jueves, 14 de abril de 2016

La Línea Azul


Todos los años el primer fin de semana del mes de Abril aparece dibujada sobre el negro de las calles de Madrid una línea de color azul. En la mayoría de su recorriendo transita todo los años por las mismas calles y gira en las mismas esquinas, pero en ocasiones se vuelve caprichosa y continua recta en calles por las que antes giraba, comienza unos metros antes que el año pasado o se dibuja en nuevas calles.

La mayoría de los transeúntes ni se dan cuenta de su existencia, los conductores y sus coches la cruzan sin reparo y sólo algunos que la descubren se preocupan temiendo lo que pueda indicar su aparición. Pero los corredores populares sabemos de su secreto, conocemos su misterio, entendemos porque solo aparece una vez al año y porque no respeta carriles, direcciones prohibidas, ni semáforos.

Transcurrido ese fin de semana la gente se olvida de la línea azul y el resto del año se va borrando hasta casi desaparecer, aunque si eres experto y te fijas puedes descubrirla durante todo el año en algunas calles. Pero una noche vuelve a tomar vida y recuperar su color vivo indicando que la fecha ha llegado, que un año más el Medio Maratón ha vuelto a la ciudad.

Y así cada año el primer domingo del mes de Abril la ciudad es tomada por miles de corredores que vuelven a seguir esa línea azul que les llevara hasta el Retiro después de recorrer 21 kilómetros por las calles de Madrid. Correrán sobre ella en la mayoría de los casos sin darse cuenta de que la pisan y sin verla, tapada por la masa de corredores que la patean sin misericordia. Únicamente algunos privilegiados que corren en las primeras posiciones o aquellos que se tomen la carrera con calma y troten tras el gran pelotón la verán con claridad y les servirá de guía.

Cuando acabe la carrera y pasen los días, la línea ira desapareciendo al mismo ritmo que el dolor de nuestras piernas y el sufrimiento en los últimos kilómetros alrededor del Retiro y sólo nos quedara el recuerdo de la satisfacción al cruzar la línea de meta. Y así transcurrido un tiempo volverá el deseo oculto de correr por las calles de Madrid y otra vez volverán los nervios cuando una mañana nos despertemos y descubramos que la línea azul ha vuelto un año más.
















Y yo una vez más este año he vuelto a seguir a la línea azul.

Pero esta primavera mi objetivo son los 101 km de Ronda, lo que implica que en los últimos meses me he dedicado a hacer muchos kilómetros a ritmos lentos y lejos del asfalto. Como consecuencia me ha convertido en un auténtico “corredor diesel”, ni siquiera cuesta abajo consigo que mis piernas aceleren y continúan a su ritmo cansino que me lleva de un lado a otro gastando la menor energía posible.

Por lo tanto intentar correr rápido está muy lejos de mi alcance y me tomo la carrera simplemente por placer, sin mirar el crono y sin objetivo alguno, solo intentar disfrutar de correr por las calles de Madrid. Y debo reconocer que lo he conseguido sobre todo comparado con el año pasado donde acabe jurando que nunca volvería a intentar correr rápido en esta multitudinaria carrera.

Con la compañía de mi cuñado y junto al globo que indica las 2 horas, que en está ocasión si está en el cajón que le corresponde, salimos desde la Plaza de Neptuno. Como no tengo prisa adapto mi ritmo a la corriente de corredores y puedo correr cómodamente sin tener que ir esquivando gente y sin los frenazos típicos de esta Media.


Este año la línea azul ha retrasado unos metros su comienzo pero los primeros 12 kilómetros del recorrido son los mismos que otros años y mis piernas van solas siguiendo a la línea sin que yo me dé cuenta. Solo presto atención para disfrutar de los puntos más significativos del recorrido.

Km 3 - El cruce por encima de la Castellana por el Puente de Eduardo Dato y el chirrido de sus amortiguadores al pasar los corredores, estoy convencido que un año de estos seremos capaces de tirarlo abajo

Km 5 - Las sirenas de los bomberos en Santa Engracia, aunque este año no es necesario que nos duchen con las mangueras como en otras ediciones más calurosas.

Km 6 - Los ánimos de mi familia, cada año menos entusiastas pero fieles a la cita un año más.

Km 9 – El cruce por la Plaza de Castilla que indica el final de la subida y el comienzo del tramo más relajado del recorrido, escoltados en esta ocasión por la brigada paracaidista.

Pero este año la línea azul se desvía de su recorrido habitual a partir del km 13, deja a un lado Serrano y la Fuente de los Delfines y es que ella también cumple años y se hace mayor para subir la cuesta de Diego de León, por eso prefiere continuar recta por Príncipe de Vergara y llanear hasta llegar al Retiro.

Pero es una línea de costumbres y para seguirla tendré que volver a dar la vuelta completa al Retiro. Volver a bajar a tope por Menéndez Pelayo, sufrir en la cuesta de Alfonso XII, saludar a la Puerta de Alcalá y exprimirme para subir la calle Alcalá y entra por fin en el Retiro para cruzar un año más la meta. Al menos empujado por los ánimos del público que se agolpa a ambos lados del recorrido durante toda la vuelta al parque.

Con mi ritmo cansino y siguiendo a los globos de las 2 horas he recorrido la línea azul junto a mi cuñado, pero no puedo negar que en los últimos kilómetros me lo he tomado algo más en serio y he subido el ritmo para bajar de las 2 horas y superar esa barrera que permite decir tu marca entre los amigos sin riesgo de que se cachondeen en exceso.

Cada año la Organización intenta mejorar y en muchas ocasiones acierta, como ha ocurrido este año con la posición en la salida de los globos de tiempos en sus cajones correspondientes, de lo que nos hemos quejado tanto los corredores los últimos años, o los cambios en el recorrido, pero no puedo entender el cambio de nombre de la prueba.

En esta edición ha pasado a denominarse “Half Marathon Madrid”, dice la Organización en un afán por internacionalizar la prueba. Pero a mí personalmente me parece una estupidez, estoy cansado de que se llamen “runners” a los corredores, “finishers” a los que terminan las carreras, “training” a los entrenamientos o “coach” a los entrenadores, “track” al recorrido de la carrera o correr por la montaña ahora sea hacer un “trail”. Aunque debo reconocer que en alguna ocasión he utilizado estos palabros para aparentar ser más corredor de lo que realmente soy.

jueves, 31 de marzo de 2016

Corriendo en la Noche de Jaén

Cuando en España se habla de carreras en donde el público se vuelca y el ambiente es especial, la gente siempre habla de la San Silvestre Vallecana o la Behobia – San Sebastián, pero nadie nombra la Carrera de San Antón y puedo afirmar que la prueba de la capital jienense esta al mismo nivel que la anteriores sino las supera.

Yo la conocí hace varios años a través de mis primos, me insistían en que era algo especial pero nunca les hice mucho caso. Hasta que este año he podido correrla y sólo puedo decir que el ambiente y el público son espectaculares.

La carrera se celebra la noche del 16 al 17 de Enero coincidiendo con las Hogueras de San Antón que se celebra en muchos barrios de Jaén, de este modo se aprovecha que la gente se ha echado a la calle para la celebración y acompañan a la carrera. En sus 33 ediciones ha ido tomando protagonismo y ya es difícil saber si la carrera coincide con las hogueras o son las hogueras las que se hacen coincidir con la carrera. El mayor inconveniente es que solo algunos años esta noche cae en fin de semana, lo que complica que podamos acudir los que vivimos fuera de Jaén.

La carrera es nocturna lo que hace todavía que resulte más especial y son “casi” diez kilómetros, la mitad en subida hasta la Catedral y la otra mitad en bajada. Una participación limitada a 8000 dorsales que este año se han quedado muy cortos y un precio simbólico muy diferente del coste de la San Silvestre o la Behobia que se ha disparado en los últimos años. Como no podía ser de otro modo en la capital del olivo, el premio a los vencedores es su peso en aceite.

http://www.aytojaen.es/













Mañana de Sábado y salimos destino a Jaén, estamos citados para comer en casa de la Tía y correr por la noche la Carrera de San Antón. Comida familiar y multitudinaria con todos los primos de Jaén además de los tres primos que acudimos desde Madrid, seis menús diferentes y mesas con comensales por toda la casa, parece un restaurante pero mucho mejor. Al acabar la comida es el momento de repartir los dorsales, camisetas y medallas (las dan ante de terminar la carrera por si algo) que han recogido la Organización del evento. Vaya lujo no tener que encargarme de nada y tenerlo todo organizado, sólo tengo que correr y disfrutar.


De los que inicialmente estábamos apuntados se han dado de baja por lesión mi cuñado y por “obligaciones académicas” mi hijo, pero sus dorsales tienen dueño rápidamente y es que este año el dorsal de la carrera está muy cotizado, ya que cae en sábado y hemos acudido corredores de toda España. Seremos siete de la partida y sólo una chica, pero vale por todos nosotros, hasta ha salido entrevistada en la Voz de Jaén como corredora “mítica” de la prueba.

Para los pequeños hay una carrera de 4 km, personalmente me parece mucho para los enanos de 8 y 9 años aunque ellos están encantados. En esta ocasión cumplimos con la famosa paridad y corren tres chicos y tres chicas, a los jienenses que la corren todos los años en esta ocasión se unen tres de los madrileños, incluido mi sobrino mayor que se había negado a correr la larga con su padre, pero al final el orgullo le pica, pero sólo le da para la carrera infantil.

Ya con todo listo nos vamos al hotel para dejar las maletas y organizarnos antes de la carrera, aunque las pequeñas se quedan en casa de la Tía jugando. Intento descansar un poco pero sólo me da tiempo a echar una cabezadita antes de tener que bajar a la puerta del hotel donde hemos quedado. Los enanos que participan en la carrera se han ido ya hace un rato y el resto nos dividimos en un grupo para ir a la carrera y otro para subir hasta la Catedral a disfrutar de las hogueras y animar cuando pasemos los corredores.

Vamos andando hasta la salida, tardamos un rato pero así vamos calentando. Llegamos justo a tiempo de ver la salida de los enanos, tenemos suerte y entre la multitud les vemos pasar, van a toda velocidad cuesta abajo, me da la impresión de que no aguantaran pero son capaces de mantener el ritmo y llegar a la misma velocidad a la meta como si no hubieran corrido, que envidia de juventud.


Mientras ellos corren subimos a casa de los padres de la mujer de mi primo que utilizaremos como puesto de reunión y para dejar la ropa, una vez más la Organización perfecta. Desde la terraza tienen una vista privilegiada sobre la línea de salida, es impresionante el ambientazo de corredores y público. En la televisión de Jaén están retrasmitiendo la carrera y vemos la entrada en meta de los enanos antes de que bajemos a la calle para colocarnos en nuestro puesto de salida.


Entramos en el corral de salida antes de que ni siquiera abran las vallas que dan acceso al arco de salida, intentando buscar una buena posición y evitar la aglomeración de los primeros kilómetros. Pero es imposible la gente lleva esperando desde hace más de media hora para tomar las primeras posiciones. Estamos todos apelotonados como sardinas en lata, no podemos ni movernos pero aún hay gente que intenta abrirse paso entre la masa de corredores, yo sólo procuro no separarme del grupo. Por fin abren la valla de separación y avanzamos los 50 metros que nos separan de la línea de salida, la masa fluye pero en seguida vuelve a pararse y quedamos otra vez aplastados esperando que den la salida.

Menos mal que solo transcurren un par de minutos hasta que oigo el disparo de salida, estaba empezando a agobiarme, yo siempre prefiero colocarme detrás para evitar los empujones pero en esta ocasión la Organización es la que manda. Empezamos a correr, solo me preocupo de intentar no perder a mis primos aunque es prácticamente imposible, la salida es en bajada y la velocidad rápida. Me van pasando corredores por uno y otro lado mientras yo paso a otros que salieron antes que yo, es un caos maravilloso. Sigo la rueda de uno de mis primos mientras he perdido al resto, sé que a un par de ellos los llevo por delante y que el resto se han quedado detrás.

La gente anima a ambos lados de la calle y así será durante toda la carrera, no recuerdo ni un metro donde no hubiera gente a ambos costados, más o menos animosa pero siempre acompañando a los corredores, esto no lo había vivido en ninguna otra carrera hasta hoy.

La avenida es ancha y aprovechamos los carriles de ambos sentidos, lo que permite al menos durante unos metros correr con cierta holgura, pero hay que pasar por un subterráneo y el efecto embudo hace que nos frenemos y volvamos a achucharnos. Como ocurre siempre en los espacios cerrados el ruido de las pisadas y los gritos de la gente se amplían con el eco y resulta impresionante, en esta ocasión no es menos y la gente se viene arriba animando y gritando.

Comienza la subida que continuara unos cuatro kilómetros hasta la Catedral, ya he perdido al único primo que tenía a la vista, es tal la masa de corredores que no se si le he adelantado o me ha dejado atrás. A partir de ese momento corro solo y toda mi atención está en disfrutar del ambientazo, aunque siempre muy pendiente del resto de los corredores ya que las calles son estrechas y los cambios de ritmo bruscos, además de encontrarte con corredores más lentos a los que hay que esquivar.


Paso por delante de casa de mi Tía y la localizo con mi enana y mi sobrina animando a un lado de la carrera, intento acercarme para saludar pero es imposible, si freno algún corredor me arrollara y cruzarse es seguro de accidente. Solo puedo gritarlas desde lejos, la única que me escucha y se gira para verme es mi enana.

Si hasta ese momento las calles eran estrechas, a partir de ahora se convierten en callejones que primero rodean la plaza de toros y luego suben hacia el centro de la ciudad. Tengo que bajar el ritmo y adaptarlo a los corredores más lentos. Me da por animar al resto de corredores mientras atacamos las rampas más duras, al grito de “Vamos que solo es una cuesta”, disfruto de la subida mientras algunos corredores me miran con cara entre sorprendida y asustada.

La gente sigue animando y algunos nos iluminan con las antorchas, aunque es cierto como me habían avisado mis primos que el humo que desprenden hace que en algún momento te falte el aire. Pero si hasta entonces el ambiente es especial cuando se llega a la altura de la Catedral es un espectáculo, se forma un pasillo humano por donde pasamos los corredores, la gente anima y te sientes especial.

Se supone que en esta zona debe estar mi mujer y mis primas para animarnos pero aunque bajo el ritmo y pongo toda mi atención, es tanto el público que soy incapaz de verlas aunque sé que están en algún punto animando.


Comienza la bajada por el centro de Jaén, por fin el grupo se separa un poco y al menos hay unos metros entre los corredores que me permite dejar de estar pendiente del resto de los corredores y disfrutar del entorno. Voy pasando las pancartas que marcan los kilómetros y que en lugar de indicar a distancia recorrida nos avisan de los que nos quedan para terminar, así paso por la que indica 4 kilómetros para meta.

Volvemos en dirección a la salida y  otra vez corremos por calles especialmente estrechas, aunque a estas alturas de la carrera el pelotón de corredores se ha estirado y se puede correr con cierta comodidad. En esta zona por fin veo alguna de las famosas hogueras que se encienden esta noche en honor a San Antón.

A falta de un par de kilómetros veo a mi prima que va por delante, aprieto un poco el ritmo para alcanzarla. La grito antes de llegar a su altura y se vuelve para reconocerme, ya estamos juntos, ha llevado un gran ritmo pero ahora parece que las cuestas le están pasando factura. La animo a que se enganche a mi ritmo y durante unos metros acorto la zancada para adaptarla a su paso, pero en esta carrera es difícil correr en grupo, ni siquiera en pareja y en seguida me doy cuenta de que es difícil que corramos juntos. Además la cercanía del final y la sensación de euforia que me ha acompañado desde los primeros kilómetros hacen que sin querer aumente el ritmo y siga hacia delante.

Ya estamos de vuelta a la Avenida de Andalucía donde es la salida y meta, ahora toca subirla y las piernas notan el cansancio después de los kilómetros. Pero llego bastante bien de fuerzas, teniendo en cuenta que vengo de un parón de entrenamientos de casi dos meses y solo he corrido unos cuantos kilómetros esta semana para sentir de nuevo las piernas, por eso decido que es el momento de apretar.

Pero es imposible, los espectadores han bajado de las aceras y tomado la calle intentando ver a sus conocidos, una avenida de más de tres carriles queda reducido a un pasillo de 4 o 5 metros por donde pasamos los corredores. Hay que tener cuidado de no llevarse por delante a los espectadores que asoman la cabeza y decido relajarme y disfrutar del espectáculo de la gente animando.

Cruzo la meta en un discreto tiempo de 50 minutos y con un cierto dolor en el pie derecho, pero con la sensación de haber corrido una carrera especial disfrutando de principio a fin. A pocos metros de mi entra mi prima, a ella y a sus hermanos debo agradecérselo, por su insistencia en que viniera a correr a Jaén y organizando un fin de semana perfecto para todos, mayores y niños.

Esperamos al resto del equipo pero transcurre el tiempo y no aparece nadie más, está claro que ya han tenido que llegar y no les hemos visto. Me despido de mi prima, que como no ha tenido bastante se vuelve corriendo a su casa, y me dirijo al punto de reunión establecido. Me despisto un par de veces antes de dar con el portal de la casa y me doy cuenta de que no me acuerdo del piso y tampoco tengo batería en el móvil para llamar. Pero solo tengo que esperar unos minutos hasta que bajan mis primos y puedo subir a cambiarme y que me acerquen al hotel a ducharme.

Una vez recuperado a disfrutar de una gran cena familiar de nuevo todos juntos. Una mesa corrida para todos, en donde no hacen más que aparecer platos de comida sin que tenga que encargarme más que de disfrutarlos, un lujo de Organización. Los jóvenes se han ido por su cuenta a cenar y disfrutar de la noche jienense y acuden al final de la cena. Bajamos dando un paseo hacia el hotel disfrutando de la noche y bajando la comida.


El día siguiente aprovecho para dar un paseo y conocer la ciudad, he venido ya varias veces siempre por celebraciones familiares y nunca me ha dado tiempo a hacer la visita turística. Junta a mi mujer, mi hija y mi sobrina que se queda con nosotros cuando sus padres se van a Madrid, oímos misa en la Catedral y visitamos los Baños Árabes y su Museo de los Oficios.

Una buena caminata por el casco antiguo nos obliga a reponer fuerzas con una comida de menú en uno de los pocos restaurantes que encontramos abierto en la zona, pero que resulta buenísima. Y después de despedirnos de la Tía y llenar el coche con el indispensable y excepcional aceite de oliva, volvemos tranquilamente a Madrid. 


Así cerramos un fin de semana perfecto, en donde tengo que agradecer a mi Tía y a los primos la perfecta Organización. Así se disfruta más de las carreras, de verdad que muchísimas gracias.


Quedamos citados con los primos para correr la próxima vez en Madrid, seguramente en la prueba Rock & Roll, los menos aficionados los 10 km y los más valientes en la Media Maratón. Aunque creo que les decepcionara algo el ambiente si lo comparan con la carrera de su ciudad.

viernes, 12 de febrero de 2016

De Maratón por la Costa del Sol

Sexta edición de un maratón que aun siendo joven tiene todo lo necesario para considerarse dentro de los grandes de nuestra península. Correr por un ciudad como Málaga es un lujo y hacerlo en pleno invierno a una temperatura primaveral y luciendo un sol que nos acompaña sin calentarnos es doble lujo.

La fecha en diciembre permite además comenzar los entrenamientos una vez finalizados los calores del verano y aprovechar el tiempo más agradable de los meses de otoño para correr. Los maratones en octubre como Valencia o San Sebastián nos obligan a adelantar el comienzo de nuestra preparación a los últimos meses de verano.

Desde que nació ha tenido que competir en fechas con el maratón de Castellón, también un maratón con solo seis ediciones pero que los últimos años viene empujando fuerte, de hecho este año coincidían en el mismo domingo. Las últimas noticias es que la fecha en Castellón se traslada a partir del 2017 al mes de Febrero, por lo que queda Málaga como el “Maratón de Diciembre”.

El recorrido en su mayoría paralelo a la costa es plano y trascurre por grandes avenidas lo que lo hace perfecto para correr rápido y sobretodo cómodo. Es un circuito de ida y vuelta de un extremo a otro de la ciudad y que pasa dos veces en el km 8 y 21 por el mismo tramo del Paseo del Parque que es además salida y meta de la carrera, lo que convierte esta zona en la más animada del recorrido y la ideal para que nuestros acompañantes nos vean pasar varias veces sin tener que moverse. Pero excepto este tramo el resto del recorrido carece de animación y muchos kilómetros son compartidos con el tráfico. Aunque deja la guinda del recorrido para el final atravesando el casco antiguo y monumental de la ciudad lo que hace que el último esfuerzo sea más llevadero.

La Organización perfecta, sin problemas para recoger los dorsales, bien marcados los puntos kilométricos con frases motivadoras escritas en todos ellos, avituallamientos abundantes incluyendo fruta en muchos de ellos y liebres marcando el ritmo aunque sea con algo de trampa ya que se relevan a mitad de recorrido por lo que comienzas con una y termina con otra.

http://www.maratonmalaga.com/














La vida es rara muy rara. Aunque siempre queremos buscarle un motivo a todo lo que nos ocurre e intentamos controlar los acontecimientos, la vida constantemente nos descoloca sorprendiéndonos con hechos que se salen de lo esperado. Así a veces aquello que hemos planificado durante mucho tiempo y a lo que hemos dedicado todo nuestro esfuerzo se tuerce sin saber porque convirtiéndose en un desastre cuando no en nuestra peor pesadilla. En cambio en otras ocasiones acontecimientos a los que nos subimos en el último momento en una mezcla de estupidez y osadía cuando ya habíamos renunciado a ellos y a los que no hemos dedicado ni el tiempo ni el esfuerzo merecido, se convierten en pequeños éxitos que recordar.

Esto último fue lo que me ha ocurrido a mí con el Maratón de Málaga.

Por una vez parecía que todo cuadraba lo había planificado antes de verano con tiempo suficiente para prepararlo, elegido entre otros por coincidir con el puente de diciembre lo que me permitía viajar con la familia y pasar cuatro días de vacaciones disfrutando del mar y el buen tiempo mientras cumplía con una de mis grandes aficiones.

Pero un otoño muy triste en mi familia y lleno de preocupaciones me impide disfrutar de su preparación como me hubiera gustado. Una enfermedad inesperada se ceba en un pilar de nuestra familia y me muestra una vez más cuales son las cosa importantes de la vida, las que verdaderamente te la cambian. Y está claro que el Maratón no es uno de esos acontecimientos que actúan como un tsunami, cambiando el panorama a su paso.

A pesar de ello continúo con la preparación durante todo el otoño pero sin la ilusión de otras veces y más como una via de escape a la tristeza que habita en mi familia. Pero mi cabeza y sobre todo mis preocupaciones están en otro sitio, los entrenamientos se anulan o en el mejor de los casos se retrasan, los kilómetros no cuadran y ni el cuerpo ni la cabeza responden como en otras ocasiones. Como consecuencia empiezo a tener molestias en la planta del pie izquierdo, la temida fascitis, cuando corro no me molesta pero al levantarme por las mañanas o cuando llevo un rato sentado, el apoyar el pie es todo un sufrimiento.


Un mes antes de la fecha del maratón estoy a punto de renunciar a correr, no encuentro la motivación y me da la impresión que estoy gastando mis fuerzas en donde no debería. Pero mi mujer me apoya y decido que iré a Málaga, aunque sobre el plan inicial solo se mantiene que correré mi séptimo maratón, la familia se queda en Madrid y viajare solo el día antes, correré el domingo y volveré la misma tarde.

Un par de semanas antes de la fecha del maratón, se produce el peor de los desenlaces. Son días de dolor y todo pasa a un segundo plano. Me replanteo el maratón, pero decido que lo correré, será mi pequeño homenaje a ella que nunca entendió porque corría y aun así se alegraba siempre de mis hazañas.

Y así viajo a Málaga sin la preparación adecuada y con la cabeza en otro sitio, pero la vida una vez más me sorprende y me regala uno de esos momentos para recordar. Son 32 horas en una ciudad que me enamora y un maratón del que disfruto de principio a fin y en donde consigo una de mis mejores marcas cuando ya había desistido de mejorar mis tiempos.

Todo comienza con mi llegada el sábado al mediodía a Málaga en el AVE, me voy directamente a recoger el dorsal y en la misma feria del corredor me apunto a comer en la Pasta Party. El día es espléndido y disfruto de mi “maravilloso” plato de pasta sentado en la terraza al solecito, nadie se atrevería a decir que estamos en pleno invierno. Decido ir caminando hasta el hotel que está en pleno centro, son 2 o 3 kilómetros de caminata por el paseo marítimo disfrutando del mar y la playa. Tras tomar posesión de mi habitación, que tiene unas maravillosas vistas a la catedral, me animo a recorrer el casco antiguo descubriendo una ciudad preciosa y muy animada. Ya está anocheciendo pero decido subir al Castillo de Gibralafaro para disfrutar desde su mirador de unas vistas espectaculares sobre toda la ciudad y termino mi recorrido por el Muelle 1, disfrutando de los buques allí amarrados y de la zona más moderna de la ciudad.


Vuelvo al hotel feliz por haber descubierto una ciudad como Málaga pero con un dolor intenso en la planta del pie izquierdo y una pequeña ampolla en el derecho, lo ideal para afrontar mañana el maratón.

Descanso un poco y salgo a cenar, pero de paso me acerco a disfrutar de las luces navideñas en la calle Larios, todo un espectáculo de luz y gentío. Después de un rato de paseo me acomodo en la barra de una marisquería pegada al hotel que me habían recomendado los primos de Jaén y en donde disfruto de un picoteo estupendo, aunque poco recomendable para un pre-maratón, pero es que no he podido resistirme.


Al menos soy prudente y me acuesto pronto dejando todo preparado para la mañana siguiente aunque preocupado por mis dolores y el agotamiento acumulado. Pero cuando amanezco las sensaciones no pueden ser mejores, después de una buena ducha y un desayuno de cereales, batido de chocolate y plátano que he traído desde Madrid, los dolores son un mal recuerdo y me encuentro dispuesto para correr mi séptimo maratón.

Me dirijo andando a la salida y es que la elección de hotel ha sido perfecta, en cinco minutos ya estoy calentando en el parque pegado a la salida. El ambientazo de corredores y público hace el resto y me coloco en mi cajón a tope de ánimos y al contrario que en otras ocasiones sin nervios. Por las pantallas gigantes retransmiten la cuenta atrás y arrancamos, todavía tardamos un par de minutos en cruzar el arco de salida, pero la calle es muy ancha y el número de corredores el adecuado para que en seguida pueda correr cómodo y coja rápidamente mi ritmo.


Los primeros 5 km transcurren por la Avenida de Andalucía y corremos hacia el interior de la ciudad. Cruzamos por encima del río y nos desviamos para pasar por un subterráneo que nos lleva en dirección a la playa. Llegamos al mar, primer avituallamiento y un poco de caos, no hay suficientes voluntarios y tengo que pararme para poder coger una botella de agua y un trozo de plátano.

Las condiciones para correr son inmejorables, una temperatura perfecta, el cielo nublado que nos protege del sol y unas calles anchas, rectas y llanas. No puedo buscar ninguna excusa, solo mi limitado físico me impide correr más rápido.


Toca enfrentar los siguientes 20 km que transcurren paralelos al mar en dirección a la Playa de la Malageta pasando de nuevo por la salida. Corremos hasta que se nos acaba la ciudad para volver después sobre nuestros pasos y cruzar de nuevo la salida en esta ocasión con medio maratón ya en nuestras piernas. En este tramo todavía estoy fresco y controlando el ritmo,  me cruzo con los que van por delante y que ya vuelven, lo que me permite disfrutar con envidia de la facilidad para correr de los que van en cabeza. También me sirve de subidón cuando soy yo el que ya está de vuelta y me cruzo con los corredores que vienen detrás mío y pienso en lo que les queda a los pobres. Mientras nos cruzamos los corredores nos vamos animando, especialmente al farolillo rojo que tiene tanto merito como los primeros.

Paso el medio maratón sin mirar el reloj y con el físico intacto, animado sabiendo que llevo un buen ritmo. En esta zona es donde se acumula más público, hasta ahora solo algún espectador despistado animaba de vez en cuando a nuestro paso, aunque a partir del medio maratón todavía será peor y prácticamente corremos solos, hasta que volvamos al centro de la ciudad.


Seguimos corriendo paralelos al mar pero ahora en dirección contraria por la M-22 Autovía de entrada al puerto de Málaga, que es una avenida más de la ciudad, hasta salirnos de la ciudad por el lado contrario. Esta es la zona más aburrida del recorrido, poca animación y ya la masa de corredores se ha estirado y se corre bastante solo. Adelanto a varios corredores que van perdiendo el ánimo pero yo me mantengo bien, sin que hayan aparecidos dolores no previstos, solo tengo las molestias inevitables después de recorrer más de 20 kilómetros.

Por fin acaba la autovía y tomamos en dirección al Polideportivo Matin Carpena, pero antes hacemos varios bucles por las calles de alrededor, incluido el paso por dentro de la pista de atletismo. Al fin superamos la barrera de los 30 km con la animación de una banda de música y los aplausos de unos cuantos voluntarios en el punto de avituallamiento. La carrera abandona el extrarradio para dirigirse de nuevo en dirección al centro de la ciudad.
Llega el momento de correr con la cabeza, empieza a verse gente con problemas, pero mis piernas funcionan a la perfección y devoran kilómetros, además parece que el dolor del pie me está respetando. Pero sobre todo ya estoy en el km 35 en dirección al estadio de la Rosaleda que indica el principio del fin.

En esta ocasión ni he chocado con el muro ni he disfrutado del estado de trance como en Madrid, han sido kilómetros corridos con la cabeza siendo consciente de cada zancada, pendiente de mantener el ritmo sin acelerarme, alimentándome e hidratándome continuamente y teniendo claro lo que llevo en las piernas y lo que me queda.

Llego al estadio y lo rodeo para pasar la marca del km 38, era el punto de no retorno marcado en mi cabeza, tenía claro que si llegaba hasta aquí sin dolor iba a llegar a la meta. Además estoy lo suficientemente fresco como para saber que llegare corriendo hasta el final. El subidón es brutal sobre todo porque desde hace unos rato mi ritmo de carrera ha ido aumentando mientras recojo cadáveres a mi paso.


Todavía me quedan kilómetros para disfrutar en la parte más bonita del recorrido, pasamos por el Teatro Romano, la Catedral y la calle Larios, para volver al Paseo del Parque del que habíamos salido hace más de tres horas.

Estos últimos kilómetros los corro por debajo de los 5 min/km en un alarde de fuerzas, animado por el recorrido y la gente que aplaude aunque solo sea para que pases pronto y pueda seguir con su paseo dominical. De hecho hay que tener cuidado porque en esta zona el recorrido aunque vallado se respeta poco y más de uno tiene que evitar un choque con los turistas que se fotografían poco atentos al paso de los corredores.

Ya veo el arco de meta al fondo pero tengo que reconocer que la recta de llegada se me hace eterna y decido bajar el ritmo y disfrutar de los últimos metros. Por primera vez en una carrera alzo los brazos en la llegada como signo de triunfo y dedicatoria. Paro el crono en 3 horas y 35 minutos algo impensable hace unas semanas e incluso esta mañana, es la gran sorpresa que me deparaba esta carrera.


Mensaje a la familia y amigos para compartir la alegría y recibir las felicitaciones que junto a una ducha reparadora hacen que me recupere rápidamente. Es el momento de disfrutar de la ciudad con la satisfacción de haber hecho las cosas bien. Me acerco hasta el Museo Picasso y la Catedral dos visitas obligadas y muy recomendables y disfruto del paseo por el centro en esta ocasión de día y sin correr. Para terminar me acerco hasta la playa y en uno de los muchos chiringuitos disfruto de un espeto de sardinas, una de mis debilidades confesables.


Ya no me queda más que tomar el AVE de vuelta a Madrid y llegar a casa para volver a la dura realidad. Pero al menos de este maratón me llevo dos grandes alegrías, el descubrimiento de una maravillosa ciudad y el recuerdo de una gran maratón, pero también dos disgustos uno no haber venido con la familia para que ellos lo hubieran disfrutado también y una lesión en el pie que creo que arrastrare un tiempo y me obligara a parar.


Este maratón esta dedicado a Mercedes.

Desde que nos conocimos hace ya más de 20 años hemos coincidido en muy pocas cosas. Nuestras formas completamente distintas de entender y disfrutar de la vida, unido a dos caracteres fuertes y esa mala manía de no callarnos nunca ni cuando debimos hacerlo, han sido los culpables.

Pero en dos cosas siempre hemos coincidido, la primera en la pasión que ambos sentimos por tu hija y la segunda en lo mucho que yo te he querido y tú me has querido a mí. Eso nos ha unido para siempre y por eso no me cuesta reconocer que ya te echo de menos.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

En verano el Trofeo San Lorenzo

En contra de la corriente actual, mucho más comercial, esta carrera mantiene el espíritu popular y el estilo de las antiguas carreras de barrio. Sin grandes medios por falta de patrocinadores y poco apoyo público, cada año su organización es una incógnita. De hecho este año con el cambio de alcalde en nuestro ayuntamiento no se abrió la inscripción hasta un par de semanas antes del día de la carrera.

A su favor su monumental recorrido, un número reducido de dorsales que garantiza que se pueda correr desde el primer kilómetro y poderse inscribir sin tener que estar atento a cuando abren el plazo para evitar que se agoten los dorsales, son tres motivos que en mi caso garantizan que disfrutare corriéndola. Quizás las fechas estivales no animen a correr con el calor pero muchos corredores madrileños despiden la temporada con esta carrera antes de irse de vacaciones y colgar por un mes las zapatillas.

http://www.trofeosanlorenzo.es/














Domingo 8:30 de la mañana y ya estoy en la salida de la carrera, después de un mes de julio de los más calurosos de los últimos años, esta última semana se han moderado algo las temperaturas en la capital, pero aun así ya empieza a sentirse el calor.

He quedado con un compañero de la oficina que corre también y al que recogí el dorsal por que viene desde Guadalajara. Solo coincidiremos para hacernos la foto de rigor en la salida y comentar la carrera en la llegada de la carrera. Y es que los más de 20 años de diferencia y mi lamentable estado de forma hacen imposible que pueda seguir su ritmo por debajo de los 45 minutos.


Yo llevo únicamente un mes de carrera en la playa, con entrenamientos lentos, cortos y muy frustrantes, ya que ni  las sensaciones ni los ritmos son los que me gustarían. Pero aun así esta carrera me apetece mucho, normalmente en estas fechas estoy fuera de Madrid y nunca puedo participar, pero este año aprovechando que mi hijo viaja a Irlanda, he adelantado algo el retorno para poder ponerme el dorsal de la carrera.

No hace falta calentar y nos colocamos en la línea de salida. Antes hemos hecho un último intento por localizar a otro compañero que también estaba apuntado, pero supongo que se habrá quedado en la cama. Antes del pistoletazo de salida nos hacen retroceder unos metros, para ajustar la distancia exacta de los 10.000 m, no hay arco de salida ni control del chip en la salida pero es importante que la medición sea exacta, como si a la mayoría nos importaran unos metros arriba o abajo.

Dan la salida y arrancamos, como preveía mi compi sale como una bala, es cuesta abajo y por avenida ancha pero aun así hay que esquivar a la gente, le aguanto unos metros pero está claro que esa no es mi carrera, prefiero coger un ritmo cómodo y disfrutar del recorrido y los monumentos.

Puerta de Toledo


Me dejo llevar aprovechando la cuesta abajo a un buen ritmo camino de la Puerta de Toledo, el recorrido es el mismo que en el maratón pero en sentido contrario. Recuerdo que hace unos meses disfrutaba subiendo por estas mismas calles con más de 30 kilómetros en las piernas, hoy las disfruto igual pero con las piernas mucho más frescas.

Avanzamos por la Ronda de Toledo y a la altura de la calle Cascorro nos cruzamos con los últimos puestos del castizo Rastro de Madrid, hace años que no lo frecuento y me trae recuerdos de mi juventud cuando en alguna ocasión venía a comprar ropa militar en mi época más guerrera. Me hago el propósito de volver a visitarlo y enseñárselo a mis hijos.
Atravesamos la Puerta de Toledo y bajamos en dirección al rio. El sol aprieta y es curioso ver como todos los corredores nos pegamos a las aceras buscamos la sombra de los edificios.

Jardines de Campo del Moro


Ahora corremos por la Ronda de Segovia a coger la calle del mismo nombre y hasta el kilómetro 3 es todo bajada, eso se nota en que los corredores vamos animados de charleta sin aparente esfuerzo. Pero todo lo bueno se acaba y tomamos la ribera del rio y empezamos a llanear.

Tomamos el Paseo de la Virgen del Puerto, aunque todo el mundo sabe que en Madrid no hay ni puerto ni playa. A nuestra derecha los Jardines del Campo del Moro coronados por el Palacio Real y al otro el Manzanares y el Madrid Rio, unos metros para disfrutar y controlar el ritmo pues se acerca la gran cuesta del recorrido.

Dejamos a nuestra izquierda el emblemático Puente del Rey, entrada a la Casa de Campo y lugar por donde se cruza por primera vez el río en el recorrido de la maratón y llegamos hasta la Estación de Príncipe Pío.

Cuesta de San Vicente


Ahora sí que la carrera se empina, es el momento de apretar los dientes e intentar aguantar el ritmo. Está claro que mis piernas no se han olvidado de correr y voy superando a muchos otros corredores que han ido muy alegres en la cuesta abajo.

Esta cuesta se llamaba antiguamente Cuesta del Río o Cuesta del Palacio Nuevo, su nombre ha cambiado pero su inclinación permanece a pesar de los años.

Pasamos por el subterráneo de las calle Bailen y superando el último repecho aparecemos triunfantes en la Plaza de Oriente, se acabó la cuesta y las piernas lo agradecen.

Plaza de Oriente – Palacio Real


El paso por la Plaza de Oriente y el Palacio Real es uno de esos momentos para disfrutar en cualquiera de las pocas carreras que tienen permiso para pasar por sus puertas. Aunque hay que tener cuidado con los grupos de turistas japoneses que andan despistados y se cruzan y por supuesto sufrir el empedrado del camino.

Cruzamos por delante de la Catedral de la Almudena, siempre que tengo ocasión de verla me queda la duda de si me gusta o no, según mi hermano arquitecto es un total despropósito, feo y que rompe toda la uniformidad de la vista, pero es una catedral y como tal debe ser grande y recargada o al menos así recuerdo las catedrales clásicas.

A la salida de la plaza como ocurre siempre la calle se estrecha y se produce un embotellamiento, hay que tener cuidado con los bolardos y algún corredor se lleva más de un susto.

Viaducto de Segovia


Alcanzamos el viaducto que aun compartiendo el nombre del famoso acueducto de Segovia no tiene ninguna relación y es más famoso por ser el lugar habitual de suicidios en la capital.

La mitad del viaducto está cortado al tráfico para que podamos pasar los corredores pero el otro sentido se mantiene abierto al tráfico, aunque mejor sería decir que está abierto al atasco de los coches. Un taxista parado a nuestro lado, nos pregunta que hacia donde corremos, que él nos puede llevar a donde nosotros vayamos.

Ando un poco despistado, al ver el recorrido en el mapa pensé que giraríamos a la izquierda dirección al centro, pero seguimos por la calle Bailen, pasando por delante de la monumental iglesia de San Francisco el Grande. Pienso que han cambiado el recorrido como otros años y no pasamos por la Puerta del Sol, pero llegamos de nuevo a la Puerta de Toledo y giramos para volver sobre nuestros pasos por la calle Toledo.

Volvemos a la cuesta arriba y en esta ocasión por una calle con tramos empedrados, ya empiezan a notarse el calor y sobre todo los 6 kilómetros de carrera. Pero llega el avituallamiento y aunque caliente el agua se agradece.

Puerta del Sol


Tomamos la calle Mayor, ahora lo complicado es evitar al gran número de peatones, principalmente turistas, que transitan por estas calles y que nos cruzan por delante sin  avisar. Casi choco con uno de ellos que arrastra una gran maleta de ruedas, pero en el último momento evito la colisión. Es parte de la diversión de correr por el centro, aunque el ambiente es mucho mejor.

Desembocamos en la Puerta del Sol y cruzamos por delante de la Casa de Correos y su famoso reloj de fin de año, el kilómetro cero y la estatua del oso y el madroño, una visita turística de 200 m en menos de 15 segundos. Mucha gente pero pocos animando, muy distinto a cuando la cruce en el maratón y la gente forma un pasillo para que pasemos los corredores, pero aun así es un lujo que la carrera pase por un lugar tan emblemático.

Congreso de los Diputados


Salimos de la Puerta del Sol tomando la Carrera de San Jerónimo, al principio en una leve cuesta arriba pero enseguida cambia y bajamos animadamente en dirección al Congreso de los Diputados. Saludo a sus leones al pasar por delante y me lanzo en dirección a la Plaza de Neptuno.

Es el kilómetro 8 y voy muy bien de piernas, de aquí al final el recorrido es favorable por lo que decido que es el momento de abandonar la visita turística y acelerar un poco a pesar del calor que ya aprieta.

Plaza de Neptuno


Saludo al dios rojiblanco y me lanzo por el Paseo del Prado buscando el final de la carrera. El tráfico no es esta cortado y solo nos han marcado un estrecho pasillo con conos que nos protege de los vehículos. Está claro que la carrera no tiene suficiente importancia para que corten una de las vías principales de Madrid.

No me importa demasiado,  a estas alturas la carrera se ha estirado y corro prácticamente solo.  

Plaza de Atocha


Lanzado cruzo Atocha y dejando a un lado el espectacular Museo Reina Sofía, tomo la Ronda de Atocha en dirección a la salida.

Pero hay sorpresa final y nos desvían a la derecha por una última cuesta de 400 m con la que no contaba y que se hace eterna, miro el reloj y compruebo que puedo bajar de los 50 minutos, no es momento de relajarse.

En esta zona recibo los ánimos de otros corredores que ya han terminado y que me hace que no baje el ritmo. Cruzo la meta con un tiempo de 48 minutos, algo impensable cuando arranque en la salida y que me deja muy satisfecho. Es una inyección de ánimos para continuar con los entrenamientos.


Me encuentro con mi compañero en la meta, ha bajado de los 44 minutos pero lastrado por el calor y una mala digestión y es que no se puede ir a cenar a un mejicano la noche anterior a una carrera. Nos dirigimos hacia los coches cuando nos cruzamos con el compañero perdido que está terminando los últimos metros de la carrera. Me extraña verle tan retrasado pero más tarde me contara que llego tarde a la salida y salió por detrás de la ambulancia perseguido por los municipales que cerraban el recorrido y desde entonces ha tenido que recuperar terreno.

Carrera altamente recomendable por recorrido especialmente bonito, son diez kilómetros monumentales por una de las zonas más emblemáticas del centro de la capital. Quizás la Organización no sea perfecta pero mantiene el encanto de las carreras de barrio y sorprende gratamente la variedad de bebidas que dan en la meta y que están  especialmente frías así como la gran cantidad de voluntarios y es que aunque sea una carrera de barrio se nota que se vuelcan con el corredor.

A los últimos llegados a este mundo nos sorprende recoger el dorsal en un local social próximo a la Plaza de Lavapies, muy distinto de las inútiles ferias del corredor o la obligación de pasar por el Centro Comercial de turno que sufrimos en la mayoría de las carreras de nuestra capital.

Estoy convencido de que siempre que esté en Madrid procurare correrla.

Por cierto muy guapo el cartel y la camiseta de este año con una viñeta de Forges que simboliza perfectamente el espíritu del corredor popular.