viernes, 31 de enero de 2020

XII La Nocturna de Toledo - Carrera Imperial


Sábado 19 de Octubre del 2019

La Nocturna toledana es una de esas pocas carreras que puedes recomendar a todos los corredores independientemente de su nivel o motivación con la seguridad de que van a disfrutar mientras corren, aunque quizás no sea la mejor para aquellos que quieran correr rápido o buscar una marca.

La carrera ofrece dos distancias, una larga de 8 km que resulta algo “extraña” ya que estamos más acostumbrados a los típicos 10K y una corta de 5 km más asequible para cualquier corredor. Comparten recorrido y meta pero la salida de la larga es desde el Puente de Azarquiel al otro lado del rio y la corta se incorpora en el interior de la Plaza de Toros. Las salidas se desfasan 15 minutos lo que quiere decir que debes correr rápido los tres primeros kilómetros si quieres evitar las aglomeraciones que se producen a la salida de la plaza de toros o dejarte llevar para cruzar la plaza cuando ya se hayan incorporado los corredores de la carrera corta, ante todo se debe evitar coincidir por que el atasco es tal que te obligara a pararte.

Mucho cuidado porque el recorrido es duro, nos tendremos que enfrentar a cuestas empinadas, curvas constantes y un suelo adoquinado. Además en algunos tramos del centro  las calles se estrechan y hay que tener cuidado de no tropezar con otros corredores.

Pero lo que hace realmente especial a esta carrera es el recorrido, se sale desde el Tajo para recorrer los primeros kilómetros por fuera de la ciudad imperial completando prácticamente una vuelta completa alrededor del casco antiguo, para luego entrar en el y recorrer sus calles y plazas, rodeando la Catedral y acabando frente al Alcázar Toledano.

El recorrido exterior bordea parte de la muralla dejando a su paso la Puerta de Alcántara, la Puerta del Sol y la Puerta de Bisagra y llevarnos hasta el interior de la Plaza de Toros para correr por su albero. El rio se cruza en tres ocasiones nada más comenzar por el moderno Puente de Azarquiel desde donde disfrutaremos de las mejores vistas posibles de la ciudad, por el Puente de la Cava para volver a los pocos metros por el maravilloso Puente de San Martin y disfrutar de uno de esos momentos mágicos de la carrera.

Pero lo mejor del recorrido comienza cuando atravesamos la Puerta del Cambrón para entrar en la ciudad y dejarnos envolver por el encanto y la magia de una ciudad como Toledo. Tras cada esquina nos espera una sorpresa, una experiencia distinta, algo especial y como corredor solo hay que intentar disfrutarlo si el físico y las piernas te lo permiten. Y todo ello además envuelto en la magia que da correr por la noche, con las calles y edificios iluminados y esa sensación de clandestinidad que da la oscuridad.

La carrera dispone de todos los servicios que se puedan esperar de una prueba de este tipo, bolsa del corredor, camiseta conmemorativa, medalla, avituallamiento, ropero y duchas en la meta. A destacar la posibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera lo que agradecemos los que venimos de fuera de la ciudad y la existencia de aparcamientos gratuitos cercanos a la salida. Además la carrera te obsequia con la pulsera de Toledo que permite visitar gratuitamente algunos de los monumentos de la ciudad durante todo el fin de semana y así pasar el día visitando Toledo.













Hay carreras que recordaras siempre por su recorrido, porque corres por parajes especiales y bellísimos, porque pasas por monumentos o edificios emblemáticos que estudiabas en los libros del colegio o simplemente porque las calles por donde avanzas tienen un sabor especial.

Otras carreras las tendrás en tu memoria por el ambiente antes, durante o después de correr. Por toda esa gente que te anima a lo largo del recorrido y que aunque no te conoce está deseando que consigas tus objetivos. Porque la animación en cada esquina es brutal o en la meta te reciben como si hubieras ganado y eso te hace olvidarte de tu sufrimiento.

Y algunas no las puedes olvidar por el día en que las corriste, porque coincidió con el aniversario de un día especial en tu vida como tu cumpleaños, la fecha de tu boda o el día de tu Patrón o te recuerda a alguien especial que te abandono en esa fecha hace pocos o muchos años pero que siempre está presente.

También están aquellas que no puedes olvidar por las circunstancias a las que te tuviste que enfrentar y que hicieron de esos kilómetros algo épico. Esa carrera con un viento huracanado que no te permitía avanzar, aquella lluvia torrencial a mitad de recorrido que te dejo helado y empapado hasta los hueso o aquella tórrida mañana en donde corriste buscando siempre la sombra y algo de agua como un perdido en el desierto.

Tengo la suerte de que en la mayoría de las carreras en que he participado al menos se ha dado algunas de las circunstancias anteriores que hacen que las recuerde con cariño. Pero en  la Nocturna de Toledo por primera vez se juntaron todas en una sola carrera para hacer de esos kilómetros algo inolvidable.

Un recorrido espectacular desde la salida hasta la meta, con rincones y callejas que te dejan huella y acrecentado por el horario nocturno. Un público entregado que animaba al paso de los corredores en cada esquina y plaza a pesar de la incomodidad de las circunstancias. Su cercanía con la fecha de mi 52 cumpleaños y a mi edad siempre hay que celebrarlo. Pero sobre todo por la lluvia torrencial que descargo sobre los corredores en cuanto se dio la salida a la carrera y que produjo auténticos ríos en las calles toledanas en los que chapoteábamos mientras corríamos.

Casi siempre que corro fuera de Madrid procuro ir con la familia, en esta ocasión aprovechando la proximidad de Toledo y que la carrera es nocturna la idea era ir a pasar el día para disfrutar de la ciudad imperial, comer tranquilamente y luego me esperarían en las calles del casco antiguo para verme pasar. Pero la previsión de lluvias durante todo el día cambio los planes y decidí ir directamente a correr y dejar para el año que viene la excursión toledana.


Por lo que tras comer con la familia y después de descansar algo, me voy solo a Toledo aunque mi enana insista en acompañarme. Al llegar a la ciudad me dirijo directamente a retirar el dorsal, por la previsión de lluvia han trasladado la feria al  Centro de Recepción de Turistas Toletum, una más de esas obras millonarias que podemos encontrarnos por toda España y que han quedado en desuso por las disputas políticas.

Como yo muchos otros corredores están recogiendo el dorsal, hay mucha animación en el parking exterior pero dentro de la feria muy poco ambiente. Resulta algo triste y solo anima a coger nuestro dorsal y salir corriendo, aunque la ventaja es que no hay que esperar.

Siguiente parada el parking de Azarquiel al otro lado del Tajo pegado a la salida de la carrera para abandonar el coche. Pero aunque todavía faltan un par de horas para comenzar la carrera el acceso al puente ya está cortado por la policía y es que por el puente transcurren los primeros metros de la carrera. Nos desvían al  parking del Safont situado antes de cruzar el rio, hay un buen follón en la entrada pero con un poco de paciencia consigo aparcar el coche.

Ahora sí que estoy preparado, pero todavía es pronto para ir a la salida por lo que dudo entre quedarme en el coche pues hace fresco o aprovechar el tiempo para dar un paseo y disfrutar de Toledo. La tarde anima a pasear y abandono el refugio del coche, pero me quedo con el chubasquero puesto por si llueve. Hasta ahora el cielo nos ha respetado y no está lloviendo, todos los corredores estamos rogando para que aguante un par de horas más hasta que termine la carrera.

Cruzo tranquilamente el Puente de Azarquiel disfrutando de las vistas impresionantes del Alcázar y el casco antiguo de Toledo. El puente esta tomado ya por los corredores y sus acompañantes y en el arco de salida hay mucho ambiente. Me alejo caminando por la ribera del rio hasta el Puente de Alcántara que junto al Puente de San Martin eran antiguamente los dos únicos pasos sobre el Tajo. Este puente conecta el Castillo de San Servando con la ciudad a través de la Puerta de Alcántara. Cruzo la puerta para entrar en la ciudad que me recibe con una calle empinada y empedrada característica común a todo el casco toledano. Para el corredor es una mala combinación pero tiene un encanto especial como descubriré durante la carrera.


Va anocheciendo y la ciudad se ilumina, regreso al otro lado del rio para comprobar que ya luce esplendido el Alcázar, que es el punto de meta de la carrera. Viéndolo tan arriba desde el rio podemos hacernos una idea clara del esfuerzo que va a significar terminar la carrera.
Vuelvo al puente de Azarquiel y caliento un poco antes de la carrera, la noche no es fría pero en cuanto se ha ido el sol la temperatura ha bajado un par de grados. Se acerca la hora y me quito el chubasquero que me protegía para atármelo a la cintura, en cuanto empiece a correr estoy seguro que me va a sobrar todo. Nos vamos colocando tras el arco de salida situada solo en uno de los lados de los dos sentidos del puente, aunque en cuanto lo crucemos podemos ocupar ambas direcciones para cruzar el rio.

No tengo ninguna previsión de marca, es una distancia poco habitual y lo que quiero es disfrutar del recorrido por lo que me coloco bastante atrás. Tras darse la salida aun tardo un rato en cruzar el arco, no es que seamos demasiados corredores pero creo que todos hemos optado por tomárnoslo con calma y guardar fuerzas para los últimos kilómetros que son muy exigentes.

Ha sido darse la salida y empezar a llover parecía que el cielo estaba esperando también el pistoletazo de salida para descargar. Todavía llueve flojo y se soporta bien, pero no da la impresión de que vaya a parar, al contrario parece que va a más.

Cruzamos el rio con muchísima gente animando a ambos lados y al llegar a la rotonda giramos a la izquierda para tomar la ronda paralela al río que nos lleva hasta el Puente de Alcántara. Pero unos metros antes de llegar a su altura nos desviamos a la derecha para comenzar la primera cuesta importante que nos lleva hacia Toledo. Corremos en paralelo a la muralla subiendo hasta la Puerta del Sol que dejamos mientras continuamos subiendo y subiendo.


El primer paso marcado en el recorrido es la Plaza de Toros, se atraviesa corriendo por el interior del coso, lo que tiene cierta gracia. Además es el punto de partida de la carrera corta de 5K y cuando llego acaban de dar la salida unos minutos antes, por lo que se ha formado un gran embotellamiento para salir por la puerta de chiqueros. Tengo que parar de correr y andando salimos como los toros camino del matadero, se me corta el buen ritmo que traía y además con la lluvia que empieza a caer de forma importante me quedo algo frio.

Por fin conseguimos salir de la Plaza de Toros de vuelta hacia la ciudad, intento adelantar a los corredores más lentos pero es muy difícil porque las calles son estrechas, en más de una ocasión se produce algún encontronazo. Sé que no debería pero cierro a algún corredor cortándole la trayectoria para adelantarle, pero es que se corre en grandes grupos que ocupan toda la calle y bloquean el paso, es un poco caótico.

Por fin salimos a la Calle Duque de Lerma y se vuelve a correr con cierta tranquilidad, llegamos a la altura de la Puerta de la Bisagra una de las más emblemáticas de la ciudad. En este punto hay muchísimo publico animando, ya es de noche cerrada y la iluminación hace de este paso algo realmente emocionante del que procuro disfrutar todo lo que puedo.
Ahora bajamos por la Avenida de la Cava de vuelta al Tajo, perdiendo toda la altura que habíamos ganado. Son unos kilómetros muy cómodos para recuperar fuerzas pero con cuidado de no resbalar pues la lluvia empieza a mojarlo todo, incluido a los corredores que ya vamos empapados y chorreando agua. A la carrera se han incorporado un montón de chavales jóvenes que corren con sus padres o con sus clubs de atletismo, es algo que no es normal en las carreras populares y es muy de agradecer.

Cruzamos el rio por el moderno puente de la Cava y bordeamos por la ribera para volver a entrar a la ciudad a través del Puente de San Martin, es otro de los pasos marcados en el recorrido y de los más bonitos de toda la carrera aunque el camino se estrecha y hay que reducir el ritmo para evitar problemas. Toca subir de nuevo, paradójicamente en esta ocasión por la Bajada de San Martin, y entrar en el casco de la ciudad por la Puerta del Cambrón quizás la más la antigua de todas.

Ya está diluviando y las calles parecen ríos, además como subimos vamos contra corriente, no hay forma de evitar el chapoteo y decido que me da igual, corro por medio de la corriente mojándome zapatillas y calcetines. Empezamos a correr por callejuelas estrechas, en algunas no hay ni aceras y se corre encerrado entre las paredes de las casas que la flanquean. El recorrido se hace mucho más revirado, es una continuación de curvas y repechos bastante exigentes, pero muy divertido.


Y es cuando la adrenalina se me dispara y empiezo a subir el ritmo adelantando a corredores mientras les animo gritando “vamos campeones”, “ya queda poco”, “venga que el final de la cuesta esta hay cerca”. Ya me había ocurrido en otras carreras pero esta vez no me corto, total nadie me conoce. Las reacciones de mis compañeros de carrera varían desde la cara que me ponen algunos de este tio es un cretino a las sonrisa de complicidad y las gracias de otros que agradecen los ánimos. No faltan los que se animan a subir su ritmo y venirse conmigo y hasta algún picado acelera para dejarme atrás y marcar territorio.
Y así de animado y disfrutando totalmente de la carrera, empapado y chapoteando en las calles encharcadas recorro el centro histórico de Toledo. Atravesamos plazas y callejuelas disfrutando del encanto especial de Toledo, se abre una plaza para enseguida desviarnos por una calle estrecha que nos vuelve a encerrar entre altas paredes.

Llegamos hasta la Plaza del Ayuntamiento para disfrutar de la fachada principal de la Catedral y la del Ayuntamiento, en esta zona la gente aguanta animando a nuestro paso protegidos de la lluvia como pueden bajo los alerones de los edificios o las terrazas de los bares. Son los últimos kilómetros de la carrera, bordeamos la fachada sur de la Catedral para llegar a la Plaza Mayor, volver a desviarnos para llegar hasta la Plaza de las Cuatro Calles y tomar la Calle del Comercio que es la última del recorrido.

Ya me han bajado algo las endorfinas y he dejado de animar aunque estoy crecido y a pesar de que las piernas se empiezan a quejar no bajo el ritmo, que en cualquier caso no es asfixiante y me permite disfrutar del momento. Entro en la Plaza de Zocodover y al fondo el arco de llegada, lo cruzo con una sensación de haber terminado una carrera realmente especial y es que por momentos como este sigo corriendo.

Por seguridad se ha adelantado la meta unos metros y nos hemos ahorrado la última subida por la Cuesta de Carlos V que hacemos ya andando y recuperando fuerzas. Las lluvia es intensa y todos los corredores buscamos donde protegernos después de coger nuestra medalla y nuestro avituallamiento. Me cobijo bajo el paso cubierto de una calle para ponerme el chubasquero, tengo la ropa empapada pero algo me protegerá.

Ahora me toca llegar hasta el coche, bajo la lluvia y de noche no resulta sencillo y me desvió por donde no debía. Pero llego al Tajo y por fin me oriento, ya solo tengo que seguir la ribera del río para volver al Puente de Alcántara y de Azarquiel donde he dejado el coche. Todavía tardo un rato y me voy quedando frio, cuando llego al coche estoy congelado, este fin de fiesta no me lo esperaba. Estoy empapado y tengo que cambiarme toda la ropa, hasta los calcetines que están chorreando, gracias que traía un pantalón largo y otras zapatillas secas.

Pongo camino a Madrid bajo una lluvia torrencial, no veo nada en la carretera y tengo que ir con mucho cuidado, pero no tengo ninguna prisa. Llego a casa donde me espera despierta mi mujer para comprobar que llego de una pieza. Una ducha caliente y una buena cena me reaniman antes de meterme en la cama, aunque tardo un buen rato en dormirme pues sigo con el subidón de la carrera.

Que gran noche de carrera, de esas que recordare durante mucho tiempo. Ya estoy preparado para repetir el año que viene, pero espero ahorrarme la lluvia, será menos épico pero creo que disfrutare aún más del recorrido.

viernes, 24 de enero de 2020

XXXVI Medio Maratón Abel Antón - Resistencia Numantina


Sábado 28 de Septiembre del 2019

Soria es conocida históricamente por la célebre población de Numancia que resistió durante meses contra el invasor romano hasta que vencidos por la superioridad numérica de su enemigo prefirió el suicidio antes de entregar la plaza, lo que ha dado origen al termino defensa numantina. Gastronómicamente es famosa por su variedad micológica, riquísimas setas y hongos crecen en sus pinares, pero sobre todo por sus torreznos que los sorianos han convertido en todo un arte para nuestro disfrute.

Para los corredores Soria es famosa por los grandes campeones que han dado estas tierras en los últimos años, Abel Antón y Fermín Cacho son historia viva del atletismo nacional y por eso dan nombre a las dos carreras más populares que se realizan por las calles de la capital soriana.

La Media Maratón Abel Antón y los 5K Fermín Cacho son pruebas consagradas, las 36 ediciones de la primera y las 7 de la segunda garantizan la calidad y una buena organización. En realidad es todo un sábado dedicado al atletismo popular, en donde la ciudad se vuelca con los corredores. Desde la mañana ya se realizan las carreras de niños, desde chupetines hasta los SUB 16 por el interior de la Alameda de Cervantes. Pero la gran fiesta comienza a partir de la 17:15 con la salida de los 5K y nada más terminar esta carrera con el comienzo de la prueba reina, la media maratón a las 18:00.

En cuanto al recorrido de la carrera es un sube y baja constante que va minando las fuerzas, una vuelta inicial y otra final a un circuito por el interior de la ciudad y entre ellas un recorrido por las afueras de 10 kilómetros para completar la media.

A destacar especialmente el kilómetro por el casco antiguo y el que se corre por el interior de la Alameda de Cervantes que se recorren en varias ocasiones: Nada más comenzar la carrera, en el paso por el km 5 y el 16 y al final para llegar hasta la meta. Son unos kilómetros preciosos y animadísimos con mucha gente y disfrutando de las plazas y monumentos sorianos, aunque con una dura cuesta por la calle Caballeros que en el último kilómetro se hace muy larga.

Por desgracia el resto de la carrera no tiene ningún encanto y se hace pesada. En especial las largas avenidas por el Polígono Industrial las Casas, en esta zona el corredor debe buscar alguna motivación especial ya que es monótona y solitaria. Comprendo que no podemos estar corriendo en círculos por el casco de Soria disfrutando de sus monumentos pero sacarnos de la ciudad para hacer kilómetros visitando concesionarios de coches, centros de bricolaje y maquinaria agrícola o hipermercados no es lo que espero cuando me calzo las zapatillas.

La carrera tiene algunos aspectos que le dan un carácter propio y la hacen ser especial. La hora de comienzo es el primero de ellos, acostumbrado a correr los domingos por la mañana, correr en horario vespertino resulta raro y mucho cuidado con no pasarse en la comida o luego lo sufriremos. La gran ventaja es que nos queda todo el domingo para visitar y disfrutar de la ciudad.

Que las dos distancias no coincidan en horario y haya que esperar a que terminen los corredores de la distancia corta, para poder ponernos en la línea de salida y comenzar la media maratón se hace extraño. Aunque también reduce las aglomeraciones en los primeros kilómetros y los problemas que genera la diferencia de ritmo de los corredores de una y otra prueba.

El avituallamiento en meta y sus bocatas de torreznos acompañados de una cerveza fría es algo que no encontraras en ninguna otra carrera del mundo. Es verdad que aunque la Organización se refiera a ellos como “las especiales barritas energéticas” muy sano no es, pero tiene su gracia. Personalmente creo que se debería ofrecer algo más de fruta porque si llegas reventado como fue mi caso, el torrezno no es algo que apetezca.

La presencia de Abel Antón y Fermín Cacho, ya sea corriendo, animando antes de la salida o recibiéndote cuando cruzas el arco de meta, también hace diferente esta media maratón. No todos los días uno se codea con todo un campeón del mundo y otro olímpico.















El refrán castellano dice que a la tercera va la vencida y en el caso de esta media maratón soriana se ha cumplido. Me ha costado tres años poder correrla, hace dos una celebración familiar ineludible me coincidió en fecha, el año pasado con el dorsal ya pagado la cosas vinieron mal dadas y tuve que renunciar a la excursión. Pero este año nada me iba a impedir correr en tierras sorianas y allí me traslade con la familia para disfrutar de un fin de semana estupendo de carrera, visita cultural y gastronómica.

Llegamos por la mañana a Soria y lo primero es recoger el dorsal, no hay mucha animación en la feria pero este año se celebra los 20 años de la victoria de Abel Antón en el mundial de Helsinki y se exponen sus medallas y trofeos más importantes, aprovecho para hacerme una foto para el recuerdo.


Ya de paseo por la ciudad nos encontramos con los más jóvenes corriendo por la Alameda y es que el ambiente de carrera se respira en las calles más céntricas de la ciudad. Aprovechamos la mañana para visitar el Museo Numantino, no es que tenga una colección de piezas romanas excepcional pero el edificio es muy bonito y alguna de las piezas de la exposición curiosas. Pero ante todo aprovechamos para disfrutar del ambientazo del aperitivo, todo un rito en la ciudad. En esta mañana las terrazas y bares están abarrotadas de corredores que disfrutan de una cerveza y un buen torrezno.

Después de comer ligero nos vamos a nuestro hotel situado en plena Plaza Mayor para descansar algo antes de correr por la tarde. Me desperezo para empezar a prepararme cuando oigo jaleo en la calle bajo mi ventana, me asomo y ante mi sorpresa los corredores ya están pasando por la plaza. Me asusto pensando que han empezado sin mí, consulto una vez más la página web de la  carrera para comprobar que la carrera no comienza hasta dentro de una hora. Entonces caigo en la cuenta de que también se corre la carrera de 5 km y que como algo excepcional comienza una hora antes en vez de correrse a la vez.

Tranquilamente termino de prepararme, organizo a la familia y nos vamos paseando por la Calle el Collado hacia la Plaza de Mariano Granados que es donde está situada la salida y meta de esta media maratón. La calle ya está vallada para la carrera pero  ahora no pasa ningún corredor y llegamos sin problemas a la Plaza donde ya hay mucha animación. Aprovecho para hacerme las fotos pre carrera de rigor con la familia, son en las que siempre salgo con mejor cara.


Mientras espero a que llegue la hora de ponerme a correr aprovecho para ver pasar a los corredores justo donde comienza la dura cuesta de la Calle Caballeros que les llevara a la Plaza Mayor para terminar de vuelta a donde nosotros estamos. Esta cuesta además de empinada tiene el firme adoquinado lo que aumenta el esfuerzo, hay que aprovechar la parte central que es de firme liso, lo apunto para cuando me toque subirla. En la prueba de la media se baja en el primer kilómetro, pero luego se sube dos veces una en el kilómetro 4,5 en donde todavía iremos frescos, pero otra al final en el paso por el 20 en donde ya iremos al límite.

Me despido de la familia que se quedan esperando para verme pasar en la salida y también en el paso por el primer kilómetro antes de empezar la vuelta larga del recorrido, luego ya se irán tranquilamente a merendar mientras yo recorro los 21 kilómetros. Me voy a calentar por el interior de la Alameda de Cervantes, en donde ya hay un gran número de corredores preparándose. Por esta zona debemos pasar en dos ocasiones y el paso es bastante estrecho y además hay muchos paseantes en el parque, creo que al menos en el primer paso va a ser un poco embudo.

Se acerca la hora y me preparo en la puerta de la Alameda pero todavía no podemos ponernos bajo el arco de salida porque aún están llegando los corredores de los 5 km. Hay nervios sobretodo en los corredores más rápidos que quieren coger las primeras posiciones para evitar aglomeraciones, yo me retiro un poco no tengo ningún interés en pegarme por una buena posición en la salida. Por fin llega el último corredor a cinco minutos de la hora prevista para la salida de la Media, retiran la valla que nos retenía y la masa de corredores tomamos posición tras el arco.

Dan la salida y a correr, todo resulta un poco rápido para lo que estoy acostumbrado, en otras carreras donde nos colocamos en la salida muchos minutos antes, nos da tiempo a aburrirnos y pensar en la estrategia de la carrera. Me quedo pegado a la derecha para ver a mi familia, y allí están pendientes de mí, les saludo pero no me paro y entramos a correr por la zona centro de Soria en donde hay mucho público animando. Las calles son estrechas y hay que correr con cuidado para no tropezar  porque todavía estamos todos apelotonados y además coincido con un corredor que lleva a su hijo en la sillita. Paso por la Plaza Mayor todavía en bajada, pero al dejar la plaza por la calle Fuentes aparece el primer repecho, corto pero duro pero voy muy frescos y lo supero sin esfuerzo.


Volvemos hacia la plaza y busco a mi familia con la que había quedado en esa zona, pero no les veo, luego mi canija me dirá que me vio pasar y me animo. Cruzamos de nuevo la plaza y nos metemos en la Alameda de Cervantes, los primeros ya estan saliendo cuando cruzo la entrada. Corremos por la avenida dentro del parque hasta el Árbol de la Música, un kiosco donde toca la orquesta municipal construido alrededor de un árbol, antiguamente un olmo centenario hasta que murió. Damos la vuelta alrededor del árbol y volvemos por la avenida paralela a la que traíamos para salir de nuevo por la misma puerta, como había previsto se forma algún embudo y hay que correr con cuidado. Dentro de la Alameda me he juntado con el grupo de la liebre de la 1:50, hago unos metros con ellos pero en cuanto salimos de la Alameda y la calle se ensancha, aprovecho para dejarlos atrás, el grupo es grande y dispar y es me resulta molesto para correr.

Voy cogiendo mi ritmo aunque no quiero forzar, es la primera media maratón después de dos meses de verano y no sé cómo me voy a encontrar. Nos alejamos del centro de la ciudad para llegar hasta la Universidad y el Estadio de los Pajaritos, donde juega el Numancia, famoso por el frio que pasaban los espectadores hasta que pusieron calefacción. Volvemos hacia la zona de salida, pero en esta ocasión hacemos el recorrido por el centro de Soria en dirección contraria y tenemos que subir por la Calle Caballeros, se hace larga pero aguanto a buen ritmo. Aunque los corredores ya nos hemos ido espaciando en este tramo todos corremos buscando la parte centrar de la calle para evitar el empedrado y subimos en fila de a uno.

Anima ver al fondo de la cuesta la preciosa iglesia románica de San Juan de Rabanera y cuando llegamos a su altura comienza la bajada en dirección a la Plaza Mayor. Al cruzar la plaza corremos por encima de un entablado que han instalado para el concierto de esta noche lo que se hace un poco incómodo. Salimos de la plaza por la calle del Collado la mas animada y concurrida de Soria, durante todo el día te encuentras gente paseando o de tapeo.

Pasamos a la altura de la Plaza del Rosel más conocida como la plaza de la tarta por la forma del monumento que adorna su centro y sus doce escudos de los linajes sorianos que gobernaron en la edad media. Esta zona de la calle es la más estrecha y las aceras están cubiertas por soportales, se hace un poco más incomodo correr sobre todo porque hay muchos transeúntes que cruzan por mitad del recorrido y es que el vallado no lo respeta nadie.

Cuando llegamos a la altura de la Plaza de San Esteban la calle se amplia y corremos de nuevo sin problemas. Esta plaza siempre esta animada con mucha gente en las terrazas y de aquí a la meta es la zona más concurrida de la carrera. Volvemos a pasar por el arco de salida pero en esta ocasión dejamos a un lado la Alameda y tomamos el Paseo del Espolón, una zona peatonal donde está situado el Museo Numantino. Compartimos espacio con los viandantes, aunque nos dejan un pasillo bastante amplio para pasar, pero hay que ir atento por si alguno se le ocurre cruzar sin mirar.


Me junto a la liebre de la 1:45, es una buena referencia para mí y además es un grupo reducido. Ahora nos alejamos de la ciudad hacia el extrarradio y una zona de polígonos, nuestra liebre comenta que ahora empieza lo peor de la carrera, y tiene razón la zona primero de edificios residenciales y luego de naves industriales y almacenes no es muy animada. Además son largas avenidas de ida y vuelta, no se ve el final y ves como los primeros ya vuelven.

No me encuentro cómodo corriendo en el grupo, hay un par de corredores que en las curvas cambian su trayectoria para recorrer menos metros y en varias ocasiones me obligan a retener mi marcha para no chocar. Asumo que no es conscientemente pero sufro con los cambios de ritmo y empiezo a notar los kilómetros, por lo que decido subir un poco el ritmo y adelantarme.

Llego al avituallamiento del kilómetro 10 en medio de una larga avenida, la verdad es que hay muchos puntos de agua y me había saltado el anterior. A partir de ese momento empieza a decaer mi ánimo. Procuro pensar en que me queda solo la mitad, pero este tramo de la carrera se me hace eterno y empiezo a sufrir de verdad. Intento entretenerme tomando el gel que llevo y como en otras ocasiones me marco pequeños objetivos, por cada kilómetro superado un poco de gel para recuperar fuerzas. La estrategia funciona a medias pero al menos sigo avanzando.

Me pasa una chica que corría en el grupo de la liebre que deje varios kilómetros atrás, se la ve muy fresca y me da todavía un poco más de bajón. Por fin llego al paso por el kilómetro 15, en donde está el mismo avituallamiento pero en esta ocasión en dirección contraria Han sido kilómetros pesadísimos de cabeza, pero además empiezo a notar las piernas muy cargadas, lo único que me anima es ver a otros corredores que van en dirección contraria y pensar que voy 5 kilómetros por delante suyo.

Volvemos en dirección al centro de Soria de nuevo por el Paseo del Espolón, esto me anima un poco. Pero a la altura de la entrada a la Alameda voy con la idea de seguir recto y tengo que pegar un frenazo porque me desvían de nuevo por el interior del parque. No contaba con ello y vuelvo a decaer, tanto que este tramo que es precioso se me hace pesado, lo único bueno es que ya estoy en el kilómetro 17 cuando por fin salgo de la Alameda.

Los kilómetros que me quedan de carrera ya los he recorrido en la primera vuelta y los conozco, pero eso no me anima demasiado y es que las piernas me empiezan a doler mucho. Pienso en parar unos metros para intentar descansar y recuperarme muscularmente, pero me obligo a llegar al siguiente kilómetro y luego hasta el siguiente. Ya solo pienso en terminar y disfruto poco de la carrera.

Llego a la altura de la Plaza de Mariano Granados y veo la meta cerca, pero todavía me queda el último kilómetro y la cuesta de los Caballeros. Sé que mi ritmo ha bajado bastante, luego comprobare que unos 30 segundos por kilómetro, pero lo peor es que además estoy sufriendo demasiado. Poco antes de atacar la cuesta me ha adelantado la liebre de la 1:45, el grupo se ha reducido a un par de corredores, los pocos ánimos que me quedaban se van con ella. Ya sé que el tiempo en meta será superior a lo que esperaba y me vuelve la idea de parar y andar un rato pero me sobrepongo y subo la cuesta corriendo.

En este momento ya no estoy disfrutando de la carrera, ni del ambiente, ni del entorno, solo corro por inercia, porque a base de entrenamientos y carreras he conseguido que mis piernas corran aunque mi cabeza esté pensando que debería pararlas. Corro por el casco antiguo de Soria que tanto he disfrutado en el primer paso, solo concentrado en avanzar hacia la meta, ya no presto atención a la gente.

Cuando por fin veo el arco de meta no noto una especial alegría, voy agotado y guardo mis fuerzas para seguir avanzando. Miro a los lados para ver a mi familia, pero nos los encuentro y eso que estaban esperándome, me vieron pasar y me gritaron como locos, pero yo solo tengo ojos para la meta.

Y por fin cruzo y paro de correr, creo que hacía tiempo que no sentía una satisfacción tan grande no por terminar la carrera sino por poder dejar de correr. Me duelen todos los músculos de las piernas y me cuesta recuperar el aliento. Como al resto de corredores me espera Abel Antón para entregarme la medalla de finisher, pero no le presto la menor atención y eso que me felicita calurosamente.

Entro en el recinto del avituallamiento buscando algo de líquido y fruta, tomo una bebida isotónica que me sabe a gloria pero de alimento solo hay los famosos bocadillos de torreznos que la carrera entrega a los que cruzan la meta. Cuando lo leí me pareció original y pensaba disfrutarlos pero ahora soy incapaz de comerlos y hecho de menos un clásico plátano.

Recupero fuerzas apoyado en un valla y hay me encuentra mi hija que ha venido a buscarme. Me dice que estaban en la esquina cercana esperándome y que no les he hecho ni caso. Solo puedo disculparme y colarla en el recinto para que coja bebida y un par de bocatas de torreznos para ella y su hermano. Ya más recuperado salimos juntos en busca del resto de la familia, mi mujer me anima y procuro poner mi mejor cara para que no se enfade, no le gusta nada que me agote tanto en las carreras piensa que me puede dar un jamacuco y en alguna ocasión ha tenido razón. Los enanos dan buena cuenta del bocata que dicen esta riquísimo, mientras nos vamos hacia el hotel mientras siguen llegando corredores aunque la calle ya está tomada por los viandantes.

Una buena ducha y mucho líquido son mano de santo y me recupero rápidamente. Ahora ya me alegro de haber corrido en Soria, de haber terminado por debajo de la hora y 50 minutos y de colgarme al cuello una medalla, en esta ocasión bien bonita. Ha merecido la pena el esfuerzo y el sufrimiento aunque el recorrido de la carrera tenga demasiados kilómetros basura.


Y ahora toca disfrutar de Soria, comenzamos con una buena cena en una curiosa creperie, donde disfrutamos de su originales rellenos seguida de una noche movidita con un concierto bajo nuestra ventana que termina a las tres de la mañana, aunque tendremos que aguantar los posteriores canticos de los asistentes mas borrachos.

Pero sobretodo disfrutamos de una espléndida mañana de domingo realizando la ruta las iglesias románicas de la ciudad. De algunos solo quedan algunos restos, pero otras lucen espectaculares en las calles sorianas. A destacar especialmente San Juan de Rabanera de la que ya disfrute durante la carrera y la fachada de la Iglesia de Santo Domingo. Pero sobre todo los restos del claustro de San Juan del Duero pegado al rio y los relieves que representan la vida de Jesús en los dos templetes que es de lo poco que se conserva en su interior son realmente bonitos.

El paseo es largo y las cuestas de Soria empinadas y acaban con el físico y lo que es peor con la paciencia de mi mujer. A punto esta de negarse a continuar, pero un descanso y un refrigerio junta al río, la animan para cruzar el medieval Puente de Piedra y volver a la ciudad. Pero después de pasar frente a la fachada del Palacio  de los Condes de Gomara se niega a continuar y la abandonamos sentada sobre uno de los escudos del monumento de la Plaza Rosel, para terminar la ruta.

La recuperamos para llegar hasta el restaurante La Chistera donde hemos reservado para comer. Empezamos con mal pie porque me enfado cuando atienden antes a los comensales que entran detrás de nosotros. Pero disfrutamos de un buenísimo menú, con la famosa cochinilla, paella, un riquísimo potaje y unos postres de diseño que hace que tenga que pedir disculpas y recomendarlo a cualquiera que se acerque por Soria. A los postres se nos acerca el chef para preguntarnos y de paso les hace unas figuras con globos a los chicos, un perro para mi niña y una moto para mi hijo. Y es que resulta que además de chef es mago y por las noches hace un espectáculo tras la cena, de ahí el nombre del restaurante.
   
La tarde la aprovechamos para pasear la Alameda de Cervantes, visitar la escultura del perro que mi sobrino nos había recomendado y la rosaleda que en estas fechas esta aun sin flores. Pero también para tumbarnos en la explanada de césped de su parte alta y reposar la comida.

Para terminar la visita a la ciudad cogemos el coche para subir hasta el Parque del Castillo desde donde se disfruta de unas vistas espectaculares sobre la ciudad y el río Duero y se puede dar un paseo muy agradable visitando las pocas ruinas que quedan del antiguo castillo. Y desde la zona más elevada de la ciudad bajamos hasta el río Duero y recorremos en coche su paseo, habilitado para las bicicletas y los caminantes.

Termina a la altura de la Ermita de San Saturio, mi hija y yo nos acercamos andando a visitarla, tenemos que cruzar el río y subir un camino empinado para llegar hasta su cueva en donde se supone vivió el santo y sobre la que se construyó el edificio por los templarios. Subimos hasta la entrada de la capilla aunque sabemos que está cerrada y no podemos visitar el interior pero la edificación colgada en la ladera sobre el rio es magnífica.  
  
Es el final del viaje y ya solo nos toca regresar a Madrid con un estupendo recuerdo de Soria.


Una vez visitada la ciudad creo que incluir en el recorrido de la carrera el Parque del Castillo y el paseo por la ribera del Duero hasta la Ermita de San Saturio le darían mucho más encanto. Supongo que la Organización no lo hace porque endurecería mucho la carrera y es que las subidas hasta el castillo y desde el Duero de vuelta a la ciudad son duras, pero eso también le daría una motivación extra. Yo me lo apunto para recorrer estos kilómetros corriendo por mi cuenta en la próxima ocasión en que vuelva a Soria.

jueves, 12 de septiembre de 2019

XXIV Medio Maratón Ciudad de Albacete - La Carrera de la Navaja


Domingo 9 de Junio del 2019

Albacete acoge una de las mejores medias maratones nacionales si tenemos en cuenta la clasificación que establece cada temporada la Federación Española de Atletismo. En los últimos años se ha mantenido dentro de las diez mejores medias de asfalto de España y eso es complicado teniendo en cuenta que no puede competir con el potencial de las grandes capitales, Madrid, Barcelona y Valencia, que copan las lista hasta con dos pruebas en algunos casos.

Es cierto que esta clasificación considera aspectos deportivos que nos son muy ajenos a los corredores populares como el nivel de los atletas o las marcas de la prueba. Por eso a veces es algo engañosa para los que corremos solo por diversión, pero Albacete no es el caso, es una gran carrera para todo el que se anime a correrla.

A destacar principalmente la animación que rodea a la carrera, la ciudad se vuelca con la prueba y lo que es más importante cede sus calles a los corredores permitiendo que corramos por las calles más céntricas lo que siempre genera muchas incomodidades a sus habitantes pero es un gran disfrute para el corredor.

La carrera transcurre por un circuito muy plano como es la tendencia actual al que se deben dar dos vueltas, siempre por calles anchas lo que evita aglomeraciones. El trazado nos llevara a los lugares más emblemáticos de la ciudad, a destacar el paso por la calle Marqués de Molins y las plazas del Altozano y de la Ranas y nos permitirá disfrutar de la Catedral, el Museo de la Navaja, la Plaza de Toros o el Ferial. Empezar y terminar en el Parque Abelardo Sánchez también es un gran acierto. Es cierto que hay tramos por largas avenidas de ida y vuelta que se hacen algo pesadas, pero si lo ponemos en una balanza habría un 80% de recorrido “cielo” y solo un 20% de recorrido “infierno”.

Los servicios de la carrera muy completos con servicios de duchas, recogida de dorsales hasta el mismo día de la carrera y servicio de ropero, todos centralizado en el Polideportivo Parque muy cerca de la salida y con buenas instalaciones. Los avituallamientos en la carrera muchos y completos, a destacar el servicio de esponjas y sobretodo la gran cantidad de voluntarios al servicio del corredor. Quizás el avituallamiento final se debería mejorar, está situado en el parque aledaño a la meta en una zona cómoda y amplia y tiene una gran cantidad de servicios, pero por algún motivo que desconozco se forman unas colas interminables para acceder a las mesas de avituallamiento. Una buena bolsa del corredor con detalles curiosos como el juego de cuchillos muy albaceteño y una medalla conmemorativa a la llegada que aunque este año no ha sido muy lucida siempre es un buen recuerdo.

La fecha en el mes de Junio implica que la temperatura será elevada pero es cierto que se agradece que no coincida con otras carreras, evitando los meses de octubre y noviembre o marzo y abril en donde se acumulan las mayorías de las carreras.

www.mediomaratonalbacete.com














Cuando empecé a participar en carreras populares nunca pensé que acabaría corriendo en una ciudad como Albacete. Una ciudad con mala fama, no solo por la popularidad de su rima, sino por encontrarse en tierra de nadie. Situada en la meseta central, en lo que se denomina genéricamente La Mancha, es una zona de paso desde la zona centro hacia la costa. Desde pequeño he pasado cerca de ella en mis traslados veraniegos camino del Levante pero en la vida se me ha ocurrido que pudiera ser una ciudad digna de una visita. No tiene una gran patrimonio cultural, ni una gastronomía especial y su clima frio en invierno y caluroso en verano no anima a hacer una parada. Para mí solo era famosa por el viento que se supone siempre azota la meseta y por las navajas, estas si reconocidas en toda España.

Pero cuando hace unos años me propuse el reto de correr en todas las capitales de provincia y comencé a investigar sobre las posibles carreras, descubrí que Albacete tiene uno de los medios maratones más reconocidos de la península. La popularmente conocida como Carrera de la Navaja, era muy alabada en todos los foros de corredores. La buena prensa y el hecho de que fuera una de las pocas que se celebra en el mes de Junio, ya con los primeros calores del verano, me hizo incluirla en mi objetivo de 10 medias en un año.

Por eso esta mañana de domingo me despierto en Albacete dispuesto a enfrentarme por séptima vez en los últimos meses a los 21 kilómetros y 97 metros.  Me encamino tranquilamente hacia el polideportivo cercano a la salida de la carrera en donde tengo que recoger el dorsal. La mañana ha amanecido algo nublada, se puede decir que fresca para la época del año en que estamos y el clima albaceteño, mucho más suave de lo que esperaba después de los días calurosas que hemos tenido las últimas semanas. Aunque estoy seguro que pasaremos mucho calor a lo largo de la carrera cuando el sol empiece a apretar.

Me pierdo un par de veces y tengo que echar mando de San Google para llegar a las instalaciones y es que aunque somos más de 1800 corredores los que esta mañana vamos a tomar la salida, solo me he cruzado con algunas parejas camino de la salida y además en varias direcciones lo cual me ha despistado un poco. Al final entre el Maps y un simpático policía que me indica la dirección correcta me planto en la puerta del polideportivo.

Aquí ya hay más ambiente de carrera y bastante corredores, me coloco en la cola para recoger el dorsal es bastante numerosa y tardo un rato en llegar a la mesa y recoger mi dorsal. Mientras me desprendo de todo lo que me sobra y me preparo para correr, la cola de recogida de dorsales se ha vaciado pero la del guardarropa antes vacía ha aumentado proporcionalmente. Cuando por fin me coloco en la fila ya tengo una treintena de corredores delante y como siempre ocurre va muy lenta. Me empiezan a entrar los nervios por si no me da tiempo a llegar a la salida, pero al final un par de voluntarios se ponen a recoger las mochilas y repartir las bolsa donde tenemos que meterlas y por fin avanzamos más rápido.

La salida es a las 9:30 y todavía tengo un cuarto de hora largo para llegar, pero no sé lo que se tarda y salgo trotando del polideportivo en la dirección en la que creo esta la salida. En esta ocasión el rio de corredores me marca sin duda el camino y en pocos minutos estoy en la Avenida de España donde está prevista la salida y todavía me ha sobrado tiempo para calentar un poco.


Me sorprende que no haya demasiados corredores en la zona de salida, pero resulta que este año la Organización ha cambiado el sentido de la salida y la mayoría de los corredores veteranos de la carrera se habían colocado en el lado incorrecto. No les han dejado pasar al otro lado del arco para evitar las aglomeraciones con los que están en el lado correcto y les han obligado a dar toda la vuelta al parque para entrar en los cajones de salida. De hecho mientras me hago la foto de rigor para la familia y caliento un poco, el flujo de corredores que toman posiciones es continuo. Yo les dejo pasar me gusta salir atrás en las carreras, sobretodo en las menos multitudinarias donde sé que no se van a producir tapones, no voy a competir y no quiero molestar a otros corredores.

A mi foto pre carrera una de mis sobrinas me anima a que les gane a todos, le contesto con una foto de la multitud que tengo por delante entre mi posición y el arco de salida reconociendo mi incapacidad total para adelantarlos a todos antes de la línea de meta. Pero le prometo adelantar a todos los que pueda.


Esta es mi última media maratón antes del parón de verano y la verdad es que me he dejado ir un poco en la preparación, es cierto que mantengo parte de la forma de los últimos meses pero los ánimos para esforzarme ya no son los mismo, mi único objetivo acabar dignamente y disfrutar del recorrido. Como en otras ocasiones estoy tan lejos del arco de salida que no oigo ni la cuenta atrás ni el pistoletazo de salida y hasta que la masa no empieza a moverse no me entero de que la carrera ha comenzado.

Los primeros kilómetros me los tomo con mucha tranquilidad mientras nos vamos colocando cada corredor en su sitio. Las calles son lo suficientemente anchas como para que rápidamente se pueda correr sin agobios y empezar a disfrutar. Nos alejamos del centro hasta la calle Hellin que marca los límites de la ciudad pero en seguida volvemos para rodear el Parque Abelardo Sanchez por el lado opuesto a donde tomamos la salida y completar la primera de las tres vueltas que daremos al pulmón verde de Albacete.

Cruzamos la ciudad de lado a lado por una de las calles más bonitas y emblemáticas, la calle Marqués de Molins más conocida como la “Calle Ancha”, que luego pasa a llamarse Paseo de la Libertad cuando se desdobla con un bulevar central. Es lo que se denomina la milla de oro albaceteña y la verdad es que a ambos lados de la calle voy disfrutando de palacetes y edificios casi todos de principios del siglo XX que se edificaron durante el boom posterior a la primera guerra mundial. Estos 600 metros de carrera son un lujazo para disfrutarlos de verdad y sin darme cuenta ya me planto en la Plaza del Altozano lugar donde me he citado con la familia aunque en esta primera vuelta todavía no les ha dado tiempo a llegar y me tengo que contentar con la animación musical de la clase de fitness que se ha montado coincidiendo con la carrera.

Rodeamos la famosa Fuente de las Ranas que es uno de los símbolos de la ciudad y recorremos las largas avenidas a ambos lados del Parque Lineal, desviándonos hasta la estación del AVE para volver de nuevo a la almendra central de la ciudad por el mismo sitio que hemos salido bordeando la fuente y llegando a la Plaza del Altozano. Como ocurre en todas la pequeñas ciudades prácticamente cruzamos de lado a lado toda la ciudad para completar los 21 kilómetros y con tramos de lo que yo denomino “recorrido basura”, al menos en este caso no nos sacan de la ciudad. La ida y vuelta por la misma avenida me permite ver a los corredores más rápidos y a los más lentos y darme cuenta una vez más de que soy clase media dentro de  los corredores populares.


Ahora corro por otro de los tramos más bonitos del recorrido, pasamos por delante del Auditorio, el Ayuntamiento, la Catedral de construcción moderna sobre una edificación mudéjar que se demolió y el Museo de la Navaja y su “particular” fachada de color verde, lo que podemos llamar el casco antiguo de Albacete. Pero nosotros seguimos corriendo en dirección a la Plaza de Toros con su edificación de influencia mudéjar y el Ferial de Albacete donde en septiembre se celebra una de las ferias más antiguas de España. Es una zona muy bonita y los kilómetros pasan rápidos.

Nos toca volver al parque ya por calles más “vulgares” y en este tramo cuesta avanzar, además cuando ya terminamos de bordear el parque y vemos el arco de salida/meta a nuestra derecha, nos desvían hacia la izquierda para completar unos 200 m de subida, girar y recorrerlos en sentido contrario, al menos ahora de bajada para completar la primera de las dos vueltas de la carrera.

Me ha llamado poderosamente la atención la animación y la cantidad de gente que ha salido a la calle para disfrutar de la carrera. No solo en las zonas más céntricas de la ciudad lo cual es habitual sino sorprendentemente en las avenidas más alejadas, me atrevo a decir que casi en cada esquina o cruce hay un grupo de personas que te animan al pasar. Y me sorprende porque no es normal que las ciudades se vuelquen tanto con las carreras y los corredores populares lo agradecemos mucho.

Comienzo la segunda vuelta mientras muchos corredores terminan su carrera por hoy, disfruto de la Calle Ancha de nuevo y en esta ocasión al llegar a la Plaza Altozano ya están mi hija y mi hermana para animarme, les saludo desde el otro lado de la calle y les digo que me esperen que ahora en algo más de media hora vuelvo.

Toca hacer el mismo recorrido de la vuelta anterior aunque ahora vamos un poco más lejos para completar el kilómetro de mas que tiene esta vuelta. Y sobre el kilómetro 15 se me acaban las ganas de correr y llegan las malas sensaciones, la piernas me pesan horrores y el cuerpo empieza a dar claros síntomas de cansancio y lo peor es que todavía me quedan muchos kilómetros que recorrer. En estas ocasiones es cuando se nota la experiencia adquirida en las más de 80 carreras que he corrido, de haber pasado prácticamente por todas las sensaciones posibles, bueno excepto lesionarme en carrera y cruzo los dedos para que no ocurra nunca.

Bajo un poco el ritmo y empiezo a tomarme el gel con el que siempre cargo en las carreras y que en la mayoría de los casos vuelve sin abrir a casa. En esta ocasión es mi salvavidas, en lugar de tomarlo de una vez, tomo dosis pequeñas cada kilómetro que me permite ir recuperando sensaciones, también aprovecho el agua y las esponjas de los avituallamientos para refrescarme. Al final no ha sido tan grave y ya alcanzo el kilómetro 18, el límite de no retorno que me marco en estas pruebas, a partir de ahora ya solo consiste en acabar.


Al girar en la Plaza Altozano me encuentro con toda la familia que me espera para animarme y sacar la foto de la carrera, me paro a saludarles es lo mínimo que se merecen por acompañarme. Les comento que voy mal y mi mujer pone su cara de “Para que puñetas tienes que correr, a ver si te va a dar algo”, a la que prefiero no hacer caso y sin contestarle pero dándolo un enorme beso me alejo corriendo antes de que pueda decir nada más.

Me da la sensación que en esta segunda vuelta hay menos gente animando debe ser que ya es la hora del aperitivo, además ya somos menos corredores los que seguimos en carrera y eso se nota en que hay tramos donde corro prácticamente solo y pierdo la referencia de los que van delante. Pero en esta ocasión los últimos kilometres me los tomo con calma para terminar sin forzar la máquina, paso por el 18, por el 19 y el llego al 20 ya de vuelta al parque. Esto se está acabando y he conseguido seguir corriendo aunque mi marca va a estar muy lejos de esa ansiada hora y cuarenta minutos que es mi barrera este año.

Último tramo de subida y ya solo queda los metros de bajada hasta la meta. Pienso en acelerar para alcanzar cuanto antes la meta pero no tiene mucho sentido y me dejo llevar tranquilamente hasta el arco de meta. Me van adelantando corredores por ambos lados pero la verdad es que no le doy demasiada importancia. Cruzo la meta en una “honrosa marca” de 1:46. Como resumen una gran primera vuelta en donde he disfrutado mucho y una segunda vuelta para olvidar en la que he sufrido más de lo necesario.

Me encamino al avituallamiento de meta y empiezo a notar el esfuerzo realizado, me encuentro muy vacío y cansado. Me entregan una botella de agua de un litro con la que casi no puedo y una bebida isotónica de la que doy buena cuenta. Pero cuando me acerco a las mesas de comida me encuentro con unas colas tremendas, no tengo paciencia ni fuerzas para quedarme de pie esperando y me voy a un banco cercano a sentarme para recuperar mis doloridas piernas.

Me cuesta algo más de lo habitual pero en pocos minutos vuelvo a ser persona y puedo moverme. Me cuelo en alguna mesa que está menos abarrotada para hacerme con algo de comida que me ayude a recuperar fuerzas, pero es complicado y decido que es el momento de dar por terminada la mañana de carrera. Me voy al polideportivo para ducharme y con alguna aglomeración pero con buena agua caliente me adecento y me pongo de paisano.

Vuelvo tranquilamente una vez más por la Calle Ancha pero en esta ocasión andando hasta la plaza Altozano donde he quedado con la familia. Es el momento de disfrutar de Albacete, una ciudad que contra los prejuicios que tenía me resulta muy agradable y amigable, con lugares sorprendentes como el Pasaje de Lodares, el Museo de la Cuchillería o la Biblioteca del Depósito del Sol. Pero ante todo con un ambientazo en sus calles, la Plaza del Altozano, el Ferial o la Plaza de la Constitución siempre está llena de gente y buenos restaurantes.


Adema en sus alrededores hemos disfrutado de la visita a Alcalá del Júcar y Chinchilla de Monte – Aragón, dos pueblos verdaderamente bonitos, protegidos desde lo alto por sus castillos. El discurrir por las Hoces de Júcar y sus espectaculares cortados es otro de los grandes alicientes de la zona.


Por lo que tengo que rectificar y decir que Albacete bien merece una visita y una buena carrera por sus calles.

Séptima media maratón completada y ahora toca el descanso veraniego, dos meses donde no correré ninguna media hasta septiembre. Pero eso no quiere decir que no corra otras carreras, ya he visto un par de ellas en mi barrio y en Cullera a las que creo que me voy a apuntar. Y es que una vez que empiezo ya no puedo parar.