jueves, 23 de mayo de 2013

Carreras de montaña otra forma de correr

Vamos a ser los primeros en estrenar esta carrera de 18 Km por el Monte del Telégrafo cercano a Becerril. El recorrido es sencillo tres subidas al monte con sus tres bajadas, saliendo y volviendo al polideportivo del pueblo. Cada trazado por una ladera distinta de la montaña para dibujar un trébol del que le viene su nombre. La subida tiene un desnivel menor de 500 m lo cual no es demasiado llamativo si nos fijamos en los picos cercanos, pero el acumulado total suma los 1000 m y es algo más significativo.

Cada subida nos depara una visión muy distinta de la sierra madrileña, la primera ascensión nos permite ver los grandes montes centrales con la Maliciosa en primer termino y el embalse de Navacerrada, la segunda nos muestra el valle del río Guadarrama y de fondo los montes del extremo sur con el Abantos como gran referencia y en la tercera y última la vertiente más norte de la sierra con la Pedriza a las faldas de la montaña, todo un espectáculo. Disfrutar de esta vista panorámica de toda la sierra madrileña es uno de los grandes alicientes de la carrera.


En esta ocasión ha sido mi compi de trabajo el que me ha liado para correr esta carrera de montaña, aunque es cierto que no he opuesto mucha resistencia, por eso paso a buscarle por su casa para ir juntos hasta Becerril. El quería acabar la temporada estrenándose en el monte, aunque creo que se ha excedido al elegir la carrera, tiene pinta de que va a ser francamente dura.

Cuando le recojo en Pozuelo el termómetro marca 8ºC y es que el tiempo ha cambiado y hemos vuelto al duro invierno. La previsión del tiempo daba para el fin de semana lluvias y hasta nieve en la sierra. Al final no ha sido para tanto aunque la Organización nos ha mandado un mensaje comunicando que es obligatorio el uso de corta vientos. Parece que la carrera puede ser “épica”.

Mientras nos acercamos a la sierra la temperatura en el termómetro va bajando, cuando llegamos a Becerril marca 2ºC. Si a esta temperatura le sumamos el viento, tenemos una sensación térmica bajo cero. Veo que la gente ha vuelto a vestirse con las mallas largas, gorros y guantes, yo vengo equipado con pantalones corto pero al menos he sido previsor y traigo la térmica.

Recogemos el dorsal y ya empezamos a ver que en esta carrera hay mucho nivel. No reconozco a ninguno de los típicos domingueros de otras carreras, me sospecho que los novatos vamos a ser nosotros. Decido cambiar mi objetivo, la idea inicial era bajar de las 2 horas, pero parece complicado, me conformare con no llegar el último.
 


Localizo a uno de mis primos que también está apuntado a la carrera. Es un corredor experimentado y muy aficionado a la montaña, por lo que me va a servir de referencia. Después de mucho tiempo voy a tener una rueda a la que seguir, a ver que tal se me da.

Mi primo viene acompañado de un amigo suyo también corredor. Van a aprovechar el recorrido para preparar otras carreras, mi primo el maratón de montaña de Los Soplados en Cantabria y su amigo el Trail de Peñalara, eso si me aclara que el recorrido corto sólo “60 KM”. No parecen ruedas fáciles de seguir, aunque me prometen que van a ir “tranqui”. Creo que su tranqui no va a ser mi tranqui, pero decido juntarme con ellos. Mi compi desde el principio ha desistido de intentarlo y correrá a su ritmo como hace siempre.

Ya estamos preparados y pasamos el control en el cajón de salida. El viento vuelve a apretar  y tumba el arco de salida, a pesar de ello la Organización ha quitado la obligación de vestir corta vientos. Yo me lo he dejado puesto, creo que lo voy a necesitar además es el último capricho que me he comprado y todavía no he podido estrenarlo en condiciones.
 


Arrancamos de los últimos, no tenemos prisa por atacar la primera subida al Monte del Telégrafo, que aunque comparado con los picos de la cercana sierra parece una tachuelita, creo que se me va a hacer larga. Primeros metros por asfalto saliendo del pueblo, me despido de mi compi que se va quedando atrás, está claro que se lo va a tomar con tranquilidad. Todavía las fuerzas están intactas y vamos conversando mientras abandonamos el asfalto para pisar tierra y empezar una subida suave.

Primer ascenso

Mientras nos vamos metiendo en el pinar de la ladera, el camino se hace más estrecho y abrupto y sobretodo la pendiente aumenta. Se acabo la conversación y pongo toda mi atención en seguir corriendo. En algunos metros tengo que caminar, pero la mayoría de la subida la hago corriendo sin dificultad. Llegamos al final de la subida y nos encontramos con la primera “sorpresa” del recorrido, el camino queda cortada por un verja metálica y sólo se puede saltar, escalando una gran roca. En fila y ayudándonos de las manos vamos cruzando de uno en uno.

Comienza la bajada, la pendiente nos obliga a bajar rápido. Aunque no hay camino marcado, la bajada no es demasiado técnica y puedo correr cómodo. Voy adelantando a mucha gente tanto subiendo como bajando y aunque con esfuerzo no pierdo la estela de mis acompañantes. La bajada es divertidísima, mezcla tramos de saltos y trialeras con zonas más abiertas entre pinos que permiten recuperar. Acaba el descenso y está el primer avituallamiento en una especie de alberca, nos reagrupamos y bebo algo de agua.

A partir de ese momento la carrera transcurre por la parte baja de la ladera del monte sin ganar altura. Es una senda bien marcada entre pinos próxima a la carretera, es estrecha y no nos permite correr en paralelo, por lo que vamos todos en fila india a un ritmo rápido y constante. Me voy recuperando del primer esfuerzo y tomando el pulso a la carrera. El corredor que va delante de mi me avisa que si quiero pasar se echa a un lado, voy cómodo pero no sobrado y prefiero aprovecharme de él y seguir el ritmo que me marca.
 

Segundo ascenso

Abandonamos el sendero y comenzamos la segunda subida. Hay montado un control donde van apuntando los dorsales, yo lo llevo cubierto por el cortavientos y cuando paso oigo cantar “Sin dorsal”. Tengo que retroceder para darle mi dorsal aunque creo que no lo apunta, espero que después de venir hasta aquí no aparezca como descalificado.

El primer tramo de esta segunda subida es en ligera pendiente por un prado, pero en seguida nos metemos de nuevo en el pinar y desaparece el sendero. Esto si que empieza a parecerse a lo que yo me esperaba de esta carrera. Subida en hilera, por supuesto andando, el camino ha pasado de ser una senda a convertirse en un largo tramo de escalera.

Ya no corro sólo con las piernas y empiezo a utilizar los brazos como ayuda. Para agarrarme a los pinos en los tramos más escarpados o para apretar sobre los muslos para darme algo de empuje adicional. Aun así se me hace muy dura la subida, de forma incontrolada voy resoplando para intentar coger algo más de aire. Cuando es al contrario y otro corredor me va resoplando yo me pongo muy nervioso, por eso estoy por pedir disculpas a la chica que va delante mio y que va aguantando mis bufidos, pero no tengo resuello para hablar.

Llevo a mi primo unos metros por delante y en la subida me va sacando algo de distancia, por detrás viene su amigo, me consuela pensar que a pesar de que no me noto fino aguanto a su ritmo. Por fin acaba la subida por la escalera cuando empezaba a plantearme que hago aquí sufriendo.

Volvemos a correr ya con menos pendiente rodeando la cima hasta alcanzar el edificio abandonado de la estación de telégrafo que da nombre al monte. Desde esta ladera tenemos unas vistas espectaculares del Escorial, el Valle de los Caídos y al fondo Madrid. Intento disfrutar de la panorámica pero no puedo despistarme del terreno sino quiero tropezar.

Llegamos al segundo avituallamiento mucho más completo que el primero, paro y aprovecho para tomar fruta algún fruto seco y agua. El trío nos volvemos a reagrupar y arrancamos la segunda bajada. Esta transcurre por una ladera despoblada de árboles, y con el suelo muy verde. Hay que tener cuidado porque hay zonas muy resbaladizas.

De repente los de delante se paran, nos hemos perdido, yo ya tengo bastante con seguir el ritmo del que va delante y no me he fijado en las marcas. Decidimos tirar en horizontal por la ladera buscando las balizas. Pocos metros a la derecha las localizamos y arrancamos otra vez la bajada trepidante, es un tramo muy rápido.

Consigo finalizar el descenso sin más percances, las zapas han respondido muy bien dándome el agarre que necesitaba en los tramos más mojados y complicados. Tomamos un sendero en horizontal por la ladera donde volvemos a correr de forma normal. Es espectacular la vista de La Pedriza desde está altura, por esto merece la pena la subida.

Sigo a mis compis que van a buen ritmo, tenemos que adelantar a varios grupos que van más lentos pero no quiero perder su rueda. Tener una buena referencia, me está obligando a exigirme, no se si me pasara factura al final.

Tercer ascenso

Comienza la última subida, que transcurre por un cortafuego. No hay forma de correr por el pedregal y subimos desde el principio andando, no sé si los superclase serán capaces de subirlo corriendo. Mientras subimos, unos ciclistas bajan en sentido contrario, no  parece buena idea porque tienen que frenar para evitar la fila de corredores.

La Organización por fin nos saca del corta fuegos para hacer el último tramo por el pinar, pero  el ascenso sigue siendo lento y trabajoso. Mis piernas empiezan a quejarse y voy perdiendo a mis compis, pero aguanto a mi ritmo sin que nadie me adelante. Acaba el tramo duro y veo como uno de los corredores que sube varios puesto por delante empiezan a correr, tiene un efecto domino y van arrancando uno a uno sucesivamente los corredores que me preceden. Llega mi turno y mi orgullo no me deja ser menos y arranco, aunque al principio las piernas se quejan, la verdad es que me siento más cómodo y subo a ritmo lento pero continuo. Algunos que van delante tienen que parar para volver a andar pero yo consigo llegar al último avituallamiento sin detenerme donde me esperan mis liebres.

Ahora si que me tomo mi tiempo para reponer fuerzas, plátano, chocolate y bebida, mientras comentamos lo larga que se ha hecho la última subida. Con los ánimos repuestos que no las piernas, arrancamos la bajada. Está es la más técnica de las tres, vamos en línea por un estrecho sendero con mucho desnivel y saltos sucesivos. Vamos esquivando pinos y tengo  claro que cualquier resbalón o duda me llevara a chocarme con alguno. Las fuerzas me van faltando y aunque bajo a muy buen ritmo, voy con muchas más precauciones que en las otras bajadas. En algunos tramos me veo obligado a frenar para no caerme y es cuando las piernas protestan de verdad.
 


Durante la bajada cruzamos un par de veces una carretera que sube la ladera haciendo eses. Nosotros como locos bajamos en línea recta directos a nuestro destino, nada de atajos. Delante mío algún corredor tiene dificultades para mantenerse en pie, y de hecho veo como bajan a un lesionado apoyado en un voluntario y otro corredor, no puede ni apoyar el pie. Cuando llego a la meta compruebo que no es el único damnificado y que la enfermería está completa, tengo suerte de haber llegado entero con mi poca experiencia en estas carreras.

Abandonamos el monte para tomar los caminos asfaltado que atraviesan las urbanizaciones y nos lleva al polideportivo del que salimos. El primer tramo es una larga rampa de subida y se hace dura, algunos corredores tienen que volver a andar, pero aunque se me hace muy larga no estoy dispuesto a pararme.

Este final de asfalto se me hace apestoso, estoy deseando llegar. Cruzamos la carretera principal, donde la policía detiene el tráfico para que pasemos y por fin la última recta. Al fondo veo un grupo de corredores y me marco el objetivo de adelantarlos antes de la meta. Mientras mantengo el ritmo, me pasa un corredor, lo que demuestra que siempre hay alguien más rápido que tú. Consigo adelantar en los últimos metros a mis predecesores, entre ellos a una chica, el speaker y el público fija toda su atención en ella pasando del resto de nosotros. De hecho en las fotos publicadas de la llegada ella tiene dos fotos y yo ninguna.

Termino en dos horas largas, a un par de minutos de mis compis que me han dejado atrás en la bajada. Para terminar un avituallamiento final de lujo, fruta variada, jamón y queso, bebida isotónica, agua, coca cola y hasta cervecitas. Todo lo necesario para reponer fuerzas, un diez para la Organización.

Mis liebres de la carrera se despiden mientras yo me quedo a esperar a que llegue mi compi de curre. Me citan para hacer un entrenamiento de montaña para después del puente, les digo que me avisen aunque creo que seré un lastre. Mi compi aparece por fin, machacado pero orgulloso de no ser el último, aunque ya no quedan muchos por llegar. Le recibo como si hubiera ganado aunque solo sea por compañerismo.

Terminada la carrera creo que he sufrido más de lo que he disfrutado, aunque tengo que reconocer que algunos tramos han sido espectaculares y muy divertidos, debo aceptar que tendré que entrenarme más en montaña para adaptarme a otra forma de correr si quiero ir más cómodo.

La única gran ventaja es que te olvidas del crono, no hay forma de mantener un ritmo de carrera continuo. Cuando subes el tiempo pasa lento y cansino y al lanzarnos en las bajadas la velocidad se dispara y todo es rápido, por lo tanto poco importa los minutos por kilómetro, los tiempos de paso o cualquier referencia del cronómetro.

Como nos ocurre a muchos corredores de asfalto, me queda la duda de si a esto se le puede llamar correr, las pendientes tan pronunciadas nos obligan a subir andando y bajar saltando. Cuando ascendemos vamos resoplando y en algunos tramos casi a cuatro patas, tirando de piernas, brazos, pulmones y cualquier cosa de la que podamos.  Pero cuando bajamos los pulmones no sufren pero vamos rezando para no caernos y rogando que se aparten los obstáculo de nuestro camino porque será difícil que podamos frenar.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Diversión por los montes de Hoyo de Manzanares

En los últimos años se ha producido un gran crecimiento de las carreras de montaña tanto en número de pruebas como en la participación. Este aumento tiene su origen en el impacto mediático de las grandes ultra trails de más de 100 km, pero sobretodo en la aparición de nuestro gran campeón Kilian Jornet que ha popularizado esta disciplina en nuestro país.

Muchos corredores populares de asfalto han querido probar en la montaña buscando nuevas sensaciones. Pero se han encontrado con que las carreras clásicas de montaña no son adecuadas para principiantes, por sus largas distancias y la dureza de sus desniveles. Como consecuencia han aparecido un nuevo tipo de pruebas en montaña, de menor kilometraje y técnicamente más asequibles.

La carrera de Hoyo de Manzanares podemos englobarla en este grupo. Pertenece al circuito RACES TRAIL RUNNING, de carreras de iniciación a la montaña que organizan Adidas y El Corte Ingles. Lo componen carreras cortas y de poca dificultad en distintos lugares de España. Es el segundo año que se realiza y se repiten las carreras madrileñas de Hoyo y el Escorial, la segoviana de la Pinilla y la alavesa de Vitoria-Gateiz con respecto a la edición anterior. Esto demuestra el gran éxito que han tenido estos recorridos.

En Hoyo de Manzanares se corre por un circuito poco exigente en desnivel, pero con un continuo sube y baja. Existen tramos trialeros de nivel medio y caminos de tierra realmente sencillos, esta mezcla la aproxima a un recorrido asfaltero en ritmos y permite al corredor recuperarse de los esfuerzos.

www.racestrailrunning.es














Esta es mi primera experiencia en una carrera de montaña, hasta ahora sólo me he acercado corriendo al monte en solitario y en entrenamientos más bien cortos y suaves. Por eso para estrenarme he elegido este recorrido bastante relajado, sin grandes desniveles y con muchos tramos de camino.

El día amanece esplendido, parece que por fin ha llegado la primavera después de un invierno con muchas nieves. Podemos desempolvar la camiseta de manga corta y las gafas de sol. Llego a Hoyo con tiempo para evitar prisas, aunque el primer aparcamiento previsto por la Organización ya está completo, pero no tengo problemas para aparcar en una calle cercana. El arco de salida está montado en la plaza del ayuntamiento y aunque cuando llego falta una hora para que comience ya hay un ambientazo.


Mientras caliento me doy cuenta de que los corredores que nos hemos dado cita en la carrera nos agrupamos en dos tribus muy distintas. Unos no podemos disimular que somos corredores de asfalto, la equipación nos delata, camiseta de tirantes, calcetín corto y algunos hasta calzan zapatillas sin taqueado. A los más montañeros se les identifica perfectamente, la mayoría visten medias de compresión, zapatillas modelo bota de montaña y el buff en la cabeza es indispensable. Los más genuinos con camisetas de camuflaje.

Pero no sólo la ropa nos diferencia, la gente se equipa con nuevos accesorios poco habituales en las carreras de asfalto. Cargan con riñoneras porta bidones y hasta los más exagerados con mochilas de hidratación. Algunos radicales se arman de bastones.

Me pongo de los últimos en la salida, no tengo prisa y quiero ir tranquilo sobretodo al principio. Me llama la atención que el speaker nos recuerde que permitamos el paso a los más rápidos en las zonas estrechas, me vienen a la mente los grupetos que se forman en el asfalto y que nos obligan a variar nuestro ritmo.


Salida y a correr, somos unos 1000 corredores y para estas carreras por monte resultan demasiados. Los primeros kilómetros de asfalto y camino de tierra son anchos y permiten correr cómodo, pero la cosa se complica cuando empezamos a correr por las trialeras. Los tapones son continuos y casi hay que pedir turno para bajar. Hasta la mitad de carrera el recorrido no se despejara de gente y tendremos que correr en fila india en los tramos más estrechos.

A partir de que abandonamos los caminos y nos vamos metiendo en el campo, el recorrido se convierte en algo más montañero, aunque es posible correr en prácticamente todos los tramos. Me lo paso como un enano, sobretodo bajando por las trialeras más estrechas, con continuos cambio de dirección y pequeños saltos y en las subidas aguanto muy bien el ritmo y sólo tengo que andar al final de un tramo, más porque la gente se para delante mío que por que la pendiente pueda conmigo.

Aunque últimamente no ha llovido, los riachuelos bajan con agua y en el primer tramo de la carrera tenemos que cruzar un par de ellos. Aparece el barro y las zapatillas con tacos se agradecen. Podemos decir que es la parte más “autentica” de la carrera, empezamos a parecer corredores de montaña con las zapatillas y la ropa embarradas.  

Avituallamiento a mitad de recorrido y siguiendo las recomendaciones de los expertos en Internet, me lo tomo con calma y me paro para poder beber con tranquilidad el isotónico que nos dan en vasos y no acabar bañado en líquido.


A partir de ese momento queda la última “gran subida”, un primer tramo ancho sin problemas donde adelanto a mucha gente que sube andando y el último tramo entre rocas y estrecho, aunque también lo subo corriendo, bueno más bien saltando. Pero como todo lo que sube tiene que bajar, nos lanzamos en un descenso rápido entre grandes rocas. No me libro de algún tropezón y el susto correspondiente, pero consigo no dar con mis huesos en el suelo.

Fin de la bajad y dejamos la zona de monte rocoso para correr ahora por un prado. La velocidad aumenta, aunque debemos tener cuidado por que el suelo esta húmedo y con barro y produce algún resbalón, sobretodo si pisamos las cacas de vaca que son habituales en esta zona.

Dejamos el prado para tomar un sendero entre arbustos que nos conduce de vuelta al pueblo. Los que van delante avisan de las ramas y hay que utilizar las manos para pararlas sino queremos llevarnos un buen latigazo. Y para fin de fiesta tenemos que saltar una valla de piedra para tomar las calles del pueblo, una policía municipal nos avisa que tengamos cuidado, que las rocas están húmedas y resbalan. De uno en uno saltamos sin apuros y a bajar por las calles del pueblo hasta la plaza.

Cruzo la meta con la sensación de que la carrera se me ha quedado corta, quiero más camino y rocas, pero será otro día.


Atasco para recoger el avituallamiento y la bolsa del corredor, formamos un tapón que casi impide que la gente cruce la meta. Fallo de previsión de la Organización que nos achucha para que nos demos prisa en avanzar, como si el problema de que no haya suficientes voluntarios sea nuestra.

Carrera perfecta para los asfalteros que queremos iniciarnos en el monte. Pocos kilómetros con tramos muy trialeros y divertidos pero sin grandes exigencias técnicas, ni pendientes insalvables. Muy buen ambiente y bastante gente animando en el recorrido para ser una carrera por el monte.

domingo, 28 de abril de 2013

Todos corriendo en la Media de Madrid

La Media Maratón de Madrid es sin duda la reina de su distancia entre las carreras que se realizan en Madrid. Pero además junto a la San Silvestre Vallecana y el MAPOMA forman el triunvirato de las tres distancias, que todo corredor popular madrileño debe correr alguna vez en su vida.
A nivel nacional ocupa también un puesto de honor por ser la de mayor participación, juntar 10.000 corredores en una distancia tan exigente es todo un éxito. Cada año su proyección internacional es mayor y ya en la carrera popular empezamos a encontrarnos con muchos corredores de otros países, parece una gran torre de Babel.
El recorrido muy “castizo”, siendo Madrid una ciudad con mucha cuesta el circuito no las evita y resulta exigente. Salida del Retiro en ligera cuesta y primeros 3 km mitad subida y mitad bajada. Dejamos la calle Serrano para cruzar Castellana y comenzar una constante subida de 6 km por las calles Almagro, Santa Engracia y Bravo Murillo, para llegar a la Plaza de Castilla y lanzarnos en bajada hasta el km 10.
A partir de ese momento un tramo de toboganes, continuos subes y bajas exigentes que acaban con una dura subida por la calle Diego de León para dejarnos ya muy tocaditos en el km 15. Ya “sólo” nos queda dar la vuelta al Parque del Retiro para volver a entrar por la Puerta de Madrid. Una larga y pronunciada bajada nos prepara para 2 km finales muy exigentes, la cuesta de Alfonso XII hasta la Puerta de Alcalá se agarra a las piernas, pero el último tramo por la calle de Alcalá acaba con las pocas fuerzas que te quedan y hace que la recta de llegada dentro del Retiro se nos haga interminable.
www.mediomaratonmadrid.es









En mi caso sólo puedo decir que la MMM es “MI CARRERA”. Fue donde me estrene como corredor, es la carrera de mi ciudad, la distancia que más me gusta y atraviesa mi barrio casi por delante de mi casa. Mi historia con esta carrera comenzó hace tres años, poco si se compara con sus 13 ediciones como media maratón y las 12 anteriores en la distancia de 20 km.
En la edición del 2011, donde me estrenaba, conseguí terminar en un tiempo más que aceptable pero sufriendo muchísimo en los últimos 5 km. No puedo decir que disfrutara, sobretodo cuando a falta de 3 km mi compañero de carrera, al que había dejado en los primeros kilómetros de carrera, me pasara como un rayo saludándome animosamente y yo sólo fuera capaz de hacer un gesto con la mano mientras intentaba mantener mi ritmo cansino.
La edición del 2012 fue otra cosa. Ya tenía mucha más experiencia, estaba en plena preparación para el Maratón de Madrid y disfrute mucho de la carrera realizando un tiempo estupendo. Lo mejor es que cruce la meta sonriente y satisfecho.
En esta edición del 2013, mis objetivos son otros. Mi temporada de asfalto está terminando hasta verano que comience a preparar el maratón otoñal y quiero acompañar a mis dos compis en su estreno en esta  carrera.

He quedado con ellos y llego un poco tarde, mi compi de curre se pone nervioso y me llama al móvil, parece que tienen ganas de empezar. Se había buscado una nueva pareja de baile para librarse de correr conmigo, pero le ha dejado tirado, parece ser que se ha dejado las zapatillas de correr en casa de la novia y llegara más tarde, apunto la justificación para incluirla entre las mejores diez excusas para no correr. Por lo tanto los tres mosqueteros cabalgaran de nuevo sobre los 21 km.



Nos colocamos en la salida, ya colapsada desde muchos minutos antes de darse la salida. Entre los nervios y los últimos preparativos nos vamos apretando como sardinas en lata. Salida y a “andar”, porque con tanta gente nos cuesta casi 5 minutos cruzar la línea de salida, aunque eso si sin empujones ni prisas porque todavía quedan muchos kilómetros por delante.
Arrancamos por fin y hacemos los primeros metros acompañados de una de las varias brigadas de paracaidistas que corren todos los años en la carrera. Esta es de las más serias, y corren en perfecta formación, entonando cánticos entre marciales y picantes que nos sacan a todos una sonrisa. La verdad es que se agradecen los ánimos sobretodo cuando la carrera se hace más dura.
Nos cuesta un par de kilómetros alcanzar y adelantar al globo de las 2 horas, esta deberá ser nuestra posición hasta la meta. Cruzamos por encima de la Castellana sobre el puente de Eduardo Dato, el trote acompasado de los cientos de corredores que cruzamos a la vez, hace que notemos que la estructura vibra bajo nuestros pies. Mi cuñado que es Ingeniero de Caminos me tranquiliza asegurando que el diseño aguanta esto y mucho más, pero yo no me quedo tranquilo hasta que abandonamos el puente y pisamos tierra firme. Sé por experiencia que los ingenieros suelen errar en sus cálculos.
Afrontamos los kilómetros de subida, a mi es la parte de la carrera que más me gusta, tiene bastante público que anima y me vengo arriba haciendo que mis compis tengan que subir algo el ritmo. Corremos a una media de 5:30 el km, yo disfrutando de la carrera pero creo que ellos van sufriendo algo más. Llegamos a uno de los puntos clásicos del recorrido que todos recordamos de esta carrera, el paso a la altura del parque de bomberos de Santa Engracia. Todos los años los bomberos sacan los camiones y nos animan con las sirenas y en algunas ediciones hasta nos remojan con las mangueras si hace calor.

Estamos en mi barrio y mi equipo de animación no tiene excusa para no estar en su sitio. A la altura de Ríos Rosas buscamos a mi hermana y sus hijos para que animen a su padre, pero no aparecen les ponemos falta “grave”. Pero metros más adelante encontramos a mi prima corredora con la que no contábamos, nos paramos a saludar y a convencerla de que el año que viene tiene que animarse si las lesiones se lo permiten.
Mi familia está en su sitio, el primer año fallaron pero desde entonces siempre me esperan en el mismo sitio. Me paro a dar un beso a mi enana, que este año no llora al verme pasar. Me anima para que gane y le traiga un premio, bendita inocencia para ella siempre gano, no sabe que la camiseta y la medalla nos la dan a todos sólo por terminar la carrera.
Pasamos Cuatro Caminos y la cuesta nos da un respiro. Vamos a buen ritmo y ahora estamos más cerca del globo de la 1:55 y empezamos a dejar atrás al de las 2:00 todo un éxito. Ya vemos de lejos las torres KIO que indican la proximidad de la Plaza de Castilla y el final de la cuesta, sólo queda un último esfuerzo y a comenzar la bajada.
Los acompañantes me aguantan bien, aunque mi compi de curre empieza a quejarse de dolores en una pierna, mal asunto pues todavía no hemos pasado el ecuador de la carrera. Le animo para que relaje aprovechando la cuesta abajo, pero parece que en las bajadas le duele más que en las subidas.
Cruzamos por el control de los 10 km, que marca el final de la bajada. Mi compi no mejora y yo me quedo con el mientras mi cuñado toma unos metros de distancia, el globo de las 2:00 se nos esta echando encima. La zona de toboganes complica algo más la situación, debo tomar una decisión y le abandono animándole que se agarre a la liebre. Arranco y en pocos metros alcanzo a mi cuñado, se que nuestro ritmo podría ser mejor pero es preferible conservar.
En la exigente cuesta de Diego León le pierdo de vista, no puede estar muy lejos pero aunque bajo el ritmo no veo aparecer su gorra blanca. En pocos kilómetros he perdido a mis dos acompañantes, decido que tengo que parar y esperarle. Me echo al un lado y por fin le veo aparecer con cara de despistado.

Esta es la zona con más público, se forma un pasillo estrecho por donde pasamos los corredores, es una sensación estupenda sentirse tan arropado. Empezamos la vuelta por el exterior del Retiro, es un descenso pronunciado y la velocidad aumenta, aunque los veteranos de la carrera sabemos que todavía queda el último repecho.
Terminamos la bajada con muy buen ritmo, pero veo que a mi cuñado le cambia la cara. No se lo puede creer le ha dado flato en el peor momento, justo antes del último esfuerzo. Le prohíbo hablar y que se concentre exclusivamente en la respiración, se supone que es el método para que se pase, pero los que lo hemos sufrido alguna vez sabemos que no funciona y el flato siempre viene por sorpresa y también nos abandona de repente.
Con esta situación atacamos la subida por Alfonso XII, primer tramo brutal, pero luego se relaja y podemos respirar. Aunque mi cuñado pierde fuelle y tenemos que bajar el ritmo. Igual que vino se fue y recuperamos ritmo al pasar a la altura de la Puerta de Alcalá. Ya sólo queda el último esfuerzo y vamos sobrados para bajar de las dos horas.
Viéndole perfectamente recuperado, decido abandonarle en la Puerta de Madrid para desandar el camino en busca de mi otro compi. Espero encontrarle muy atrás pero sorprendentemente viene pocos metros después del globo de las 2 horas, subiendo ya la cuesta de la calle Alcalá. Con mala cara pero aun corriendo, ha sufrido durante más de 10 km para llegar hasta este último tramo.
Me pongo a su altura y me adapto a su ritmo para animarle en sus últimos kilómetros. Nos pasa la brigada paracaidista con la que salimos, mantiene su formación y todavía siguen con los cánticos, hasta son capaces de gritar un “Viva España” muy patriótico vitoreado por parte de los corredores.
Entramos en el Retiro y ya avanzamos por la “eterna” recta de meta. Es el momento de disfrutar. Mi compi tiene aun tiempo de echar un saludo a su familia que le anima desde un lado de la avenida, antes de alzar los brazos al cruzar la meta. A mi me entra la risa, la imagen es perfecta para el video de llegada aunque resulte un poco grotesca entre tanta gente.

Le felicito de verdad mientras se intenta recupera del esfuerzo. Llega con las piernas duras y con cierta sensación de mareo, pero en cuanto recupera un poco y bebe líquido la cara le cambia y me recuerda a mí hace dos años cuando cruce por primera la meta de la MMM.
Recuperamos a mi cuñado que esta pletórico por haber bajado de la fatídica barrera de las 2 horas. Aunque él y yo sabemos que ese no es su límite. Con nuestras medallas y para que quede para la posteridad nos hacemos la foto de rigor. Los tres mosqueteros han vuelto a triunfar, creo que para otoño deberemos buscar nuevos retos.
En el descontrol conseguimos localizar a la chica de mi compi. Antes de felicitarle ya le prohíbe volver a correr, esperemos que se le pase pronto pues ya nos hemos apuntado a correr por el monte a finales de mes. Me despido y junto con mi cuñado nos vamos para casa, feliz por haber disfrutado un año más de estos 21 kilómetros y ya pensando en volver el año que viene.

Creo que después de está crónica no puedo negar que le tengo un gran cariño a esta carrera. Quizás no transcurra por las calles más emblemáticas de la capital, quizás tantos corredores hagan difícil correr rápido, quizás tenga demasiadas cuestas, pero para mí es una carrera especial y distinta.
Por si todavía no os animáis a venir el año próximo a disfrutarla, con otros miles de corredores que nos juntamos todos los años para correr por Madrid, os dejo algún motivo más:
  • La Organización ha diseñado un circuito muy atractivo e inteligente. Transcurre siempre por calles anchas capaces de absorber tanta cantidad de corredores. Sólo en los primeros kilómetros tendremos verdaderas dificultades para correr.
  • El ambiente espectacular. Antes de la carrera con esa salida multitudinaria, durante ella con la gente animando y la marea de corredores que ocupan varios kilómetros de las calles madrileñas y después tomando al asalto el Parque del Retiro.
  • Todo lo que rodea a la carrera. La presentación de la carrera, cada año más trabajada, este año con un divertido monólogo. Os dejo la conexión en Youtube para que os riáis un rato. Una esplendida feria del corredor, con mucha animación y con la presencia de las grandes marcas.
  • Las liebres de tiempos, no muy habituales en carreras de esta distancia, muchas y buenas. Con sus globos naranjas se ven desde lejos y sirven de referencia, tanto para los corredores que se estrenan y que se “agarran” a ellos para que les marque el ritmo, como para los más experimentados que se motivan adelantándolas. 
Por poner algún pero, este año al final de la carrera en lugar de la fruta de años anteriores nos han dado una bolsita de pistachos. No pido la maravillosa sandía, porque todavía no es temporada, pero un simple plátano sería suficiente.

martes, 26 de marzo de 2013

A toda costa por las Rías Baixas

Correr en Galicia siempre es un placer, el paisaje, su gente pero sobre todo el poder disfrutar de su estupenda gastronomía antes y después de la carrera. Además en esta media maratón en línea que transcurre desde Vigo hasta Bayona, seguro que disfrutaremos durante la carrera.

Su recorrido es espectacular, la mayoría de los kilómetros transcurren pegados al mar y disfrutando de las Islas Cíes como fondo de pantalla de nuestra carrera. El comienzo en la Playa de Samil ya nos prepara para disfrutar del entorno y su final en el paseo marítimo de Bayona y su magnífico Parador es el broche perfecto.

Desde que nació ha ido aumentado en participación y ahora en su 13 edición se ha convertido en una carrera muy popular en toda España y también en Portugal. Está acompañada de mucha animación durante toda el recorrido pero sobre todo en la salida y en los últimos kilómetros de llegada, desde Playa América hasta la meta.   

Cuidado con la altimetría, todos esperamos una carrera bastante llana por ir pegada al mar pero la realidad es que hasta el kilómetro 6 es una subida dura y continua y luego nos encontraremos con varios repechos, que sin duda nos romperán el ritmo.

www.vig-bay.com















Después de un sábado en donde había caído toda el agua del mundo en Vigo, amanece el domingo de la carrera con un día sin una nube y un sol esplendido. Parece que todas las meigas gallegas se han puesto de acuerdo para ofrecernos el día perfecto para correr. Incluso el poco viento que hace es norte y por tanto nos empujara hacia la meta en Bayona.

Las condiciones son las óptimas, pero no mis sensaciones. La carrera era la excusa para ver a unos amigos que viven en Vigo y por supuesto lo hemos celebrado y me he excedido en la comida y también en la cena, cosa por otra parte disculpable en Galicia. Pero además la barriga llena me ha hecho dormir mal, a tirones y no he descansado nada.

En cualquier caso me levanto animado por el tiempo y bajo al buffet del hotel donde aun sin ganas me obligo a tomar algo para poder aguantar la carrera. Abandono a mi familia ya organizada para atacar el buffet, sobre todo a mi hijo que parece que no le hayamos dado de comer nunca y se devora como si fuera su último desayuno. Han prometido que me irán a animar a mitad de recorrido como en otras ocasiones.

Voy andando hasta la parada de taxi próxima, donde he quedado con un compañero vigués que va a hacerme de cicerone en esta carrera. Tomamos un taxi y nos dirigimos a la playa de Samil donde comienza la carrera. La mitad de las calles de Vigo están cortadas y tenemos que rectificar el camino un par de veces.


Nos bajamos al principio de la avenida que ya está cortada por la carrera. Vamos andando disfrutando del ambientazo hasta la “Casa de las Palabras”, precioso nombre para el museo de la comunicación, donde está el guardarropa. Es el momento de decidir la indumentaria y no tengo ninguna duda, lo mínimo indispensable, parece que se haya acabado el invierno y sobra la térmica, los guantes, el buff, de hecho tengo que quedarme con la camiseta de manga larga porque no he traído otra pero creo que me va a sobrar.

Reclutamos a un tercer corredor gallego, que se ha animado a última hora al ver la mañana que ha amanecido aunque está algo renqueante de una lesión. En esta ocasión no vamos a formar grupete, cada uno irá a su ritmo. Yo lo tengo claro mi intención es bajar de la 1:35, eso me obliga a correr a un ritmo por debajo de los 4:30 min/km. Comparado con los ritmos que comenta el speaker que han realizado los ganadores de las últimas ediciones resulta ridículo, pero os puedo garantizar que en mi caso es un ritmo exigente.

Comenzamos a calentar, trotando por la ancha avenida de Samil disfrutando de las vistas de la playa y el mar. Pero las sensaciones de mis piernas no acompañan, las noto muy cargadas y hasta me duelen y todavía no he empezado a correr. Se avisa que nos vayamos colocando tras la línea de salida. A destacar la perfecta organización de los cajones de salida, marcados perfectamente y con distintos colores en los dorsales, además sorprendentemente son respetados por los corredores, ni siquiera se forma tumulto y eso que somos un respetable número de 4800 corredores.

Salida y a correr, me despido de mis compis con los que me cito en la meta. No estoy dispuesto a que las malas sensaciones me impidan intentar mi objetivo y salgo rápido. La anchura de la avenida permite correr bastante fluido a pesar de que como siempre hay corredores que han equivocado su posición.


La carrera se hace rápida bordeando la playa de Samil, pero al abandonarla para dirigirnos hacia Canido, nos encontramos con el primer repecho, lo vemos venir desde lejos pero eso no reduce su dureza. El pelotón se ralentiza, yo intento mantener mi ritmo mientras mucha gente busca un ritmo más cómodo.

Vamos pegados al mar, algo elevados sobre la playa y con las Islas Cíes al fondo, no se puede pedir mejor entorno. A la derecha dejamos la Isla de Toralla comunicada por un puente con la costa, es famosa por el controvertido edificio de pisos que se construyo en ella y que muchos vigueses consideran un atentado al buen gusto. A mi me hace particular ilusión porque en uno de sus pisos se produce el asesinato de la novela policiaca “Ojos de agua” de Domingo Villar. Escritor que os recomiendo a todos, sobretodo su segunda novela “La playa de los ahogados” que le dio fama.

Cuando parece que la cuesta se relaja, giramos a la izquierda y comienza de verdad la subida. Son seis kilómetros duros que empiezan a notarse en las piernas. Controlo el tiempo de paso por kilómetro y compruebo que llevo minuto y medio de retraso. Sigo avanzando y a pesar de que no bajo el ritmo no consigo que en los siguientes kilómetros se reduzca el retraso. Además mis sensaciones no son buenas, asumo que hoy no va a ser el día y me concentro en no desfondarme y mantener la dignidad.

Avituallamiento y esponjas en el km 6 y por fin termina la subida, se supone que de aquí a la meta es bajada. Eso me anima algo pero estoy pasando mucho calor, el cuerpo estaba acostumbrado a los últimos fríos de Madrid y reacciona mal a la humedad y la subida de temperatura. Utilizo las esponjas para intentar refrescarme y casi agradezco cuando entra alguna ráfaga de viento.

Ahora la carrera transcurre alejada del mar, entre casas y chalets. Cada vez que vuelvo a Galicia me sigue sorprendiendo como las casas ocupan todo lo que abarca la vista, nunca se donde acaba un pueblo y comienza otro, además tanta casa convierte las calles en “corredoiras” estrechas y entre muros, que diferente a Castilla.


En el km 10 aprovecho el agua para tomar el gel que llevo y recupero alguna de mis sensaciones, puedo mantener el ritmo alegre pero sufriendo. Ya me he juntado con un grupo de “conocidos” y nos vamos cambiando las posiciones, sobretodo una chiquilla a la que adelanto en las subidas y me pasa en las bajadas, lleva muy buen ritmo y es una buena rueda a seguir.

Enfilamos la bajada hacia Playa América, por esta zona se supone que debe estar mi equipo de animación. Con ese sexto sentido que te da el correr, veo un restaurante a la derecha y me imagino que hay me estarán esperando. Acierto de lleno y como siempre los veo antes de que ellos se den cuenta, les pego un grito para que me vean, sobretodo dedicado a mi canija que primero se asusta y luego me anima. En esta ocasión no me siento con ánimo de pararme, no se si luego podría volver a arrancar y continúo corriendo.

Llegamos al paseo de Playa América y giramos a la derecha, mientras vemos que los que van por delante ya corren en dirección a Bayona. Por fin giramos para tomar el paseo en la dirección correcta. Volvemos a correr pegados al mar y ya no lo abandonaremos hasta la meta, solo por este lujo merece la pena el esfuerzo  

Este año han modificado el recorrido rodeando el Monte del Lourido, este tramo sustituye a la vuelta que se daba en ediciones anteriores en la Playa de Samil y que se ha eliminado por el aumento de participantes. Pero el recorrido siendo precioso es en subida y acaba con mis pocas fuerzas. Además coincido con un motorista de la guardia civil y me voy tragando todo su humo, y es que hoy todo sale al revés, acelero y le supero.

Al salir de este tramo me entra flato, hacia mucho tiempo, casi desde que empecé a correr, que me había librado de este desagradable efecto secundario. Me asusto y decido tomármelo con calma, además desde hace muchos kilómetros he decidido no mirar el reloj para no deprimirme y sólo correr siguiendo las sensaciones.

Cruzamos el río Miñor por el puente de Ramallosa y tomamos la carretera que borde la playa del mismo nombre y nos lleva hasta Bayona. La animación en los arcenes ha aumentado y cada vez será mayor según nos acercamos a la meta.

A partir del km 17 la carrera se me convierte en un pequeño calvario. Para aumentar las malas sensaciones la cabeza me juega una mala pasada y cuando espero encontrarme con el km 19, me doy de cara con el cartel de km 18, todo un mazazo.


El grupo de “conocidos” con los que he corrido desde mitad de carrera me van pasando, hasta mi compañera me adelanta y esta vez no puedo seguirla, sólo veo como se aleja sacándome cada vez más metros. Me resigno aunque procuro no dejarme llevar y mantener el ritmo, aunque me siguen adelantando mucha gente.

Por fin llega el km 20 y me decido a mirar el reloj. Al menos el crono me da una alegría y sigo el mismo minuto y medio por detrás del objetivo que al principio de carrera. Buenas noticias porque a pesar de las sensaciones, he conseguido mantener el ritmo superando el calor, el dolor de piernas y el flato.

Intento acelerar en el último kilómetro pero no puedo, veo el Parador al fondo pero no el arco de meta y eso me desanima. Por fin veo el arco y puedo relajarme. Paso la meta y sólo me alegro de terminar para poder dejar de correr. A pesar de todo he mejorado mi mejor marca de media maratón, aunque para ser sincero sólo haya sido en dos segundos.

Una vez recuperado empiezo a recoger todo lo que me ofrecen, cantidad de puestos con bebida isotónica, fruta, yogures, frutos secos, todo un lujo. Pero demasiadas colas sobre todo para recoger la medalla y salir del recinto. Una vez fuera el guardarropas un poco descontrol pero al final recupero mi ropa. Me reúno con mis dos cicerones que parecen más contentos que yo con su carrera. Nos recogen en coche y nos vamos a casa de uno de ellos en Playa América para ducharnos. Y luego a disfrutar de lo mejor del fin de semana una comilona con amigos, en donde doy buena cuenta de la empanada, fabes, calamares y casi media vaca en forma de entrecot.


Mi carrera empezó mal y termino peor. Debo reconocer que he pecado de gula y de soberbia, las últimas semanas he relajado los entrenamientos pensando que iba sobrado de fuerzas para correr por debajo de los 4:30 min/km. La carrera me ha devuelto a la dura realidad, sin tomármelo en serio no puedo mejorar. La gran ventaja es que sólo ha quedado herido mi orgullo, aunque la revancha debe esperar hasta después de verano. Ahora los objetivos son la Media de Madrid de acompañante e iniciarme en las carreras de montaña.

La Carrera totalmente recomendable por recorrido, animación y organización. Viajar con la familia y disfrutar de los grandes placeres gallegos es otro aliciente adicional. Seguro que repetiré y saldaré mi cuenta pendiente con este recorrido, que en esta ocasión me ha derrotado.
  
A lo hora de planificar la carrera debemos tener en cuenta que se trata de una prueba en línea y por tanto, a no ser que queramos completar el maratón volviendo corriendo a Vigo, debemos prever el regreso, aunque la Organización dispone de autobuses.

viernes, 15 de marzo de 2013

Aprobado raspado en la Universidad

Esta es una media atípica, consta de tres vueltas a un recorrido de 7 km y la Organización nos permite detenernos al terminar cualquiera de ellas. Por lo tanto en una sola carrera se agrupan tres distancias de 7, 14 y 21 km. Esto reúne a corredores muy dispares, desde lo que se inician en las carreras hasta aquellos que están preparando el Maratón de Madrid.
El circuito transcurre por dentro de la Ciudad Universitaria y es muy sinuoso, con toboganes y curvas continuas. Lo que normalmente se denomina rompepiernas y yo lo clasifico como “apestoso”, pero que resulta exigente y por ello muy atractivo para muchos corredores.

www.corricolari.es














Para esta carrera he conseguido reclutar un buen grupo. Nos reunimos a las 9:00 de la mañana en la salida y primera sorpresa, cualquiera diría que nos hayamos puesto de acuerdo ya que aparecemos los cuatro perfectamente “uniformados”, zamarra roja y calzón negro. Parecemos un verdadero equipo aunque en realidad cada uno nos planteamos de forma muy distinta la carrera.

Aprovecho para presentarnos, de izquierda a derecha:

“El Cuñao”, ya le conocéis de otras carreras, desde que le reclute este verano para el club de los corredores, es un asiduo. Aunque los últimos meses entre lesiones y trabajo ha entrenado poco es un valor seguro. Completa las tres vueltas, como preparación para la Media de Madrid. Consigue quitarse el miedo a la distancia pero los últimos kilómetros se le hacen eternos. El objetivo está claro bajar de las 2 horas en la Media de Madrid.

“El Friqui Runner”, ese soy yo, siempre hablando de carreras, entrenamientos, zapatillas y otros “importantes” asuntos, que mis amigos y familia soportan con paciencia. En esta carrera mi objetivo era hacer kilómetros y acompañar a mis dos asiduos, aun así estuve a punto de bajar de las 2 horas.

“Don Comodón”, se trata de un autentico diesel. Tiene muy claro lo que quiere hacer y a pesar de mi insistencia no consigo que acelere su ritmo. Es uno de los incondicionales, aunque elige muy bien sus carreras, en ocasiones hasta con dos años de antelación. Su frase preferida “Voy bien, pero no quiero forzar”. Termina dos vueltas muy cerca de la hora y 20 minutos que le había propuesto pero sin forzar lo más mínimo. Ya está preparado para su primera Media de Madrid.

“El volador”, esta nueva incorporación al grupo ha sido toda una revelación. En su primera media ha roto todos los registros del grupo con una marca increíble cercana a la 1:30. Sólo me queda el consuelo de que tiene 20 años menos que yo. Creo que realmente es un keniata disfrazado de blanco o su sangre soriana le da alas. Su lapidaria frase días antes de la carrera ya dejo claras sus intenciones, “A correr como si no hubiera mañana”. Próximo objetivo pulverizar los registros de los 10 Km y seguro que lo lograra.

La carrera es parte de la preparación de mis compis para su gran cita de la temporada “La Media de Madrid”. Vamos a correr en grupo y a unos ritmos más bajos de los míos habituales, por lo tanto voy sobrado y eso me hace peligroso para mis compañeros, que tendrán que soportar mis ánimos y cháchara habitual.
Primera vuelta
Gente, mucha gente, demasiada gente. Una salida multitudinaria con un coche de la policía en mitad de la línea de salida que todavía hace que arranquemos más lentos. Y a partir del momento que cruzamos la línea, hay que estar atento para evitar al resto de los corredores. Tanta gente provoca sucesivas paradas cada vez que el circuito se estrecha o gira en una curva, en resumen los primeros kilómetros los hacemos a una bochornosa media de 6 min/km.

Sólo se empieza a correr a gusto cuando tomamos la Avenida de la Complutense. El pelotón se estira y ocupa el ancho de la calle y por fin podemos alargar la zancada y adelantamos a mucha gente. En varios puntos del recorrido nos cruzamos con los que van varios kilómetros por delante y dan ganas de cruzar la línea y “recortar”, pero somos profesionales.
Aunque la mañana es fresquita, parece que las amenazas de lluvia no se van a cumplir, eso si en algunos tramos nos sopla un viento frío de cara muy incomodo. Termino la primera vuelta un poco asqueado de la carrera y con la tentación de pararme pero en esta ocasión son mis compis quienes tiran de mí.

Segunda vuelta
Sorprendente pero la carrera empieza a vaciarse y esta segunda vuelta con las piernas calientes se hace a buen ritmo. Corremos los tres más o menos agrupados, que no juntos, cada uno buscando su posición.
Antes del kilómetro 8 ya nos adelantan los primeros de la carrera, alucinante el ritmo del que corre en cabeza. Se tiene que subir por las aceras o ir pidiendo paso entre el rebaño de lentos corredores que formamos los demás. La situación resulta un poco rocambolesca, hasta el ciclista que teóricamente debe abrirles paso se ha quedado detrás de ellos y van tocando la bocina para que le dejemos pasar y poder abrirles camino. De aquí al final de la segunda vuelta nos doblaran aproximadamente unos 20 corredores.

Alguno de mis compis intenta darme esquinazo, en cuanto me adelanto unos metros me hace señas de que tire hacia delante que no le espere. Pero no va a ser tan fácil librarse de mí, y le castigo cantándole mientras corremos, admito hasta peticiones y me arranco con un villancico que es una de mis especialidades.
Aprovecho para probar a tomar un gel en el kilómetro 10. Sigo sin acostumbrarme al sabor y en esta ocasión no noto sus efectos “milagrosos” como en San Sebastian, aunque también es cierto que el ritmo tampoco es exigente.
Intento exprimir un poco a Don Comodón, ya que esta es su última vuelta, pero sigo sin conseguir que cambie su cadencia constante y acelere. Le dejo en el desvió hacia la pista de atletismo, con una sincera felicitación, como siempre ha hecho la carrera que quería y eso es fundamental.

Tercera vuelta
Con la emoción me he adelantado unos metros y busco a mi cuñado entre mis perseguidores. Me hace señas de que va a continuar y le espero para ir juntos en la última vuelta.
El grupo se ha reducido ya significativamente y se puede correr con total comodidad, sino fuera porque los kilómetros empiezan a pesar en las piernas. En el kilómetro 16 hago un cálculo mental y le propongo a mi cuñado subir un poco el ritmo para bajar de las 2 horas. Pero él prefiere mantener el ritmo y no arriesgar a que le de una pájara y creo que hace bien. Recuerdo mi primera Media de Madrid y lo mucho que sufrí los 3 últimos kilómetros por forzar en exceso al principio.
Vuelta muy tranquila aunque el ritmo de mi cuñado es cada vez más lento. Los últimos kilómetros se me hacen interminables. En la última subida antes de entrar en el complejo deportivo acelero y me exijo para probar las piernas. Están cargadas por la distancia pero responden muy bien.
El acelerón ha dejado muy atrás a mi acompañante, casi tengo que pararme en la pista de atletismo para entrar juntos. Se queja de dolor en uno de los gemelos y va perdiendo posiciones en el pelotón, pero la carrera está terminada. Con la alegría de acabar su primera media entra pletórico en la meta.
Junto a nosotros entra un ciego con su guía, cada vez son más habituales en las carreras pero no por eso deja de sorprenderme. Ambos tienen un merito increíble y así se lo reconocemos todos.


Terminada la carrera no se si recomendárosla, yo la he disfrutado a ratos pero creo que más por la compañía que por el recorrido. Para los que quieran hacer marca no es nada recomendable porque en la tercera vuelta tendrán que doblar a demasiados corredores sin casi espacio en muchos de los tramos. Quizás sea adecuada para el que no este muy convencido de la distancia a correr y puede según se vea continuar o detenerse.
La Organización sin grandes fallos pero tampoco con aciertos destacables. Quizás sólo sugerir que separen algo más los avituallamientos en cada vuelta, los 2 km no son suficientes para volver a tener sed. Agradecer la variedad de regalos entre los que nos dejan elegir, yo me decante por un buff de color verde muy molón en lugar de la típica camiseta, de las que ya guardo una colección importante, muchas sin estrenar.