino un par de veces.


Nos bajamos al principio de la avenida que ya está cortada por la carrera. Vamos andando disfrutando del ambientazo hasta la “Casa de las Palabras”, precioso nombre para el museo de la comunicación, donde está el guardarropa. Es el momento de decidir la indumentaria y no tengo ninguna duda, lo mínimo indispensable, parece que se haya acabado el invierno y sobra la térmica, los guantes, el buff, de hecho tengo que quedarme con la camiseta de manga larga porque no he traído otra pero creo que me va a sobrar.

Reclutamos a un tercer corredor gallego, que se ha animado a última hora al ver la mañana que ha amanecido aunque está algo renqueante de una lesión. En esta ocasión no vamos a formar grupete, cada uno irá a su ritmo. Yo lo tengo claro mi intención es bajar de la 1:35, eso me obliga a correr a un ritmo por debajo de los 4:30 min/km. Comparado con los ritmos que comenta el speaker que han realizado los ganadores de las últimas ediciones resulta ridículo, pero os puedo garantizar que en mi caso es un ritmo exigente.

Comenzamos a calentar, trotando por la ancha avenida de Samil disfrutando de las vistas de la playa y el mar. Pero las sensaciones de mis piernas no acompañan, las noto muy cargadas y hasta me duelen y todavía no he empezado a correr. Se avisa que nos vayamos colocando tras la línea de salida. A destacar la perfecta organización de los cajones de salida, marcados perfectamente y con distintos colores en los dorsales, además sorprendentemente son respetados por los corredores, ni siquiera se forma tumulto y eso que somos un respetable número de 4800 corredores.

Salida y a correr, me despido de mis compis con los que me cito en la meta. No estoy dispuesto a que las malas sensaciones me impidan intentar mi objetivo y salgo rápido. La anchura de la avenida permite correr bastante fluido a pesar de que como siempre hay corredores que han equivocado su posición.


La carrera se hace rápida bordeando la playa de Samil, pero al abandonarla para dirigirnos hacia Canido, nos encontramos con el primer repecho, lo vemos venir desde lejos pero eso no reduce su dureza. El pelotón se ralentiza, yo intento mantener mi ritmo mientras mucha gente busca un ritmo más cómodo.

Vamos pegados al mar, algo elevados sobre la playa y con las Islas Cíes al fondo, no se puede pedir mejor entorno. A la derecha dejamos la Isla de Toralla comunicada por un puente con la costa, es famosa por el controvertido edificio de pisos que se construyo en ella y que muchos vigueses consideran un atentado al buen gusto. A mi me hace particular ilusión porque en uno de sus pisos se produce el asesinato de la novela policiaca “Ojos de agua” de Domingo Villar. Escritor que os recomiendo a todos, sobretodo su segunda novela “La playa de los ahogados” que le dio fama.

Cuando parece que la cuesta se relaja, giramos a la izquierda y comienza de verdad la subida. Son seis kilómetros duros que empiezan a notarse en las piernas. Controlo el tiempo de paso por kilómetro y compruebo que llevo minuto y medio de retraso. Sigo avanzando y a pesar de que no bajo el ritmo no consigo que en los siguientes kilómetros se reduzca el retraso. Además mis sensaciones no son buenas, asumo que hoy no va a ser el día y me concentro en no desfondarme y mantener la dignidad.

Avituallamiento y esponjas en el km 6 y por fin termina la subida, se supone que de aquí a la meta es bajada. Eso me anima algo pero estoy pasando mucho calor, el cuerpo estaba acostumbrado a los últimos fríos de Madrid y reacciona mal a la humedad y la subida de temperatura. Utilizo las esponjas para intentar refrescarme y casi agradezco cuando entra alguna ráfaga de viento.

Ahora la carrera transcurre alejada del mar, entre casas y chalets. Cada vez que vuelvo a Galicia me sigue sorprendiendo como las casas ocupan todo lo que abarca la vista, nunca se donde acaba un pueblo y comienza otro, además tanta casa convierte las calles en “corredoiras” estrechas y entre muros, que diferente a Castilla.


En el km 10 aprovecho el agua para tomar el gel que llevo y recupero alguna de mis sensaciones, puedo mantener el ritmo alegre pero sufriendo. Ya me he juntado con un grupo de “conocidos” y nos vamos cambiando las posiciones, sobretodo una chiquilla a la que adelanto en las subidas y me pasa en las bajadas, lleva muy buen ritmo y es una buena rueda a seguir.

Enfilamos la bajada hacia Playa América, por esta zona se supone que debe estar mi equipo de animación. Con ese sexto sentido que te da el correr, veo un restaurante a la derecha y me imagino que hay me estarán esperando. Acierto de lleno y como siempre los veo antes de que ellos se den cuenta, les pego un grito para que me vean, sobretodo dedicado a mi canija que primero se asusta y luego me anima. En esta ocasión no me siento con ánimo de pararme, no se si luego podría volver a arrancar y continúo corriendo.

Llegamos al paseo de Playa América y giramos a la derecha, mientras vemos que los que van por delante ya corren en dirección a Bayona. Por fin giramos para tomar el paseo en la dirección correcta. Volvemos a correr pegados al mar y ya no lo abandonaremos hasta la meta, solo por este lujo merece la pena el esfuerzo  

Este año han modificado el recorrido rodeando el Monte del Lourido, este tramo sustituye a la vuelta que se daba en ediciones anteriores en la Playa de Samil y que se ha eliminado por el aumento de participantes. Pero el recorrido siendo precioso es en subida y acaba con mis pocas fuerzas. Además coincido con un motorista de la guardia civil y me voy tragando todo su humo, y es que hoy todo sale al revés, acelero y le supero.

Al salir de este tramo me entra flato, hacia mucho tiempo, casi desde que empecé a correr, que me había librado de este desagradable efecto secundario. Me asusto y decido tomármelo con calma, además desde hace muchos kilómetros he decidido no mirar el reloj para no deprimirme y sólo correr siguiendo las sensaciones.

Cruzamos el río Miñor por el puente de Ramallosa y tomamos la carretera que borde la playa del mismo nombre y nos lleva hasta Bayona. La animación en los arcenes ha aumentado y cada vez será mayor según nos acercamos a la meta.

A partir del km 17 la carrera se me convierte en un pequeño calvario. Para aumentar las malas sensaciones la cabeza me juega una mala pasada y cuando espero encontrarme con el km 19, me doy de cara con el cartel de km 18, todo un mazazo.


El grupo de “conocidos” con los que he corrido desde mitad de carrera me van pasando, hasta mi compañera me adelanta y esta vez no puedo seguirla, sólo veo como se aleja sacándome cada vez más metros. Me resigno aunque procuro no dejarme llevar y mantener el ritmo, aunque me siguen adelantando mucha gente.

Por fin llega el km 20 y me decido a mirar el reloj. Al menos el crono me da una alegría y sigo el mismo minuto y medio por detrás del objetivo que al principio de carrera. Buenas noticias porque a pesar de las sensaciones, he conseguido mantener el ritmo superando el calor, el dolor de piernas y el flato.

Intento acelerar en el último kilómetro pero no puedo, veo el Parador al fondo pero no el arco de meta y eso me desanima. Por fin veo el arco y puedo relajarme. Paso la meta y sólo me alegro de terminar para poder dejar de correr. A pesar de todo he mejorado mi mejor marca de media maratón, aunque para ser sincero sólo haya sido en dos segundos.

Una vez recuperado empiezo a recoger todo lo que me ofrecen, cantidad de puestos con bebida isotónica, fruta, yogures, frutos secos, todo un lujo. Pero demasiadas colas sobre todo para recoger la medalla y salir del recinto. Una vez fuera el guardarropas un poco descontrol pero al final recupero mi ropa. Me reúno con mis dos cicerones que parecen más contentos que yo con su carrera. Nos recogen en coche y nos vamos a casa de uno de ellos en Playa América para ducharnos. Y luego a disfrutar de lo mejor del fin de semana una comilona con amigos, en donde doy buena cuenta de la empanada, fabes, calamares y casi media vaca en forma de entrecot.


Mi carrera empezó mal y termino peor. Debo reconocer que he pecado de gula y de soberbia, las últimas semanas he relajado los entrenamientos pensando que iba sobrado de fuerzas para correr por debajo de los 4:30 min/km. La carrera me ha devuelto a la dura realidad, sin tomármelo en serio no puedo mejorar. La gran ventaja es que sólo ha quedado herido mi orgullo, aunque la revancha debe esperar hasta después de verano. Ahora los objetivos son la Media de Madrid de acompañante e iniciarme en las carreras de montaña.

La Carrera totalmente recomendable por recorrido, animación y organización. Viajar con la familia y disfrutar de los grandes placeres gallegos es otro aliciente adicional. Seguro que repetiré y saldaré mi cuenta pendiente con este recorrido, que en esta ocasión me ha derrotado.
  
A lo hora de planificar la carrera debemos tener en cuenta que se trata de una prueba en línea y por tanto, a no ser que queramos completar el maratón volviendo corriendo a Vigo, debemos prever el regreso, aunque la Organización dispone de autobuses.

viernes, 15 de marzo de 2013

Aprobado raspado en la Universidad

Esta es una media atípica, consta de tres vueltas a un recorrido de 7 km y la Organización nos permite detenernos al terminar cualquiera de ellas. Por lo tanto en una sola carrera se agrupan tres distancias de 7, 14 y 21 km. Esto reúne a corredores muy dispares, desde lo que se inician en las carreras hasta aquellos que están preparando el Maratón de Madrid.
El circuito transcurre por dentro de la Ciudad Universitaria y es muy sinuoso, con toboganes y curvas continuas. Lo que normalmente se denomina rompepiernas y yo lo clasifico como “apestoso”, pero que resulta exigente y por ello muy atractivo para muchos corredores.

www.corricolari.es














Para esta carrera he conseguido reclutar un buen grupo. Nos reunimos a las 9:00 de la mañana en la salida y primera sorpresa, cualquiera diría que nos hayamos puesto de acuerdo ya que aparecemos los cuatro perfectamente “uniformados”, zamarra roja y calzón negro. Parecemos un verdadero equipo aunque en realidad cada uno nos planteamos de forma muy distinta la carrera.

Aprovecho para presentarnos, de izquierda a derecha:

“El Cuñao”, ya le conocéis de otras carreras, desde que le reclute este verano para el club de los corredores, es un asiduo. Aunque los últimos meses entre lesiones y trabajo ha entrenado poco es un valor seguro. Completa las tres vueltas, como preparación para la Media de Madrid. Consigue quitarse el miedo a la distancia pero los últimos kilómetros se le hacen eternos. El objetivo está claro bajar de las 2 horas en la Media de Madrid.

“El Friqui Runner”, ese soy yo, siempre hablando de carreras, entrenamientos, zapatillas y otros “importantes” asuntos, que mis amigos y familia soportan con paciencia. En esta carrera mi objetivo era hacer kilómetros y acompañar a mis dos asiduos, aun así estuve a punto de bajar de las 2 horas.

“Don Comodón”, se trata de un autentico diesel. Tiene muy claro lo que quiere hacer y a pesar de mi insistencia no consigo que acelere su ritmo. Es uno de los incondicionales, aunque elige muy bien sus carreras, en ocasiones hasta con dos años de antelación. Su frase preferida “Voy bien, pero no quiero forzar”. Termina dos vueltas muy cerca de la hora y 20 minutos que le había propuesto pero sin forzar lo más mínimo. Ya está preparado para su primera Media de Madrid.

“El volador”, esta nueva incorporación al grupo ha sido toda una revelación. En su primera media ha roto todos los registros del grupo con una marca increíble cercana a la 1:30. Sólo me queda el consuelo de que tiene 20 años menos que yo. Creo que realmente es un keniata disfrazado de blanco o su sangre soriana le da alas. Su lapidaria frase días antes de la carrera ya dejo claras sus intenciones, “A correr como si no hubiera mañana”. Próximo objetivo pulverizar los registros de los 10 Km y seguro que lo lograra.

La carrera es parte de la preparación de mis compis para su gran cita de la temporada “La Media de Madrid”. Vamos a correr en grupo y a unos ritmos más bajos de los míos habituales, por lo tanto voy sobrado y eso me hace peligroso para mis compañeros, que tendrán que soportar mis ánimos y cháchara habitual.
Primera vuelta
Gente, mucha gente, demasiada gente. Una salida multitudinaria con un coche de la policía en mitad de la línea de salida que todavía hace que arranquemos más lentos. Y a partir del momento que cruzamos la línea, hay que estar atento para evitar al resto de los corredores. Tanta gente provoca sucesivas paradas cada vez que el circuito se estrecha o gira en una curva, en resumen los primeros kilómetros los hacemos a una bochornosa media de 6 min/km.

Sólo se empieza a correr a gusto cuando tomamos la Avenida de la Complutense. El pelotón se estira y ocupa el ancho de la calle y por fin podemos alargar la zancada y adelantamos a mucha gente. En varios puntos del recorrido nos cruzamos con los que van varios kilómetros por delante y dan ganas de cruzar la línea y “recortar”, pero somos profesionales.
Aunque la mañana es fresquita, parece que las amenazas de lluvia no se van a cumplir, eso si en algunos tramos nos sopla un viento frío de cara muy incomodo. Termino la primera vuelta un poco asqueado de la carrera y con la tentación de pararme pero en esta ocasión son mis compis quienes tiran de mí.

Segunda vuelta
Sorprendente pero la carrera empieza a vaciarse y esta segunda vuelta con las piernas calientes se hace a buen ritmo. Corremos los tres más o menos agrupados, que no juntos, cada uno buscando su posición.
Antes del kilómetro 8 ya nos adelantan los primeros de la carrera, alucinante el ritmo del que corre en cabeza. Se tiene que subir por las aceras o ir pidiendo paso entre el rebaño de lentos corredores que formamos los demás. La situación resulta un poco rocambolesca, hasta el ciclista que teóricamente debe abrirles paso se ha quedado detrás de ellos y van tocando la bocina para que le dejemos pasar y poder abrirles camino. De aquí al final de la segunda vuelta nos doblaran aproximadamente unos 20 corredores.

Alguno de mis compis intenta darme esquinazo, en cuanto me adelanto unos metros me hace señas de que tire hacia delante que no le espere. Pero no va a ser tan fácil librarse de mí, y le castigo cantándole mientras corremos, admito hasta peticiones y me arranco con un villancico que es una de mis especialidades.
Aprovecho para probar a tomar un gel en el kilómetro 10. Sigo sin acostumbrarme al sabor y en esta ocasión no noto sus efectos “milagrosos” como en San Sebastian, aunque también es cierto que el ritmo tampoco es exigente.
Intento exprimir un poco a Don Comodón, ya que esta es su última vuelta, pero sigo sin conseguir que cambie su cadencia constante y acelere. Le dejo en el desvió hacia la pista de atletismo, con una sincera felicitación, como siempre ha hecho la carrera que quería y eso es fundamental.

Tercera vuelta
Con la emoción me he adelantado unos metros y busco a mi cuñado entre mis perseguidores. Me hace señas de que va a continuar y le espero para ir juntos en la última vuelta.
El grupo se ha reducido ya significativamente y se puede correr con total comodidad, sino fuera porque los kilómetros empiezan a pesar en las piernas. En el kilómetro 16 hago un cálculo mental y le propongo a mi cuñado subir un poco el ritmo para bajar de las 2 horas. Pero él prefiere mantener el ritmo y no arriesgar a que le de una pájara y creo que hace bien. Recuerdo mi primera Media de Madrid y lo mucho que sufrí los 3 últimos kilómetros por forzar en exceso al principio.
Vuelta muy tranquila aunque el ritmo de mi cuñado es cada vez más lento. Los últimos kilómetros se me hacen interminables. En la última subida antes de entrar en el complejo deportivo acelero y me exijo para probar las piernas. Están cargadas por la distancia pero responden muy bien.
El acelerón ha dejado muy atrás a mi acompañante, casi tengo que pararme en la pista de atletismo para entrar juntos. Se queja de dolor en uno de los gemelos y va perdiendo posiciones en el pelotón, pero la carrera está terminada. Con la alegría de acabar su primera media entra pletórico en la meta.
Junto a nosotros entra un ciego con su guía, cada vez son más habituales en las carreras pero no por eso deja de sorprenderme. Ambos tienen un merito increíble y así se lo reconocemos todos.


Terminada la carrera no se si recomendárosla, yo la he disfrutado a ratos pero creo que más por la compañía que por el recorrido. Para los que quieran hacer marca no es nada recomendable porque en la tercera vuelta tendrán que doblar a demasiados corredores sin casi espacio en muchos de los tramos. Quizás sea adecuada para el que no este muy convencido de la distancia a correr y puede según se vea continuar o detenerse.
La Organización sin grandes fallos pero tampoco con aciertos destacables. Quizás sólo sugerir que separen algo más los avituallamientos en cada vuelta, los 2 km no son suficientes para volver a tener sed. Agradecer la variedad de regalos entre los que nos dejan elegir, yo me decante por un buff de color verde muy molón en lugar de la típica camiseta, de las que ya guardo una colección importante, muchas sin estrenar.

viernes, 22 de febrero de 2013

De Media por el Monte del Pardo

Con su XXIX edición la Media de Fuencarral es una de las más clásicas de la capital. En sus primeros años era organizada por la Asociación de Vecinos de Fuencarral, pero ya desde hace unos años y dado el auge que ha tenido las carreras populares en nuestro país, se ha recurrido a empresas especializadas en estos eventos. A pesar de ello mantiene gran parte de su encanto familiar y su carácter de barrio.

Con salida y llegada en la pista de atletismo de Santa Ana, es una carrera exigente, que debemos correr con mucha cabeza sino queremos sufrir en exceso. La época del año en que se realiza, primeros de Febrero, siempre es sinónimo de frío en Madrid.


http://mediamaratonfuencarral.deporticket.com/












Su recorrido es ya mítico, se divide en dos mitades muy distintas, unidas por una zona de descanso Se comienza con una larga bajada por la Avenida del Cardenal Herrera Oria, para continuar con un tramo de llaneo por la Carretera del Pardo. Y por fin comenzar el temido tramo de subida a partir del kilómetro 13, hasta alcanzar la tapia del Pardo y atravesarla por la “Puerta del Tambor”. A partir de ese momento a tumba abierta en bajada hasta cruzar la M-40 y volver a sufrir en unos últimos kilómetros de subidas y toboganes en Montecarmelo.

Este año no estaba en mis planes correr en Fuencarral, sino estrenarme en “La Tragamillas” de Villalba. Pero por petición de mi compañero de carreras, decido dejar el estreno para el año que viene y correrla juntos. Por eso esta media me llega algo pronto en mi preparación y sobretodo mentalmente bajo de motivación, por lo que puede ocurrir cualquier cosa.

Ya la corrí el año pasado y los recuerdos son muy buenos. Este año la climatología es algo más benigna y de los -3ºC que tuvimos en la edición anterior hemos pasado a unos “agradables” +5ºC esta mañana.

Un año más la organización de la carrera ha vuelto a cambiar de manos, no sin cierta polémica, aunque mantiene la supervisión de los vecinos de Fuencarral. El recorrido no ha cambiado pero si el hecho de recoger los dorsales antes de la carrera lo que yo personalmente agradezco por que me evito el paseo el día anterior.

Después de recoger el dorsal vuelvo al coche para cambiarme. En esta ocasión no tengo acompañantes y es que cuando la distancia supera los 10 Km a mis “valientes” compañeros les empiezan a temblar las piernas. Tengo que recurrir a un espontáneo para que me haga la foto de rigor y dejar constancia de mi presencia. Ya con el uniforme me voy a la línea de salida y a calentar un poco por el parque.

La mañana esta nublada y sólo a ratos el sol se asoma y calienta algo, las vistas de la sierra de Madrid después de los últimos días de nevadas es espectacular. El speaker nos recuerda que reservemos para la segunda parte de la carrera que es cuando se vuelve más exigente, creo que todos los presentes lo tenemos muy claro. Dan la salida con un disparo bastante silencioso y nos ponemos en movimiento sin demasiados agobios, es la ventaja de ser una carrera poco multitudinaria.

Primeros kilómetros por las calles estrechas de Fuencarral. La gente sale muy relajada y voy adelantando sin tener que hacer demasiados cambios de ritmos, ya a partir del primer kilómetro consigo un ritmo bueno y constante.

Abandonamos Fuencarral para tomar la Avenida Cardenal Herrera Oria y nos encontramos por primera vez con la vista de las Cuatro Torres. Son junto al monte del Pardo las señas de identidad de esta carrera.

Por un sólo carril de la avenida, dejando el otro para los coches, avanzamos a buen ritmo. Es la parte mas suave de la carrera, aunque en el perfil se marca como una bajada continua es engañosa y nos encontramos con varios toboganes. Aunque acaba en una gran bajada hasta Puerta de Hierro y una subida fuerte antes de pasar por debajo de la M-40 y tomar la carretera del Pardo.

Paso por delante de casa de mis hermanos pero como me ocurrió el año pasado es demasiado temprano para que alguno de mis sobrinos haya salido a animarme. En esta carrera no hay prácticamente público en todo el recorrido, excepto en los últimos kilómetros donde los vecinos bajan a animar y se reúnen los acompañantes para recoger los restos de los corredores. A destacar un tipo en pijama desde su balcón que nos anima con la música de carros de fuego a todo volumen, al menos nos hace esbozar una sonrisa a todos.

He cogido un ritmo “cómodo”, no quiero forzar y pagarlo en las cuestas y voy disfrutando del paisaje de encinas del Pardo. Muchos domingos corro por esta zona sobretodo por la infinidad de caminos de arena que atraviesan el monte y que comparto con las manadas de ciclistas que los invaden cada fin de semana.

La larguísima recta del Pardo, con su tendida pero continua subida se me hace más llevadera que el año pasado. Me sorprende que algunos compañeros ya vayan resoplando en este tramo, no me atrevo a aconsejarles que bajen el ritmo pues todavía queda lo peor.

Nos vamos acercando al pueblo del Pardo y me voy preparando para atacar el tramo de cuestas. Lo conozco de la edición anterior y de los entrenamientos y se que al girar en la rotonda del palacio me encontrare con el primer muro. Para animarme comento en voz alta, “Ahora comienza la carrera”, algunos de mis compis me dan la razón asintiendo con la cabeza pero otros me miran sorprendidos.

Comienza la primera rampa y es fuerte de verdad, el ritmo de la carrera se para. Cambio a una zancada más corta y con buena cadencia la ataco sin miedo, empiezo a adelantar a mucha gente, algunos ya cadáveres. Junto a mi un corredor recibe una llamada al móvil y el osado no sólo la contesta sino que intenta mantener una conversación, aunque a los pocos metros desiste porque se está ahogando.

Superada la primera rampa tenemos una bajadita para recuperar las piernas y ya acometer el resto de la subida, de casi 2 kilómetros, al Cerro del Tambor. La carretera va haciendo curvas y nos esconde el final, pero una vez que empiezo a ver la tapia del Pardo se que la subida está superada. A pesar de mis pocos ánimos iniciales, he disfrutado de la subida con buenas sensaciones y a un ritmo constante.

Me preparo para una rápida bajada, cruzo la puerta en el muro y me vuelvo a sorprender una vez más con la visión de Madrid y de las Cuatro Torres. Primer tramo de bajada suave con avituallamiento donde me recupero del esfuerzo. Pero en seguida la bajada se convierte en un tobogán y tengo que tirar de piernas otra vez, en esta ocasión para frenar.

Cruzamos por debajo de la M-40 por un estrecho túnel y a por los últimos kilómetros. Rotonda y comienzo la subida por la ancha avenida  del Monasterio de Silos. Como me ocurrió el año pasado es la parte que más se me atraganta de todo el recorrido. Se pierde el encanto del monte y la subida sin ser fuerte a estas alturas de carrera parece el Tourmalet. Son los kilómetros de la basura.

Giro a la derecha y una bajadita que termina cruzando por encima de la carretera de Colmenar. Ya sólo queda la cuesta final de acceso a la pista de atletismo. Necesito una motivación y aunque resulte algo machista, la encuentro en adelantar a una chica rubia muy “llamativa” que va unos metros por delante. Lo logro antes de entrar en la pista de atletismo y aunque ya no puedo bajar de la hora y 40 minutos que era mi objetivo inicial, me obligo acelerar en la vuelta a la pista, creo que para castigarme por haberme relajado en los primeros kilómetros.

Entro con unos 17 segundos de retraso, pero contento por haber superado los peros iniciales. La motivación me ha faltado antes y durante la carrera pero las piernas y la cabeza me han respondido bien.

Recojo la camiseta, bien bonita con el perfil de las torres y el monte del Pardo en un verde “eléctrico”, lastima que sea de dudosa calidad. Bolsa del corredor bastante completa, incluido el litro de caldo. Me relajo estirando en la pista de atletismo mientras escucho los comentarios de otros corredores, supongo que cuando yo lo cuento resulta igual de épico y fantasioso.

Todos los años hay problemas para que se realice esta carrera, siempre se rumorea que es el último año y que el ayuntamiento la tiene enfilada. Pero cada año somos más los que nos animamos a disfrutar de una carrera con mucho “encanto”. Esperemos que el cambio de organización de este año garantice una continuidad que el recorrido y los vecinos merece.

jueves, 7 de febrero de 2013

Descubriendo el esquí de fondo

Con el invierno llega la nieve y la opción de practicar los llamados deportes de invierno. Mi padre era un gran aficionado al esquí, pero no fue capaz de transmitirnos esa pasión a ninguno de sus hijos. Y como la vida es extraña la afición ha saltado una generación y muchos de mis sobrinos y hasta mi hijo son grandes amantes del esquí alpino.

Algunos de los hermanos con el paso de los años y ya siendo mayores nos hemos animado a descender por las laderas de las montañas. En mi caso ya con unos cuantos años me acerque a las pistas de esquí de la mano de mi hermana. Teniendo en cuenta mi afición al windsurf opté por intentarlo con el snowboard, pensando que me resultaría más sencillo. En aquella época éramos muy pocos y mal vistos por los esquiadores clásicos. Las tablas se parecían en su forma a los esquís y usábamos botas tradicionales y fijaciones. Aprendí a deslizarme por las pistas y llegué a hacerlo de forma honrosa que no correcta.

Luego me casé y abandoné esta afición para retomarla cuando mi hijo mayor tuvo edad para calzarse unos esquís. El snowboard había evolucionado y tuve que volver a aprender, la tabla ya no tenía proa y popa y las botas eran flexibles y se ataban con “correas” a la tabla. Volví a ser capaz de bajar por la montaña pero mi hijo y mis sobrinos aprendían mucho más rápido que yo y pronto me dejaron atrás.

Llevo varios años pensándolo y creo que mi futuro con la nieve está en el esquí de fondo. Me parece mucho más parecido a mi afición a correr, en el esfuerzo y la velocidad. Se disfruta más de la montaña, de forma tranquila y no tan masificada. Y sobretodo la posibilidad de que en una caída nos rompamos algún hueso es bastante menor.

Durante una charla de café en la oficina, un compañero de trabajo me comentó que él practica el esquí de fondo en unas pistas que hay en el puerto de Navafría, cerca de Madrid. Me animo a intentarlo, me pongo en contacto con la estación y contrato un completo, cursillo, equipo y forfait. Engaño a mi hijo y mi cuñado para que me acompañen.

Domingo por la mañana toca madrugar. Vestidos de esquiadores nos vamos de camino a la sierra. El día está despejado en la capital pero las montañas están cubiertas de nubes. Las últimas semanas ha nevado y la sierra está sorprendentemente blanca. Además hemos tenido mucha suerte y ayer nevó por lo que nos vamos a encontrar las pistas perfectas.

Llegamos a Lozoya y tomamos la carretera que nos subirá hasta el puerto de Navafría a 1.773 m de altura. Carretera totalmente de montaña sin prácticamente arcén y muy revirada, nada que ver con las nuevas “autopistas” que suben a las estaciones de esquí alpino. En la subida alcanzamos el autobús que conecta el pueblo con las pistas y detrás de él subimos todo el puerto.

Un pinar espectacular cubre toda la ladera del puerto, los árboles están cubiertos de nieve. Llegamos a la estación, ya me habían avisado que el aparcamiento era escaso pero hemos tenido suerte y tenemos un sitio disponible enfrente de la estación. Hay mucha nieve y el coche se queda hundido en ella espero que seamos capaces de sacarlo después.

Las instalaciones de la estación se reducen a un pequeño refugio de montaña con un par de mesas y una estufa al fondo, una habitación que se utiliza como vestuario y para dejar la ropa y la taquilla donde además puedes conseguir un café o un chocolate caliente. Nada que ver con las modernas instalaciones de las estaciones de esquí alpino con sus hoteles, apartamentos, cafeterías, restaurantes y demás servicios.

Primero tenemos que pagar el cursillo, nos entregan un forfait a la vieja usanza, un alambre que se engancha a la chaqueta y sobre él que se pega la pegatina roja del forfait. Mi hijo alucina, él está acostumbrado a la tarjeta plástica personalizada de los modernos forfait que se recarga por internet.

Después tenemos que ir a  buscar el equipo, hay que salir fuera, primero nos dan las botas, tenemos que volver al refugio para ver si nos van bien. Con ellas calzadas otra vez a la calle para buscar los esquís y los bastones. Ya con el equipo completo de nuevo para dentro a buscar a nuestro monitor. Nos dicen que esperemos fuera que en seguida nos avisan, estando fuera nos vuelven a decir que entremos que están organizando los cursos. Lo que se dice una organización “perfecta”, pero al menos todo con una sonrisa. Hace frío fuera y decidimos esperar refugiados hasta que se aclaren. 
 
Por fin nos asignan monitor, una chiquilla de veinte pocos, que se llama Cristina, vestida con un modelito ideal toda conjuntada, cinta en el pelo y gafas de diseño, en esto da igual que sea esquí alpino o nórdico. Nuestro grupo variopinto, en total somos nueve, dos amigos con aspecto de grandes deportistas, un chaval despistado que va por libre, una única chica acompañada de dos guaperas, uno de ellos de esos que siempre intentan llamar la atención, y por supuesto nosotros tres. Todos bastante por encima de la veintena, excepto mi hijo, creo que esto del esquí de fondo es para los mayores de edad.

A la altura del refugio corre un aire de narices y la sensación térmica es heladora, aunque nos aseguran que en cuanto avancemos unos cientos de metros por la pista y nos internemos en el pinar el aire para y las condiciones son buenas. Esperemos que sea verdad por que sino esto va a ser una pesadilla.

Primera lección, como ponerse los esquís, las ataduras sólo se enganchan en la parte delantera y debemos presionar suavemente. Nada que ver con las ataduras del alpino y mucho menos con las del snowboard, me cuesta un par de intentos pero le cojo el truco. La primera impresión con los esquís puestos es que son finísimos y tienen vida propia independiente de las botas.

Primeros metros sobre los esquís, se supone que es como andar. Pero todos en fila con los esquís dentro de los dos carriles paralelos marcados en la pista que forman la huella, parecemos una bandada de gansos. Avanzamos primero un pie luego el otro, balanceándonos a los lados he intentando acompasar el movimiento con dos bastones larguísimos que en lugar de ayudar sólo estorban. Nada tiene que ver con el movimiento elegante que vemos en las olimpiadas, lo nuestro es una mezcla entre pingüino y elefante.
  

Cristina nos para y nos da las primeras indicaciones, debemos hacernos “largos” dejando que el movimiento sea “natural”, que un esquí avance y se deslice mientras el otro pie se levanta de la atadura de forma automática sin forzarlo. Los esquís son unos “pies grandes” que nos han crecido por la noche, tenemos que olvidarnos de ellos y movernos de forma natural.

Viéndola a ella parece fácil pero imitarla es casi imposible. Me siento torpe y desacompasado. Pero poco a poco le voy cogiendo el tranquillo y consigo que los esquís deslicen y el movimiento sea más largo y armonioso. Pero en cuanto me despisto y pierdo el ritmo, vuelvo a los movimientos espasmódicos y los esquís se frenan. Me queda el triste consuelo de que los demás andan con los mismos problemas.

Llegamos a las primeras cuestas y descubro que no debo estar haciéndolo tan mal pues los esquís suben con facilidad, me sorprende que el esfuerzo sea mucho menor de lo que esperaba. Empiezo a gustarme, le veo muchas posibilidades, además ya estamos en mitad del bosque el viento ha parado y el paraje nevado es una pasada. Aunque estamos dentro de una nube y no vemos el valle que debe ser espectacular.

Avanzamos por la pista principal de la estación que se llama Mirador, aunque hoy no vemos mucho. Es una pista forestal ancha que tiene unos 7 km y es el acceso para el resto de las pistas por lo que tiene bastante tráfico. Va subiendo por la ladera de la montaña entre el pinar, dejando a la derecha un precipicio con él que hay que tener cuidado, aunque está protegido en gran parte por una valla.

Cuando ya empiezo a dominar el llaneo y la subida tenemos que cambiar a la técnica de descenso. La famosa “cuña” con la que comienzan los principiante, pero que en el caso del esquí de fondo es la única técnica de descenso ya que al no estar “unidos” bota y esquí es imposible hacer paralelo.
 
Es ahora cuando descubro mi torpeza y por que nunca me ha apasionado el esquí alpino. Soy incapaz de clavar correctamente los cantos y dominar el descenso, los esquís van donde les da la gana y la velocidad es incontrolable. En seguida compruebo por que se debe flexionar mucho más las piernas y desplazar el peso hacia delante, pues en cuanto echo un poco el cuerpo hacia atrás acabo sentado en la nieve de culo. Por suerte la velocidad a la que me deslizo es de risa y lo único que queda dolorido es mi orgullo.

Mi canijo y mi cuñado tienen la ventaja de ser avanzados esquiadores y aunque la técnica no sea la misma y los esquís de fondo no cantean igual que los carving, se les ve más finos, aunque no se libran de algún susto. Poco a poco voy controlando un poco más, pero creo que necesitare seguir practicando. Mi problema es que aunque junte las puntas de los esquís y separa las colas, al mismo tiempo que cierro mis rodillas hasta chocar una contra otra no consigo que el frenado sea de mi agrado. Al final descubro, con ayuda de mi monitora y un montón de caídas, que el truco está en meter para dentro los tobillos, demasiado complicado para el primer día.

Paramos a descansar en el mirador, aunque lo que se dice ver no vemos mucho. Las fotos de rigor y a reponer energías, sólo hemos recorrido un par de kilómetros pero con tanta parada y ejercicio casi hemos echado una hora. La experiencia hasta ahora muy positiva, creo que seré capaz de controlarlo y la idea de realizar una excursión por la nieve de una forma tan tranquila es atrayente. Me sorprende pero mi hijo está encantado, ya hace planes para volver otro día y hasta piensa en que vengan sus amigos, aunque a la mayoría no les veo sobre unos esquís de travesía. Demasiado esfuerzo y sin el mando de la Play Station o el móvil entre sus manos.

Arrancamos de nuevo y vamos practicando lo aprendido. Pruebo a esquiar fuera de la huella aunque los esquís se mueven bastante más. Ya avanzamos más deprisa y cada uno lleva su ritmo en el grupo. Cristina tiene que llamarnos la atención por que cada uno va a su bola, y es que a nuestra edad somos muy mal mandados.

Ya sólo nos quedan las últimas lecciones de seguridad, como salirnos de la huella o frenar dentro de ella para evitar chocar contra él que va delante de nosotros. Podía habérnoslos contado al principio pues yo ya me he llevado por delante a un par de compañeros de cordada y he sido envestido en alguna ocasión.

Mientras practico las nuevas técnicas pierdo el control y cargo todo mi peso sobre uno de los bastones, que queda doblado completamente. Intento ponerlo recto pero con cuidado si lo parto tendré que pagarlo, lo pone claramente al recoger el material y ahora entiendo porque.

Ya llevamos más de dos horas sobre los esquís y la verdad es que se han pasado muy rápido aunque empiezo a notar el esfuerzo. Ya no estoy tan fresco como al principio y cada vez me caigo más a menudo y deslizo peor. El curso se está acabando y volvemos hacia el refugio desandado el camino.

Esquío un rato junto a mi hijo que me va dando consejos sobre mi posición y como llevar los bastones, ni que fuera un esquiador experimentado. El último tramo del camino está ya muy pisado, no se ve la huella y esta lleno de trazas de otros esquís que complican el deslizarse. De hecho me meto un buen tortazo cuando uno de los esquís se me queda clavado. Yo en el suelo con los esquís a la espalda y una gran sensación de estúpido. Aunque me repongo en seguida y llego deslizando hasta el refugio como un “campeón”.
 
Casi tres horas de travesía, creo que hemos tenido suficiente para el primer día. Y es que aunque parezca una tontería resulta muy exigente sobretodo para mis brazos y hombros, que cuando corro trabajan poco. Aunque las piernas no están mucho mejor y es que los corredores aunque las trabajemos mucho no las tenemos preparadas para patinar o pedalear con ellas.

Entregamos el equipo y decidimos que nos vamos para casa, así llegaremos a comer y la familia no se quejara de nuestro abandono. Aunque las ruedas patinan un poco el coche sale sin problemas de la nieve, en estos casos es cuando me alegro de haberme dado el capricho de comprar un 4x4.

Experiencia altamente recomendable para todos. Yo personalmente estoy deseando repetir, sobretodo para quitarme la espinita de sentirme tan torpe encima de las tablas. Me parece un complemento perfecto de las carreras, aprovechando la nieve y disfrutando de la montaña de una forma más tranquila que descendiendo como un loco por las laderas, pendiente de que nadie te arrolle, para esperar durante un buen rato en la cola del remonte.

sábado, 19 de enero de 2013

Pirineos, las grandes montañas - Badaguás

Este año 2012 no he podido terminarlo como lo empecé, corriendo la San Silvestre Vallecana. En esta ocasión he aprovechado los días festivos para irme con dos de mis hermanas a pasar el fin de año en Badaguás. Un pequeño pueblo deshabitado cerca de Jaca, reconvertido hoy en una urbanización de vacaciones.

Mientras mi enano sube a esquiar con sus primos y tíos a la cercana estación de Formigal, yo me quedo en casa con mis dos mujeres y aprovecho para despedir el año que se va como nos gusta a todos los corredores populares, corriendo.

Además estando en los Pirineos he podido disfrutar de correr por la montaña. Sin atreverme a atacar las grandes cumbres pirenaicas, me ha bastado con subir el monte cercano, que forma parte de las primeras estribaciones de la cordillera, para darme cuenta de que aquí las montañas son otra cosa.



Este monte forma parte de la Sierra de Baraguás, la subida parte desde una altura de 1.000 m para ascender hasta los 1.400 m. Casi 400 m de subida en menos de 6 km, es decir una pendiente media de 6,5% y unas rampas de hasta el 13%, a este desnivel debemos añadir un terreno que se agarra mucho. Con lo que he sufrido para ascender esta “tachuela” no me veo subiendo a los 3.355 m del cercano Monte Perdido.

Mi recorrido comienza en la urbanización de las Lomas de Badaguás, la subida parte de la antena de televisión que se divisa desde cualquier punto de la urbanización. Para llegar a ella ya debemos superar las primeras cuestas todavía asfaltadas y las piernas entran rápidamente en calor. Pero nada comparado con lo que nos espera a partir de que la dejemos atrás.



Desde la antena, sale una “trialera”, no tiene pérdida es el único camino que podemos tomar si no queremos meternos en mitad del bosque de pinos que cubre toda la ladera del monte. A partir de ese momento comienza la subida de verdad, son casi 4 kilómetros de fuertes desniveles con descansos de escasos metros en donde suaviza la pendiente y nos permite recuperar algo la respiración.

El ritmo lento muy lento, en algunos tramos casi andando, bueno no voy a mentir algunos tramos andando. El camino es ancho pero el firme es muy irregular, con tramos de piedras, grandes rodadas, cruzando algún riachuelo que ahora baja con poco agua pero que seguramente en primavera nos obligara a mojarnos las zapatillas. Pero sobre todo mucho barro.


Todo este primer tramo de subida por la trialera transcurre por en medio del pinar, sólo en alguno tramo se abre la espesura para poder disfrutar de las vistas. Según subimos empezamos a ver todo el valle que vamos dejando abajo, las vistas y disfrutar del entorno ya justifican el esfuerzo de la ascensión.

El camino en esta época del año está poco transitado, sólo me cruzo con un par de cazadores que bajan del monte con sus perros pero sin ningún trofeo. Me imagino que en primavera y verano estará más animado y nos cruzaremos con senderistas y paseantes.


Pero todo sufrimiento tiene un final y la trialera termina en un camino de tierra pisada en mucho mejor estado que recorre la cuerda del monte. Existe la opción de tirar hacia la derecha y continuar la ascensión hacia la cima del monte o hacia la izquierda y mantener la altura recorriendo la ladera para más adelante comenzar el descenso hacia el pueblo cercano de Baraguás.


Mi objetivo es subir hasta la cima, por lo que sigo ascendiendo, aunque ahora el trote se hace más ligero y el terreno más agradable.  Alcanzada esta altura ya empezamos a vislumbrar las cimas nevadas de los montes que forman la cordillera de los Pirineos. En el camino nos encontramos con alguna mancha de nieve y en ella las pisadas de los corzos y jabalís de la zona, yo también quiero dejar mis huellas y piso con fuerza para dejar la marca de mis zapatillas.


El camino sigue subiendo suavemente y hay tramos llanos que me permiten disfrutar. Recorridos un par de kilómetros debemos elegir entre, seguir por la cuerda del monte en sentido este, descender por un camino estrecho entre pinos o continuar subiendo para atravesar la cima. Elijo la tercera opción, el camino vuelve a convertirse en estrecho y embarrado y la pendiente vuelve a subir.

Recorro escasamente 200 m para alcanzar el punto más alto del monte, en el último tramo el camino desaparece y debo correr por un cortafuegos. Ya estoy en la ladera opuesta del monte y puedo ver como el cortafuegos continua internándose en dirección a los grandes montes de los Pirineos. No dispongo de tiempo y mucho menos de fuerzas para continuar y es necesario desandar el camino, pero me lo apunto mentalmente en la agenda como futuro recorrido en primavera con mejor preparación.


Como siempre digo lo mejor de una subida es que después siempre viene un descenso. En esta ocasión el descenso es largo y tendido, y dentro de mis posibilidades rápido. Los tramos que antes eran murallas que escalar ahora se convierten en toboganes por donde deslizarse.

Disfruto como un enano de la bajada, aprovecho para entrenar los descensos pasando de correr a saltar en los tramos con mayor inclinación. Pero el momento de forma y la falta de entrenamientos se nota y acuso el cansancio, en la mayoría de la bajada voy asegurando los apoyos y con un ritmo fácil que me permite recuperar fuerzas y disfrutar del camino, lo que no pude hacer durante la subida.


Durante la bajada tengo que parar un par de veces para quitarme el barro de las zapatillas. Al barro se pegan las piedras y hojas y debo llevar un par de kilos más en cada pie, además empiezo a resbalarme por que el traqueado de la suela queda cubierto por más de un centímetro de barro.

Este recorrido lo realice tres de los cuatro días que estuve de vacaciones. Con distintas sensaciones:

·    Domingo 30 de Diciembre, al ser la primera vez voy descubriendo las trampas según avanzo. Hace mucho tiempo que no piso monte y fuerzo demasiado, tengo que pararme varias veces durante la subida para recuperar el aliento. Tanto en la subida como en la bajada me encuentro con mucho barro.


·    Lunes 31 de Diciembre, con la excusa de tener que hacer las fotos, realizo varias paradas que aprovecho para recuperar. Al comenzar más temprano el barro de la subida está helado, aunque en la bajada el sol calienta y vuelvo a encontrarme con el problema del barro.

·    Martes 1 de Enero, subo a la estación con la enana para que se tire en trineo, aunque nos nieva disfrutamos todos de la nieve y el chocolate caliente de la cafetería. Para el año que viene creo que ya toca que la canija empiece a esquiar.


·    Miércoles 2 de Enero, consigo realizar todo el ascenso sin parar, está claro que las piernas me van respondiendo mejor. Después del mal tiempo de ayer, disfruto de una mañana esplendida para correr, fresca pero con sol. En el parte alta del camino hay más nieve y el recorrido tiene mayor encanto.

Aun siendo un recorrido exigente por los desniveles, no es muy técnico ya que transcurre por caminos y por lo tanto accesible para cualquiera, ya sea corriendo o caminando. Muy recomendable por las vistas del valle y el pinar que atravesamos. Además está conectado con varios caminos, lo que nos permite variar la distancia y el recorrido dependiendo del tiempo y las ganas.

P.D. Descubrí que en el cercano pueblo de Sabiñanigo se organiza la San Silvestre Puente Sarda. Con carreras para todas las edades, incluida una para veteranos de 4.800 m. Lo apunto para el año que viene, seguro que el 2013 lo despedire también corriendo.