miércoles, 29 de mayo de 2019

XIX Medio Maratón de Madrid - Villa y Corte


Domingo 7 de Abril del 2019

Después de no poder participar en la Media de Madrid el año pasado por coincidirme con el Maratón de Roma he vuelto a mi carrera preferida y me he reencontrado con el disfrute de correr por mi ciudad. Pero eso no me impide reconocer que la carrera no ha evolucionado correctamente en las últimas ediciones es más hasta en algunas cosas ha empeorado.

Se han realizado varios cambios en el recorrido clásico principalmente debido a la prohibición que ha impuesto el Ayuntamiento de que las carreras populares acaben dentro del Parque del Retiro con el objetivo de protegerlo y es que los corredores debemos ser tóxicos pero los lectores beneficiosos para la flora.

Discusiones a parte la carrera ha incluido dos tramos nuevos. El pasó por la Plaza de Bilbao y la calle Luchana en lugar de tomar desde el principio la calle Santa Engracia, no hay gran diferencia quizás la pendiente antes era más continua y ahora al principio es más tendida para tener unos metros finales algo más exigentes. Y la desviación desde Plaza de Castilla hacia la zona de las Cuatro Torres para volver de nuevo a la Plaza de Castilla, desde mi punto de vista un acierto, es una zona llana y amplia que permite correr cómodo y las vistas de las torres es un lujo.

Y en cuanto al nuevo final en la Plaza de Neptuno, hace que los últimos kilómetros de la carrera se hayan suavizado mucho, sé que es la tendencia actual en las carreras populares y que la mayoría de los corredores lo agradecen pero personalmente prefería el final agónico por la cuesta de Alfonso XII y Alcalá. A cambio se corre por el Paseo del Prado, delante del Jardín Botánico y el Museo del Prado que tiene un gran encanto.

En cuanto a los cambios en la organización lo único positivo es la salida por oleadas que resulta muy acertado además de necesario por el número de participantes. Aunque no soluciona totalmente el problema del embotellamiento en los primeros kilómetros, al menos es una intención de ponerle remedio. Si además los corredores colaboramos y nos ponemos cada uno en nuestro cajón seguro que todos lo disfrutaríamos más.

Pero se han producido demasiados fallos, el principal el guardarropas que resulto catastrófico. No puedo entender que se formen colas para entregar la mochila, pero el tiempo medio que tardamos en recogerlas es todavía peor. Es verdad que el espacio en la meta es menor que en el Retiro pero mi impresión es que se intentaron ahorrar en carpas y número de voluntarios asignando un puesto de recogida para todo los dorsales que coincidan en el último número y no un puesto por cada tramo de dorsales como en años anteriores, lo que genero demasiados corredores por carpa y un colapso total.

Mucha gente también se quejó de que no había medallas para los últimos corredores, eso ya ocurrió en otras ediciones, aunque en esta ocasión al menos te la mandaban a casa si reclamabas. En descarga de la Organización tengo que reconocer que yo vi a personas que no habían corrido recoger medallas de los voluntarios y algunos corredores con más de una.

Y por último la bolsa del corredor cada año más escasa, en esta edición desapareció el buff y los manguitos a juego con la camiseta que se entregaron en ediciones anteriores. En mi caso no es una prioridad pero teniendo en cuenta el coste de la inscripción se puede esperar algo más que una camiseta, una barrita energética y un caldo de navidad, sobretodo viendo los obsequios de otras carreras fuera de Madrid.

Mi impresión es que deben mejorar si no quieren que los corredores dejen de venir a correr por Madrid. Y es que la oferta de carreras en España ha aumentado y los circuitos y servicios mejorado, como para que el único aliciente para correr esta carrera sea participar en la media maratón más multitudinaria de nuestro país.















Después de unas semanas prácticamente veraniegas en Madrid, con altas temperaturas que nos han permitido correr las últimas carreras en manga corta. Esta semana ha vuelto a cambiar el tiempo y han vuelto las lluvias y las temperaturas más frescas típicas de esta época. He tenido que recuperar la camiseta interior y volver a la manga larga y casi el chubasquero para correr en la Media Maratón de Madrid.

En esta ocasión somos tres valientes, por supuesto mi ahijado que lleva desde navidades preparándose y que me ha acompañado en las últimas carreras de preparación y mi cuñado que llega con poco entrenamiento este año. Pero que como le hemos recogido el dorsal y le he pasado a buscar por su casa creo que se ha visto obligado a correr, si fuera por el seguramente se la hubiera saltado este año.

Conseguimos aparcar el coche relativamente cerca de la Plaza de Cibeles, lo cual es mucho pedir, somos casi 15000 corredores de la media maratón más los 1600 de la prueba de 5 km. Tanto corredor y sus acompañantes abarrotamos el Paseo del Prado desde Cibeles a Neptuno y todos los alrededores, es un verdadero espectáculo.

Llegamos hasta la Plaza de Neptuno, donde está instalado el guardarropas y desde donde saldremos la última oleada de corredores. Hasta el año pasado el guardarropas estaba dentro del Retiro y más de un año hemos tenido que echarnos una carrera para llegar a la salida. Se supone que ahora es más cómodo, pero las colas para dejar las mochilas son interminables, me da la impresión que hay muchos menos puestos que otros años. No sé si es la falta de espacio o la mala previsión pero no es de recibo.

Nos colocamos en nuestra cola mientras esperamos que llegue mi sobrino que ha decidido venir por su cuenta para poder apurar más en la cama. Se va acercando la hora y no da señales de vida, decido llamarle. Me contesta a la segunda apuradísimo, me dice que viene corriendo desde prácticamente Nuevos Ministerios porque no ha encontrado ninguna moto eléctrica disponible y por supuesto no se ha podido acercar más con el coche. Además ha sido el encargado esta vez de recoger todos los dorsales en la feria del corredor, por lo que si no llega tendremos que correr de ilegales y con la mochila a cuestas.

Pero todavía hay tiempo de sobra y aunque acelerado llega de sobra para dejar las mochilas y ponernos los dorsales. Pero él ya se ha metido el sofocón y un par de kilómetros mas en las piernas, esperemos que no le pasen factura al final de la media. Ya estamos dispuestos para correr y toca hacerse la foto oficial y calentar un poco.


Nos colocamos al final de la zona de salida, que teóricamente comienza en la plaza de Cibeles y termina en la Plaza de Neptuno, son 500 metros de marea humana, pero sorprendentemente detrás nuestro todavía se agolpan un montón de corredores populares y es que cada año esta media es más grande y aunque solo sea por eso merece la pena correrla, pero esa masificación es también su gran inconveniente, son las paradojas de la vida.

Salimos en la cuarta y última oleada, lo que significa que saldremos casi media hora más tarde que los corredores de la élite y casi un cuarto de hora después que la primera oleada de corredores populares. Pero aun así los primeros kilómetros subiendo por la calle Alcalá son caóticos, corredores con ritmos muy dispares, grupos de corredores que van juntos y forman verdaderas barreras humanas y por supuesto el máximo postureo que obliga a grabar todo lo que hacemos para que nuestros “followers” estén informados.

Intento marcar un ritmo cómodo para mi ahijado pero es muy complicado, tenemos que correr en fila y a tirones para poder ir esquivando a otros corredores que no tienen tanta prisa como nosotros. Al final cada uno hacemos la guerra por nuestra cuenta y buscamos los huecos donde podemos, parece que al llegar a la calle Velazquez debería haber algo mas de espacio pero la marea de corredores es tan grande que somos capaces de colapsar todo el ancho de la calle.

Intento estar pendiente de mis acompañantes, pero la mayoría de las veces les pierdo entre tanta gente, de hecho cuando giramos por Diego de León y empezamos a bajar hacia la calle Serrano paro a un lado para reagruparnos y ya solo me sigue mi sobrino, mi cuñado ha perdido comba y ya no volveremos a coincidir hasta la meta, este año se ha descolgado mucho antes que en otras ediciones.

Ya llevamos 3 kilómetros y parece que hemos encontrado nuestro sitio en la carrera, aunque seguiremos adelantando a mucha gente durante todo el recorrido la mayoría de los corredores que nos rodean tienen un ritmo similar al nuestro y podemos por fin correr los dos juntos y a un ritmo constante. Se puede decir que empieza de verdad la carrera, hasta ahora ha sido una prueba de obstáculos.

Es el momento de pasar por encima del puente de Rubén Darío sobre la Castellana, son unos metros emblemáticos del recorrido, pero me da la impresión que han debido de reforzar la estructura del puente porque vibra menos que otros años con el paso de la masa de corredores.


A partir de la salida del puente empieza una subida ligera pero continua de prácticamente siete kilómetros, a mi ahijado es la que mas le preocupa pero por experiencia se que es bastante llevadera porque todavía tenemos las fuerzas intactas, aun así decidimos tomárnoslo con calma y nos ponemos a un ritmo tranquilo. Esta es una de las zonas nuevas del recorrido y subimos desde la Plaza de Bilbao a la de Chamberí por la calle Luchana el desnivel es el mismo que subiendo por Santa Engracia pero el último repecho se agarra algo mas.

Nos acercamos a nuestro primer punto de animación, mi ahijado ha convocado a todo el que ha podido para que salgan a la calle a animarle en su gran aventura. Como era de esperar su chica no ha podido negarse y le espera en la plaza de Iglesia para animarle. Está preocupado por si no la ve, pero metros antes de llegar al punto acordado la localiza a un lado de la carrera. La saluda pero ni siquiera para un momento, está demasiado concentrado en no perder el ritmo de la carrera, yo también la saludo y le doy las gracias por el ánimo mientras acelero para alcanzar a mi compañero que va lanzado.

Toca pasar por los bomberos de Santa Engracia, otro de los clásicos de la carrera, este año nos animan como siempre con las sirenas pero se ahorran la ducha con las mangueras porque la mañana esta fresquita.

Segundo punto de animación, ahora les toca a mi familia y mi hermana mayor a la altura de mi casa como todos los años. Pero por mucho que miro y remiro en la esquina acordada no hay nadie, ni en la anterior ni en la posterior, vaya bajón. Luego me dijeron que bajaron algo más tarde y ya habíamos pasado, bueno mi mujer este año ni salió de la cama para bajar a animarme y es que en el fondo está un poco cansada de acompañarme a mis medias maratones por toda España.

Pasamos por  Cuatro Caminos que siempre está muy animada de público y atacamos la calle Bravo Murillo. Ya corremos mucho más tranquilos y mi acompañante va disfrutándolo. Prácticamente sin danos cuenta nos plantamos en el último tramo de subida hacia la Plaza de Castilla, es un tramo duro pero vamos muy ligeros todavía. En otras ediciones cruzábamos directamente la plaza, pero el nuevo recorrido nos lleva por el lateral de la Castellana hasta las Cuatro Torres que caracterizan el skyline de la ciudad, la torre Cepsa con sus 250 metros de altura es la más alta de toda España. La verdad es que el cambio de recorrido en esta ocasión merece la pena para que el corredor disfrute del espectáculo de los rascacielos madrileños.


Mi acompañante como en carreras anteriores lleva todo el recorrido con problemas de mocos, pero en esta ocasión estoy preparado y he cargado con varios klinex y problema solucionado. Pero al llegar a esta altura me dice que lleva un rato con ganas de hacer pis y tenemos que parar. Esta juventud no está preparada, en mi época nos inculcaron muy claro que de casa se salía con todo hecho.

Volvemos sobre nuestros pasos por el otro lado de la Castellana hacia la Plaza de Castilla, eso nos permite ver la cantidad de corredores que van detrás nuestro igual que antes hemos visto los que iban por delante, creo que la masa compacta de corredores ocupara unos cuantos kilómetros, sin contar los más rápidos que van destacados en cabeza y los lentos que cierran la carrera.

Los siguientes kilómetros son en claro descenso y aprovechamos para dejarnos caer y recuperas fuerzas, pasamos a la altura de nuestro colegio, el de mi ahijado y el mío, aunque al estar separados por unas cuentas generaciones hemos conocido colegios muy distintos. Hemos superado ya la mitad de la carrera y vamos a buen ritmo, pero como todo lo bueno la bajada también termina y la calle Pio XII nos recibe con un buen rampón, aunque vamos sobre aviso del calentón en las piernas no nos libra nadie.

Nos vamos acercando a nuestro tercer y último punto de animación, pero antes tenemos dos encuentros imprevistos. Mi ahijado ve a un amigo corredor del que ha recibido buenos consejos durante su preparación y que no corre por que la semana que viene se enfrenta al Maratón de París, aunque le grita no consigue que le oiga. Y yo me encuentro con un compañero de la oficina y su hijo, en otras ocasiones habían estado para animarme porque la carrera pasa por debajo de su casa, pero en esta ocasión no contaba con ellos y me hace mucha ilusión.

Nuestro tercer grupo de animación son las dos hermanas de mi ahijado y sus sobrinos pequeños que han bajado a animar a su tío. Ya nos habían avisado que estarían, pero están cada una a un lado de la calle, por lo que de una pasamos cerca pero a la otra solo podemos saludarla de lejos. En cualquier caso ambas animan fuerte a su hermano que se viene arriba. El ni siquiera para, yo en cambio me paro a saludar a los enanos y a darles las gracias por los ánimos.

Mi acompañante se ha adelantado unos metros y se ha encontrado con unos amigos que también corren, le oigo explicarles que corre con su tío pero que ahora lo ha perdido, en ese momento llego a su altura. Saludamos y seguimos a nuestro ritmo avanzando hacia la meta. Este tramo vuelve a ser muy favorable, pasamos por el Parque de Berlín y el Auditorio Nacional para alcanzar el kilómetro 15, es el límite que ha corrido mi sobrino a partir de este momento se enfrenta a un nuevo reto.


Llegamos al avituallamiento y tengo el primer y único error de la carrera, me quedo en el lado izquierdo para coger geles y plátano, pero me doy cuenta tarde que no hay mesas de agua, por lo que nos quedamos sin líquido que era realmente lo que necesitábamos. Pienso en volver sobre mis pasos pero mi acompañante me dice que no necesita nada que va muy bien, espero que al final no nos arrepintamos.

Avanzamos por la calle Príncipe de Vergara todavía en un grupo compacto de corredores y recorremos los tres kilómetros que nos separan del Parque del Retiro. Ya solo nos queda rodearlo para llegar a la meta, es el mismo recorrido que hicimos hace un par de semanas en la carrera MetLife y ya lo conocemos. Pero en los últimos kilómetros he notado a mi ahijado demasiado callado y concentrado y eso no es buena señal, intento distraerle con mi conversación pero creo que está empezando a pasarlo mal.

Nos queda un primer tramo rodeando el parque hasta el kilómetro 18 y a partir de ahí es todo bajada. Pero mi ahijado empieza a dar claras muestras de cansancio y tenemos que bajar el ritmo. Le animo diciendo que ya no queda nada, pero su contestación es “Me duelen mucho la piernas, no puedo más, esto es muy duro”, me viene a la cabeza mis sensaciones la primera vez que corrí esta media maratón y fueron las mismas a esta altura de la carrera. Es el momento de apretar los dientes y no dejarle pensar demasiado, procuro darle ánimos constantemente para que no piense nada más que en correr y poco a poco vamos avanzando hacia la meta.

Terminamos la bajada y llegamos a la altura de la Estación de Atocha, sé que es el momento más crítico, pero aguanta como un campeón. Vuelve a comentar que va sufriendo mucho y mi respuesta es muy sencilla, a falta de menos de un kilómetro es el mejor momento de la carrera para sufrir. Otros corredores que oyen la conversación, le animan para que no pare que ya no queda nada.

Y en esta ocasión sí que es cierto, acabamos de superar la marca del kilómetro 20 y ya estamos en los metros finales de la carrera. Giramos en la Plaza de Atocha para coger el Paseo del Prado, ya vemos el arco de meta al fondo y es el momento de disfrutar del logro. Le ha cambiado la cara y una enorme sonrisa se dibuja en su cara, son los 400 metros de mayor disfrute de toda la carrera, son esos metros que no volverán a repetirse, estoy seguro que terminara otra media maratón pero nunca más volverá a ser la primera. Y yo tengo la suerte de disfrutarlos con él y recordar también mi primera vez en esta misma carrera y esa sensación de agotamiento y satisfacción que no se puede explicar.


Cruzamos la meta y nos abrazamos para celebrarlo. Parar de correr es otra de las grandes satisfacciones de cruzar la meta, parece que todo el cansancio desaparece y el dolor de piernas por un momento se olvida. Recogemos nuestra medalla y ya andando tranquilamente avanzamos hasta la Plaza de Neptuno a recoger la mochila.

La cola para el guardarropa es infinita, rodea toda la fuente y además da la sensación de que no avanza. Son más de 45 minutos esperando para recoger la ropa, a mi cuñado le da tiempo a llegar y eso que se lo ha tomado con mucha calma y entra unos cuantos minutos detrás de nosotros. Además la mañana está fresca y empezamos a quedarnos fríos, sobretodo mi ahijado que es el más agotado y además va en camiseta de manga corta, hasta empieza a tiritar.

Por fin recogemos la bolsas y podemos abrigarnos, la verdad es que nos lo hemos tomado todos los corredores con humor, pero es impresentable para una carrera de esta categoría la falta de previsión, además no recuerdo que en otras ediciones hubiera este problema. Al menos han tenido suerte y no ha descargado la lluvia que amenazaba porque si no el caos hubiera sido de escándalo.


Esta edición de la carrera quedara para siempre como la del estreno de mi ahijado en la distancia de medio maratón. Creo que ha cumplido con su objetivo sin sufrir en exceso y disfrutando en la mayoría del recorrido, sobre todo teniendo en cuenta el tiempo que ha dedicado a la preparación de la prueba. El tendrá que decirlo pero creo que volverá a repetir.

En mi caso ha sido un gustazo poderle hacerle de liebre y he disfrutado durante las carreras de preparación y cada metro de la media maratón. Además me ha hecho ilusión que alguien de las generaciones jóvenes de mi familia se animara a correr conmigo.

Sus reacciones después de la carrera me han recordado mucho a las mías en las primeras ocasiones que me puse un dorsal. Para que podáis entender lo que digo os reproduzco nuestras conversaciones de Watshap después de la carrera.


martes, 30 de abril de 2019

La carrera Monumental de Madrid


Domingo 24 de Marzo del 2019

La MetLife Madrid Activa es una carrera singular y por lo tanto diferente al resto de las que se realizan en la capital, por eso resulta atrayente para los corredores populares.

Singular por la distancia, sus quince kilómetros es una longitud poco habitual y estupenda para dar el salto a las largas distancias sin enfrentarse directamente al miedo escénico que produce la media maratón. A esto hay que añadir que prácticamente todo el recorrido es cuesta abajo y excepto dos cortas subidas el resto es muy favorable para el corredor.

Singular por su recorrido y no es que discurra por lugares distintos de otras carreras es que discurre por todos ellos y eso la convierte en la carrera madrileña más monumental. Recorre la ciudad de norte a sur por el paseo de la Castellana, Recoletos y del Prado, pasando por sus plazas más emblemáticas, la Plaza de Colon, Cibeles, Neptuno o Atocha. Por supuesto rodea la Puerta de Alcalá emblema indiscutible de la villa y atraviesa la Puerta del Sol, centro de la ciudad pasando frente a la Real Casa de Correos, su reloj, el kilómetro 0 y la estatua del oso y el madroño.

Singular porque corre frente a nuestras instituciones parlamentarias, el Congreso de los Diputados en la Carrera de San Jerónimo y el Senado en la Calle Bailen. Visita los museos más importantes de la capital, el museo del Prado, el Reina Sofía, el Thyssen-Bornemisza y por supuesto el Museo del Bernabéu, el tercero más visitado de la capital. Nos permite disfrutar de las dos estaciones de tren más antiguas de Madrid y también de las más bonitas, la estación de Príncipe Pio y la Estación de Atocha.

Singular por que cruza la Plaza de Oriente donde se agrupan la mayor cantidad de grandes monumentos por metro cuadrado del centro de la capital. Podemos disfrutar en el mismo vistazo de la Catedral de la Almudena, el Palacio Real y el Teatro Real. La visita turística también nos acerca a las zonas verdes más antiguas y con mayor historia de Madrid, el Parque del Retiro, El Campo del Moro, el Parque del Oeste y nos deja a las puertas de la Casa de Campo. Y porque acaba en el Manzanares, que a pesar de su poca entidad como río es muy reconocido por atravesar la capital española.

No se puede pedir más lugares emblemáticos a una carrera madrileña, tendríamos que correr varias carreras de 10 km o el Maratón de Madrid y sus durísimos 42 kilómetros para poderlos visitar todos corriendo. Cualquier lista que hiciéramos con los imprescindibles a visitar en Madrid prácticamente estaría incluida en este recorrido.

En cuanto a la Organización sin errores, lo cual para una carrera multitudinaria en Madrid y con el inconveniente añadido de que la salida y la meta no están cerca es más que suficiente. Los avituallamientos cada 5 km aunque solo líquidos, un guardarropas eficaz aunque mejorable y una bolsa del corredor discreta. A destacar que dispone de autobuses en la meta que acercan al corredor de nuevo a la salida lo cual es una gran idea.













Al que alguna vez me ha preguntado mi opinión siempre le he contestado lo mismo, para correr un 10 km solo hace falta querer para correr una Media Maratón además de querer hay que prepararse. Por eso a mi ahijado una vez que ha terminado la Carrera de los Bomberos con buenas sensaciones le falta superar la barrera de la hora corriendo en su preparación para el Medio Maratón de Madrid. Una tirada de al menos 15 kilómetros es un “mínimo” indispensable para enfrentarse a la media con seguridad y unas ciertas garantías de terminar.

Le propongo que hagamos una Tapia, un clásico de la capital con algo más de 16 kilómetros que consiste en dar la vuelta a la Casa de Campo pegada a la tapia que la rodea. Pero no le veo muy dispuesto y no creo que sea capaz de hacer el solo una tirada tan larga. Hasta ahora todos los que se han estrenado conmigo en la media han pasado por esta prueba en donde hemos comprobado que estaban preparados. Mi sobrino no puede ser una excepción a pesar de que sea joven y deportista, si se lesiona o le da un jamacuco en la carrera tendré que oír a mi hermano mayor toda la vida recordándomelo.

Entonces me acuerdo de la carrera MetLife, son 15 kilómetros justo un par de semanas antes de la media. La tenía en mi agenda como pendiente especialmente por su espectacular recorrido por la capital, puede ser la oportunidad perfecta para tacharla de mis pendientes y comprobar si mi ahijado está preparado para los 21 kilómetros. No me resulta demasiado difícil convencerle, sobre todo porque le aseguro que es todo bajada y la inscripción corre de mi cuenta.

Así me planto en la Plaza de Castilla en una mañana de domingo con un tiempo prácticamente veraniego, esperando a mi ahijado para ponerme una vez más en la línea de salida de una carrera popular. Hago recuento y van a ser cuatro carreras en menos de seis semanas, creo que voy a superar mi record de carreras encadenadas, y no puedo evitar una cierta satisfacción personal.

Llega mi ahijado en esta ocasión mucho más tranquilo que hace dos semanas, ya sabe lo que es ponerse un dorsal y se le ve confiado. Nos dirigimos a las furgonetas del guardarropa para dejar las mochilas y nos encontramos con una buena cola y eso que todavía no somos muchos corredores. Es sorprendente pero la gente coloca la etiqueta de identificación en el último momento justo antes de entregarla a los voluntarios por lo que la operación se eterniza. Por fin llega un voluntario más espabilado y nos va recogiendo las bolsas a los que ya la tenemos marcada sin que tengamos que esperar la cola que cada vez se hace más larga.

Aunque no nos habíamos puesto de acuerdo los dos hemos coincidido en ponernos camiseta amarilla y pantalón negro, por lo que parecemos un auténtico equipo de corredores.


En esta ocasión nos da tiempo a calentar un poco y damos unas carreras por la Castellana hasta el túnel que pasa por debajo de la Plaza de Castilla y que está cortado al tráfico. Poco a poco nos vamos juntando mas corredores y ya hay ambiente de carrera. A mi sobrino en esta ocasión son los mocos los que le salen en el último momento y no tenemos pañuelo y es que siempre hay algún imprevisto.

En cualquier caso se le pasan todos los males cuando es la hora de comenzar y nos colocamos tras la salida. Dan la salida y comienza la carrera, hasta el kilómetro 5 transcurre por el carril central del Paseo de la Castellana y cuesta abajo. Es el mismo recorrido con el que terminamos hace dos semanas y nos lo conocemos, pero procuramos controlar el ritmo porque en esta ocasión nos queda toda la carrera por delante.

Vamos disfrutando del recorrido que desde el primer metro es un lujo, el Estadio Santiago Bernabéu, Nuevos Ministerios, la Plaza de Emilio Castelar y la Plaza de Colon cada una con sus características estatuas. Para acabar cogiendo el Paseo de Recoletos hasta la Plaza de Cibeles y su diosa tirada por los dos leones. Sin darnos prácticamente cuenta ya hemos recorrido una tercera parte de la carrera y seguimos bastante frescos.

Es el momento de la primera de las dos únicas cuestas de todo el recorrido, giramos a la izquierda para tomar la Calle Alcalá en dirección a la Puerta de Alcalá. Es una de las subidas clásicas, con la puerta como referencia al fondo, de hecho es la salida de la Media Maratón de Madrid por lo que nos sirve para que mi ahijado la conozca. Rodeamos la Puerta disfrutando de pasar corriendo tan cerca y nos metemos en el túnel subterráneo, como en otras ocasiones es el momento de hacer ruido para que las paredes nos devuelvan el eco y generen ese estruendo tan característico de cientos de corredores pasando por un espacio confinado.

Ahora nos toca rodear el Parque del Retiro, los primeros metros por la calle O´Donell siguen siendo subida pero en cuanto giramos y tomamos la Avenida de Menendez Pelayo volvemos a bajar. Han sido casi un kilómetro y medio de subida, mi acompañante ha aguantado a muy buen ritmo por lo que hemos adelantado a muchos otros corredores mas conservadores que nosotros y ahora podemos correr sin tanta aglomeración.

Corremos por lo que será el final del medio maratón, por lo que hemos enganchado el principio y el final de la carrera en este tramo. Comento con mi ahijado que cuando corramos por aqui dentro de dos semanas ya estaremos seguros de acabar la media maratón y será el momento de disfrutar o de sufrir dependiendo de cómo estemos de fuerzas. La cuesta abajo termina en la Estación de Atocha en donde tomamos el Paseo del Prado para correr por delante del Jardín Botánico y el Museo del Prado. Este tramo es una subida muy suave pero las piernas se han acostumbrado a la bajada durante los últimos tres kilómetros y se resienten un poco del cambio, pero en seguida cogemos de nuevo nuestro ritmo.

Llegamos hasta la Plaza de Neptuno y al dios tirado por sus dos caballos, es el momento de girar a la izquierda y atacar la segunda cuesta del día por la Carrera de San Jerónimo hasta la Puerta del Sol. Los primeros metros por delante del Congreso de los Diputados son exigentes y hay que bajar el ritmo. Además la calle se estrecha y los corredores nos volvemos a juntar formando un pequeño tapón, tenemos que ir más atentos y me separo un poco de mi acompañante aunque no me pierde la estela en ningún momento.

Entramos en la Puerta del Sol, con mucha público animando lo que siempre es un aliciente. Ya estamos en el kilómetro 10 y mi acompañante supera su record de distancia corriendo, siguiente objetivo sobrepasar la hora de carrera sin parar. Pero ahora es el momento de disfrutar del momento de cruzar por debajo del reloj y el kilómetro cero, unos metros emblemáticos para cualquier madrileño.


Salimos de la plaza por la Calle Mayor y llegamos hasta la Plaza de la Villa, que recibe su nombre porque está el antiguo edificio del ayuntamiento. Cuando se lo comento a mi ahijado me sorprende que no tenía ni idea y es que a veces me olvido de que nos separan treinta años y el ya nació asumiendo como normales algunos de los cambios que yo viví en primera persona.

Llegamos al tramo más bonito de todo el recorrido, el paso por la Catedral de la Almudena, la Plaza de Oriente y el Palacio Real. Para mí unos de los entornos más monumentales y emblemáticos del centro de la ciudad. Mires donde mires encuentras edificios singulares llenos de historias que contar. Y como no puede ser de otro modo una de las zonas con mayor aglomeración de turistas de Madrid, las manadas de turistas sobre todo japoneses se desplazan en grandes grupos por la plaza siguiendo a su guía, es el precio que la ciudad tiene que pagar.

La carrera atraviesa de lado a lado la plaza por lo que interrumpimos el paso de los turistas, lo que provoca siempre cruces peligrosos. Algún frenazo y choque, en la mayoría de los casos sin importancia, y una mezcla de sonrisas e improperios por parte de los corredores según su estado físico a estas alturas de la carrera. Nosotros vamos con fuerzas y sonreímos sobre todo  cuando un grupo de japoneses se ponen a aplaudir justo a nuestro paso aleccionados por su guía que está claro tiene mucha guasa.

Desde aquí hasta la meta ya todo es cuesta abajo y muy favorable, por lo que nos olvidamos de reservar fuerzas y es hora de subir un poco el ritmo. Corremos ahora por la calle Bailen a la izquierda los jardines de Sabatini y abajo el rio Manzanares y a la derecha el Senado y la Plaza de España. Mi compañero aguanta bien el ritmo aunque desde hace unos kilómetros ya no habla y eso es síntoma de que tampoco va muy sobrado de fuerzas. Pero hemos superado la barrera psicológica de la hora corriendo y es un hito más en su breve carrera de corredor popular, de aquí al final solo tiene que aguantar.

A pesar de estar ya en el kilómetro 12 seguimos corriendo muy en grupo y es que en Madrid las carreras siempre son muy multitudinarias, en este caso 3500 corredores, y es difícil sentirse solo en todo el recorrido. Llegamos hasta el Parque del Oeste, el Templo de Debod queda a nuestro lado aunque no lo veamos, el parque es uno de mis lugares habituales de entrenamiento y con unas vistas espectaculares sobre la Casa de Campo. Lo rodeamos por la calle de Pintor Rosales y giramos a la izquierda para atravesar el parque y pasar por delante de la Rosaleda uno de los muchos secretos ocultos de la capital, un lugar encantador todo el año pero sobretodo en el mes de mayo cuando es el concurso de rosas y lo puedes disfrutar en todo su esplendor.

Aprovechando la cuesta abajo me he lanzado como loco, mi ahijado pierde unos metros pero me sigue mientras adelantamos a mucha gente. Llegamos a la Cuesta de San Vicente, tiene una buena pendiente y la he sufrido en subida en otras carreras pero en esta ocasión es favorable y ya estoy lanzado. A nuestra derecha la Estación de Príncipe Pio, la antigua estación del norte que es como aparece en el Monopoly, y llegamos a la Plaza de San Vicente para tomar el paseo peatonal que nos lleva al Madrid Rio y la Puerta del Rey que es donde acaba la carrera. Hay que tener cuidado porque vamos todos muy rápidos buscando la meta y el paso es estrecho y con algún banco de piedra peligroso. Voy esquivando corredores sin prestar atención a si mi acompañante me sigue.

Cruzamos el Manzanares por el Puente de Rey y mi ahijado se pone a mi altura pero en esta ocasión no le pienso dejar ganar como me ocurrió en la Carrera de los Bomberos, por lo que no bajo el ritmo hasta cruzar la meta por delante suyo. Una marca de oficial de 1:18:26, a un ritmo de 5:13 el kilómetro, una muy buena carrera y una prueba perfecta de cara a la Media Maratón.


Nos vamos a la orilla del Manzanares a estirar e hidratarnos, en la meta también nos han dado una medalla para conmemorar sus cinco primeros años de existencia, que siempre hace mucha ilusión. Mi sobrino está encantado, ha aguantado muy bien y ya ha superado un paso más en su preparación, aunque sigue con dudas de cara a la media maratón y hace bien porque los seis últimos kilómetros de la media son los más duros. Pero eso queda para dentro de dos semanas, ahora es el momento de hacernos una foto con el Palacio Real al fondo, yo la mando a la familia vía Watshap mi sobrino publica su logro en Instagram, claramente el salto generacional también se nota en estos detalles.

Ya con nuestras mochilas y recuperados del esfuerzo nos acercamos hasta la estación para que yo tome el metro hasta mi casa, mientras mi ahijado se monta en una moto eléctrica de alquiler compartido de las muchas que han invadido la capital. En la forma de movernos por la misma ciudad se nota también los casi 30 años que separan nuestras generaciones.

Mientras escribo esta crónica y narro el recorrido a mi memoria viene una y otra vez el clásico juego del Monopoly, ambientado en las calles madrileñas y al que tantas horas he dedicado de niño y luego de adulto jugando con mis hijos. Mi relación con este juego siempre ha sido de amor y odio, me ha entretenido en interminables partidas pero siempre he sido incapaz de finalizarlas. Conseguir que el resto de mis contrincantes se arruinen me resulta una labor imposible y cuando parece que lo voy a conseguir siempre caigo en una de esas calles carísimas y vuelven a equilibrarse las finanzas.

Y esta carrera transcurre por cuatro de aquellas malditas cinco calles más caras del juego, dos de las tres de color verde, Gran Vía, Alcalá y Puerta del Sol y las dos de color azul oscuro y de mayor precio del tablero, Paseo de la Castellana y la más valorada el Paseo del Prado.

Aunque reconozco que mi debilidad era conseguir las cuatro estaciones ferroviarias, Goya, Delicias, Mediodía y Norte. Y dos de ellas también se incluyen en el recorrido de esta carrera, aunque ahora son más conocidas por su nueva denominación, la estación de Atocha antigua estación del Mediodía y la Estación de Príncipe Pío antigua Estación del Norte.

    

jueves, 4 de abril de 2019

Corriendo con los Bomberos

La Carrera de los Bomberos madrileña está organizada por el Club Deportivo Bomberos de Madrid, pero sobretodo apoyada por el Ayuntamiento y eso le permite tener su salida en plena Puerta del Sol de Madrid, en el famoso kilómetro 0 de España. Son pocas las carreras populares a las que se les permite pasar por el centro de Madrid, de esas solo algunas tienen el privilegio de correr frente a la Real Casa de Correos, bajo el famoso reloj que nos anuncia cada 31 de diciembre la entrada del nuevo año, pero creo que únicamente esta carrera tiene el honor de instalar su arco de salida en plena Puerta del Sol.

Los primeros kilómetros del recorrido son un lujazo, de la Puerta del Sol por la calle Preciados hasta la Plaza de Callao para bajar por la Gran Vía hasta la Plaza de Cibeles. El corredor todavía va fresco y son metros para disfrutar del ambiente y el entorno. El resto de la carrera transcurre por el Paseo de Recoletos y de la Castellana, primero se sube dirección norte para volver en bajada. Este tramo es más habitual en otras carreras populares pero eso no le quita nada de su encanto, hay que disfrutar del paso por la Plaza de Colon, la Plaza de Emilio Castelar, los Nuevos Ministerios o el Estadio Santiago Bernabéu.

Como particularidad de la carrera la participación de los bomberos profesionales en una categoría especial, ataviados con el equipamiento completo y corriendo por equipos cargando por relevos con el EPR (Equipo de Protección Respiratorio) y sus 10 kilos más de peso. Solo nos queda animarles cuando los adelantamos en la carrera, si es que somos capaces de hacerlo.
















Domingo 26 de Febrero del 2012

Era la primera edición y yo estuve en su estreno. Es cierto que me apunte porque el recorrido inicial que publicaba la página web subía por la Cuesta de la Vega hacia la Plaza de Oriente y me hacía gracia enfrentarme a esa mítica cuesta madrileña, pero al final se optó por un recorrido por calles más anchas, que con pequeñas variaciones es el que se corre actualmente.

Recuerdo que en esa época yo acababa de empezar en las carreras populares y me apuntaba a todas las pruebas que encontraba, eran los años en que corría dos maratones anuales el de otoño y primavera. Ahora procuro ser un poco más selectivo con mis carreras aunque solo sea porque el cuerpo ya no me aguanta tantos kilómetros corriendo y protesta.
En aquella ocasión corrí con un compañero de la oficina que como yo estaba empezando en esto de las carreras, el ya no sigue corriendo lo ha cambiado por cargar con sus dos hijos. Aunque ha prometido que volveremos a correr juntos, el problema es que como tarde mucho el que no va a poder voy a ser yo.

En aquella primera edición la carrera salió de la Plaza del Carmen y los padrinos eran Martin Fiz y Fermín Cacho. Cacho fue uno de los héroes de las Olimpiadas de Barcelona ganando la medalla de oro en la prueba de 1500, pero de aquello había pasado tiempo y su barriga delataba que no estaba en su mejor forma, de hecho hacía de libre de los 50 minutos. Para nosotros resultaba una marca bastante asequible por eso decidimos en la salida que nuestro objetivo sería ganar a todo un campeón olímpico.

Cuando dieron la salida nos lanzamos como locos en la bajada por la Gran Vía para poder alcanzarle. Antes de llegar a Cibeles y coger la Castellana ya le habíamos adelantado y nos sentíamos grandes corredores. Pero entonces descubrimos por primera vez que la Castellana tiene desnivel, cuando circulas en coche la sensación es que el paseo es llano, pero cuando lo haces corriendo te das cuenta de que tiene una inclinación importante, sobre todo a partir de la plaza de San Juan de la Cruz y mucho más cuando pasas la Plaza de Cuzco.

El caso es que llegados al Bernabéu y con más de la mitad de la carrera por delante, a mi compi le dio una pájara impresionante, se quedó sin fuerzas, tuvimos que parar y ponernos a andar. Gracias a que el avituallamiento estaba cerca pudo recuperar algo de energía. A partir de ese momento el resto de la subida hasta la Plaza de Castilla fue un suplicio, yo intentaba animarle pero fue imposible. Fermín Cacho y su grupo nos adelantaron y no pudimos hacer nada por seguirles.

Solo una vez que giramos y el recorrido se hizo más favorable recupero los ánimos y pudimos volver a correr, pero ya a un ritmo lento y sin ninguna posibilidad de recuperar el tiempo perdido. Cruzamos la meta en un tiempo superior a los 54 minutos y sobretodo no podremos contar a nuestros nietos que nosotros ganamos a todo un campeón olímpico.














Domingo 10 de Marzo del 2019

Siete años después de aquella primera edición me vuelvo a poner en la salida de esta carrera. Desde aquella ocasión no había vuelto a correrla y la verdad es que no tengo una razón, simplemente no había cuadrado en mi calendario, porque la verdad es que la carrera merece la pena.

En esta ocasión tengo la compañía de mi ahijado. Nos apuntamos como preparación para la Media Maratón de Madrid que el correrá por primera vez. La historia comienza en Navidades cuando se le ocurre comentarme que le gustaría hacer una media maratón. Yo agarro la presa y ya no la pienso soltar, últimamente me cuesta encontrar acompañantes en mis carreras y esta es una buena oportunidad. Eso si tiene que comprarse zapatillas y ponerse a entrenar, aunque es un gran deportista y con su físico y su edad no le va a costar nada prepararse.

Transcurridas las semanas me va contando sus avances, pero como a todos los que se inician le cuesta alargar las tiradas y se aburre. Por eso le apunto a esta carrera para que se estrene en una carrera con dorsal y se pruebe antes de afrontar los 21 kilómetros. Sera la primera vez que corra diez kilómetros seguidos y se le nota responsabilizado o mejor dicho asustado.

Quedamos en mi casa y vamos en metro hasta la Puerta del Sol, llegamos con tiempo suficiente para dejar la ropa en el guardarropa, ponernos los dorsales y posar para la foto de recuerdo de la primera carrera de mi ahijado. A mi compi le pueden los nervios y tiene que ir al baño, pero como siempre la cola, en los pocos baños químicos que hay preparados, es larga. Por lo que los últimos minutos los pasamos esperando en la cola en lugar de calentar. Apurado pero al final le da tiempo y ya con todo en orden nos ponemos tras la salida al final del grupo.


Delante salen los bomberos ataviados con todo su equipo, no recuerdo que en la primera edición corrieran disfrazados. Por fin nos llega el turno de salir a nosotros, los primeros metros por la calle Preciados hasta la Plaza de Callao, son complicados porque somos muchos corredores y además hay que tener cuidado con los obstáculos de la calle y los peatones que se cruzan.

Pero cuando llegamos a la Gran Vía correr es un placer, el día es magnífico y los dos vamos a un ritmo alegre en medio de un grupo bullicioso que disfruta del momento. Llegamos a la Plaza de Cibeles y tomamos el carril central de la Castellana, el novato aguanta estupendamente aunque procuro que el ritmo sea suave y siempre pendiente de no asfixiarle.

Un voz detrás nuestro grita “ASIAIN !!”, nos volvemos y es la hija de mi primo que también participa en la carrera. Nos saludamos, va sola porque su hermano que la acompañaba corre a otra velocidad y va por delante. Le animamos a que se junte a nosotros, pero ella va a su ritmo y hace muy bien. Nos despedimos y continuamos.

Llegamos a la altura de los Nuevos Ministerios y el circuito empieza a empinarse, bajo un poco el ritmo, pues aunque por ahora le veo muy fresco no conviene forzar las piernas. Llegamos al avituallamiento y cojo una botella para los dos, es preferible que no cambie el ritmo. Ya solo quedan los metros finales de subida y en seguida estamos en el kilómetro 6 donde giramos para tomar la Castellana en dirección contraria. A partir de ahora es todo bajada.

Al fondo distingo el globo de los 55 minutos, es una buena referencia y sin comentarlo con mi compi subo un poco el ritmo para alcanzarlo. Cada vez lo tenemos más cerca y mi ahijado se da cuenta, para él es un subidón y ahora es él el que aumenta el ritmo sin darse cuenta. Le dejo hacer y adelantamos al globo antes de pasar por el kilómetro 8.

Los dos últimos kilómetros son de disfrute total, a mi ahijado se le han quitado todos los miedos y esta encendido. Intento que mantengamos un ritmo constante, porque es importante que entre con buenas sensaciones y no fundido, pero va tan sobrado que a 200 metros de la meta acelera para esprintar, intento seguirle pero desisto, es su momento y le dejo que lo disfrute solo.

Ya en la meta lo celebramos juntos, está encantado y yo más de verle feliz. Ha conseguido una espléndida marca de 51:30 y aunque él no se lo crea podía haber bajado sin problemas de los 50 minutos. Repite una y otra vez que nunca había corrido tanto ni tan rápido, pero todavía ve lejos el objetivo de la Media Maratón de Madrid.


Especial mención hay que hacer al grupo “Egoísmo Positivo”, que como otros años en esta edición corrieron con más de 10 personas en silla de rueda empujadas por un alegre y concurrido grupo de acompañantes. Nosotros nos cruzamos con ellos cuando subían por la Castellana y todos los corredores les aplaudimos y les dimos las gracias por honrarnos con su participación.

En otras ocasiones me he cruzado en carreras populares con corredores en sillas de ruedas, empujadas por compañeros y amigos y siempre la sonrisa del que va sentado en su silla y el orgullo del que la va empujando es una lección de vida, una demostración de cómo uno puede enfrentarse y vencer a las dificultades. Y yo solo puedo aplaudirles, animarles y agradecérselo.

Personalmente sé que cuándo algo grave nos cambia de repente la vida, puedes pensar que tu vida se ha roto y que tus proyectos se acabaron o puedes pensar que se te han abierto nuevos retos y una vida de ilusiones distintas, solo uno es él que decide cómo afrontar el cambio.

miércoles, 27 de marzo de 2019

VIII Media Maratón Ciudad de Salamanca - Universitaria y monumental

Domingo 3 de Marzo del 2019

Aunque se trata de una Media Maratón relativamente joven, con solo siete ediciones a sus espaldas, la carrera de Salamanca se ha convertido en una de las más populares entre los corredores. Los 2600 dorsales que ofrece la Organización parecen pocos, teniendo en cuenta que se agotan en pocos días y dejan a muchos corredores sin la posibilidad de correr por las calles salmantinas. Pero ciertos tramos del recorrido estrechos y revirados y el mantener el paso por las zonas más céntricas de la ciudad hacen que no sea recomendable aumentar el número de participantes para poder mantener la calidad de la carrera. Por lo que, el que quiera un dorsal deberá estar atento, en mi caso el año pasado me quede sin poder correrla pero en esta edición me hice con mi dorsal el mismo día que abrieron las inscripciones.
 
El recorrido de la carrera está compuesto por una sola vuelta a un circuito muy variado con tramos completamente distintos que se adaptan a los distintos gustos de todos los corredores.

Los tres primeros kilómetros son de calentamiento por avenidas muy anchas en los nuevos barrios de la ciudad. Es un tramo perfecto para que cada uno se situé en la posición dentro del pelotón de acuerdo con su ritmo de carrera. Alguna aglomeración en la salida pero a los pocos metros ya se corre sin problemas. Tras este primer tramo es el momento de correr por el casco antiguo de Salamanca y disfrutar de sus monumentos, son cinco kilómetros por calles estrechas y adoquinadas donde es más complicado correr pero en donde el entorno es espectacular y donde la animación es mayor. Para los que ya solo corremos para disfrutar y nos olvidamos de las marcas es el tramo preferido de la carrera.

El tercer tramo son siete kilómetros que transcurren por una de las zonas verdes del exterior de la ciudad en donde se corre por una larga y recta avenida, para acabar en una dura subida que luego hay que bajar para volver de nuevo a la ciudad por el carril bici. No es el tramo más animado de la carrera, pero es una zona muy rápida y el entorno natural anima a correr. A continuación toca correr tres kilómetros por la ribera del rio Tormes, primero disfrutamos de cruzar el río por el Puente Romano con la espectacular vista de la ciudad, para coger el Paseo Fluvial que transcurre pegado al río. Se corre solo por el carril bici dejando libre la zona peatonal. Es un tramo con buen firme pero estrecho, además no está cerrado para la carrera por lo que está bastante concurrido por caminantes, paseantes y ciclistas, todo un reto para los corredores.
   
Abandonado el río nos esperan dos kilómetros de continua subida, que hacen de este quinto tramo el más exigente de la carrera, además se llega con muchos kilómetros en las piernas y se nota. Las calles anchas y el buen firme facilita algo el esfuerzo pero hemos tenido que reservar fuerzas sin no queremos sufrir bastante, es el momento de apretar los dientes. Pero el último tramo de carrera es un kilómetro de bajada para disfrutar, lanzarnos sin reservar porque ya sabemos que vamos a llegar a la meta y vamos a finalizar la media maratón de Salamanca.

La Organización impecable, a destacar que la recogida de dorsales, el ropero y las duchas tras la carrera estén todas juntas en el polideportivo punto de salida y llegada de la carrera. La bolsa del corredor y los avituallamientos buenos, incluida medalla y bolsa de lentejas en la llegada. Pero lo mejor sin duda de la carrera el buen ambiente, por parte de los corredores, de los voluntarios y de la propia ciudad que se vuelca con la prueba permitiendo que la tomemos al asalto durante varias horas y sin necesidad de madrugar comenzando a las 10:30 en un horario muy turístico pero en general vetado para los corredores.













Amanezco el domingo y después de prepararme y despedirme de la familia voy caminando desde el hotel hasta el Parque de la Alamedilla, donde es la salida de la carrera. Son 15 minutos andando y me sirve para despejarme un poco después de la mala noche que he pasado, las sensaciones no son las mejores para ponerme a correr una media maratón, pero no es algo que yo haya elegido y tendré que intentar sobreponerme.

En esta ocasión no me pierdo y llego sin problemas al parque. Dentro del polideportivo recojo mi dorsal en las mesas habilitadas, hay poca cola y lo hago rápido. Aunque he desayunado en la habitación me acerco a una cafetería cercana que acaban de abrir para tomarme un café y al final también me animo a comer algo.  He puesto a la camarera en un compromiso, pues ni ella ni la cocinera que está preparando los almuerzos saben el precio del croissant que me han servido y tiene que llamar por teléfono, supongo que al dueño, para poderme cobrar. Resuelto el problema vuelvo al polideportivo para cambiarme y dejar la mochila en el guardarropa. Ya preparado toca una vez más la foto para la posteridad, en este caso me coloco delante de las banderas de la carrera para demostrar que estoy en Salamanca.


Me voy a calentar un poco por los alrededores del parque mientras que entrevistan al alcalde que es el encargado de dar la salida y es que al parecer la carrera es todo un acontecimiento en la ciudad. No tengo muchas ganas de calentar y en cuanto por la megafonía avisan de que los corredores nos vayamos poniendo detrás del arco de salida me dirijo directo a mi puesto.

Me coloco en la parte trasera del pelotón, no me encuentro ni con ánimos ni con cuerpo para correr rápido en esta ocasión, el objetivo es acabar sin sufrir demasiado. Después del carreron en Coruña parece difícil que mejore la marca de 1:40, me conformo con volver a bajar una vez más de la 1:50 en la distancia este año.

Dan la salida y salgo despacio, además la salida es cuesta arriba y el grupo avanza lento y perezoso, está claro que como yo hay muchos corredores que piensan tomarse con calma los 21 kilómetros de la carrera. Los primeros metros nos alejan del centro de la ciudad, pero superado el km 2 giramos y nos dirigimos de vuelta para cruzar todo el caso antiguo de la ciudad de Salamanca, un verdadero lujo para cualquier corredor.

Entramos en la ciudad por la Puerta de Zamora, actualmente es el nombre de la plaza pero antiguamente era una de las 13 puertas que tenía la muralla de Salamanca que encerraba la Ciudad Nueva a partir del siglo XII. Dejamos a nuestra derecha la Parroquia de San Marcos y su peculiar planta circular para tomar la calle de Zamora que nos llevara hasta la Plaza Mayor de Salamanca. En esta parte del recorrido ya hay mucha gente, la mayoría turistas a los que la carrera ha pillado por sorpresa pero también muchas personas que han venido expresamente a animarnos.

Llegamos a uno de los momentos mágicos de la carrera, el paso por la Plaza Mayor. Sin dudarlo puedo afirmar que es la plaza mayor más emblemática de toda España y eso que siendo yo gato debería defender la madrileña. Pero no por la belleza y grandiosidad de los soportales y la fachada del ayuntamiento, ni siquiera porque este situada en el centro del casco turístico, sino principalmente porque es una plaza con una vida increíble. A la hora que vayas siempre encontraras gente disfrutando de ella, ya sea tomando el aperitivo al mediodía o las copas nocturnas. Ya sean mayores, niños o estudiantes siempre esta animada, sobretodo cuando los tunos la toman al asalto.


Esta mañana de domingo la plaza es para los corredores y la atravesamos entrando por el ayuntamiento y saliendo por el lado opuesto hacia la Rua Mayor. Un pasillo humano nos flanquea y anima a nuestro paso, yo busco a mi familia con la que he quedado en este punto, pero abandono la plaza sin haberlos localizados. Al final de la carrera me dirán que ello si me vieron pasar, lo cual es un consuelo, pero que estaban al lado contrario de lo previsto porque también había una quedada motera en la plaza y no les dejaron quedarse en el lado acordado.

Tomamos la Rua Mayor que atraviesa el casco antiguo hasta la Plaza de Anaya, siempre con la vista de las monumentales torres de la Catedral como referencia al fondo. Pero la carrera se desvía sin llegar a la catedral para dejarnos con la ilusión de correr a su sombra. El recorrido nos lleva ahora a la Calle Libreros para pasar por delante de la Fachada de la Universidad, a la velocidad que corremos no nos da tiempo a descubrir la famosa rana escondida en el espectacular frente plateresco que decora la entrada a la universidad.

El recorrido es en bajada y las piernas van solas mientras disfrutamos del paseo por las calles salmantinas. El único inconveniente es el pavimento adoquinado de las calles, que resulta muy bonito pero muy incómodo para el corredor. La mayoría de los corredores buscamos las aceras o las zonas más lisas, aunque algunos se pasan y realizan unos recortes espectaculares al recorrido, yo procuro mantenerme en el trazado pero debo reconocer que al final de la carrera mi reloj marca algo menos de los 21 kilómetros de la carrera, y eso es raro porque normalmente suele ser al contrario y en las carreras hago más metros de los necesarios.


Ahora volvemos sobre nuestros pasos para no abandonar la ciudad sin correr por la Calle Serrano y la Rua Antigua para disfrutar de las fachadas de la Casa de las Conchas y de la Clerecia. Debo confesar mi debilidad por la fachada engalanada de conchas, me parece de lo más original y sin tener que recurrir al exceso de otros edificios consigue que todos recordemos e identifiquemos este palacio frente a cualquier otro.

Mi carrera continua por la Calle de la Compañía, según muchos la calle más bonita de Salamanca, hasta llegar a la altura del Palacio de Monterry y desviarnos hacia el Campo de San Francisco, que junto al Parque de Calixto y Melibea es una de las pocas zonas ajardinadas dentro del casco antiguo y que tiene mucho encanto. Sin salirnos todavía del casco antiguo recorremos un par de kilómetros más, casi todo en bajada lo que anima a correr en esta mañana espectacular en Salamanca. Se acabaron los monumentos y solo pasamos cerca del moderno y gigantesco Palacio de Congresos y Exposiciones de Castilla y León.

Llegamos por la calle Parma hasta la Plaza de los Milagros, en donde se supone estaría la Puerta de San Vicente de los Milagros que cerraba la muralla, para salir de la ciudad y cruzar el río Tormes. Se acabó la parte más bonita de la carrera y se me han pasado rápidos estos 8 primeros kilómetros de la media disfrutando mucho del recorrido.

Abandonamos la ciudad en dirección a Vistahermosa, se supone que por esta zona estaba la antigua calzada romana que da origen a la Vía de la Plata, camino que cruza Salamanca en su trayecto de Sevilla a Santiago de Compostela. Ahora empiezan 6 kilómetros que trascurren por fuera de la ciudad en la zona verde a la orilla del Arroyo del Zurguén que descarga sus aguas en el Tormes. Nos alejamos corriendo por una ancha avenida, muy recta de la que desde el primer metro ya veo el final y la fila de corredores que me preceden, desanima un poco ver la distancia que nos queda por recorrer y mis fuerzas se vienen un poco abajo. Además ahora ya hemos perdido la protección de la ciudad y el viento arrecia y nos pega de costado lo que complica aún más avanzar.


Intento que las malas sensaciones no me afecten y me concentro en mantener mi ritmo y avanzar metro a metro. Solo un grupo que nos anima ruidosamente y aplaudir a los corredores de la cabeza que ya vuelven hacia Salamanca, me saca de mis pensamientos negativos.

Cuando ya estoy llegando al final de la avenida, veo como la carrera gira a la izquierda para dirigirse a una zona de pisos de poca altura y chalets que está situada en una pequeña loma que se eleva sobre la ribera del arroyo. Y lo que es peor veo la rampa que tendremos que superar para alcanzar el alto de la loma. Pero después de tantas carreras y de haber pasado por sensaciones parecidas en otras ocasiones, se que es solo cuestión de apretar los dientes e intentar verlo todo en positivo. Me concentro solo en lo bueno que me espera, primero cuando gire a la izquierda el viento me dará de espalda y me empujara para subir, segundo hay un avituallamiento para recuperar fuerzas justo antes de empezar la cuesta y tercero y principal todo lo que sube luego tiene que bajar y dejarse caer por esa rampa va a ser un gustazo.

Con esta nueva mentalidad ataco la rampa con los ánimos renovados y voy adelantando a corredores a los que la cuesta se les atraganta y sin darme cuenta ya estoy arriba. Todavía nos quedan unos metros por las calles que atraviesan los edificios y rodear un campo de futbol situado en lo más alto de la loma. Diviso unos metros delante de mí el globo de la hora y 50 minutos, lo que me da más ánimos para no bajar el ritmo e intentar alcanzarlo. Me pongo a su altura a pocos metros de empezar la bajada de la cuesta y decido que no me voy a parar, me lanzo en la cuesta y antes de que termine la bajada ya he adelanto al grupo que se forma alrededor de la liebre.

Ahora volvemos corriendo por el carril bici que transcurre paralelo a la avenida por la que hemos venido, es más estrecho y hay que ir más atento a los demás corredores pero yo ya estoy lanzado y mantengo un ritmo alegre. Todavía me cruzo con algunos corredores que aun vienen de frente y a los que les quedan varios kilómetros para volver. El carril bici se aleja de la avenida para cruzar por un túnel bajo la vía del tren y transitar por el centro de la zona verde más cerca del arroyo, es una zona bastante bonita en donde nos cruzamos con algún ciclista y andarín pero con poca animación.

Ya tomamos las calles asfaltadas para dirigirnos hacia el Puente Romano y volver a cruzar el Tormes para regresar a la ciudad. Justo cuando voy a tomar la entrada al puente me encuentro con mi cuñado, no estaba previsto y me hace especial ilusión. Le pido que me haga una foto con la catedral al fondo para inmortalizar el momento de cruzar el rio, para ello recorro unos metros marcha atrás con cierto peligro pero merece la pena. Me despido de él y cruzo por el puente con la ciudad al fondo y las aguas del Tormes bajo mis pies, es otro de los momentos mágicos de esta carrera y  que recordare por muchos años.


Nada más cruzar el puente está el avituallamiento. Después de haber desconectado durante unos minutos tengo que volver a la carrera y es el momento de tomar el gel con el que cargo desde la salida y que espero me de las fuerzas necesarias para llegar a meta. Aunque los ánimos vuelven a estar altos sé que mis piernas hoy no están tan finas y debo seguir las rutinas de otras carreras para evitar al tío del mazo.

Yo pensaba que una vez cruzado el rio volveríamos a la ciudad pero la carrera continua por el carril bici del Paseo Fluvial que va pegado a la ribera del rio. Podemos disfrutar del rio mientras corremos, pero es una zona bastante concurrida de gente que pasea y además el camino es bastante estrecho lo que obliga a ir atento y no despistarse mirando el paisaje. Tengo que adelantar a un par de equipos de corredores que corren en grupo formando un pequeño tapón, pero la verdad es que en cuanto se dan cuenta de que mi ritmo es más rápido procuran cederme el paso y hasta me animan cuando les paso. Son casi 2 kilómetros pegados al rio bastante planos y rápidos, aunque mis fuerzas están justas y procuro no animarme en exceso porque sé que queda la última gran subida.

Al abandonar el paseo hay una rampa corta pero muy pronunciada que a estas alturas me bloquea un poco las piernas. Me cuesta unos metros cambiar el ritmo pero en seguida recupero la cadencia y es que a estas alturas de carrera cualquier pequeño esfuerzo se sufre. A partir de este momento el trazado se empina en la cuesta de la Aldehuela, Fernando III el Santo y la Reina Berenguela. Al principio suavemente casi inapreciable pero al llegar a la rotonda a la altura del kilómetro 18  y medio el desnivel empieza a ser mayor y las piernas lo notan.

Aunque hasta ahora la carrera la he llevado muy bien, sé que no estoy tan fino como en las últimas medias maratones y llevo toda la carrera esperando que las fuerzas me fallen. Me da miedo que este sea el momento en que me choque con el muro, que en la media también existe. Por eso bajo mi ritmo y me dispongo a sufrir, pero según voy superando los metros de subida mi ritmo no solo se mantiene sino que es más alegre. Está claro que hoy mi cuerpo me está respondiendo mejor que mi cabeza y eso hay que aprovecharlo. Ya sin miedo supero el kilómetro y medio de fuerte subida sin bajar demasiado mi ritmo.


Llego a la rotonda que marca el final de la subida, ya solo queda un kilómetro a la meta y además claramente favorable, es el momento de lanzarse hasta el final y no reservar. Durante la subida he superado a una chica que iba a muy buen ritmo y que se ha pegado a mi rueda para superar la cuesta, por eso me vuelvo hacia ella para animarla a que me siga hasta la meta. Es quizás el primer momento en toda la mañana en que dejo de pensar que no estoy fino y disfruto de correr deprisa, mi acompañante me sigue a duras penas y en varias ocasiones tengo que bajar un poco el ritmo para que no se queda atrás, va haciendo lo que se llama vulgarmente la goma.

La bajada termina en el Parque de la Alamedilla donde habíamos comenzado y ya solo queda dar la vuelta al parque y cruzar la meta. Ya no me vuelvo para ver si me sigue y me lanzo para acabar en el mejor tiempo posible. La gente y los corredores que ya han llegado se agolpan a ambos lados del recorrido y animan a nuestro paso. Cruzo el arco de meta en un tiempo de 1:45:42 por mi reloj, una magnifica marca para las malas sensaciones que me han acompañado durante toda la mañana desde que me he levantado.

Después de recuperar las fuerzas en el avituallamiento es el momento de volver al polideportivo para darme una ducha. Recojo mi mochila y me dirijo a los vestuarios, somos muchos corredores y pocas duchas, pero con un poco de paciencia y mucho buen humor vamos acicalándonos todos los corredores después del esfuerzo.


Localizo a mi familia que está visitando el Convento de San Esteban y allí me dirijo andando, llego justo cuando ellos están saliendo de la visita y es el momento perfecto para hacer una pausa y tomarnos unas cervezas sentados en una terraza al solecito. De allí al Mesón de Gonzalo donde hemos reservado para celebrar que hoy es el cumpleaños de mi mujer y donde nos damos el homenaje del fin de semana. Me lo recomendó una compañera de trabajo que es salmantina y es un local moderno y cómodo, con unos entrantes de cocina elaborada y unas carnes espectaculares que lo hacen totalmente recomendable aunque haya que rascarse el bolsillo.

Que contar de Salamanca, una ciudad preciosa y animadísima que nunca defrauda cuando la visitas. En esta ocasión descubrí nuevos rincones que en anteriores ocasiones no había visitado, como el Cielo de Salamanca en las Escuelas Menores, la visita a las Torres de la Catedral con sus espectaculares vistas del interior de la Catedral Antigua y de la ciudad de Salamanca desde las alturas, el Campo de San Francisco o la fachada de la Casa de las Muertes. Y volví a reencontrarme con la Casa de las Concha, sus dos catedrales pareadas la Nueva y la Vieja y como siempre me quedo con la Vieja o el maravilloso encanto de su Plaza Mayor. Pero una vez más me quedaron muchos rincones y monumentos que visitar por lo que tendré que volver de nuevo.


Además mi mujer ha podido celebrar su cumpleaños con sus hermanas de forma especial que era el objetivo real de este viaje, el que yo corriera la Media Maratón solo fue un extra que me di por ser el organizador. El único pero fue que mi hijo mayor se levantó con fiebre el sábado y no pudo venir con nosotros y la verdad es que le echamos mucho de menos.